Capítulo Ocho

Capítulo 8

A la mañana siguiente, en el dormitorio de Rosa. Alguien fue despertarla, sacando rápidamente el edredón de la cama, encontró una Rosa echada boca abajo en pijamas. Viendo que Rosa intentaba estirarse, golpeó sus nalgas para llamar su atención.

—¡A despertar niña!—exclamó Judith

—¡Un rato más, por favor!

 —¡No! ¡Ya es hora de despertar que nos queda un día muy agitado!

—Pero la final es en tres días. Tengo estos dos días para descansar.

Enfatizando "Descansar" volvió a tirarse a la cama.

—¡No, Rosa! ¡Estos dos días es para que practiques! ¡Debemos ganarles a las otras modeluchas!

"¡Ven vamos!" Exclamó mientras la jalaba de las piernas. Rosa viendo que la querían levantar se tomó de las barandas de su cama.

—¡Rosa!

—¡No!

—¡Levántate!

—¡No!

Tabata oía los griteríos de ambas mujeres hasta la cocina. Mientras ella preparaba el desayuno se reía de los comentarios infantiles de ambas.

Cuando Tabata estaba por terminar de colocar la mesa, la señora Gilmour y Rosa bajaron del dormitorio juntas hacia el comedor. Rosa bajaba con la pijama estirada y el cabello despeinado como si una fiera hubiera pasado encima de ella. En cambio Judith, caminaba tranquila y bien peinada.

Mientras las chicas desayunaban, Rosa le preguntó a Judith.

—¿Qué se supone que debemos practicar? Es solo caminar, no veo que sea algo tan difícil.

—¿Caminar? ¡Es mo-de-lar! ¿Además, acaso alguna vez has caminado con taco 14?

—¡14! Creí que existía solo hasta el 9.

—¡Ay, Rosa! Te falta mucho por aprender. Modelar no es cualquier cosa, se requiere de disciplina. ¡Por eso seguiremos con mi libro!

Chasqueó los dedos y Tabata le hizo entrega del libro rosa.

—Gracias—lo abrió y buscó el capítulo que continuaba—¡Ahora, regla número tres!

#3 Una dama siempre camina como princesa.

Las mujeres al caminar demostramos nuestro estado de ánimo. ¿Y cómo? Si observamos a una jovencita caminando con los hombros encorvados y con la cabeza un poco metida (caminata al estilo de los muchachos) se interpreta dos cosas: estrés o aburrimiento. Pero si una jovencita camina con la cabeza bien en alto , con los hombros rectos, con una postura al igual que la de un cisne; sin mirar su rostro podemos deducir que es una chica vivaz. Caminar como una dama no es tarea fácil, ya que se requiere de disciplina y delicadeza. Recuerda, ser una dama es sinónimo de "realeza". ¿Cuándo has visto a una princesa sin usar tacones? Este par de accesorios, te hará ver más esbelta y sofisticada de lo que ya eres.

—¡Ahora levántate, Rosa! ¡Qué vas a usar estos hermosos tacones!—exclamó señalando a Tabata, ella sostenía una caja de zapatos.

—Oh, Dios...

Después de desayunar y de cambiarse de ropa. Rosa se colocó los tacones que le dio Judith, unos tacos altos color rosa.

—¡Apúrate, Rosa! ¡Qué no tenemos tiempo!

—¡Ya voy!—exclamó ella mientras intentaba bajar los escalones sin caerse.

Cuando al fin llegó, los muebles estaban colocados hacia la pared dejando el centro de la sala libre.

—¿Tanto te demoras?

—¡Es que yo nunca he caminado con tacones!

—¡¿Nunca?! Bueno, siempre hay una primera vez. ¡Ahora, modela para mí!

Mientras Rosa intentaba caminar como "princesa", Judith movía su cabeza en desaprobación y la hacía caminar nuevamente. Rosa intentaba dar lo mejor de ella, pero a pesar de ello seguía luciendo como un "gorila cojo". 

La señora Gilmour se levantaba a cada instante y le tiraba un reglazo en las piernas para que dejara de cojear.

Mientras Rosa seguía practicando, Judith, le acomodaba la postura de su cabeza y espalda. Con su regla, aparté de usar la "agresión" con sus piernas, también intentaba perfeccionar sus hombros a una línea recta.

