| 9; Lealtad |

—¿En serio? Él nunca está en casa —se quejó Hakkai—, excepto para mierdas como esta.

Hanna miró a Senna seria, tratando de soltarse, pero el pelimorado sólo le fulminaba con la mirada. Al escuchar esa voz tan malditamente sexy, Hanna se volteó a ver.

Seishu.

Era como volver al pasado. La voz y ojos de Seishu siempre le encantaron, sin embargo...

No son sus
ojos marrones.

Era algo gracioso. Incluso antes de que supiera que Baji le gustaba, ella ya había hecho comparaciones entre esos dos. Debía ser una terrible rompecorazones desde el inicio.

—Cuidado con lo que dices, imbécil —Inui le puso una navaja en el cuello, sorprendiendo a todos—. Habla mierda de nuestro jefe y te mataré.

Hanna alzó la ceja. Seishu estaría en su mente pensando que ojalá ella no se enterara de eso. Lo sabía, pensaba acusarlo luego de su siguiente presentación.

Ni Taiju le daría una
paliza como la que ella le daría.

—¿No puedes calmarte un poco? —masculló el peliazul.

—¿Crees que lo haré? —alzó una ceja.

Yuzuha aprovechó que estaban distraídos y derribó a Inui de una patada, Hanna y Senna silbaron desde donde estaban, captando la atención de Hakkai por un momento. Ambos se hicieron los locos entonces, fingiendo como si aquí nada pasara. 

¿Y esta estúpida que
esta haciendo por aquí?

Hakka volvió su vista al par de Black Dragons.

—¡Mantén tus manos fuera de mi hermanito!

Inui se levantó y los miró a todos con seriedad, Kokonoi sonrió.

—Retrocede, Inupi —le dijo, sosteniéndolo del hombro—, son los hermanos del jefe.

—Le juré lealtad al jefe, pero no hay razón por la cual debería aguantar mierda de ellos —los señaló con la navaja—. Me da igual si eres mujer, voy a mostrarte quien manda.

Hanna rodó los ojos. ¿Qué demonios habían estado haciendo ese par mientras ella no estaba? Estaba segura que si le repetía esas palabras a Seishu se pondría rojo y juraría que ese no fue él. 

Habrá que disciplinarlo...

Era una lástima que ya no tuviera que contenerse con ellos. Miró a Hakkai, preguntándose porque no hacía nada, incluso Tachibana estaba más atenta que él.

—Voy a matarlos a todos —sentenció Inupi.

Takemicchi supo entonces que eran diferentes a la Toman, sus raíces eran diferentes, eran totalmente malvados. No podía comprometer la seguridad de Hinata de esa manera. 

—Haganaki, déjanos esto a nosotros y sal de acá —le dijo Yuzuha—. Cuida a Hina-chan.

—¡Vámonos, Hina!

—¡Takemicchi-kun, detrás de ti! —gritó Hina. 

Muy tarde. Takemicchi cayó al suelo después de recibir ese golpe en la garganta.

—Tu mierda...

Oh, mierda. Hanna y Senna se miraron con el ceño fruncido al ver al de cabellos azules y blancos con el traje rojo.

—Voy a llamar a la poli —Hanna sacó su teléfono, haciendo que Senna negara con la cabeza.

Los Black Dragons hicieron una reverencia ante su jefe de inmediato y Hakkai palideció.

—¡Acaba de ser destrozada! —se burló.

Finalmente hacía su aparición, Taiju Shiba, el décimo líder de los Black Dragons.

—¡Taiju!

—Eso no es justo —dijo—, parece que se están divirtiendo, ¡déjenme unirme!

Taiju levantó a Takemicchi de un solo brazo y lo lanzó de un manotazo.

—¡Takemicchi-kun! 

—¡Atrás, Hina! —Yuzuha se puso en frente de la pelirroja.

Hanna lo miró mal y comenzó a marcar en su teléfono un número que conocía bien. Claramente no podría llamar a la policía como tal, pero debía asegurarse de que no pasara nada malo. Senna la miró de reojo.

—Entonces... ¿Quién es este imbécil? —preguntó Taiju entonces.

—Haha, ni siquiera sabes quién es y aún así lo golpeas —Koko sonrió burlón—. Buena esa, jefe. Él es el capitán de la primera división de la Toman.

Miró a Hanagaki un momento, había escuchado poco de él, principalmente por Hanna. Pero eso ya era mucho, siempre se molestaba cuando ella conocía nuevas personas.

—¿Hah? Demonios, Koko —se rió—. ¿Un capitán de la Toman? ¡Qué buena broma!

—Es verdad, es uno de los pequeños amigos de Hakkai —reiteró con una sonrisa.

Taiju soltó una carcajada limpia.

—¡No me jodas! —pateó a Takemicchi.

Hanna miró de reojo a Senna.

—Así que él trajo a un bastardo de la Toman a la casa de nuestra familia... ¿Aunque no se una a nosotros no importa cuántas veces le diga? —Taiju suspiró un momento y miró a su hermano menor—. Hakkai... Golpéalo hasta matarlo.

