Especial II: ¨Cumpleaños de Baji¨

Noviembre 3, 2004

Como si el universo lo hubiera planeado todo, su siguiente cumpleaños fue increíble. Para empezar, se despertó con Hanna a su lado, sus suaves respiraciones sincronizadas con las suyas.

—Hmm...

La habitación estaba bañada por la luz de la mañana, su cabello oscuro contrastaba marcadamente con la almohada blanca sobre la que estaba recostada, acarició su rostro en silencio.

Tan hermosa y delicada...

Tan fuerte e inteligente...

Su novia era perfecta.

Keisuke sintió que su corazón se aceleraba cada vez que se recordaba que era su novia. Sus ojos bajaron al pecho de la pelinegra y sonrió, bajando sus dedos también hasta ellos.

—¿Ya estás despertando? —susurró al verla arrugar la nariz—. ¿Qué estás soñando...?

A comienzos del año se habían reencontrado como si fuera cosa del destino y por cosas de la vida Hanna había terminado viviendo bajo su casa y, bueno, tras una serie de cosas, habían terminado así.

—Mi nena...

La casa se había llenado de su risa nuevamente, y parecía que el mundo se había pintado de colores más brillantes. Y como se prometió en el cumpleaños anterior, era suya y sólo suya.

—¿Hm?

De hecho era tan suya que nadie podría negarlo si la vieran en ese momento, le acomodó el cabello hacia atrás mientras hacía círculos en su piel desnuda desde su cuello hasta el tatuaje sobre sus costillas.

—Buenos días —murmuró Hanna somnolienta mientras se acurrucaba más cerca de él—, mi amor.

—Buenos días —susurró Keisuke en respuesta—, mi hermosa.

Sus ojos grises se abrieron para encontrarse con los de él. Keisuke sintió un cálido rubor extenderse por sus mejillas mientras la envolvía con sus brazos, atrayéndola para un suave beso matutino.

—Amo cuando me dices así —murmuró—, 'mi amor' suena tan bien.

No podía creer que esta fuera su realidad.

Hanna lo miró con una sonrisa soñolienta que de alguna manera era tímida pero radiante.

—Te juro que eres la única persona a la que llamaré así en toda mi vida —se escondió en su pecho—, es demasiado vergonzoso.

Keisuke sonrió.

—Por supuesto que seré el único —afirmó—, yo me encargaré de darte tanto amor que jamás en la vida puedas olvidar mi nombre, mi rostro y...

Baji no tenía idea cuanta razón tendría.

El sol se asomaba a través de las cortinas, arrojando un cálido resplandor sobre su rostro.

—Parece que mamá está haciendo el desayuno —murmuró—, ¿quieres ir ya?

Hanna lo abrazó más fuerte así que se quedaron allí acostados un momentos más, disfrutando de la tranquila intimidad de la mañana.

—Hm.

La mano de Hanna encontró su camino hacia su mejilla, su pulgar trazando círculos perezosos que le enviaban escalofríos por la columna vertebral.

—¿Tienes hambre? —le preguntó ella en voz baja.

—De ti.

Sabía que hoy iba a ser un día lleno de emoción y celebración, pero en ese instante, todo lo que quería era permanecer envuelto en la comodidad de su abrazo para siempre.

—¿Sí? —Hanna sonrió traviesa—. Qué casualidad, yo también.

Con los primeros meses de su noviazgo se había dado cuenta que la necesidad del contacto físico era mutua y no era sólo en un ámbito sexual, que sí era la mayoría del tiempo, sino en el más profundo sentimiento de necesitar sentirla a su lado todo el tiempo.  

—Estabas muy cómoda durmien...do.

Hanna se sentó a horcajadas de él, viéndole con una sonrisa traviesa que lo hizo achicar los ojos.

—¿Entonces no quieres?

—No dije eso —llevó sus propias manos a las caderas de la pelinegra—. Por supuesto que qu-

—¡Keisuke, Hanna —la voz de su madre los interrumpió—, hora de despertar!

De mala gana, ambos se desenredaron de la cama, el aire fresco de la habitación golpeó su piel mientras estiraban sus extremidades. Le robó un pequeño vistazo.

—Ya oíste —Hanna le dio un codazo juguetón en el costado y ambos se rieron mientras él fingía caerse de la cama—. Qué exagerado.

Sus risas eran como música para sus oídos, llenando la habitación con una dulce melodía que solo sirvió para hacer que su corazón se hinchara aún más, estaba tan enamorado de ella.

—Espera a que te descuides —la señaló—, te comeré entera.

—Uy... Ya me descuidé —bromeó la pelinegra—, jaja.

Baji sonrió grande antes de acercarse a ella y besarla con todo el amor que le tenía. La pelinegra correspondió el beso con gusto, suave y cariñosamente. Gruñó, profundizando el beso un poco.

Hanna no comprendía lo importante que ella era.

Pero él siempre pensaba en ella.

Mañana, tarde y noche.

Su cabeza, al igual que la pared de fotos que tenía y su celular, estaban llenas de ella, su mamá y gatos, muchos gatos, todo el tiempo. 

—Me encantas.

Se apartó de ella para ponerse algo de ropa, bostezando, no era como que hubiesen dormido mucho gracias a que su madre tuvo turno de noche en el trabajo. La miró de reojo. 

—Tú a mí —Hanna se dispuso a buscar su camisa—. ¿Dónde está mi...?

—Pónte esta —le lanzó una suya y buscó otra—. Esta mañana hacía algo de calor y te la quitaste.

—¿Yo hice eso?

Hanna achicó los ojos, sabiendo que Baji tenía algo con sus pechos por lo que siempre que podía tenía sus manos bajo su camisa o, si estaban durmiendo, de fijo le sacaba la camisa y ya.

—Quizá yo ayude —silbó, saliendo del cuarto con las manos en la nuca y una sonrisa—, sólo un poco. Ah, olvidé algo.

Se devolvió hacia ella mientras le brillaban los ojos, la pelinegra se puso la camisa que le quedaba casi a la altura del short de su pijama, una vista que sin duda él amaba.

—Feliz cumpleaños —lo besó, empinándose un poco—, te tengo una sorpresa.

—¿Tú estás incluida en la sorpresa?

Ella sonrió de lado.

—Quizá —se apartó de él para ir a la cocina.

Keisuke parpadeó al verla mover sus caderas juguetonamente y la siguió de inmediato para encontrar a Ryoko ya levantada, tarareando alegremente, en la cocina.

—Buenos días —Hanna bostezó—, Ryoko-san.

—Hola, cariño —la saludó con un beso en la mejilla—. ¿Dormiste bien?

—Huele delicioso —murmuró él, entrando detrás de ella—. Buenos días, mamá.

—Hola, Keisuke —Ryoko sonrió radiante, girándose para darle un cálido abrazo—. Feliz cumpleaños.

El olor a panqueques y tocino flotaba en el aire, haciendo que el estómago de Keisuke gruñera de anticipación.

—Estoy hambriento.

Hanna deslizó su mano en la de él y juntos se acercaron al comedor para poner la mesa.

—Ryoko-san, Keisuke no me dejó dormir anoche —lo acusó—, tengo sueño...

Ryoko soltó una risa mientras que Baji se puso detrás de ella con los ojos entrecerrados.

—¡Ay —se quejó cuando le jaló el cabello—, ¿por qué hiciste eso?!

—¡Como ayer no decías nada! —sonrió de lado—. Y hasta me decías que más fuerte.

—...

Hanna bajó la mirada completamente roja y Ryoko suspiró, ya acostumbrada a este tipo de dinámicas, más bien sorprendida que Hanna se pusiera tímida cuando apenas un par de días atrás estaba asegurándole que la haría abuela.

Especialmente con sus planes para hoy.

—Ustedes dos me van a matar un día —le dio un sorbo a su café—. Siéntense a comer, no ha ni empezado el día y ya están peleando.

Ryoko siempre había apoyado su relación, y ver su felicidad genuina por él hizo que Keisuke se sintiera aún más agradecido por la vida que tenía.

♪Te amaré hasta el día en que muera♪ —Hanna cantaba en voz baja una canción que le compuso meses atrás—. ♪Hasta el día que muera 

Hanna tenía una sonrisa de satisfacción que le llamó la atención, sus ojos brillando con una travesura secreta que Keisuke conocía muy bien. ¿Qué estaba planeando ahora? Arrugó la nariz.

—Mamá, Hanna me hizo algo —dijo Keisuke, con la voz llena de emoción—, sólo debo averiguar qué es.

Ryoko se giró para mirar a Hanna, que se sonrojó por la sonrisa burlona de la mayor y tímidamente le entregó una pequeña caja bellamente envuelta.

—Ten, tu regalo de cumpleaños —Keisuke la tomó con manos temblorosas, con curiosidad—. Ábrelo.

Dentro había un collar hecho a mano con una única piedra negra brillante.

—Es un ónix —dijo Hanna, apoyando su mejilla en su mano—. Se supone que representa fuerza y ​​protección.

—¿Sí?

—Sé que hoy cumples catorce años, pero quiero que siempre recuerdes que —lo miró fijamente a los ojos—, pase lo que pase, siempre estaré aquí para protegerte. Igual que tú conmigo.

Los ojos de Keisuke se llenaron de lágrimas mientras se colocaba el collar alrededor del cuello.

—Gracias, mi niña —se acercó para besarla—. Me encanta.

Era el comienzo perfecto para un día perfecto.

El resto de la mañana transcurrió en un torbellino de risas y buen humor mientras los tres compartían historias y hacían planes para el futuro, el desayuno por su cumpleaños era especial.

—Y entonces Chifuyu...

La presencia de Hanna era un bálsamo para su alma, su tacto le aseguraba que ella estaba realmente allí, que era realmente suya. Cuando terminaron de desayunar, Hanna se inclinó y le susurró al oído a Keisuke, su aliento cálido contra su piel.

—¿Listo para tu sorpresa?

—Uh...

Sintió que se le enrojecía el rostro, pero no pudo evitar la sonrisa que se extendió por su rostro. 

Iba a ser un cumpleaños que nunca olvidaría.

—Muy bien —Ryoko les sonrió—, yo tengo planes esta mañana así que me iré.

Hanna y ella se miraron cómplices un momento antes de despedirse.

—Ah, que te vaya bien —Keisuke parpadeó—. Espera... ¿A dónde vas?

—No seas chismoso —le dio un beso en la frente—. ¡Asegúrense de limpiar, y usen protección!

—¡Mamá!

—¡Olvídalo —Hanna soltó una risa—, te haremos abuela si sigues!

—¡Conocerás el poder de la chancla si es así —le amenazó—, nos vemos en la tarde noche!

Tan pronto la mayor se fue, Hanna lo miró de reojo con una sonrisa, Keisuke tragó fuerte.

—Entonces —miró al techo, tratando de pretender que era un perrito domesticado—, ¿cuál es la sorpresa?

Pero sus ojos lo traicionaban normalmente buscando sus labios, pechos o piernas, Hanna sonrió, relamiéndose los labios que Keisuke amaba besar. 

—Primero debes reposar un rato —lo jaló hasta la sala y lo hizo sentarse frente a la televisión—. Espérame aquí, jugando videojuegos o leyendo un cómic.

—Oh... Okay.

Como chico obediente a su chica, se puso a jugar videojuegos mientras tanto, pero pasaban los minutos, varias partidas y Hanna no volvía. Así, al cabo de un rato, Keisuke comenzó a impacientarse y pausó el juego.

