Capítulo Catorce
Capítulo 14
Después de que el chofer de los Gilmours pudo cambiar la llanta ponchada, fue hacia la mansión de los Kings para recoger a su jefa y a Rosa.
Rosa entró primero al coche, ya que estaba molesta después de que Judith “la regalara” a la empresa King’s.
—Gracias, Jules por lo de hoy.—dijó Judith entrando al carro.
—No se preocupe, Judith. ¿Para eso son los amigos, no?—respondió Jules.
—¡Nos vemos!
—¡Adiós, Judith! Nos vemos pronto, Rosa…
Rosa volteó a verlo y con una sonrisa forzada asintió.
Se cerró la puerta y el chofer puso en marcha el coche.
—Oscar…
—¿Sí, señora?
—Llevanos a Gilmour’s, por favor.
—En seguida.
—Gracias. ¿Rosa por qué estás con esa cara? ¿Acaso te chocó comer tantos bocadillos? —preguntó Judith al verla enojada y con los brazos cruzados.
—No.
—¿Entonces estás molesta, no?
—Sí.
—Oh, Ok. ¡Ya se te pasará!
—¿Se me pasará? ¡¿Cómo es posible que me regalé a ese chico adinerado?! Bueno, aunque pensándolo bien, no suena nada mal…
—Tranquila, Rosa. Nunca de los nuncas, te daría a ese mocoso.
—¿Mocoso? Creí que se llevaban bien.
Judith al oir esa palabras inocentes de Rosa, rió.
—¿Qué? ¿Qué dije?
—Ay, Rosa…¿Acaso no conoces nada de la rivalidad de los Gilmours con los Kings?
—¿Ah?
—Ambas familias, nos hemos odiado por generaciones y eso nunca va a cambiar. Aunque al parecer mi hijo es la oveja negra de la familia, él siempre es tan amable con todos.
—Yo también soy la oveja negra de mi familia, aunque es por lo contrario… Entonces, ¿por qué actuó tan gentil con él?
—Fui educada, actué como una dama.
—Yo diría hipócritamente.
—También.
—Señora—interrumpió el chofer—ya llegamos.
—Gracias, Oscar.
***
En la oficina del joven Gilmour, Liam se encontraba hablando con su abogado. Los medios de comunicaciones habían sido amarillistas con el asunto, que algunas empresas para no dañar su imagen, querían cancelar contratos con Gilmour’s, reduciendo así la mercancía. El Dr. Turner le había entregado importantes papeles para cortar con las falsas especulaciones y empezar con la demanda contra las modelos.
—Señor Gilmour, me aseguraré de que las jovencitas reciban su invitación a la corte. Tenemos todas las pruebas necesarias para que esas chicas vayan a prisión.
—¡No! Eso sería muy cruel para esas jóvenes.
—¿Ah? ¿Entonces, arresto domiciliario?
—Mmm…
—¿Pagar una fianza de un millón de dólares cada una?
—Creo que solo deben disculparse con la señorita Rosa en frente de toda la prensa y nada más.
—¡Pero, Señor! ¡Esas niñas están por mandar a Gilmour’s a la quiebra!
—No te preocupes por la situación de la empresa, yo sé que podré recuperarla.
—Pero, señor…
—Sin peros, ya tomé una decisión.
—¡Señor Gilmour!—entró su secretaria.—Perdón por interrumpir su reunión, pero su madre esta acá.
—Dígale que estoy ocupado, por favor.
—Pero ella-
—¡William Gilmour II! ¿Cómo es posible que no me dejes entrar a tu oficina?—entró Judith molesta acompañada de Rosa.
—¡Madre, estoy en medio de una reunión importante!
—Mucho gusto, señora Gilmour—saludó el abogado.
—¿Mucho gusto, Sr.?
—Doctor Turner.
—¿Turner?
—Soy el abogado de su hijo, señora Gilmour. He trabajado con él desde hace casi diez años en la empresa. .—Judith seguía sin reconocerlo.—¿…Sergey Turner?
—Ahhh… ¡Ahora si te recuerdo!
