Cap 3 Parte 2
Después de las explicaciones de ambas, comenzamos a entrenar con la gran arma que alguna vez fue utilizada en los cielos, quizá también por mí. Las almas gemelas me explican cada paso de cómo usarla, de cómo blandirla, a cómo conseguir darle a tu oponente, pero esto es solo el comienzo. Con mis habilidades avanzo rápido, pero aun así sigue siendo algo difícil que no logro conseguir al primer intento.
Al terminar el entrenamiento, Yoon me lleva a mi apartamento para luego decirme que la castaña vendrá por mí a la una y media para conocer a otros ángeles. Esto me pone algo tensa, ya que ayer fue un día incómodo para las dos. Sigo sin entender por qué. Esta me llega a traer con la misma incomodidad. En el camino ninguna toma la iniciativa de hablar, y llegamos en silencio a una gran mansión blanca, con jardines muy elegantes y fuentes que expulsan agua como cascadas; un lugar de inspiración completa para un arquitecto.
-Llegamos- dice fríamente la castaña. Procedo entonces a abrir la puerta y caminar hacia la otra, abriendo esta, y dejando estupefacta a la de ojos azules. –G-gracias- tartamudea avergonzada, y sale del auto.
Atravesamos vastos jardines en un camino de mármol, y llegamos a una doble puerta con manecillas de oro, como si aún se tratara de la época de la Revolución francesa. Es más, ahora que la edificación está más a mi alcance, observo como todo es estructurado al modo de las grandes casas de los de la realeza en 1789, al igual que pasó a ser de los burgueses pocos años después.
Mi acompañante alza las manecillas y toca la puerta, pocos minutos después, abre una de las puertas un hombre alto, pelinegro, con ojos azules y tez clara. Está vestido con una chaqueta y pantalones negros, y con una camiseta blanca. Sus botas son negras, y parecen haber pisado mucho lodo antes, pues están algo sucios, más parece que la suciedad es de hace tiempo.
- ¡Amiga regresaste! - exclama el chico abrazándome con intensidad- No sabes cuánto nos costó hallarte.
- Michael, basta- interrumpe seriamente Ally.- La agobias.
- Calma Al, ¿sabes cuánta emoción me daba el volver a verla?, así que baja la guardia ya- dice con una gran sonrisa el ojiazul, por ver a la castaña tan seria y al parecer... ¿enojada?
-Si, como sea, ven El, hay que hacer otras cosas más "importantes" por aquí- asegura tomándome de un brazo y alejándome de él, enfatizando la palabra importantes.
- Fue un gusto- le digo a medias al ahora llamado Michael, dándome la vuelta y viendo al pelinegro quien tiene una expresión sorprendida, ambas entonces entramos a la mansión.
El interior es algo peculiar, a primera vista la primera sala aparenta una de secretaría, con un gran escritorio de madera antigua.
Sin embargo, Ally me lleva más allá, atravesamos una sala al parecer muy antigua llena de artefactos como pequeñas máquinas de la revolución industrial, cómo también objetos coleccionables de esta misma.
En otra sala hay objetos más antiguos aun, unos que aparentan tener más de 1000 años y otros, libros viejos en algo de mal estado, quizá del siglo XIX. Todos los objetos se hallan encerrados en vitrinas de vidrio, para que nadie los toque.
Llegamos a un pasillo enorme donde se halla una escalera de forma circular, y entonces subimos a esta.
Arriba vemos miles de salas más, pero la castaña me lleva a una en particular; está cerrada por puertas dobles de un roble caro y viejo, aquí hay una placa dorada que nombra al salón "Salón de Reunión."
-Déjenme ayudarles, las puertas son algo pesadas. - dice una voz conocida atrás mío, sobresaltándome. -Por más que me hayan querido dejar, yo tengo que ir con ustedes- dice Michael.
El pelinegro procede a abrir las grandes puertas, enseñándome entonces una gran sala llena de múltiples mesas formales, conformada por diez sillas cada una, aunque solo una mesa está llena; en cada silla de esta se halla alguien sentado, cada par de ojos viéndome sorprendidos. Al final de la sala hay cuadros por las paredes, cada uno con pinturas nunca antes vistas por mis ojos.
Pronto comienzo a oír murmuros hechos por los diez invitados sentados en las mesas, uno de ellos resulta ser John, quien se halla silencioso en la última silla. Lo imagine, pienso orgullosa.
- Oigan, silencio los diez, sé que es sorprendente, pero tienen que guardar silencio. – explica entonces Ally, con una expresión seria y observando a la mesa. Veo entonces como su cabello es de un castaño más claro que el mío, y su piel es tan blanca como la nieve, simplemente hermosa. Me dejo llevar ante mis pensamientos sobre ella hasta que me percato de que la castaña me ha estado tratando de hablar. – Elizabeth, te estoy hablando.
- O, si, lo siento ¿Qué pasa? - respondo inmediatamente.