—¿Hanna?

No hubo respuesta así que comenzó a asomarse por la cocina y el resto, pero no la hallaba.

—¿Hanna?

Tampoco estaba en el cuarto y comenzaba a sentirse frustrado de no encontrarla.

—Hanna, no es gracioso.

Justo cuando estaba a punto de ir hacia la sala de nuevo, pensando que quizá mientras jugaba ella pudo haber salido de la casa, sintió una mano que lo jaló al interior del baño.

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🔞 Contiene escenas explícitas 🔞



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—¡¿Qué mier-?!

Parpadeó cuando la vio entonces.

Santa mierda...

La pelinegra sonrió mientras miraba por encima de su hombro la bañera, que ya estaba llena de agua humeante y burbujas perfumadas, cortesía de la cuidadosa preparación de Hanna.

—Sorpresa —susurró—, Keisuke.

Había encendido algunas velas por la habitación, que arrojaban un brillo suave y romántico que bailaba en las paredes. Pero lo más importante en todo el escenario, para él, era ella.

—Bueno —sus ojos se centraron en ella—, qué buena vista.

La pelinegra apartó la mirada, sus manos a duras penas cubriendo sus partes íntimas y sus pechos, los cuales él adoraba por cierto, sus ojos barrieron todo su cuerpo con la mirada.

—Qué preciosidad... 

Baji tragó fuerte mientras se deleitaba al verla, sonrió cuando vio las marcas y mordidas que adornaban su cuerpo.

—Tú lo pediste —murmuró—. Es hora de comer...

Cinco segundos después estaba levantando su camisa hacia su camisa hacia su boca para sostenerla mientras llevaba sus brazos hacia atrás con el punto de quitarla rápidamente.

—No te quejes después —advirtió Baji, mirándola de arriba abajo—. Tú te lo buscaste.

Usualmente Hanna respondería con sarcasmo, pero en ese breve momento en que se quitó la camisa y volteó a verla, lo notó.

La mirada que huía del espejo siempre.

Apretó la mandíbula.

—¿Crees que me veo gorda? —murmuró con la mirada en el piso—. O las cicatri-

Ah, es cierto. 

A veces, Baji olvidaba que, incluso la mujer perfecta...

Tenía inseguridades.

—Gorda me la pones, mi amor —lanzó la camisa al piso y sonrió antes de acercarse a ella—. Eres tan malditamente sexy, me encantas.

—Per-

—Nada de peros —la acercó a él para besarla, de paso aprovechó para tocar sus pechos—, tú eres perfecta tal y como eres. 

—Pe-

—Cariño —la apartó de él un poco, viéndola a los ojos—, puedes poner diez mil peros y aún así te seguiré encontrando hermosa. 

A veces quisiera prestarle sus ojos.

Para que Hanna pudiera verse como él la veía.

Ella no tenía idea lo perfecta que era.

Baji sabía que ella que nunca había amado la forma en que sus ojos se achinaban cuando sonríe. Que nunca había amado su abdomen, las cicatrices alrededor de su cuerpo, sus muslos o sus lindos pechos.

Pero él estaba locamente enamorado de esas pequeñas cosas.

Casi del mismo modo en que amaba que ella tuviera que tomar café para poder dormir o que hablara entre sueños cosas sin sentido, eran pequeñas cosas que sólo él conocía y pequeños secretos que él guardaba, simplemente era ella. 

—No importa cuántas veces tenga que repetirlo —Hanna apartó la mirada al suelo—. Todo de ti me encanta. 

Todo de ella.

Y entendía perfectamente que pasaba por su cabeza en momentos así o el porqué ella siempre huía de los espejos, estiró su mano hacia su espalda para acercarla a él.

—Desde tu hermosa carita —aseguró, abrazándola y besando su cuello suavemente—, hasta tus tiernos pies. Tu cuerpo entero, mi nena, yo lo amo todo de ti, hasta la locura.

Keisuke sintió como se tensó y sonrió brevemente.

—Es que...

—Ey —la obligó a ver sus ojos—, lo sé. 

Hanna huía a las citas médicas porque no quería saber cuanto pesaba y odiaba cuando tenía que esforzarse en buscar pantalones porque nunca estaba segura de su talla, incluso si desde que vivía con ellos, Ryoko se encargaba de que ella comiera mejor. 

Las heridas mentales no sanaban tan fácil.

—Eres perfecta para mí.

Keisuke conocía perfectamente todas sus inseguridades, todo lo que ella llamaba una 'imperfección' en ella misma, pero para él era perfecta. 

—Mi amor —acarició su mejilla con su pulgar—, estoy aquí para ti, siempre.

Sabía que ella no se trataba del modo en que debería porque tenía muchos problemas consigo misma, pero quería enseñarle a amarse.

—Lo sabes, ¿verdad?

Hanna asintió lentamente con una pequeña sonrisa que lo hizo sentir más en calma. 

Incluso si no te amas la mitad de lo que yo te amo.

Quiero que lo hagas, quiero que algún día...

Te ames como yo lo hago.

Cuando el pelinegro pensó aquello no pudo evitar sonreír al imaginarse lo hermosa y brillante que se vería ella amándose como era, el doble de lo hermosa y brillante que ya era, no podía esperar a ese día.

La enseñaría al mundo con tanta felicidad.

Hanna carraspeó, dándose cuenta que tuvo un momento vulnerable y puso incómodas las cosas, pero sonrió, feliz de que Baji la entendiera mejor de lo que ella misma se entendía. 

—Hanna, quiero hacerte feliz —declaró, repentinamente—. Tan feliz...

—Ya me haces feliz —apartó la mirada, sonrojada—, tonto.

—Hah —reprimió su sonrisa—, pues quiero hacerte tan feliz, al punto en que no puedes dejar de sonreír.

La abrazó por la cintura, acariciando su espalda desnuda mientras apretaba su abrazo.

—Y te quiero hacer sentir tan amada —susurró en su oído—, que nunca dudes de nada jamás, ni siquiera un segundo.

—Estás demasiado cur-

—Eres mi nena —la miró con una sonrisa traviesa—, es mi trabajo hacerte feliz.

—¡BASTA! 

La pelinegra se dio vuelta, pero él podía ver su gran sonrojo, haciéndolo sonreír.

—Pues te salió mal —la abrazó—, porque me encanta esta...

Hanna soltó un pequeño gemido cuando lo sintió contra ella por la espalda, el pelinegro llevó sus manos a sus pechos y mordió su hombro. Incluso si ella creía que era tierno, parecía que a veces olvidaba por momentos que.

Si ella era una pretty kitty, él era un... Nasty dog.

—Quiero café —dijo repentinamente.

—Yo te quiero a ti —murmuró, mordiendo su hombro—, con tus piernas alrededor de mi cabeza.

—A la mierda el café.

Hanna se volteó a verlo con una sonrisa, la mirada en sus ojos y su actitud cambiando completamente.

Ah, ahí estaba su chica.

—¿Quieres que te ayude? —inquirió, señalando su pantalón—. Es un poco injusto que sea la única desnuda aquí.

Su corazón latió fuerte cuando la escuchó decir eso, los ojos grises brillaban con travesura. Estaba claro que la razón por la que se tardó tanto fue para crear esa atmósfera así que sonrió, sus ojos no paraban de caer en su cuerpo desnudo, mientras ella sólo lo miró fijamente.

Esperando su respuesta.

—Por favor —levantó las manos—, soy todo tuyo.

La pelinegra sonrió, acercándose a él lentamente entonces, la vio poner sus manos suavemente en su pecho.

—No puedo parar de mirarte las te-

Hanna alzó una ceja y él carraspeó.

—La cara, mi amor —sonrió coqueto—, la cara.

—¿En serio? —Hanna se agachó un poco para verlo a los ojos—. Mi cara está más arriba.

Ambos se soltaron a reír, esa conversación probablemente la habían tenido cientos de veces.

—Idiota.

—¿A quién le dices idiota —vio su mano bajar lentamente hasta su jogger—, idiota?

Baji tragó fuerte.

—Ey —la miró con los ojos entrecerrados—, ¿cuánto tiempo se tarda en quitarse un pant-?

Baji gimió cuando ella apretó su miembro por encima del pantalón.

—Está bien —asintió—, entendible tu punto.

Incluso si él adoraba la sensación de poder que le daba cada vez que la pelinegra actuaba sumisa a pesar de lo mucho que amaba tener el control sobre todo, no podía negar que no le molestaba dejarla tener el control como en ese momento, de vez en cuando. 

—Hmm.

La miró con una sonrisa cuando ella bajó sus boxers también, revelando su erección. Hanna le dio una mirada pícara antes de acercarse.

—Hanna.

Baji dio un respingo cuando ella besó su miembro, su aliento chocando con su piel sensible, miró al techo.

—Joder.

La suave y caliente lengua trazó su longitud haciendo que jadeara, empuñó sus manos contra la puerta del baño cuando la pelinegra comenzó a masturbarlo con entusiasmo, sensación que sólo aumentó cuando él dejó salir un gemido.

A ella le encantaba oír su voz.

—Hanna —gimió, llevando su mano hacia su cabello para recogerlo con una mano y verle el rostro—, mi amor...

Ella sonrió, sin apartar su boca de su miembro en ningún momento, causándole cosquillas de excitación cuando sintió su aliento contra él. La sensación era abrumadora y él lo supo entonces.

Ese cumpleaños iba a ser inolvidable.

¡Oh, fuck!

La forma en que su boca se movía alrededor era deliciosa, algo que siempre se sentía tan bien como la primera vez, especialmente cuando combinaba eso con su lengua.

Le hacía ver estrellas.

Podía sentir perfectamente como su climax se iba construyendo con cada ansiosa chupada y lamida. La observó fijamente mientras notaba como las uñas de la menor acariciaban su piel.

—Hana.

Por momentos las enterraba lo suficiente para causarle un pinchazo de dolor que simplemente terminaba convirtiéndose en placer corriendo por todo su cuerpo. Cuando sintió que estaba por venirse, jaló el cabello de la pelinegra.

—Me voy...

Al sentir la tensión en su cuerpo y saber que estaba cerca, Hanna se apartó de él, haciendo que frunciera el ceño. Ella sonrió y se relamió los labios.

—Vamos a la bañera —murmuró—, mi amor. 

—Ah...

Hanna lo jaló hacia ella, la bañera tenía el vapor y un montón de pétalos de rosas flotando en la superficie.

—Mira todo esto —sonrió fascinado—, a mi nena sí que le gusta dar regalos fascinantes.

Le gustaba la forma en la que las llamas de las velas creaban una atmósfera excitante, especialmente porque Hanna se veía incluso más hermosa bajo la luz que ellas generaban.

—Me encantas —murmuró—, eres tan perfecta, Hanna Yagami.

Baji amaba especialmente el hecho de que, pese a sus inseguridades, Hanna era capaz de mostrarse completamente desnuda ante él con la confianza que él se había ganado.

—Tú a mí —lo rodeó con los brazos en el cuello—, eres tan perfecto, Keisuke Baji.

En momentos así no le importaban sus cicatrices físicas o mentales, sólo confiaba en él tanto que se desnudaba, pensando en él, y eso lo hacía sentir el doble de especial.

—Quiero apapacharte y besarte —hizo una pequeña pausa y sonrió—, follarte también.

El aire cálido y húmedo golpeó su piel, haciéndole hormiguear con anticipación.