Rosa, escuchando el nombre del abogado, no aguantó la risa.—¡¿Sergey?! ¡Qué nombre más g…— los adultos voltearon serios a verla.—¡G-Genial!—exclamó nerviosa.
«Uff… ¿Por qué son tan aburridos, los adultos?» pensó mientras se sentaba aislada en una de los sillones.
—Bueno, ¿y de qué hablaban? ¿Se podría saber?—preguntó Judith dejando su bolso encima de los papeles importantes.
—Estaba hablando con su hijo sobre los problemas de la compañía.—respondió Sergey levantándose de su asiento.—Siéntese , por favor.
—Gracias. ¿Ya le mandaron la cita al juez, a esas modelos?
—Estamos en eso, madre.—respondió Liam sacando el bolso de su escritorio.—¿Por qué viniste con Rosa, acá? ¿Pasó algo malo?
—¡Yo diría algo maravilloso! ¿Quieren saber qué es?
—Sí, pero no ahora, mamá.
—¡Liam!
—¡Está bien, ya! Dr. Turner, mañana continuamos con la reunir. Perdóneme por tener que detenerla así.
—Entendido y no se preocupe, pero espero que recapacite sobre la demanda a las modelos.
—Ya veré, gracias.
El abogado se despidió de Judith, cogió su maletín y salió de la oficina.
—¡¿Te estas negando a demandar a esas modeluchas?! ¡Esas pequeñas víboras deben ir a un reformatorio o a la cárcel!
—Mamá-
—¡Liam, esas chicas envenenaron a Rosa! ¡Eso no es un simple juego de niñas!
—Ser cruel no va conmigo.
—¡Es ser justo! ¡Rosa ven acá!—llamó al “mono aislado” al escritorio.—Si no vas a vengar por Rosa, entonces yo lo haré.
—¿Qué? ¿Vengar? —Liam pensaba que no solo él actuaba como Rosa, sino su propia madre también. ¿Acaso Rosa es contagiosa?
—Rosa, será la imagen de King’s.—dijo Judith abrazando a esta.—Ya hablé con Jules, y él está contento de trabajar con ella.
—¿Estás mintiendo, verdad? —Preguntó Liam sin poder quitar su mirada de asombro.—¿Cómo Rosa puede ser modelo de King’s? ¿Cómo Jules aceptó trabajar con ella? ¿Acaso perdió una apuesta? ¿La conoció?
—¡Ay, qué es verdad! Ya que no habrá concurso, preferí darle Rosa a Jules.
—¿Por qué? ¿Qué te hizo Jules para que merezca eso?
—¡Hey! ¡Estoy acá!—señaló Rosa ofendida.
—Jules, nos visitó al hospital y nos ayudó a escapar de los paparazis. Yo como agradecimiento le dije que le daría a nuestra favorita del concurso.
—¿Nuestra favorita? ¿Acaso tú quieres que Rosa sea modelo sí o sí?
—Sí. Además, King’s quiere que celebramos juntos nuestros centenarios y-
—¿Y tú que le dijiste? ¿Qué no?
—¡Que sí!
—¡Mamá!
—¿Qué? ¡Ese día será el anuncio de la nueva imagen de King’s!
—¿Y eso en que nos va favorecer?
—Ya te dije. ¡Si tú no vas a vengar, yo lo haré!
***
De regreso a casa, Rosa observó a Judith muy contenta, ella confundida le preguntó.— ¿Por qué tan feliz?
—¿No es obvio?
—No.
—¡Rosa, ambas ganaremos en este juego contra Jules!
—¿Juego? ¿Qué juego?
—No le pude contar mi venganza a mi hijo, porque él detesta los conflictos. Sin embargo, no me quedaré con los brazos cruzados.
—¿Por qué se va vengar de Jules?
—¡Estoy completamente segura de que él fue el que dijo esas mentiras sobre el concurso a la prensa! Y tengo un presentimiento que también ponchó la llanta de mi coche… ¡Por generaciones, su familia ha querido arruinar la reputación de Gilmour’s! ¡Pero esta vez no me quedaré tranquila! ¡Te tengo a ti!
—¿A mí?
—¡Sí! ¡Juntas haremos que Jules pasé una situación vergonzosa!