—Taiju, él no sabía que este era territorio de los Black Dragons, así que por favor...

Hakkai tenía miedo, estaba aterrado, tan diferente de unos minutos atrás que Takemicchi estaba asustado.

—No me importa una mierda —se puso en frente de él—. ¿No escuchaste mi orden? Eres mi hermano menor, eso va antes que la Toman. Eso significa que debes obedecer a tu hermano mayor. Los lazos familiares... son más importantes que los amigos. ¿No...?

—¡Taiju! No presiones a Hakkai de esa manera.

La golpeó, Hanna apretó la mandíbula y empuñó la mano. Senna la tomó del brazo, preocupado de que fuera a entrometerse. No podía hacer eso, no ahora que la gente ya conocía el rostro detrás de Whitesnake de ¨Pandora¨ Especialmente cuando él estaba ahí.

—Yuzuha, esto pasó porque no lo disciplinaste apropiadamente —dijo el mayor—. Voy a darte una lección después.

Hanna realmente quería ir y golpearlo. No es que no supiera que Taiju era un hijo de puta a veces pero verlo en persona era completamente diferente.

—¡Incluso sin son hermanos, Yuzuha es una mujer! —Takemicchi frunció el ceño—. ¿Golpeas mujeres también? 

Ella desvió su mirada un momento hacia Kokonoi, quien parecía despreocupado. Como le gustaría ir hasta allí y jalarlo de su cabellera hasta el piso, entrecerró los ojos. Le dolía la cabeza.

—Hanna, debemos irnos —Senna la cargó en sus hombros como caballito entonces—, mírate. Ni siquiera te has recuperado del todo de tu intent-

Senna cerró la boca al oírse a si mismo. No le gustaba recordar el hecho de que Hanna casi los abandona, aún pensaba que era tan putamente egoísta como lo fue Baji.

Ah, esos dos eran
de verdad, tal para cual.

—Tengo... que ayudar... a Takemicchi —bostezó.

—¿Cómo? Ya te dormiste —Senna se aseguró de mirar mal al par cuando pasó por ahí. Koko e Inupi sólo lo vieron confundidos, pero dado que estaban con el resto no podían hacer nada.

Hana sólo cerró sus ojos por un momento, pero cuando recobró su conciencia, estaba siendo cargada por Senna cerca a la casa de los Sano.

Wow, parece que
dormí demasiado...

No dijo nada y se dejó llevar, se preguntaba qué habría pasado con Takemicchi, Hina, Yuzuha y Hakkai. 

Hakkai...

Senna vio a la menor de los Sano y ella, al sentir una intensa mirada, se volteó a ver al ojiverde, reconociéndolo inmediatamente como el amigo de Hanna. Fue que la vio a ella.

—¡Hanna! —Emma se acercó a ellos al verlos, asustada—. ¡¿Qué sucedió?!

—Ah... Ella se... desmayó —comentó Senna, chocando accidentalmente miradas con Manjiro que iba atrás de Emma con Draken, desvió la mirada de inmediato—. Hmm, no sé si debamos hablar de esto aquí, pero ella está bien. 

—Ah, adelante —Emma iba a abrir la casa cuando Mikey la detuvo y señaló su cuarto. 

Una vez que estaban dentro, Senna recostó en la cama del rubio a la pelinegra y esta abrió un ojo, curiosa de ver el cuarto de Mikey. 

—¿Podrías explicar que fue lo que sucedió...? —le pidió Draken al de cabellos morados.

—¡Ah! —ella se levantó de la cama de un salto. Manjiro la miró con una sonrisa, más tranquilo al ver que había despertado—. ¡Takemicchi! 

Mikey frunció el ceño.

—¿Por qué... llamas a Takemitchy? —masculló, celoso.

Senna apretó la mandíbula. Cuando se portaba así realmente me daban ganas de golpearlo. ¿Cómo se atrevía él, de todas las personas, a celarla? Al menos no estaba Akira. Akira detestaba a Mikey a morir.

—¿Qué mierda fue lo que pasó? —inquirió Draken, furioso de verla en ese estado—. Hablen.

Akira detestaba tanto a Mikey que incluso prefirió al ex de Hanna del que ninguno se atrevía a hablar. Incluso preferiría diez veces que ella volviera con él a que estuviera con Mikey.

Y Akira se llevaba demasiado
bien con Baji, desde el inicio.

Así que sí, estaba igual de devastado que Hanna, igual de furioso que Senna e igual de impactado que Yuki.

—¡Le estaban dando una paliza y lo quería ayudar, pero-!

—¿Hah? —Mikey se molestó—. ¿A quién vas a ayudar con ese cuerpo debilucho? 

Senna entornó la mirada. ¿Le decía débil a ella? Ella era Whitesnake, el 'terror' de Shinjuku. No, incluso antes de serlo, ella siempre había sido fuerte.

—Mikey...

Draken se masajeó la sien, esos dos realmente eran como perro y gato cuando peleaban, se preguntó en qué momento Hanna decidiría sacar sus garras, pero para su sorpresa lo dejó pasar y solo comenzaron a hablar de qué harían al respecto.