—¿Te caíste del cielo...?

Keisuke ladeó la cabeza.

—Porque... Vamos a tener sexo —lo invitó con una sonrisa—, cariño.

Baji soltó una risa.

—Sí —se inclinó hacia ella—, acepto.

Hanna se subió a la tina entonces de espaldas a él por lo que tuvo que rezar por paciencia, su trasero descubierto le hacía una invitación, la vio hundirse entonces y tragó fuerte.

Me gané la lotería, dios.

—Ten cuidado —le extendió la mano con una sonrisa burlona, sin apartar sus ojos de él—. No te me vayas a resbalar.

Mientras se hundía en la bañera, Keisuke no pudo evitar sentir una mezcla de emoción y nervios. Aunque ella era una chica seductora por naturaleza, la calidez en sus ojos le decía que se sentía tan ansiosa como él.

—Muy bien —la observó fijamente—, ¿qué sigue?

El agua era como un cálido abrazo que los envolvía en comodidad mientras comenzaban a explorar el cuerpo del otro. Se besaron suavemente, con todo el amor que se tenían. 

—Sólo dejemos que fluya —susurró en sus labios—, como el agua.

—Muy bien...

El toque de Hanna era suave, casi reverente, como si tuviera miedo de romper el frágil vínculo que se había formado entre ellos.

—Hagamos eso entonces.

Keisuke sintió que sus músculos se relajaban cuando sus manos trazaron los contornos de su pecho, las yemas de sus dedos danzando sobre su piel como plumas.

—Hanna.

—¿Hm? —levantó la mirada hacia él.

Respiró profundamente, dejando que el calor del agua y su toque lo calmaran. Se inclinó para besarla, la calidez de sus labios se encontraron con los suyos en un tierno abrazo.

—Te amo.

El beso se hizo más profundo, más urgente, mientras sus manos vagaban por el cuerpo del otro, aprendiendo las curvas y planos que alguna vez estuvieron ocultos.

—Te amo también.

El agua chapoteaba suavemente a su alrededor, un telón de fondo relajante para su exploración. 

—¿Cómo fue que pensaste en esto? —preguntó, acariciando sus pechos—. La bañera, me refiero.

El corazón de Keisuke martilleaba en su pecho.

—Una vez te escuché hablando con Kazutora sobre tus sueños húmedos —murmuró—, justamente dijiste algo sobre tu fantasía siendo esta.

Keisuke ocultó su rostro rojo en el pecho de su novia, sin poder creer que ella había escuchado ese tipo de conversación. 

—Qué vergüenza —masculló levemente—. ¿Por qué nunca preguntaste nada?

—¿Qué querías que te preguntara?

Touché.

Keisuke carraspeó mientras le daba una mordida en el medio de sus senos.

—Baji...

—¿Hm? —levantó la mirada hacia sus ojos—. ¿Qué pasa?

—Bésame.

—A sus órdenes, mi reina.

Ambos se inclinaron para besarse. A medida que la tensión crecía, también lo hacía su deseo. Se deslizaron más cerca, sus cuerpos presionándose juntos en los estrechos confines de la bañera.

—Mierda —jadeó—, Hanna, te... necesito.

El calor del agua y sus cuerpos se fundieron en uno, y Keisuke se sintió arrastrado por una marea de pasión con la que no podía perder. Los ojos de Hanna buscaron los suyos, pidiendo permiso, y él se lo dio con un asentimiento.

—¿Seguro?

—Sí —masculló entre dientes.

Hanna sonrió y tomó su miembro en su mano, apretándolo suavemente, viéndolo crecer bajo su toque.

—Te gusta —buscó sus ojos—, ¿verdad?

Sonaba como un ronroneo para él, no, como el canto de una sirena que lo invitaba a sucumbir al deseo. Keisuke asintió, incapaz de encontrar las palabras para expresar el amor y la necesidad que surgían en él con sus toques.

—A mí también —le sonrió—, pero sólo tú te estás...

Baji sonrió, llevando su mano hacia sus pezones. ¿Ya había dicho que amaba sus pechos? Creo que sí, pero lo reiteraba. Además el agua hacía que pidieran atención que él no tardó en darles.

—Ah, sí.

Amaba lo que veía, especialmente escuchándola jadear por lo bajo, pellizcó su pezón entonces, enviándole una sacudida de placer por todo el cuerpo. 

—¿Decías...?

Baji gimió cuando ella apretó su miembro entre sus manos de nuevo.

—Que me encantas —sonrió con los ojos cerrados—, mi querido cumpleañero.

El agua era caliente, pero no se podía comparar con el calor que se estaba formando entre ambos. Los movimientos de Hana eran suaves, lentos y deliberados.

—¿Te gusta?

—Sí —gimió—, me gusta.

La pelinegra sonrió satisfecha.

—Sigue —murmuró—, lo estás haciendo bien.

Hanna se fijaba en cada una de sus reacciones a medida que lo hacía, en cómo apretaba la mandíbula, la forma en que alzaba la mirada y contaba en voz baja en un intento de contenerse pese a la tensión en su cuerpo que incluso ella podía sentir.

—Hanna —jadeó—, espera.

Pero Hanna hizo oídos sordos, contrario a lo que oyó, su pulgar encontró ese punto que lo hacía enloquecer y comenzó a hacer movimientos circulares con suavidad. Sus dedos comenzaron a soltarla.

—Espera.

Baji gimió, soltando sus pezones por completo y llevando sus manos a su cintura para acercarla a él.

—Te quiero tanto —alcanzó a decir entre sus dientes apretados—, te necesito.

Hanna se inclinó hacia él, con su cálido aliento en su oído, sin dejar de mover su mano.

—Paciencia —susurró—, las mejores cosas se tardan en llegar.

—Sí, sí, eso ya lo sé... Por eso te tardaste tanto en ser mía —la vio sonrojarse y sonrió—. Eres tan hermosa.

Hanna rodó los ojos.

—Por un momento creí que esta vez serías callado —se acercó otro poco—, pero no.

—¿Quieres que me calle? 

—Si no te callas —entrecerró los ojos—, te voy a ahorcar. No, espera, eso te gustaría, ¿no es así?

Keisuke iba a responder, ella lo notó así que sonrió de lado y cambió su movimiento.

—Oh, mierda —gimió cuando ella volvió tocarlo así—. Hanna...

Le dio un vistazo a su cuerpo, reparando inconscientemente en los pequeños mordiscos, morados y su tatuaje. Subió sus ojos a su pecho de nuevo antes de encontrar sus ojos.

—Yo también quiero que sientas como te deseo —declaró—, mi amor.

Hanna sonrió y guió su mano hacia abajo, desapareciendo ambas entre los pétalos y el agua. Keisuke observó en trance la forma en que su respiración se aceleró cuando su mano sintió su intimidad.

—Okay —gimió ella, en voz baja—, tu turno.

Era como si le acabaran de dar las llaves a un tesoro y, como el buen pirata que era, iba a encargarse de llegar hasta los profundos secretos en él.

—Anda, Kei —le susurró al oído—, demuéstrame como me deseas.

Keisuke no necesitó más palabras, movió sus dedos alrededor de su clitoris, comenzando a imitar sus movimientos. 

—¿Ya estás temblando? —se burló al notar como se movía.

—Cállate —masculló—. Eres molesto.

—Eso no me decías anoche —sonrió de medio lado mientras movía sus dedos alrededor de su entrada, escuchándola gemir—. Amo tu voz, mi reina, gime más para mí. ¿Quieres?

—Hm...

El agua era una caricia gentil contra su piel mientras se tocaban y exploraban uno al otro.

—Mi nombre —gruñó—, ¿cuál es mi nombre?

—Keisuke...

La mano de Hanna jamás dejó su miembro, sólo se apretaba mientras su propia placer crecía. Su otra mano iba acariciando el resto de su cuerpo como los músculos de su abdomen y pecho.

—Sí —sonrió satisfecho—, nunca lo olvides.

Hana rodó los ojos mientras cambiaba sus movimientos y lo veía gemir, sus ojos chocaron con los de él y sonrió, relamiéndose los labios.

—¿Te gusta?

Keisuke asintió. Él era suyo para jugar, ella siempre se hacía cargo de hacerlo sentir bien, a veces lo enloquecía. El aire se puso más tenso a medida que avanzaba la danza de besos y toques, calculados para hacer enloquecer al otro.

—Hanna —apretó la mandíbula.

Podía sentirlo demasiado cerca, su miembro pulsaba en la mano de la menor.

—Me voy a venir —advirtió con voz tensa—, ¿esto es lo que querías?

—Hm, sí, hazlo —ella gimió en su oído también—. Vente para mí, mi amor.

Con un gruñido, Keisuke finalmente se rindió a la presión, dejándose ir en las manos de la pelinegra. Su semen pintaron un lindo desastre en los pechos y abdomen de su novia, la imagen hizo que mostrara sus colmillos en una gran sonrisa.

—Qué vista...

Ella lo observó con una sonrisa malvada mientras él respiraba, pero rodó los ojos tan pronto como él le mordió el hombro.

Ella amaba eso y él amaba marcarla de ese modo.

No podía evitar sentir orgullo de tenerla así y marcarla como suya de todas las formas posibles.

—Ahora sigues tú —comentó, besando su cuello, mientras sus dedos seguían abajo—. Quiero que todos oigan, hermosa.

—¡Ah, Keisuke!

Se inclinó hacia ella con su cálido aliento en su oreja mientras le susurraba suaves te amos al oído mientras movía su clitoris con su pulgar, suave y tranquilo. Su otra mano, por otro lado, fue hasta su trasero para apretarlo firmemente.

—Me encantas.

La levantó con la mano en su trasero para acercarla más contra él, comenzando a besar su cuello, dejando un camino de mordidas y besos hasta sus clavículas. 

—¿Te gusta?

El pecho de Hanna subía y bajaba con cada respiración que daba, algo que él siempre cuidaba de revisar, eso tenía su propia historia, no era sólo porque le encantaran sus pechos.

—Sí —jadeó cuando él tomó su pecho en su boca—. Mmm. 

La sensación de sus mordidas en sus pezones envió olas de calor a todo su cuerpo, haciendo sus partes íntimas palpitar.

—Keisuke —el pelinegro gruñó y la mordió más fuerte al escucharla gemir su nombre—, ¡ah!

—Dios mío —la apretó contra su cuerpo—. ¿Lista para venirte?

Ella lo miró con los ojos entrecerrados y él sonrió, metiéndole dos dedos de modo que la oyó gemir más alto. Ahora entendía las miradas cómplices de su mamá y Hanna.

Ella lo tenía todo fríamente calculado.

—Parece que planeaste todo esto muy cuidadosamente —le mordió la oreja—, tengo que recompensarte muy bien, por eso...

—¡Hmm!

La besó ferozmente mientras movía sus dedos en su interior, sabía que ella estaba demasiado cerca y podía verlo en la reacción de su cuerpo, lo cual sólo conseguía ponerlo duro de nuevo.

Tan hermosa y tan mía. 

—Ah, Keisuke —jadeó, apartándose de su beso—, yo... yo...

—Sí —él sonrió grande—, vente, mi amor.

—¡Ah!

Keisuke volvió a besarla mientras disfrutaba de la forma en que su cuerpo convulsionaba ante el placer que él le daba, sintiéndose orgulloso de hacer venir a su chica, no se separó hasta que la falta de aire comenzó a molestarlo.

