Capítulo 1
Menfis nunca se había alejado tanto de su casa, siempre anduvo cerca de los bosques prohibidos y solo salía ya sea por algunos alimentos o porque su hija lo pedía, estar en casa, en el bosque lo hacía sentirse en contacto con su pasado, con lo que había vivido y con lo que planeaba hacer de su vida sin olvidar sus raíces.
- Ren no camines tan rápido - se escuchó decir con una voz cansina.
- Pero papá este lugar es genial. - dijo una pequeña de cabello moreno que correteaba frente a Menfis.
- Lo se niña pero no te separes de mí. - le riño el hombre - Mejor toma mi mano, veremos todo lo que podamos no desesperes. - la niña tomo la mano de su padre y caminaron por el pequeño mercado.
El hombre de cabellos plateados revisaba cada rincón del lugar tratando de buscar cualquier signo de peligro. No bajando la guardia a pesar de no encontrar nada.
Cuando había llegado a su querida estrella la guerra en ésta había iniciado. Los humanos lograron crear un tratamiento para la enfermedad y peleaban por el.
Menfis siguió caminando por el mercado oyendo las conversaciones de las personas.
- ¡Mamá, quiero ése! ¿Sí? - vio a una niña jalando el vestido de su madre para llamar su atención. Vio a su hija, cuanto le hubiera gustado que conociera a su madre, criarla el solo seguía siendo todo un reto.
- No sea tímido, caballero, nuestro incienso es el mejor que va a encontrar. - escucho a un hombre algo barrigón a su derecha, tenía varios clientes que se veían bastante desesperados al comprar.
- ¡Por allá no, Alex! - escucho a su espalda. La madre corrió delante sin siquiera reparar en ellos, mientras el pequeño niño de apenas cuatro años trataba de darle alcance al carro de bebidas que se había movido unos cuantos metros.
- ¿Buscas algo en especial? -Menfis ni siquiera reparó en la mujer quien coqueta se acercaba a él, caminando a su paso observando todo, reconociendo lugares pero no deseando ser partícipe de esta vida.
Galerai era una villa bastante apacible, sus habitantes eran bastante amables, Menfis había recorrido varias veces este mismo camino, solo teniendo un altercado con un viajero.
La guerra había dejado su huella en el hermoso Galerai, algunos habitantes podían llegar a ser un poco hostiles si no te conocían la supuesta《paz》tomaba lo mejor de las personas.
De vez en cuando algún habitante lo miraba por un período de tiempo, tratando de ver si era peligroso o no, antes de desaparecer de su vista, más no su energía.
Hasta ahora estaba seguro que un par de Meta's de la aldea los seguían, los Meta habían sido creados para mantener la paz en las aldeas, más que nada se aseguraban de que el control de habitantes no aumentará, si él y su hija quisieran vivir en ese lugar podrían darse por muertos antes del anochecer.
Pero Menfis no le prestó atención debido a que era una ocurrencia normal y supo que si no hacía problemas, podría caminar tranquilamente por la villa buscando algo que hacer.
Ya habían pasado seis años desde que había bajado a la tierra, y las pláticas con los superiores eran una vez al mes informándole cosas, algunas veces recibiría una misión del Superior en turno que pedía alguna que otra información, rastreo o eliminación de determinado ser de sombra.
La vida en este sitio era realmente dura, los días soleados donde las personas paseaban por un parque en medio de una cita o solamente por el gusto de hacerlo se habían acabado, ahora si paseabas solo era muy probable de que te mataran.
El día que llegó a la tierra había reclamado uno de los bosques, se había querido alejar de la guerra. En ese entonces la gente moría lentamente por la enfermedad que los seres de sombra habían soltado, toda la vegetación del mundo habia comenzado a perecer, el agua potable había comenzado animales contaminarse por la guerra y la de mar a secarse, los campos de agricultura se llenaron de plagas, los animales comenzaron a morir, las personas se mataban unas a otras para poder tener algo de alimento o bebida, lo único que los salvaba eran la lluvias pero estas al paso del tiempo dejaron de caer.
Según la información que recabo Menfis, los humanos pudieron realizar diversas investigaciones, primero buscaron alguna cura con lo que la naturaleza les daba, después hicieron experimentos tanto con animales como con humanos pero los esfuerzos fueron inútiles, en ese entonces su pequeña sólo era una bebé que no podía hacer mucho, había decidido que las cosas se calmará un poco antes de salir de su escondite con la niña. Ahora su pequeña había logrado hacer una mejora en el mundo.
Un día había llegado un niño enfermo a su casa, el niño tenía heridas en todo su cuerpo y parecía que moriría en cualquier segundo.