Cuando vio una mejoría a su andar, Judith le coloco una dificultad más a su caminata. Cogió una pequeña pila de revistas y lo colocó encima de su cabeza.

—Esto te ayudará a ver si dejaste de caminar como animal.

—¿Animal?

—¡Shh! ¡Ya, camina!

Rosa acomodó un poco las revistas, respiró hondo y decidió dar un paso. Iba dar el siguiente, pero de pronto se cayeron todas las revistas al suelo.

—¡Sigues siendo un mono, Rosa! ¡Otra vez!

Ella solo suspiró y volvió a su posición inicial. Intentó nuevamente caminar, pero se le cayeron otra vez.

—¡Monkey!—exclamaba Judith para molestarla.

Rosa solo quería aniquilar a la señora, pero en vez de eso decidió demostrarle que lo lograría a pesar de que le tomara todo el día.

Después de unas arduas horas de ensayo, anocheció.

La senora sentada en su sofá seguía observando como Rosa trataba de "modelar". Aunque no llegaba a la meta, seguía intentandolo.

—Rosa, mañana continuaremos. se levantó Judith de su asiento.— Ve a descansar.

—¡No! ¡Seguiré intentando! ¡Ya me falta poco para llegar a la meta!

—Como tú quieras Rosa. Recuerda que mañana debes levantarte temprano. Yo ya me voy a acostar. ¡Buenas noches, monkey! 

—¡Buenas noches!

Cuando la señora Gimour dejó el lugar. Rosa por fin pudo sacar toda esa mala energía que la consumía.

—¡Vamos, Rosa! ¡Tú puedes! ¡No dejes que la bruja te vuelva a llamar mono!

Aunque los pies la mataban de dolor seguía intentando, las horas pasaban y pasaban; y las revistas se caían y caían. Rosa frustrada decidió tirarse al sillón y descansar por fin un poco. Ella solo quería descansar unos segundos pero en vez de eso quedó completamente dormida.

***

Rosa despertó y se encontró nuevamenente en... ¿su casa?

Se veía como una casa cualquiera. Sencilla y acogedora. Aunque no quiso volver a encontrarse con sus padres. Hizo la excepción ya que extrañaba y quería ver con desesperación a su hermanita. Subió las escaleras y se dirigió al dormitorio de esta.

Al entrar, se encontró nuevamente con el dormitorio que le trasmitía nauseas al ver. Todo color rosa y ponys. Muñecos y peluches por todas partes. Corazones y flores dibujados en la pared. El edredón de la cama color rosa y por supuesto Barbies por doquier.

—¿Maggie?—preguntó ella mientras entraba. —¿Maggie?—volvió a preguntar, pero nadie respondía.

Salió del dormitorio y se dirigió a buscarla al dormitorio de sus padres, al baño y a la cocina. Pero seguía sin ver ningún rastro de ella.

Miró su reloj—"A esta hora, se supone que ya debería estar en casa."—se dijo.

Solo faltaba un lugar por visitar, su propio dormitorio.

Rosa siempre le prohibía entrar a su dormitorio a Maggie. Era su lugar sagrado al cual solo Ella debía entrar. Un dormitorio totalmente opuesto a lo color rosa que era Maggie, al cual Rosa no quería que sea infectado.

Temía de que su hermanita habría tocado sus cosas, que haya colocado sus cosas fresas o peor aún que haya arreglado su dormitorio. Tomó un respiro y decidió por fin abrir la puerta.

Seguían sus posters de Queen y Nirvana en su pared. Seguía las cortinas cerradas como a ella le gusta. Seguía su basura por todo el suelo. Al parecer todo estaba en su lugar.

—"No hay nadie en casa. ¡Bueno, entonces esperaré a que regresen!"—diciendo esto, Rosa se tiró a su cama desarmada.

Al lado de ella se encontraba una montaña de ropa sucia mesclada con la limpia. Ella aburrida, la pateó. Cuando la ropa cayó al suelo, se escuchó un fuerte golpe, como si hubiera botado un cofre de tesoro o un cadáver.

Se levantó y encontró a su hermanita sentada sobándose su pequeño trasero.

—¡Maggie! ¿Por qué estás en mi habitación?

—Te extrañaba.

Rosa la ayudó a levantarse y la abrazó.—¡No sabes también cuanto yo te extrañaba!