—Bueno —se aclaró la garganta—, feliz cumpleaños a mí.

El hambre de ella que tenía le nubló la mente un momento mientras una sonrisa traviesa se plasmó en su rostro al voltear sus posiciones, alineando su erección con su resbaladiza e hinchada abertura. Los ojos de Hanna se abrieron grande cuando sintió la cabeza de su pene  empujando contra ella.

—Keisuke Baji —gimió—, no te at...

Pero Keisuke estaba ansioso por reclamarla como suya de nuevo y se inclinó hacia ella más cerca, con la punta deslizándose suavemente entre sus jugos, pintándola con su propia excitación.

—¿No qué...?

—Idiota —jadeó.

Hanna podía sentir como su vagina estaba apretándose con anticipación, nublando su juicio por momentos mientras Keisuke sonreía.

—¿Hah? —soltó una risita—. ¿A quién le llamas idiota, idiota?

Keisuke no perdió más tiempo y se empujó adentro en una suave pero poderosa embestida que la hizo enloquecer. Ni siquiera fue capaz de decir algo por la sensación y él continuó embistiendo al menos un par de veces hasta que ella lo codeó.

—Tú... Idiota —gimió—, olvidaste... la... protección.

¿Protección?

¿Qué protección?

¿De qué...? Oh. 

La mente de Keisuke se congeló a mitad de la embestida, sus ojos se abrieron en horror cuando las palabras de Hanna realmente entraron a su cabeza. 

—Puta mierda —masculló—, lo siento.

Su rostro se volvió una mascara de frustración mientras lo sacaba, temblando ante esto. 

Por poco nos hago papás antes de tiempo.

No que le molestara la idea de un bebé, pero definitivamente era demasiado pronto, esperaba que al menos fueran mayores antes de tener a su primer bebé en camino. 

—Perdón, cariño —se disculpó, su voz estaba tensa por el placer y el arrepentimiento—. Perdón.

—Tranquilo —Hanna soltó una pequeña risa, disipando la tensión que él sintió como el vapor en la bañera se disipaba en el aire—. Estamos bien.

Hanna estaba teniendo problemas con controlarse, realmente se había sentido distinto a cuando lo hacían con preservativos y su cabeza solo sonaba como una gata en celo chillando.

—Está bien —le aseguró en voz baja—, aún podemos continuar.

Señaló la mesita que había preparado con anticipación pero, por dejarse llevar también, ya casi había olvidado.

—Hay preservativos ahí...

Keisuke se volteó hacia la pequeña mesita improvisada que Hanna preparó y una parte de él se sintió como un idiota al ver la caja con los preservativos que su madre había comprado.

—En la caja de preservativos —murmuró con un tono sarcástico—, de las cincuenta cajas que hay en toda la casa, Kei.

Literalmente les compró como cincuenta cajas porque sabía lo... cariñosos que se ponían. Había una caja en cada esquina, su mamá decía que era porque no confiaba en que llegaran a la cama pacientemente todas las veces que quisieran hacerlo.

Razón tenía.

—Me siento como un estúpido —murmuró, estirando su mano hacia la caja—. Perdón, no me pude controlar.

Era gracioso porque incluso en todos los bolsillos de sus pantalones y de la pelinegra habían condones, su madre debía no querer nietos pronto. Bueno, sí estaban chiquitos para eso aún.

—Ya, ya —se sumergió un poco y jugó con los pétalos de la superficie—, tranquilo.

—La próxima vez... Golpéame —le pidió, viéndola de reojo—, te doy permiso para hacerlo.

Amaba verla distraída, la forma en que los ojos de Hanna lucían tranquilos cuando no se esforzaba por aparentar algo, eran momentos así en los que sabía lo mucho que la amaba.

—Y lo iba a hacer —alzó una ceja—, incluso sin tu permiso. 

Cierto.

Hanna era una chica que no temería en golpear al gran capitán de la primera división, de hecho, no tenía miedo de golpear a Mikey siendo el comandante de la Tokyo Manji... ¿Qué esperaba él?

Touché.

Al ver que no alcanzaba la caja, suspiró, levantándose y saliendo de la tina.

My, my... What a sight to behold —murmuró la pelinegra—: Vaya, vaya... ¡Qué espectáculo para contemplar!

Hanna observó con una sonrisa la forma en que las gotas de agua se deslizaban por su cuerpo escultural, bajó su vista a su miembro aún vigoroso a pesar del susto momentáneo, se mordió un dedo.

—Hmm.

Keisuke puso sus manos como jarra mientras veía la mesita que ella preparó, flexionando sus músculos en ese momento, Hanna se mordió el labio.

Qué hombre...

Tan perfecto...

Yo sí le hago un hijo.

Keisuke no lo sabía pero su cuerpo cantaba en sintonía de la necesidad de tenerlo dentro. Se recostó contra el borde de la tina con sus piernas abiertas en una invitación descarada.

—¿Qué tenemos aquí?

No sólo habían preservativos en la mesa.

Keisuke le robó una mirada y tragó fuerte al notar como estaba. Hanna estaba viendo atentamente como el agua caía de su cabello largo a su delicioso abdomen y no tardó en jugar con su clitoris mientras veía la escena.

—¿Disfrutando de la vista —le dedicó una sonrisa—, preciosa?

Keisuke rasgó el preservativo mientras la veía darse placer con una sonrisa traviesa.

—Sí —le sonrió de vuelta—, bastante.

Hanna comenzó a gemir en voz alta en una pequeña orden tácita de pedirle que fuera más rápido, haciendo que apretara la mandíbula.

—Joder —se masturbó también un momento antes de ponerse el condón y sonreír—. ¿Estás lista para continuar, mi amor?

Ella asintió con los ojos cubiertos de deseo mientras él entraba al agua de nuevo, esta vez no habría interrupciones por lo que, sin apartar la mirada de sus ojos, alineó sus cuerpos.

—Lista o no —se inclinó hacia ella con una sonrisa—, allá voy.

—Idiota —soltó una risa.

—¿A quién le dices idiota —la embistió lenta y deliberadamente—, idiota?

Su siguiente embestida logrando que ella rodara los ojos por la excitación que se apoderó de ella, él apreció con una sonrisa su rostro al ser llenada.

—Ah —jadeó—, Baji.

La calidez del agua estaba en su punto y la calidez dentro suyo también.

—Sí, Yagami —sonrió al ver sus pupilas dilatadas por el placer—, gime más para mí.

Keisuke se inclinó un poco mientras apreciaba lo hermosa que se veía y acariciaba sus piernas, quería hacerle el amor suave y despacio.

—Adoro escuchar tu voz —susurró—, y no hablo de cuando cantas precisamente.

Sus ojos se centraron en él, compartiendo entre los dos una intensa mirada, ella entreabrió los labios.

Era la vista de Baji sobre ella.

Sus ojos llenos de deseo y su cabello enmarcando su rostro.

Le encantaba.

El pelinegro la oyó gemir entonces mientras su interior se apretaba alrededor de su miembro, causándole miles de sensaciones, mordió su cuello con fuerza y volvió a embestirla lento.

—¡Keisuke!

Ambos se movían como uno solo, sus besos se volvían más apasionados, sus respiraciones se convertían en jadeos cortos y rápidos.

—¡Hanna!

El mundo que se extendía fuera de la puerta del baño se desvaneció, dejándolos solos, perdidos en un mar de sensaciones.

—Ah, te amo —gimió, golpeando contra ella más fuerte—, te amo.

—Sí —jadeó, Keisuke veía como sus pechos rebotaban—, te amo... también, Kei.

La pelinegra se abrazó por su cuello y acomodó su cabello que la golpeaba en la cara de vez en vez cuando él se empujaba hacia adelante, compartían pequeñas sonrisas y miradas entre jadeos.

—Estoy tan enamorado de ti.

Hanna alzó la mirada hacia sus ojos, pero él no paraba de moverse así que no lograba pensar en una respuesta y sólo mordió su labio.

—No hagas eso —jadeó, acercándose para morder el labio—, déjame hacerlo a mí.

—Ba-Baji —tragó—, joder, sí. 

Keisuke sabía que ese era un momento que ambos recordarían por el resto de sus vidas. Agradeció a su yo del pasado por haber mencionado esto a Kazutora en el pasado, definitivamente la realidad superaba a su fantasía.

—Qué linda vista —sonrió, inclinándose hacia ella para capturar uno de sus pezones entre sus dientes—. ¿Te gusta?

La vio arquear la espalda como respuesta, cosa que lo hizo sonreír y moverse más rápido, el agua se desbordaba a su alrededor como un testamento no tan silencioso de la danza que sus cuerpos creaban.

—Mi chico malo —suspiró entrecortadamente—, sí, sí.

Keisuke miró al techo, pensando en qué había hecho para merecer ese momento. Si alguien le hubiese dicho en febrero de ese mismo año que estarían así probablemente se habría reído y llamado a esa persona loca, pero era real. 

Dios mío.

Me encanta, me vuelve loco.

La amo tanto.

Lo mejor de todo era eso precisamente, que era real. Apretó sus nalgas mientras embestía más fuerte, Hanna sólo gemía y el agua de la bañera hacía sonidos de... agua a cada momento. Frunció el ceño, sus pensamientos comenzaban a nublarse.

—¡Ah —se arqueó hacia adelante—, Baji!

Keisuke sintió las manos de la pelinegra jalando su cabello y sonrió juguetón.

—Y así te quejabas esta mañana de que te jalo el cabello —bromeó—, pero ahora vienes y me lo jalas tú.

Keisuke Baji, para la referencia, rara vez se quedaba callado, incluso en el sexo. No era algo que a Hanna le disgustara particularmente, aunque a veces dijera estupideces como ella también.

You are so...

—¿Hm? —la embistió de nuevo—. ¿Estás tratando de decir algo, mi reina?

Su voz siempre la hacía delirar.

Prueba de esto era la forma en que cada vez que lo escuchaba, se apretaba a su alrededor, lo había notado.

Hey, pretty kitty —la llamó—: Ey, linda gatita.

Hana siempre dijo que amaba su voz, pero esto era otro nivel diferente, lo hacía sentir poderoso.

—¿Recuerdas —se inclinó hacia su oído—, anoche cuando lo hicimos?

—S-sí.

Con la mano que estaba sosteniéndolo en el borde de la bañera se impulsó hacia adelante, viéndola temblar.

Tan linda.

Nunca existirá una chica tan linda como ella.

Al menos para él.

Se detuvo un poco, fijándose en el modo en que fruncía el ceño y los labios ante esto, se incorporó un poco y delineó con la yema de sus dedos desde su cuello hasta su abdomen bajo.

—Aún tienes un par de mordiscos y moretones por aquí —señaló—. ¿No quieres más?

—S-sí.

Su sonrisa se ensanchó cuando la vio mirándolo fijamente.

Hit me, my darling, I don't know why but I like it —susurró una frase de esa canción—. Pégame, mi amor, no sé por qué, pero me encanta.

Los ojos de Keisuke brillaron con un toque de pasión dominante mientras estudiaba las marcas en su cuerpo, cada pequeño morado y chupón en su piel eran la prueba de su apasionado amor. 

—Apriétame —susurró—, y ahórcame hasta que me desmaye.

—¿Sí? —sonrió—. Te ves bastante bonita cuando te ahorco y te follo.

Sus brazos se flexionaron al tiempo en que aumentó las embestidas.

—¡Ah!