Menfis había llevado al niño a la cama y comenzado a curarlo, él se había dado cuenta de que la enfermedad de las sombras lo estaba matando.
En ese entonces la pequeña Ren sólo tenía tres años, pero ella se había acercado al niño y susurrado algo, le tomó todo su control a Menfis el no emitir un jadeo de sorpresa cuando vio a su pequeña con un brillo verdoso en las manos.
Como por milagro el niño se levantó de la cama ya curado. El corazón de Menfis se lleno de alegría. El niño se había ido ese mismo día y lentamente el rumor se esparció por las aldeas, de una criatura curadora.
La esperanza aún estaba presente gracias a su niña.
- Papá, en la casa de ahí nos necesitan. - dijo la pequeña señalando una casa de aspecto deprimente, a unas cuatro casas enfrente de ellos.
- Iremos entonces Ren - la pequeña me guió a la casa, vi como algunos aldeanos nos veían con suspicacia, pero nadie se acercó, ellos sabían que no debían meterse en los asuntos de las demás personas.
Ambos entraron a la casa, está permanecía a oscuras, una fina capa de humo blanquecino se podía ver gracias a la poca luz que entraba.
Menfis vio a Ren caminar sin titubeos a una habitación, la vio dirigirse a la cama donde una mujer permanecía acostada, la mujer estaba enferma, su cara tenía grandes llagas, su piel se veía algo amarilla y las venas podían verse, la respiración era rápida y forzada.
Ren se acercó poniendo sus manos en el pecho de la mujer, Menfis vio cómo se acercó y susurró unas palabras, Ren nunca le decía lo que susurraba y Menfis jamás preguntaba.
Una luz verde salió de las manos de la niña, solo era un resplandor pequeño, pero fue suficiente para que la mujer comenzara a respirar más lento.
Su piel poco a poco regresó a un tono rosado y las venas se fueron desvaneciendo.
Ren se levantó del suelo donde estaba arrodillada, tomó una respiración y sonrió.
- Ya está papi - volteo a ver a Menfis con cariño en los ojos. - Ella quiso vivir.
- Bien pequeña, es hora de irnos. - la niña solo asintió como respuesta.
Estaban por salir cuando la voz de alguien se escuchó:
- ¿Quién es ella?
Menfis volteo rápidamente protegiendo a Ren tras él. Vio a un hombre ya viejo parado en la puerta de la casa en la que habían salido.
El hombre veía a Ren con un poco de admiración pero también había mucho miedo en sus ojos.
- Ella la curo. ¿Cómo? - preguntó en casi un susurro.
- Ella tiene un don. Y está aquí para compartirlo. En este momento solo puede curar a una persona pero quiero creer que podrá hacerlo con más en el futuro. - dijo Menfis sin despegar la mirada del hombre.
- Entonces hablaré de ella. - el hombre vio a Ren. - Gracias.
Menfis se relajó sólo un poco. Por el momento estaban bien, tenía que cuidar de que nadie lo separara de su hija.
- Vamos Ren, aún no hemos comprado lo que necesitamos. - le dijo a la niña, tomándola de la mano.
Siguieron caminando hasta llegar a una casa que vendía diferentes antigüedades. Al entrar el mismo humo blanco los saludo, este se había creado como repelente al virus, pero como con la señora de antes no siempre funcionaba.
Menfis vio cada artículo que había en la tienda, vio relojes, esferas, armas, libros hasta que encontró lo que buscaba, un viejo pergamino.
- Disculpe.
- ¿Qué es lo que quiere? - le contestó el hombre tras el mostrador, se veía algo pálido.
- Quisiera el pergamino que está atrás usted. - dijo Menfis. El pergamino era algo desgastado, era del largo de su brazo, en una de las esquinas tenía grabado el nombre de Lauren su niña.
- Claro, pero ¿qué me dará a cambio por él? - el hombre vio a la niña de pies a cabeza.
Vio a Ren, la niña se había encogido un poco de hombros, claramente se podía ver el miedo en sus ojos.
Menfis sintió ira recorrerlo, así que sin que el hombre se diera cuenta sacó una daga de su brazo, hizo un corte superficial y dejó caer unas cuantas gotas en el suelo, murmuró unas cuantas palabras.
Un brillo iluminó los ojos del hombre, Menfis y Ren vieron como una tela blanca cubría cada pupila, el hombre agarró el pergamino que Menfis quería y lo puso en la mesa.
Menfis vio al hombre ir a la parte posterior de la tienda y se escuchó un grito desgarrador.
- Vámonos Ren, ahora ya podremos entrenar. - la niña tomó la mano de su padre y ambos salieron de la tienda, los gritos del hombre de fondo.
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