- Quiero presentarte a todos- responde para nombrar a cada persona de la mesa- Él es John Rehr, quién ya conoces, es un ángel guardián que ha sido transferido aquí con nosotros por razones que ya sabes, cuerpo ruso- dice señalando al rubio con cresta- El molesto pelinegro que te saludo es Michael Banks, hermano mío, cuerpo norteamericano con coreano, arcángel Miguel.
- Oye- reclama el mencionado quien aún se halla parado junto a nosotras.
- Ella es Usui Haruka, o como le decimos todos, Sarah, es la carismática del grupo, cuerpo japonés, ángel de investigación. - dice la castaña señalando a una chica con un cabello castaño que le llega hasta los hombros. Sus ojos son castaños y rasgados, su piel es clara, y anda, al igual que todos aquí, con el mismo vestuario que trae el pelinegro.
- Un gusto otra vez amiga, espero que recuerdes que algún día fuimos mejores amigas- dice sonriente, dejándome una sonrisa.
- Ella es Hayashi Sumika, cuerpo japonés, ángel de investigación y el ama gemela de Sarah- prosigue Ally, consiguiendo que la mencionada, una ojiverde con pelo castaño, ojos poco rasgados y piel clara, asienta. – Él es Ben Blake, hermano de Sumika, cuerpo de Hungría, serafín- señala a un pelinegro con ojos verdes oscuros, quien se halla serio sin decir mayor palabra. – Oliver Harries, hermano de Sarah, cuerpo inglés, querubín- señalando a un colocho joven castaño con ojos marrones y cara redonda quien solo me sonríe- Lauren Bouffart, no tan querida pero simpática, cuerpo francés, el alma gemela de mi hermano, ángel de investigación. - señala a una mujer pelinegra, con ojos grises, alta y seria.
- Vamos no soy tan mala- responde esta.
- Courtney Laborda, aquí arquitecto, cuerpo francés, ángel de investigación, hermano de Lauren- señala a un hombre pelinegro con ojos grises oscuros, igual de serio que su hermana- César Caristeas, cuerpo griego, carismático, ángel de investigación- señala a un hombre castaño sonriente, ojiverde. –Jacob Thompson, cuerpo norteamericano, querubín. – señala a un hombre con un cabello recogido rubio y con ojos púrpura. – Y, por último, Felipe Aguilar, cuerpo latino, ángel de investigación- señala al último hombre trigueño, con cabello castaño claro y ojos azules.
- Un gusto- me dice guiñándome el ojo, para luego ver a Ally y poner una expresión asustada. ¿Por qué? No sé, pienso.
- Ellos, junto a otros ángeles, están ayudándonos con la investigación de tus alas- me dice Ally volteándome a ver para luego regresar la vista a los invitados- ¿Dónde se han metido aquellos tres faltantes?
- Siguen en Suecia, se les atrasó un vuelo, me lo informaron antes, quizá lleguen mañana- responde el ahora llamado Oliver.
- Espero no sea por mucho- susurra la castaña- Bueno, pueden darle sus números a Eli para que ella esté conectada a todos nuestros planes. Eli, te espero afuera. –comenta para luego salir de la gran puerta del salón.
Luego de esto, Haruka, también llamada Sarah, y John se acercan a mí, con la intención de platicar conmigo y ser amigables.
- Un gusto verte Eli, al parecer encarnaste en lo que querías- comenta la castaña, más al ver mi confusa expresión, suspira y vuelve a comentar- A veces tenías ilusiones de que si algún día fueras humana, definitivamente serías mujer, y se cumplió.
- No creí que los ángeles tenían pensamientos así- exclamo intrigada de su explicación.
- Los tenemos- responde el rubio de la cresta- Solo que sabemos que es imposible serlo y, también estamos alegres de vivir allá.
- Y a todo esto, ¿Por qué la uniformidad en la ropa? - pregunto al recordar la duda que había comenzado a surgir recientemente.
- Nos identifica de los que nos unimos para buscarte, nos gusta llamarnos la Tropa Angelical- dice el rubio con una sonrisa y resaltando con sus manos lo espectacular del nombre, haciéndonos reír a Sarah y a mí.
El chico a simple vista parece de los presumidos y engreídos, pero al conocerlo te das cuenta de lo amable y tímido que es, aun siendo un ser divino. Esto explica el porqué de su manera de hablarme en este momento.
De pronto aparecen detrás de los dos, otros tres, si no me equivoco son Thompson, Harries y Aguilar. Ambos castaños me saludan con una sonrisa, mientras el rubio solo me dirige la palabra directamente para darle mi número, con la idea de tenerme pendiente de todo lo que vaya ocurriendo con el paso del tiempo.
- Eli, creo que es hora de irnos- me sobresalta la voz del alto pelinegro atrás mío, provocando mi reacción inmediata en voltearlo a ver- Alice me ha dicho antes que no te mantenga mucho aquí- dice sonriendo, mostrando sus dientes blancos como la nieve en el invierno.
Después de su interrupción, me apresuro en darle mi número a Jacob y corro hacia la puerta en donde el pelinegro ha salido, sin detenerse a esperarme.
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