Las piernas de la pelinegra se aferraron a su cintura entonces, sus talones se estrecharon contra él en un intento de acercarlo más, podía sentir como sus paredes lo apretaban más con cada movimiento.

—Eres mía, Hanna.

—Soy tuya —jadeó—, siempre... para siempre.

Él sonrió mientras la veía perderse en el placer, recordándose la primera vez que la vio desnuda. Fue un pequeño error que agradeció toda la vida, era irónico cómo funcionaba el destino. 

—¿Qué era eso de que nunca serías de nadie? —se burló entonces, embistiéndola entre risas—. ¿No que jamás dejarías que un hombre te dijera eso?

—Cállate —apartó la mirada, sus mejillas rojas le delataban su vergüenza—. Si tanta energía para hablar tienes, ¿por qué no la usas para otra cosa?

—Mi nena tiene una boca muy sucia —gruñó excitado—, pero siempre te doy lo que quieres. ¿O no?

Su mano la jaló desde el mentón hacia él, besándola con fuerza, aunque al inicio hubiesen quizá querido compartir un momento romántico que fuera muy dulce, suave, vainilla...

No eran precisamente los adecuados para eso.

—Encontré algo interesante allá.

Con una pequeña sonrisa, le enseñó en su mano lo otro que había tomado de la mesita que ella preparó.

—Qué curioso, ¿no?

Con una sonrisa que podría hacer cualquier ángel considerar su virtud, Keisuke movió la pequeña paleta de cuero, la misma que había hecho las marcas en su cuerpo anoche. 

—Como regalo de cumpleaños —su voz era seductora, siempre—, dejarás que te marque. ¿No? 

Los ojos grises se abrieron con una chispa de excitación.

—Me encargaré perfectamente de que recuerdes este día por el resto de nuestras vidas.

—Pero Kei-

El cuero caliente rozó su mejilla suavemente, lanzando cientos de escalofríos alrededor de todo su sistema nervioso. Keisuke Baji, en la mente de Hanna, era el hombre con el que quería pasar el resto de su vida.

¿Moriría por él? Sí.

¿Mataría por él? Sin pensarlo.

¿Viviría por él? Mil vidas.

Quizá sonaba poco exagerado, pero para alguien que contempló la muerte tantas veces porque vivir era simplemente demasiado difícil y tedioso, que Hanna quisiese vivir e incluso estuviera dispuesta a vivir más de una vez por él era perfectamente la forma para explicar su amor.

Y sí, él lo sabía perfectamente.

—Shh —puso un dedo sobre sus labios—, confía en mí, mi amor. Yo sé lo que deseas.

Sin esperar una respuesta, se salió de ella, dejándole vacía y necesitada, le dio la vuelta en la pequeña tina para que quedara boca abajo. Abrió sus piernas y apreció la vista en silencio.

—¿Ya te he dicho que eres hermosa?

—Cállate —pujó, ocultando su rostro entre sus brazos.

Baji era perfectamente consciente del poder que tenía sobre Hanna, de que la tenía enteramente en sus manos y podría hacer, deshacer y hasta jugar con ella si lo quisiera. Sabía que tenían ese tipo de amor loco, pero al final era perfecto.

Mi nena, tan perfecta.

Quisiera enseñarle a todo el mundo...

Lo afortunado que soy de tenerla.

Ambos estaban, de hecho, igual de locos y enamorados el uno del otro. Del mismo modo que ella era suya, él era de ella. Acarició su espalda con una sonrisa mientras bajaba sus manos.

—Deja de jugar conmigo, Baji.

La forma en que su lindo trasero rosado estaba levantado y la forma en que estaba pidiendo por más era demasiado para él. Se puso detrás de ella, rozando su miembro con su entrada.

—¿Segura que quieres eso, Yagami?

La jaló por la cintura, guiándose a sí mismo a su interior otra vez, viendo con placer como el cuerpo de la menor se arqueó en respuesta. Se comenzó a mover de nuevo, lentamente, cada  vez llegando a su punto más profundo.

—¿Y bien? —ella jadeó—. Creí que me ib-

El sonido de la pequeña paleta contra su trasero hizo el eco como si fuera un disparo, creando una sinfonía de sensaciones que la hizo apretarse, a lo que ambos gimieron. 

—Realmente te gusta que te maltraten —soltó una risa—. ¿Qué sigue? ¿Llamarme daddy otra vez?

Durante la fiesta de halloween, Hanna estando borracha lo había llamado así y bueno... ¿Qué podía decir? En realidad le gustó, no lo iba a negar, pero tampoco lo admitiría en voz alta.

Daddy. 

—...

Keisuke se sonrojó furiosamente y agradeció que ella no podía verlo en esa posición porque estaba seguro que le haría bullying toda la eternidad. Volvió a golpearla mejor, cubriéndose la boca para evitar decir algo.

Yes, daddy.

Pero Hanna tenía otros planes, como siempre.

Había notado como creció en su interior al llamarlo así por lo que pudo deducir que él estando callado era simplemente su propia vergüenza. Keisuke podía actuar rudo la mayor parte del tiempo, pero aún tenía muchas cosas que lo avergonzaban. 

—Hanna —siseó—, voy a contar hasta tre-

More, daddy —siguió molestándolo—, more.

—Me lleva la pituf-

La volvió a golpear con la paleta, una y otra vez, con su piel tornándose roja en cada golpe. La observó en silencio, mordiéndose los labios para no decir nada más, notando como su entrada se apretaba en respuesta a cada golpe de la paleta.

Dad-

—¡Basta, Hanna —gritó, azotándola de nuevo—, no me llames así o te voy a dejar sin caminar toda una semana! 

Hanna se quedó callada entonces y lo miró por encima del hombro con un puchero. 

—Perdón —carraspeó—, por gritarte, mi amor.

Baji hizo una mueca porque sabía que no le gustaban los gritos y era extremadamente sensibles ante ellos, usualmente no gritaba. 

—Eres un idiota.

—¿Sí? —sonrió—. Pues este idiota te va a hacer sentir muy bien como recompensa por ser un idiota. ¿Okay?

Comenzó a embestirla más fuerte mientras una de sus mano iba hacia su clitoris en un intento de calmarla, de paso aprovechó de morder su espalda, explotando tres de sus puntos débiles a la vez hasta que sintió que estaba cerca.

—Ah, más rápido...

—Eres tan hermosa.

—¡Keisuke!

—Vamos, ambos sabemos que puedes ser más ruidosa —la empujó más rápido—, ¿no es así?

Estaba cerca, podía sentirlo así que sonrió, ella ni siquiera sabía lo loco que se sentía cada vez que estaba así. Nunca se cansaría de ella, no tenía dudas de ello.

—Ven, mi amor —ronroneó en su espalda, mordiéndola.

—Ba-Baji...

—Hm —se apartó un poco para tomar la paleta con su mano libre—. Córrete en mí, nena.

Hanna jadeó y con un último y más potente golpe, ella se estremeció, su orgasmo sintiéndose como un tornado. 

—¡Keisuke! —la oyó gritar su nombre mientras se venía y se mordió la mano. 

La forma en que su interior se estaba humedeciendo, el placer era tan intenso que era casi doloroso.

Pero ella lo amó y él continuó follándola a través de su orgasmo.

La paleta ahora descansando en la mesita de al lado. 

—¡Hm, Hanna!

Cuando su propio climax llegó, gruñó mientras se dejaba ir dentro gracias al condón.

—Qué bendición —mordió su espalda—. Te amo tanto.

Hanna quiso responder pero estaba respirando. Ambos se quedaron un momento quietos, respirando, con sus cuerpos unidos y el sonido de sus corazones latiendo al unísono.

—¿Te... gustó —Hanna se giró, jadeando—, tu regalo de cumpleaños?

Keisuke sonrió.

—Sí —afirmó con una sonrisa—. El mejor regalo de todos.

Luego de salir de ella, deshacerse del preservativo usado y asegurarse de tener otro a la mano, Keisuke volvió a su lado, besándola tiernamente mientras la abrazaba y tocaba suavemente la piel que estaría morada pronto.

—Era solo el comienzo de la celebración —ella sonrió con los ojos cerrados—. ¿Quieres descansar entre rounds, mi amor?

—¿Bromeas? —Keisuke sonrió, sus ojos oscuros por el deseo—. Aún no te he mostrado cuanto te amo, sólo cuánto te deseo. 

—Ah...

Así eran ellos, su pasión era un infierno furioso que nunca podría ser domesticado, estaban contentos porque sabían que cada momento juntos sería un baile al borde del éxtasis.

—Así que...

Keisuke sonrió, mostrándole el segundo preservativo con una sonrisa traviesa.

—¿Lista para el segundo round?

—Hmm —Hanna alzó la mirada con una pequeña sonrisa.

Sintiendo una nueva y fresca ola de deseo creándose dentro de ella mientras lo veía.

—Nunca puedo tener suficiente de ti, mi amor.

Movió su pie hacia él, jugando un poco con su miembro, haciéndolo gruñir e inclinarse hacia ella, salpicando algo del agua en su rostro con una sonrisa traviesa. Las velas se habían consumido poco, proyectando largas sombras en el baño.

—¿Por qué no continuamos esto en la cama? —ofreció.

—Quiero hacerlo aquí —le sacó la lengua—, pero esta vez... Voy yo arriba.

Keisuke tragó y asintió, entrando a la tina con ella cuando la vio levantarse, Hanna se acomodó entonces a horcajadas del pelinegro, rodeando su cuello con sus brazos.

—Quiero que me folles —susurró en su oído—, hasta que no pueda caminar.

Los ojos de Keisuke se iluminaron ante el desafío.

—Si lo quieres —sonrió—, lo tienes, mi amor.

Le dio una nalgada antes de ayudarla a ubicarse, una vez dentro de ella, soltó un gemido antes de moverse de nuevo. Con cada embestida se sentían mejor y mejor, especialmente porque Hanna seguía sensible por su orgasmo anterior.

—Espera —gimió, apretándose—, retiro lo dicho. 

—¿Hah?

—No puedes dejarme sin caminar aún —murmuró al recordar qué día era y los planes que tenían para la tarde—. Los chicos me harán bullying.

—Ah, es cierto...

Por un momento había olvidado completamente que era su fiesta de cumpleaños.

—Entonces dejemos esa invitación para la noche.

—Sí —Hanna sonrió—. Ahora que eso está claro, continuemos.

Se movió hacia adelante y en círculos, Baji apretó sus caderas mientras disfrutaba de sus movimientos y de la vista que tenía. Sus ojos iban de sus pechos a sus labios y a sus ojos, sonreía cuando ella ponía los ojos en blanco.

—Ah, mi amor —jadeó—, te mueves muy bien. 

Los gemidos de ambos comenzaron a volverse más fuertes a medida que Keisuke aceleraba el paso, ayudándose de sus manos, sus caderas contra las del pelinegro y los movimientos circulares que ella hacía al mismo tiempo.

Tan delicioso.

—Más fuerte, Kei —soltó un quejido, casi rogando—, fóllame más fuerte, por favor.

—Ah, mierda —apretó la mandíbula y puso su mano sobre la parte del tatuaje de Hanna para sostenerla—. Mi amor.

Su otra mano serpenteó alrededor del cuerpo de la ojigris. Podía sentir bien como se contraían sus músculos y como su interior se apretaba a su alrededor.

Bendito sea quien inventó los cumpleaños.