—¡Wooh! ¡Me encanta su mente maléfica! ¿Qué quiere que haga? ¿Destruyó sus carros? ¿Incendió su casa? ¿Qué vamos hacer?
—¡¿Quieres que nos demanden?!—Rosa negó con la cabeza.—Solo quiero que para el centenario, tú te comportes como siempre lo haces.
—¿Ah?
—¡Quiero que te comportes como un chico, una bestia, un gorila!
—¿Y dónde quedó el lado “lady”? …¡Hey, ya le he dicho que no soy un mono!
—Seguiré educándote, Rosa. Jules tiene que ver que te estas transformando en una dama, pero cuando llegue ese día… ¡BAAM! Actuarás como tu antiguo yo. ¡Por favor, tienes que ayudarme a vengar!
Un gran signo de interrogación mostraba Rosa en el rostro. ¿Debía aceptar? El juego sonaba divertido, pero ¿en qué le favorecería?
—¿Qué gano con esto? ¿Acaso no confía en que si pueda llegar a ser un dama?
—R-Rosa, yo-
—¡Yo ya no quiero ser Ross!
***
Después de que las chicas habían llegado a la casa, Rosa seguía molesta con Judith por no confiar en ella. No quería hablar con la señora de la casa, así que se encerró en su dormitorio.
—¿Pero qué hice para que se molestara?—se preguntaba Judith sentada en la mesa, viendo que Rosa no venia a cenar.—Necesitaré ayuda para sacarla de allí. ¡Tabata!
—¿Sí, señora?—se acercó la mucama.
—Pásame el teléfono, por favor.
—Sí, señora.
«Mi hijo , me servirá de algo…»pensó Judith mientras terminaba de darle el último bocado a su comida.
—¡Aquí está, señora!—le entregó el artefacto.
—Gracias, Tabata.
Judith se levantó y caminando hacia su sofá marcó el número de Liam.
—¿Aló?
—¡Hola, hijo!
—¿Qué pasó?
—¿Estás en la oficina?
—No, ya estoy regresando a descansar a mi casa.
—¿No te gustaría venir a cenar?
—No, gracias.
—¡Ya pues, Liam…! ¡Tabata hizo tu comida favorita!
—Bueno, está bien.
Judith contenta colgó el teléfono y subió al segundo piso para intentar hablar con Rosa.
—¿Rosa?—tocó varias veces la puerta.—¿Rosa? ¿No vas a cenar? Liam va a venir a comer en unos minutos. Así que si no quieres que se coman tu parte, debes salir ya. Yo ya me voy a acostar...
«¡Tengo todas las llaves de esta casa y de mi hijo! ¿Acaso no sabe que puedo abrir esa puerta cuando yo quiera? ¡Ay, monkey tonto!»
—¡Hasta Mañana, Rosa!—se despidió Judith dirigiéndose a su dormitorio.
Dentro del dormitorio de Rosa, ella se encontraba rodando por su cama. Quería calmar los rugidos de su estómago, pero le eran ya imposible. Cada vez sonaban más fuerte sus tripas.
—¡Oh, rayos!—exclamó ella levantándose rápido de la cama.
***
A los pocos minutos, Liam llegó por fin a la mansión, saludó a Tabata y le preguntó sobre su plato favorito para comerlo.
—E-Esto… joven Liam, ya no hay más comida.
—¿Qué? ¡Pero mi madre me llamó para cenar!
—No me dijo nada de eso. Solo guardé la parte de la señorita Rosa.
«¡Seguro, Rosa se lo está comiendo!» pensó Liam molesto y hambriento.
—¿Quiere que le preparé otra cosa, joven?
—No, gracias.—respondió mirando a Rosa comiendo tranquila en el comedor.—Iré por mi comida.
En el comedor, mientras miraba el televisor, Rosa comía muy feliz su cena.
—¿Con que ahora robas comida a la gente?—preguntó Liam sentándose a su lado.
—¿Disculpa? ¡Esta es mi comida!
—¿Si es tu comida? ¿Por qué comes a estas horas? ¿No comiste con mi madre?