—¿Viniste para celebrar mi cumpleaños?

—¿Cumpleaños?

—¡Sí! ¿Cómo puedes olvidarlo?

—¿Cuánto cumples? ¿9?

—¡Cumplo 12!

—¿Doce y sigues jugando con Barbies? Debes cambiar eso, porque sino no le gustarás a ningún chico.

—¿Y tu método te ha funcionado con Colin?

Maggie le sacó la lengua al ver que Rosa no podía negarle eso.

—¡Vas arrepentirte por decir eso!—la pequeña salió corriendo del dormitorio a esconderse.—¡Ven aquí, mocosa!

Ambas entre risas y sonrisas corrían por toda la casa. Sin importar la bulla que podían hacer, seguían jugando como si siguiesen siendo unas niñas pequeñas. Rosa quería que ese momento durara por un largo tiempo, ya habían pasado casi cinco meses desde que no la veía. Cinco meses desde que se escapó de su casa. Cinco meses desde que no compartian un momento de hermanas. Cinco meses, desde que no tenía un lindo sueño como este...

***

La señora Gilmour se volvió a levantar temprano. No encontró a Rosa en su dormitorio, así que bajó a ver si por la sala se encontraba. Y efectivamente, allí seguía ella, postrada como una morsa en el sillón aun con los tacones puestos.

—¡Rosa! ¡Rosa!—exclamaba "armoniosa" mientras la jaloneaba por el hombro.—¡Monkey, ya amaneció!

Cuando vio que ella empezaba abrir los ojos, le saludó—¡Buenos días, Rosa! ¡Vayamos a desayunar y luego a continuar con el trabajo!

En la mesa, mientras Judith untaba mermelada a su panecillo tranquilamente. Rosa devoraba rápidamente su desayuno.

—Rosa, sabes que así no come una dama, ¿no?

—N-No—respondió intentando pasar rápido el pan.

—Cuando  ganes este modelaje. Te daré clases de etiqueta.

—No es necesario. Sé cómo comer en la calle. ¡Mire!—cogió su taza de café y levantando el dedo meñique, tomó un poco de líquido.—¿Ve?

—Como seguía diciendo. ¡Si no sigues mis instrucciones, solo comerás verduras!

—¡Hey! ¡Con la comida no me castigue!

—Sino comes como una dama o por lo menos como una persona. Solo verás brócolis en tu plato.

Rosa imaginándose a su peor enemigo en su tenedor le producía nauseas así que decidió imitar a la señor Gilmour al comer. 

—¡Así me gusta!—exclamó Judith satisfecha.

***

Después de desayunar como "ladies", ambas se dirigieron nuevamente  a la sala para practicar el modelaje.

—Veo que te duelen los pies, Rosa. Así que solo ensayaremos hasta el almuerzo. Después iremos a darnos una pedicura a mi salón favorito para relajarnos, ¿está bien?

—¡Sí, por favor! ¡Estos tacos me han sacado cayos en mis pobres deditos!

—Eso no era necesario que me lo digas...

—Perdón.

—¡Bueno, ahora empieza a caminar!

Rosa colocó nuevamente la pila de revistas sobre su cabeza e intentó caminar tranquila. Caminó y caminó con la mirada al frente, y sin pensarlo llegó a la meta.

—¡Detente!—exclamó Judith.

—¿Qué? ¿Qué pasó? 

—Ya pasaste la meta, Rosa.

—¿Lo pasé? ¡Sí, lo hice!—exclamó contenta dando un montón de brincos haciendo que cayera por todas partes las revistas.

—Sí, muy bien... pero debiste dar la vuelta y regresar.

—¡Oh, rayos!

Después de varios intentos más, Rosa logró caminar muy bien. Judith le ensayaba algunas poses que debía hacer como atrevida, sexy y glamorosa. Al terminar el ensayo, Judith satisfecha y Rosa exhausta chocaron los cinco.

—¡Ahora sí! ¡A ir a arreglarnos las uñas, monkey!

Mañana era el gran día, la final del concurso de Gilmour's. "Modelaje" sería la última prueba para ver quien se convirtiría en la imagen de la compañía. A Rosa, le esperaría un largo día. ¿Podrá sus pies aguantar todo eso?

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¿Ahora que pasará? ¡Ta - ta- tan- TAAA! :D

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