Con un pequeño gruñido agarró sus caderas, acercándola hacia él cada vez que ella saltaba sobre él. El baño era un capullo de sensualidad, sus cuerpos se movían en perfecta armonía, cada toque era una declaración de amor por el otro.

—Te amo —jadeó—, demasiado.

Conforme la tensión crecía, su excitación también, ambos se besaron con pasión.

—Yo a ti —gimió, separándose del beso con un hilillo entre ambos—, te amo tanto, Kei.

Mientras se miraban a los ojos, Hanna finalmente sintió como caía a un precipicio y gritó su nombre. Keisuke la siguió, dentro de ella, su propio orgasmo como testamento de su amor.

—Qué bendición...

Hanna soltó una risa al oírlo y él se ocultó entre sus pechos, sentía que todo su cuerpo había sido diseñado para acoplarse a él, desde sus manos hasta su intimidad, todo el cuerpo de Hanna simplemente encajaba perfectamente con el suyo.

—Gracias —la besó de nuevo—, gracias por permitirme estar contigo y por estar conmigo hoy.

—Siempre —afirmó con una sonrisa—. Ya no hay boleto de devolución, ¿sabes?

Después de un rato entre pequeñas bromas, besos y jadeos, se separaron, ambos sonriendo tímidamente.  Hanna apoyó la cabeza en su hombro y Keisuke la rodeó con sus brazos, sintiendo que su corazón latía al ritmo del suyo.

Fue una promesa silenciosa de lo que estaba por venir.

.

.

.

—Tengo hambre —murmuró.

Salieron de la bañera, sus cuerpos todavía tibios por el agua y su pasión compartida.

—Yo igual —Hanna le sonrió—, espera, quédate quieto.

Hanna agarró una toalla y la envolvió alrededor de Keisuke, sin apartar la mirada de él mientras lo ayudaba a secarse. El simple acto estaba lleno de una intimidad recién descubierta, una declaración silenciosa de su amor y compromiso mutuo.

—¿Quieres otro?

—No arruines el momento —se quejó—. No más hasta la noche.

—¿Ni un poquito?

—No.

—¿No podemos simplemente decirles a los chicos que no vengan?

—Baji...

—Ya, pues perdón —se cruzó de brazos—, es tu culpa que siempre esté así de caliente.

—¿HAH?

Mientras se vestían, Keisuke siguió bromeando pero en un momento el aire se cargó con la emoción de lo que estaba por venir, tanto en el hoy como en los días venideros.

—Ahora —Hanna meneó la cabeza cuando estaban listos—, tengo hambre. 

—¿A qué hora vuelve mamá?

—En la tarde noche —replicó—. No sabía cuánto tiempo nos iba a tomar...

El resto del día fue un torbellino de llamadas, regalos y buenos deseos. Pero a pesar de todo, Keisuke no pudo evitar pensar en esa mañana, en la sensación de la piel de Hanna contra la suya.

En la promesa de un para siempre en sus ojos.

—¿No quieres que te haga un hijo?

Hanna casi se ahogó con su ramen.

—¿Qué?

Era un cumpleaños que había comenzado con un momento tranquilo y sexy, pero estaba claro que la celebración de su amor apenas comenzaba. La observó con una sonrisa coqueta.

—Dijiste que querías estar para siempre conmigo —se quejó el pelinegro—. ¿No?

—¿Y eso qué tiene que ver con que me hagas un hijo?

—No lo sé —miró su ramen con una sonrisa—. No hay nada que pueda amar más que a mi madre y a ti, pero quizá sería a nuestros hijos.

—¿Hijos...?

—Hm.

—¿En plural?

—Hm.

—¿Cómo en dos?

—Como en... diez.

—¿Diez qué?

—Hijos.

—¡¿DIEZ HIJOS?! —Hanna frunció el ceño—. ¡¿Y LOS VAS A PARIR TÚ O QUÉ?!

Luego de una pequeña conversación bastante educativa de parte de la pelinegra, ambos se comprometieron a que tendrían dos hijos, más adelante, cuando fueran mayores. 

—Entonces... ¿Te casarías conmigo —apoyó su mentón en su mano—, mi amor?

En realidad, Baji sabía perfectamente que Hanna odiaba el tema de las bodas, pero no podía evitar molestarla con eso de vez en cuando. Shinichiro le dijo de pequeño que si no dejaba de insistir, quizá algún día ella diría que sí. Hanna levantó la mitad a la mitad de su fideo y achicó los ojos.

—En doce años —fue su respuesta.

Aquello lo sorprendió gratamente.

—Haruki-neesan solía decir...

Keisuke sonrió. 

No había dicho que no.

—Muy bien —acomodó un mechón rebelde de la pelinegra—. Cásate conmigo en doce años.

—Pero tienes que pedírmelo bien —se quejó, rodando los ojos—. ¿No crees?

—Sí —afirmó—, descuida. Me encargaré de hacer la propuesta de matrimonio más genial.

Hanna lo observó en silencio un momento. 

—Te tienes mucha fé —se burló—. Estaré esperando entonces.

El pelinegro le guiñó el ojo y continuaron comiendo entre ideas de cómo sería cuando se casaran, cuántos gatos tendrían y como Emma sería la madrina en su boda mientras Draken sería el padrino.

—¿Sabes cuál ha sido la mejor aventura del libro hasta ahora? 

Hana se volteó a verlo mientras terminaban de arreglar la casa antes de que los chicos llegaran.

—¿Cuál?

—Ser tu novio —le sonrió.

Era algo gracioso, pensó Keisuke, Hanna probablemente era la chica más ruda y fuerte que él llegaría a conocer en su vida.

—¿Quieres parar? —Hanna apartó la mirada—. Eres molesto y... ¡Dios mío! Te amo tanto.

Nunca tenía miedo de cometer locuras con él, la había visto pelear al punto en que él dijo 'Yo hago la comida, limpio la casa, etc' por temor a un golpe suyo.

Pero con él era tan tierna.

—Te digo que adoras cuand-

El timbre hizo que ambos se detuvieran en lo que estaban haciendo y voltearan a ver el reloj, maldiciendo en voz baja porque ya era hora de su fiesta. 

—Voy a abrir —anunció, pasándole el plato que había terminado de lavar—. Vuelvo enseguida.

—Sí, sí.

Mikey, Emma, ​​Draken, Mitsuya, Pah y Peh llegaron a la casa, sus risas y energía llenaron el espacio de vida.

—¡Hey, cumpleañero!

Mikey, con su cabello rubio rebelde y sus penetrantes ojos negros, saludó a Keisuke con un firme apretón de manos que se prolongó un tiempo demasiado largo.

—Hola, Mikey.

—Feliz cumpleaños —lo abrazó levemente—. ¿Qué tal todo?

Un reconocimiento silencioso de su historia compartida y la tensión tácita que la acompañaba. Emma, siempre la pacifista, les dio a ambos un suave empujón antes de atraerlos hacia un abrazo grupal.

—¡Feliz cumpleaños!

Emma, ​​con su brillante sonrisa y su brillo travieso en los ojos, vio a Hanna acercarse e inmediatamente comenzó a burlarse del par.

—Parece que alguien le dieron una sorpresa de cumpleaños —dijo, dándole un codazo a Hanna en broma—. ¿Qué estaban haciendo? 

—¡Parece que ustedes dos tuvieron una gran mañana! —se burló Draken—. Les faltó cubrirse un poco.

Hanna ladeó la cabeza y cuando Baji se volteó a verla, ambos notaron las marcas de amor en ambos cuellos.

—Querían darnos celos —bromeó Mitsuya—, lo hicieron a propósito.

La expresión de Mikey era una mezcla de tranquilidad y un dejo de celos que no podía ocultar.

—Pues les salió mal —Draken sonrió—, porque nos vamos a burlar de esto toodo el día.

—¡Ken!

Siempre había amado a Hanna, pero verla tan obviamente enamorada de Keisuke era un duro recordatorio de sus propios sentimientos. Forzó una sonrisa, no queriendo empañar el ambiente.

—¿Qué estaban haciendo antes de que llegaramos —Pah sonrió burlón—, par de tórtolos?

—Pah, cállate antes de que te de una paliza.

—¿HAH? —se giró hacia ella—. ¿Quieres pelear, Yagami?

—A ver —fingió ponerse en posición antes de abrazarse a él, riendo—. Son unos idiotas jaja.

El grupo pasó la tarde jugando y compartiendo historias, la tensión entre Mikey y Keisuke olvidada momentáneamente en el mar de risas y camaradería de los chicos.

—¡Jirafa!

—¡Puerca!

Hanna era... Hanna, así que nada más vio a Hakkai, pues ya saben, lo de siempre.

—¡Ven aquí!

—¡No, gracias —Hakkai comenzó a correr entre risas—, me vas a golpear!

—Ese par...

Mitsuya se sentó junto a Baji con una sonrisa mientras veían a la pelinegra y el peliazul.

—Realmente no se soportan las caras —se burló—, parecen gatos y perros.

En realidad, si lo pensaban y analizaban, Hanna se llevaba así con casi todos los capitanes y vicecapitanes de la Toman. Era como un don el suyo, la querían pero, a veces, de lejitos.

Incluso con su novio parecían...

Negó con la cabeza y miró a Baji, que lucía tan enamorado como la primera vez que lo vio. Para Mitsuya, que había visto la relación de Mikey y Hanna, creía que Baji era el chico adecuado. 

—Hanna quiere mucho a Hakkai —los miró con una sonrisa—, pero no le digas que te dije.

Después de todo, secretamente de Mikey, Draken, Emma y él habían aconsejado a Hanna. Algo así como 'Olvídate de él, sólo te está haciendo daño' entre otras cosas que no repetiría. 

—No lo haré —afirmó—. ¿Cómo está todo? Hanna se ve muy bien.

—Sí —afirmó con una sonrisa—. Está bien, no ha tenido recaídas últimamente.

Draken, con su cabello oscuro y su mirada penetrante, los observó a los dos con una sonrisa cómplice al notar la conversación.

—Las únicas caídas que ha de tener ahora son en tus brazos —bromeó y se cruzó de brazos—. ¿Qué le hiciste que camina tan gracioso?

—No sé de qué hablas, yo la vi caminando muy normal —achicó los ojos al ver a la pelinegra, tratando de verificar si realmente caminaba raro—. ¿O no? ¿Se ve raro? Les juro que fui cuidad-

—Hermano —Peh se soltó a reír—, acabas de caer redondito en su trampa.

Todos comenzaron a reírse tan fuerte y hacer comentarios al respecto que incluso Mikey los escuchó y  se removió incómodo.

—Ya, déjalo al pobre —la abrazó—, tú tienes mucho que contarme, señorita.

Emma se acercaba a su mejor amiga y dejaba descansar al pobre Shiba, quien corrió a su Taka-chan tan pronto tuvo la oportunidad. 

—No sé de que hablas —apartó la mirada—, vamos con los chicos mejor.

Emma entrecerró los ojos un momento y asintió, luego le sacaría la información tarde o temprano, pero podía ver que ese día estaría bastante ocupada.

—Estás actuando raro, Hakkai —Baji achicó los ojos—. Hm...

—¿No es algo obvio? —Hanna se acercó a ellos junto a Emma—. Está enamorado.

Todos miraron a Hakkai y este entreabrió la boca.

—Créeme —le puso la mano en el hombro—, las relaciones son solo dolor y sufrimiento.

Hanna lo golpeó en la cabeza entonces mientras sonreía.

—¿Ves? —la señaló antes de atraerla hacia él—. ¿A dónde crees que vas?

