14. Corromper al demonio
Capítulo 14:
Corromper al demonio
Su sangre me llamaba en un cántico embriagador.
Podía escuchar su pulso en una melodía enfermiza, así como era consciente del movimiento de su pecho, su respiración errática y perdida.
Levana tenía miedo, temblaba en sus ropas húmedas, sus cabellos blancos emarcaban su rostro de ángel perdido.
Delineé su cuello con la punta de mi nariz, aspiré su aroma a rosas. Estaba aterrada, su miedo era abrumador, pero la forma en que su deseo la carcomía era exquisita.
Alcé su mentón hacia mí, sus labios rosados eran una invitación a arruinarme. Los rocé con la delicadeza que merecían.
──Eres mi ruina.
Su esencia era cautivadora.
──Herrsek Karravarath…
Que incluso en ese momento decidiera usar mi título reflejaba lo poco que conocía al cazador, o quizás lo bien que lo hacía.
Su voz embriagada era un puñal retorciendo el hambre en mis entrañas.
Cedí, sostuve su nuca para abrir mi boca contra la suya, ella tembló contra mi cuerpo y el gemido que ahogó contra mi boca empujó toda cordura al borde.
Quería besarla, beberla, devorarla.
Sus ojos ámbar me miraron con un anhelo que podía romperme.
──No debería estar aquí, herrsek Karravarath.
──Hay tantas cosas que no debería hacer, amor, que no debería hacerte.
Sus ojos se encendieron con una chispa. Quizás era una idea igual de suicida que dejarse arrastrar por el río.
──Dijiste que te torturaba, ¿la idea de tenerme?, ¿o de no hacerlo? ──me desafió──. Tomame como si fuera otra de tus posesiones. Arruiname.
El aire se atoró en mis pulmones, tragué con fuerza, mareado, necesitaba su voz para encontrar claridad en el deseo.
Guie una de mis manos entre sus piernas, rompí el vestido que me molestaba y busqué hasta encontrar su cálido sexo, deslicé dos dedos en su interior húmedo y estrecho.
Me relamí los labios, quería verla correrse en mi lengua, que me dejara beberla mientras suspiraba mi nombre.
Fui consciente de mis ojos inyectados en sangre.
Levana torció su rostro en una deliciosa mueca entre el dolor y el alivio.
──¿Debería, Levana?
Como mayor respuesta, clavó sus uñas en mi nuca mientras buscaba la penetración más profunda.
Busqué sus labios en algo que fue más una mordida que un beso. Mis colmillos pincharon sus labios suaves y la bebí, un hilillo de sangre se deslizó por su mentón cuando nos separamos.
Ella se pasó la lengua por los labios y podría haberla tomado en ese lugar. Debería haberla reclamado como mía.
Quién era yo para negarme a lo que ella estaba dispuesta a darme con tan buena predisposición. A pesar de su buena educación, de su recta moral o sus excelentes modales de dama de sociedad.
Dejé que otro dedo se deslizara en su interior, Levana arqueó su espalda, tan dispuesta a recibirme que no tomarla era una ofensa en sí misma.
Exhaló contra mi boca y no fue hasta que su rostro se contrajo de dolor que noté que había ido demasiado profundo.
Dejé un beso cerrado sobre sus labios. Me sostuve a la corteza del sauce para abandonar su interior. Levana se aferró a mi chaqueta mientras se frotaba contra mi pierna en busca de la liberación.
Tragué con fuerza, cerré los ojos mientras escuchaba sus gemidos contra mi pecho. Hundí mis manos en la corteza y la rompí de la forma en que sabía que no podía hacerlo con ella.
Acaricié sus muslos, busqué la piel debajo de su vestido de seda. Quería tocarla, sentirla, quería poseerla de la forma cruda en que ella me tenía.
Sus gemidos estuvieron a punto de desquiciarme, la forma en que ella me buscaba cada vez que volvía a frotarse. Sus suspiros eran un canto de sirena y no tenía ninguna razón para no dejarme ahogar.
Formó un puño con mi chaqueta y besé su frente cuando la sentí llegar al éxtasis.
Su suspiro rendido me seguiría por las noches, sería mi tormento.
En la lejanía, escuché la escopeta anunciando que habían cazado una buena presa.
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