—Estoy molesta con ella.
—¿Molesta con mi mamá? Creí que las "amigas inseparables" no se pelearían jamás.
—Tu madre cree que no lograré convertirme en una dama.
—Oh, ya veo... Entonces demuéstrale que está equivocada.
—¿Tú crees que lo lograré?
— Si tú te propones a cumplir esa meta, lo lograrás.
Rosa emocionada y agradecida por esas simples pero alentadoras palabras, decidió compartir su comida.
—Toma.
—¿Ya no quieres comer?
—No, ya me llené. Además es mi forma de agradecerte por confiar en mí.
—Qué linda. ¡Gracias! —dijo sonriente Liam.
Rosa viendoló sonreír, su corazón sintió un cosquilleo en el pecho.
«¡Oh! ¿Por qué me late tan rápido el corazón? ¿Y por qué estoy acalorada?» se preguntaba mientras tocaba sus rojas mejillas.
—Mmmm… ¡Está delicioso!—exclamó Liam comiendo.
«¿Por qué estoy sonriendo como tonta al verlo? ¿Qué me sucede?» seguía interrogándose Rosa. «Tranquila, tal vez la comida tenía droga y por eso estas que actúas como tonta.»
De repente sonó el celular de Liam.
—¿Quién es?—preguntó Rosa mientras cogía su celular para ver.
Al prender la pantalla, era un mensaje de texto de una chica.
“Susan…” susurró.
Sin saber por qué, sintió un golpe muy duro en el pecho.
—¡Oh! Déjame ver.—dijo Liam limpiándose la boca.
Rosa atónita le entregó el celular.
Viendo a Liam sonreír al leer la pantalla de su celular, sintió una gran curiosidad que es lo que contendría ese mensaje.
Liam terminó de enviar el mensaje de texto y volvió a dejar su celular encima de la mesa, él se levantó y cogió los trastos sucios para llevarlos a la cocina.
—Ya vuelvo.
—Ok—respondió Rosa mirando el celular.
«¿Qué esperas? ¡Mira el mensaje!»
—¡No!—respondió a su conciencia.—¡Bueno, estás bien!—cogió el celular y buscó la lista de mensajes.—¡Lo encontré!
Susan: ¡Hola, Liam! ¿Quería preguntarte si el próximo sábado estás libre? Tengo dos entradas para la charla del Dr. Drew. ¿Quieres acompañarme? :)
Liam: ¡Claro!
Susan: ¡Genial! Entonces nos encontramos en el Auditorio Nacional a las 7pm. :)
Liam: Allí estaré ;)
—¡Qué acabo de leer!—exclamó Rosa impactada.—¡¿Liam tiene una cita?!
***
A la mañana siguiente...
—La perdono. —dijo Rosa a Judith mientras ambas desayunaban.
—¿De qué?
—¡Ay, olvídelo! ¡Necesito su ayuda, urgente!
—Dime.
—Necesito impedir algo, pero no sé cómo.
—¿Algo?
—Liam va a tener una cita con una chica, y yo-
—¡¿Liam, una cita?! ¡Oh por Dios! ¡Al fin!—gritó contenta Judith abrazando a Rosa.—¿Sabes quién es la afortunada?
—Es una doctora, pero no es para él.
—¿A no? ¿Es fea?
—Bueno, no la conozco, pero tengo esa misma sensación como siente usted con Jules.
—¡Ahh, no! Entonces no me agrada la tipa. ¿Quieres infiltrarte en esa cita?
—Algo así… tal vez.
—Necesitas un acompañante para camuflarte en la multitud.
—¿Me quiere acompañar?
—¡No! ¡Lleva a Jules!
—¡¿Eh?! ¿Acaso usted sigue insistiéndome que siga su juego?
—Sí.
—¡Pues, no lo haré!
—¿Quieres malograr esa cita?
—S-Sí...—respondió colorada.
—¡Entonces, sigue mi juego!
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Hola, hola!
Volví! ;) Gracias por comentar y/o votar ♥
Ya que empezó Agosto, serán 2 capítulos por semana :) wii!!!
Nos vemos en el próximo cap. :D Besos, Roses!
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