—Pues como tanto dolor y sufri-

Todos silbaron, viendo a diferentes lados, cuando Baji la besó y sentó sobre él para quedar abrazándola por la espalda mientras sus traviesas manos aprovechaban la camisa ancha de Hanna para ir a sus pechos.

—Era broma —aclaró—. No hay nadie más feliz en el mundo que yo contigo.

—Más te vale, idiota.

—¿A quién le dices idiota —le apretó el pecho—, idiota? 

Mitsuya y Pah mantuvieron la conversación ligera y divertida, haciendo bromas y chistes que hicieron reír a carcajadas a todos. Mencionando anécdotas que tuvieron en la Toman y demás, cuando Pah estaba contando una, Hanna bostezó.

—¿Es esta la parte en que nos reímos?

—Eres una estúpida.

—Igual que tú —le sacó la lengua a Pah—, cerebro de gelatina.

—Los dos tienen el cerebro de gelatina —bufó Peh—, pero al menos Pah sí es gracioso.

—¡Uh, la traición —se puso las manos en el pecho—, la decepción, Pehyan!

A medida que se acercaba la noche, Chifuyu, el mejor amigo de Keisuke, llegó con una sonrisa divertida en su rostro.

—Entonces, cumpleañero —dijo, dándole un codazo a Keisuke—. Parece que tienes un nuevo accesorio.

Hizo un gesto hacia el collar que Hanna le había dado con sus ojos, inconscientemente, desviándose a las marcas en su cuello por lo que apretó un poco su sonrisa.

—Ustedes no nos están ocultando secretos —miró a Hanna de reojo—, ¿verdad?

Keisuke sintió que sus mejillas se calentaban, pero Hanna solo soltó una risita y se inclinó hacia él.

—No es nada —dijo, con su voz llena de afecto—. Solo es un pequeño detalle para mantenerlo a salvo.

Las charlas de los chicos en la fiesta continuaron mientras se iban uniendo más. El pelirosa sólo se sentó junto a Mucho en una de las esquinas a jugar shogi mientras que los hermanos Kawata estaban intentando convencerlos de que consiguieran trago para aligerar el ambiente.

—Yo recuerdo que una vez terminaron —señaló a Baji y Hanna—, bueno, algo así...

—¡¿Qué?!

Todos se impactaron al oír aquello mientras que el par negaron con la cabeza.

—No es cierto —pujó el pelinegro—. No cuentes eso, Chifuyu.

—Pero ellos merecen saber la historia, Baji-san...

.

.

—Basta, Hana —se quejó Baji, pasándose las manos por el cabello—, ya mejor terminemos esto.

Chifuyu recordaba que estaban en una reunión con la primera división en ese momento y Hanna había hecho algo que molestó a Baji, lo cual era difícil de entender considerando que eran como perros y gatos cuando no se estaban comiendo la boca.

—Tú y yo nunca terminaremos —lo señaló—. Eres mi hombre hasta que la muerte nos separe.

—¿Hah? Ni siquiera estamos casados...

La pelinegra alzó la ceja finamente.

—¿Entonces? —lo agarró del cuello y amenazó con golpearlo—. ¿Qué eres?

—Tu hombre...

—¿Hasta...?

—Que la muerte nos separe —levantó las manos con una sonrisa de ojos cerrados—, mi amor.

No sólo Chifuyu y Ryusei sino que toda la primera división, que habían presenciado la pelea del par de enamorados, se echaron a reír enseguida ante lo sucedido.

.

.

Todos se voltearon a ver a Hanna entonces. Mikey la observó en silencio mientras ella fingía verse las uñas como si no supiera de que estaban hablando y Baji solo sonrió.

—Les digo que esa cosa me aterra hasta las patas —insistió Hakkai—, la violencia corre por sus venas.

—¿Sabes qué más corre por mis venas? —miró a Hakkai—. Las ganas de patearte.

—¿La oíste, Taka-chan? —la acusó enseguida—. Tu hermanita es diabólica.

—No la molestes —fue lo único que dijo Mitsuya—, si no puedes ganarle.

Las bromas y comentarios continuaron, con los amigos burlándose de su evidente cercanía con Hanna en algún punto, especialmente cuando Ryoko volvió.

—Ustedes, par de engendros —ambos alzaron las manos enseguida—. Ya saben, PG.

Baji sacó sus manos de debajo de la camisa de su novia suavemente, como si no hubiesen estado ahí en primer lugar y miró a Draken, quien le sonreía burlón.

—Sí, sí —Hana sonrió al verla—. ¿Quieres ser abuela de un niño o una niña, Ryoko-san?

—Mocosa —rodó los ojos—, ayúdame con la comida.

—Mamá, creí que queríamos vivir hasta ancianos —se giró a verla con una sonrisa burlona—. ¿Acaso quieres que sólo viva hasta los catorce años? Tengo toda una vida por delante.

—¡Kei!

—Aún tengo que casarme y darle diez hijos a esta bella reina —Baji la ignoró—, no puedes hacer que ella cocine.

Todos soltaron a reír, menos Mikey y el pelirosa que los observó con la mandíbula apretada, viendo de reojo a Mikey.

—Eres detestable —Hana le enseñó el dedo medio—, sigue así y ni un hijo te voy a dar.

—¡Oh, vamos —la vio dolido—, mi amor!

Sabía que si seguía ella podría enojarse cuando la vio entornar la mirada así que retrocedió dos pasos mentalmente, no quería arruinar sus planes para la noche por nada del mundo.

—Ella no va a cocinar —especificó Ryoko mientras rodaba los ojos y sonreía—, sólo me va a ayudar a servir.

—¡Ryoko-san! —hizo un puchero—. Eso es como aceptar que moriríamos si y-

—¿Tienes dudas? —corearon todos.

Incluso Mikey y Sanzu. 

—No me voy a sentir ofendida sólo porque puede que tengan razón —suspiró, yendo detrás de la pelinegra mayor—. La falta de respeto abunda por aquí...

Hanna se acercó entonces a Ryoko y comenzaron a hablar de su día mientras servían la comida, la mayor se burló de ella un par de veces al ver las marquitas y otras la regañaba a igual medida.

—Hanna es un peligro andante.

—¿Qué dices? —Mikey soltó una risa—. Pero si ella es adorable, no mata a una mosca.

Los demás, menos Baji, lo vieron como si no pudieran creerlo.

—Mi novia es adorable.

Mikey se tensó al oírlo marcar territorio, no es que Baji fuera tan sútil que digamos a la hora de hacerlo.

—Una vez me hizo parar la moto para acariciar un gatito —añadió Keisuke—, y nos quedamos como una hora ahí...

—¿Y qué pasó con el gatito después...?

—Está ahí —señaló a Kira-chan, que descansaba horondamente a un lado de la ventana—, durmiendo tranquilamente.

—Ya estamos terminando de servir —les anunció y agarró a Emma de la mano—, ven, ayúdame.

Mientras iban poniendo los platos en la mesa, Keisuke la agarró de las caderas en un momento.

—Estás caminando raro —susurró.

Hanna puso los ojos en blanco de buena gana, Keisuke aprovechaba cada oportunidad para tocarla, como a veces su mano se demoraba en su hombro o su cintura.

—¿En serio? —se miró a sí misma—. Es tu culpa.

—¿Hah? Tú eres la que me dijo qu-

—¡PG!

—¡Serás abuela de un niño! —le gritó Keisuke—. ¡Te lo juro, te voy a dar diez nietos!

Era como si él no pudiera tener suficiente de ella, y a ella no parecía importarle en lo más mínimo. Manjiro no podía evitar seguir las manos de Baji y apretar las suyas propias.

—¡Baji! —Emma le dio un golpe en la cabeza—. ¡Nada de hijos hasta que estén casados!

—¡¿HAH?!

Hanna observó en silencio y se escabulló a la cocina por los demás platos mientras Ryoko se burlaba de que estaba roja. No me respetan en esta casa, pensaba ella, avergonzada.

—Yo también quisiera ser un gato —afirmó Hanna—, puro meow, meow y ya.

Todos se echaron a reír ante esto. Era muy normal para ellos que Hanna dijera cualquier cosa de repente y mientras recibían sus respectivos platos, seguían hablando.

—¿Cómo se conocieron ustedes con Hanna?

Hanna iba y volvía de la cocina.

—A mí me dio un golpe en la cabeza con un libro.

Todos se voltearon a ver al pelinaranja.

—Dijo que fue en buena onda —agregó Angry—, hermano.

Ryoko, siempre la madre cariñosa, había preparado un banquete para la cena. 

—Y entonces me aventó un ladrillo —continuó—, pero también fue en buena onda o eso dice...

El comedor estaba lleno del aroma de carnes a la parrilla y verduras humeantes, y el sonido de platos y vasos tintineando llenaba el aire.

—¿De qué están hablando ahora? —puso el último plato y miró con los ojos entrecerrados a Smiley—. ¿Hm?

—De ti, preciosa.

—Que no le digas preciosa a mi chica —bufó el pelinegro—, y tú, ven aquí.

Antes de que Hanna fuera, Ryoko se cruzó de brazos.

—Hanna —Ryoko le sonrió igual que hacía Haruki cuando estaba enojada—, siéntate en tu propia silla como una dama. 

—Sí, señora.

Todos se echaron a reír al oír el dama para referirse a la pelinegra.

—¡Emma! —se quejó al verla reírse también.

—¡Perdón! 

Durante la comida, Hanna ocasionalmente miraba a Keisuke con una sonrisa cómplice, sus ojos brillaban con amor y picardía. 

—En un concurso de chismosos, ¿quién de aquí ganaría?

—Mitsuya y Hanna —señaló Draken—, los menos chismosos del país.

—¿Hm? —Hana sonrió—. Es que nosotros vivimos por y para el chisme.

—Es un súper poder —afirmó el de cabellos lila—, lo adquirimos porque somos pobres.

Keisuke sabía que ella estaba pensando en su mañana por la forma en que le miraba, y todo lo que podía hacer era resistirse para no inclinarse hacia ella y besarla.

Era más fácil decirlo que hacerlo.

—Hana —Mikey rompió la burbuja cuando habló, haciendo que ambos lo vieran—. En la próxima reunión de Toman, Emma y tú van a ir. ¿No es cierto?

—Hm —asintió—, sí.

Después de la cena, cuando trajeron el pastel, Baji sonrió grande, las bromas se volvieron más intensas.

—Entonces, ¿cuándo es la boda? —bromeó Draken, guiñándole un ojo a Hanna—. ¡Quiero ser el padrino!

Todos se rieron, excepto Mikey, cuya sonrisa se había desvanecido. Sabía que el corazón de Hanna ahora pertenecía a Keisuke, pero eso no detuvo el dolor en su pecho. 

—Yo seré la madrina —declaró Emma—, por si lo dudaban.

Keisuke y Hanna se miraron entre sí, recordando la conversación que tuvieron más temprano, con una sonrisa grande.

—Qué raro, yo pensé que la madrina sería Chifuyu —se burló el peliazul—. Qué cosas...

Todos se soltaron a reír mientras Chifuyu se quejaba de que dijera 'madrina' en lugar de 'padrino' mientras Mikey tomaba una profunda inhalación, dejando de lado el sentimiento y concentrándose en la alegría del momento.

—Muy bien, chicos —Ryoko les sonrió—, vamos a cantar.

El pastel era una obra maestra, con catorce velas parpadeando en la parte superior, arrojando un cálido resplandor sobre los rostros sonrientes de sus amigos y familiares.

Cumpleaños feliz —cantaban—, cumpleaños feliz.

Cuando Keisuke pidió un deseo en silencio, no pudo evitar sonreír. Hanna se inclinó y susurró.

—Asegúrate de no olvidarte —ambos se sonrieron—, de desear que esté a tu lado para siempre.

La velada terminó con todos sentados en la sala de estar, reunidos viendo al pelirosa y la pelinegra en una batalla épica que todos recordarían en el futuro con una gran sonrisa.

—Mejor ríndete, Hanna-san —suspiró el pelirosa—. Lo tuyo es cantar no...

—Cállate, Samsung —Hanna movió la ficha—. Ya gané.

Sanzu miró a Mucho y este asintió.

—Ganó —fue lo único que dijo el rubio.

Mikey se soltó a reír a carcajadas cuando vio el rostro confundido de Haruchiyo.

—Perdiste tu rey contra mí —le sacó la lengua—, mejor suerte a la próxima, Haru-chan.

Los ojos verdes le vieron furioso y ella sonrió, jugando con el bombón en su boca.

Algún día le borraría esa sonrisa de la boca.

Jugaron, hablaron y recordaron viejos tiempos hasta que la tensión entre Mikey y Keisuke se desvaneció en el fondo mientras se concentraban en el amor que los había unido a todos.

—¿Saben de esa sensación cuando estás besado a alguien y sonríe?

Todos voltearon a ver a Emma.

—Bueno —ella sonrió burlona—, yo lo que quiero es plata.

Cuando la fiesta terminó y los invitados comenzaron a irse, Hanna se volvió hacia Keisuke y le susurró algo al oído. Él sonrió, con los ojos encendidos por la emoción.

—Bueno, nosotros tenemos algo que hablar —anunció a la sala—. Ya volvemos.

—Sí —Draken y Mitsuya sonrieron burlones—, claro.

—A hablar...

Los invitados restantes se rieron entre dientes a sabiendas mientras Keisuke envolvía su brazo alrededor de la cintura de Hanna y la guiaba hacia el cuarto. La noche era joven y su amor apenas comenzaba a florecer.

—Eres muy molesto, Baji.

—Así me adoras, Yagami.

La promesa del futuro que se extendía ante ellos, llena de la posibilidad de un amor que podría conquistar cualquier desafío que se les presentara y que, esperaban, duraría toda la vida.

—Les digo —Smiley soltó una risa—, ese par no pueden mantener las manos fuera del otro.

Sanzu miró en silencio a donde se habían ido el par de novios con la mandíbula apretada mientras notaba el rostro de Mikey. Los ojos negros se detuvieron incluso mucho después de que desaparecieran.

—Mikey...

Sabía que tenía que seguir adelante, encontrar su propia felicidad en otro lugar, pero era difícil ver a la chica que había amado durante tanto tiempo irse a los brazos de su amigo y recordarse lo estúpido que fue al dejarla ir.

—Emma.

Emma, ​​notando la expresión abatida de su hermano, se alejó de los invitados restantes para unirse a él.

—¿Estás bien —preguntó, su voz llena de genuina preocupación—, Mikey?

Sabía lo que sentía por Hanna, y siempre había esperado que un día, su hermano encontrara el coraje para decírselo y mantenerlo, pero Baji fue más rápido.

—Sí —mintió Mikey, forzando una sonrisa—. Es solo que... raro, ¿sabes?

Emma asintió.

—Se ven felices juntos.

Los dos se quedaron en silencio por un momento antes de que Emma volviera a hablar.

—Mikey, ¿sabes qué?

—¿Qué?

—Baji es un tipo afortunado —afirmó—. Hanna es increíble. Y ambos te adoran.

Mikey suspiró.

—Sí, lo sé.

Emma se inclinó hacia él.

—Yo sé que encontrarás a alguien que te ame tanto —afirmó—. Tal vez incluso más.

La sonrisa de Mikey se volvió un poco más genuina y le revolvió el cabello a su hermana.

Pero yo no quiero a alguien más.

La quiero a ella.

Sólo a ella.

—Gracias, Em.

Los chicos esperaron un rato más cuando Keisuke y Hanna volvieron para continuar hablando en tranquilidad. Poco a poco se fueron yendo hasta que en la casa solo quedaron los dos Baji y Hanna acariciando a su gatita.

—Bueno —Ryoko bostezó—, hasta mañana, mis niños, que descansen.

—Hasta mañana.

Cuando Keisuke y Hanna se encontraron en su habitación, la atmósfera estaba cargada con la electricidad de su deseo, sus cuerpos cerca mientras compartían otro beso apasionado.

—Tus manos son tan cálidas —murmuró Hanna—, me encantan. 

—Hueles muy bien —gruñó el pelinegro mientras tenía a la menor contra la puerta—, mi amor.

La mano de Hanna encontró el camino hacia el collar que le había dado, su pulgar recorrió la piedra negra.

—Lo digo en serio, lo que dije esta mañana —susurró—. Siempre estaré aquí.

El corazón de Keisuke se hinchó de amor por ella, y la acercó más.

—Y siempre estaré aquí para ti —murmuró en respuesta—, mi amor.

Se separaron, sus respiraciones se mezclaron en el espacio entre ellos.

—¿Sabes cuál es mi collar favorito? —inquirió Hanna, Baji ladeó la cabeza—. Estas.

—Graciosa —soltó una risa cuando ella señaló sus manos y le puso una en el cuello—. Sí, realmente resaltan tu belleza.

Las mejillas de Hanna estaban sonrojadas y sus ojos brillaban con un toque de picardía.

—Entonces —dijo ella, con voz baja y sensual—. ¿Qué quieres para tu cumpleaños?

Keisuke sonrió, sin apartar la mirada de ella.

—Hanna —dijo, con una voz llena de sinceridad—, tú eres todo lo que necesito.

Hanna soltó una risita y se inclinó para darle otro beso.

—Pero en serio —dijo, mientras sus manos trazaban las líneas de su mandíbula—. ¿Hay algo más?

—Bueno —empezó Keisuke, con un tono juguetón en su voz—. Si me estás preguntando...

Sus risas se mezclaron, una dulce armonía de amor y amistad que llenaba la casa hasta el borde.

—Puedo pensar en un par de cosas —delineó su cuello con las yemas de sus dedos y bajó hasta el centro de sus pechos—, tú me debes algo y lo sabes.

—Sí, dijiste que me dejarías sin caminar —gimió cuando sintió los labios de Baji en su cuello—. ¿No querías mis piernas alrededor de tu cuello?

—Así es —gruñó, cargándola hacia la cama—. Con mucho respeto y cariño, procederé a follarte toda la noche, mi reina.

Tan perfecto.

Tan mío.

El amor de mi vida.

Tras terminar un par de sesiones de amor, Keisuke y Hanna pasaron horas abrazados desnudos, susurrándose palabras dulces y compartiendo besos suaves que contenían la promesa de una vida de amor.

—Respira —se burló cuando terminaron mientras la veía acostada encima de él, respiraba entrecortadamente y a veces su pecho silbaba—. ¿Vamos a bañarnos?

—Hmm —ella bostezó, abrazándose a él—, quedémonos así un rato más.

—Lo que mi amor quiera.

Ambos se acariciaban en silencio mientras disfrutaban de su tiempo juntos, pero la mente de Baji no paraba de repasar la tarde que pasaron, especialmente había algo que lo molestaba un poco.

—¿Qué pasa? —Hanna lo notó.

Era como si ella pudiera escuchar el ruido que había en su mente.

—Es sólo que...

La expresión de Mikey permaneció en su mente como un testimonio silencioso de la compleja red de emociones que se había tejido entre los tres desde la infancia.

—Estaba pensando —Baji la miró—, en Mikey.

Siempre supo que Mikey tenía sentimientos por Hanna.

Pero luego de fingir que no la amaba y ser su mejor amigo por años para no herirlo, él se dio cuenta que la forma en que Mikey amaba a Hanna era destructiva para ambos.

—¿Por qué...?

Así que después de pensarlo bastante, decidió dar el siguiente paso con ella y Hanna lo había elegido a él al final, incluso si eso significaba dejar ir una parte de su pasado con Mikey. 

—Su expresión...

Aún así, Baji no podía evitar sentirse mal por su amigo.

Mikey no lo entendería porque no conocía toda la historia, después de todo ellos ocultaron siempre todas esas pequeñas escenas detrás de cámaras donde su amor por él otro fue creciendo, pero quería creer que todo saldría bien al final.

—Kei-

Tomó la mano de Hanna y la llevó a su boca para besar el dorso de la misma.

—Mikey siempre ha estado enamorado de ti.

Hanna lo miró.

—Pero él está feliz por nosotros, ¿no?

Keisuke asintió.

—Está tratando de estarlo.

Sus ojos buscaron los de él, buscando cualquier indicio de celos o enojo. Al no encontrar ninguno, se inclinó para besarlo otra vez, su mano se posó sobre su pecho, sintiendo el latido constante de su corazón bajo las yemas de sus dedos. 

—Quizá podamos hacer algo para ayudarlo —susurró—, ¿no crees?

—Kei, eso es...

Él tomó su mano y la llevó a su boca para besarla.

—Dejemos eso para otro momento.

La mano de Hanna encontró el camino hacia el collar que le había dado ese mismo día, su pulgar recorrió la piedra de ónix mientras él le susurraba palabras dulces al oído.

—¿Recuerdas lo que te dije el día que te pedí ser mi novia?

La acercó más, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo, el ritmo constante de su respiración coincidiendo con la suya. Ya había vuelto a la normalidad.

—Por supuesto —afirmó—, es imposible olvidar uno de mis días favoritos.

El pelinegro acarició su cabello con una sonrisa.

—Te he amado desde que tengo recuerdos —aseguró en su oído—, Hanna. Y sé que lo seguiré haciendo por el resto de mi vida.

—Yo a ti —cerró los ojos al escuchar sus latidos—, te amo y quiero estar a tu lado hasta el día que muera... 

—Hanna...

—Si tú te vas antes —apretó la mandíbula—, me iré contigo. Ya sabes, birds of a feather.

Baji sonrió, reconociendo el título de una canción que le escribió.

—Te amo —la apretó contra él—, ¿tienes sueño?

—N-mm...

Mientras se quedaban dormidos, sus corazones entrelazados, Keisuke supo que este era solo el comienzo de una hermosa vida juntos. La abrazó fuertemente mientras la veía dormir.

Espero que el siguiente cumpleaños sea mucho mejor que este.

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Nov 3, 2024.

¡Hello〰️♡!

Segunda parte del especial, espero que lo hayan disfrutado UwUr.

Psdt: 

Todo en los especiales pasa canónicamente en la línea de tiempo, quizá sea algo confuso por ahora, pero les juro que tiene sentido más adelante.

Psdt 2:

Tengo un montón de capítulos escritos que aún me falta editar antes de subir, pero quería asegurarme de tener este especial a tiempo para hoy por lo que quizá me tarde un poco en actualizar los demás capítulos.

Psdt 3:

Recuerden que en tiktok subimos en las historias anuncios, mi beta reader principalmente y yo de vez en cuando, especialmente cuando hay capítulos nuevos o algunos spoilers.

¡No se los pierdan, estén atentxs!

-Amnesia, fuera.

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Aquí unas fotitos 7u7r〰️

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