No podía decir lo mismo de Senna.
Tenía cara de querer romper algo.

No, más bien a alguien y
él tenía idea de quién podría ser.

Ese alguien...
Era Mikey.

.

.

.

—¿Entonces... vas a hablar con Taiju? —Hanna estaba en la mesa de Mitsuya mientras coloreaba junto a sus hermanitas—. ¿Qué vas a decirle a ese hijo de-?

Mitsuya la vio serio y ella se tapó la boca. 

Gomen...

—¿Puedes pretender que no estás al tanto de todo lo que pasa en nuestras reuniones? —Mitsuya estaba buscando su camisa—. Ahora que todos sabemos que eres Whitesnake... es incómodo. 

No es que fuera incómodo porque si, era porque se sentía realmente ofendido de no estar al tanto desde un principio que la líder de Pandora era su hermanita.

¡Bah! —chasqueó la lengua—. Qué aburrido, Niisan.

El peliplata rodó los ojos y ella le lanzó su camisa, que había estado guardando entre sus piernas solo para verlo buscarla, con una carcajada. 

—Recuérdame por qué dejo que seas la niñera de Luna y Mana...

—¿Por qué me adoran? ¿Porque soy tu hermanita dragón? ¿Porque me amas?  —las niñas asintieron como si estuvieran de acuerdo haciendo que Mitsuya suspirara—. Pero de verdad, debes tener cuidado. Taiju no es...

Mitsuya la vio atento. ¿Conocía a Taiju? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? Tenía tantas preguntas.

—Ya llegué —Hakkai ingresó a la casa de Mitsuya con una mirada preocupada—. Oh, ¿otra vez eres niñera?

Mitsuya apretó los labios y decidió ignorar el tema de Taiju, luego de hacer lo que tenía que hacer se encargaría de hablar con ella sobre eso.

—¿Te importa? —chasqueó la lengua, cargando a la menor en sus brazos. 

—¡Jeez, chica, cálmate! —suspiró. 

Hakkai negó con la cabeza y una pequeña sonrisa.

—Te ves bien con bebés.

—Hm —sonrió con prepotencia—, lo sé, me veo bien como sea.

Ahí iba la humildad de Hanna
Yagami de nuevo, señores y señoras.

—Idiota —Hakkai rodó los ojos y miró feliz a Mitsuya—. ¡Vamos, Taka-chan!

Hanna le lanzó una mirada... perspicaz. Años de hacer esa cara hicieron que Hakkai la leyera sin problemas. Ella sería la primera en decir algo el día que Mitsuya y él salieran.

Era su shipper #1.

—Como sea, dejo a las chicas en tu cargo, si algo pasa, llámame —Mitsuya se acercó y le dio un beso en la frente a sus hermanitas—. Luna, Mana, nos vemos más tarde.

Moo, ¿y mi beso? —chilló, burlona. Mitsuya le dio un pequeño golpe en la frente—. Qué malo.

Ambos hombres salieron entre risas, Hanna suspiró y miró a las niñas, preguntándose qué deberían hacer primero.

—Me veo bien con bebés, huh —ya lo había oído antes, pero de una forma distinta—. Qué curioso...

Es cierto que toda la vida le habían gustado los niños, siempre ayudaba a Mitsuya con las dos pequeñas, pero en el fondo ese día estaba preocupada por ellos.

—Tengo algo de miedo —murmuró—. Taiju es...

Aunque Mitsuya era fuerte, le preocupaba ya que había visto lo fuerte que era Taiju un par de veces cuando estaba con los Black Dragons, quizá era mejor omitir esa última parte.

No quería pensar.

Se asomó por la ventana.

—¡Mitsu, no olvides comprarme comida al regreso! —gritó desde ahí, se sorprendió de ver también al otro par—. ¿Ara? ¿Takemicchi y... Chifuyu?

Ese par siempre estaban metidos en todo, eso le recordó a Ryusei y ella cuando se metían en problemas solo para molestar a Chifuyu y Keisuke.

Keisuke...

—¡¿Hanna-san?! —Takemicchi gritó al verla de repente.

Los tres se miraron confundidos. 

—¿Por qué vienen con nosotros? —preguntó Mitsuya a Hakkai, luego de hacerle una señal a la pelinegra de que le había escuchado. 

—¿Qué? —Takemicchi hizo una mueca—. Hm... Yo estaba ahí cuando sucedió...

—Yo estoy vigilándolo —replicó Chifuyu—, ya ves que es un imbécil.

Mitsuya se rió.

Bueno, que más da...

.

.

.

Mientras Hanna veía a Luna y Mana dormir en el sofá luego de que vieran una película, miró su teléfono cuando comenzó a vibrar, fue hasta el cuarto de Takashi y se encerró por un momento para recibir la llamada sin despertar a las niñas.

Well? —contestó—: ¿Bueno?

Mm, it's been some time, sweetie —escuchó la voz del otro lado—: Ha sido un tiempo, cariño.

—¿Qué estás haciendo, Hajime?

Era un poco gracioso que dijera eso considerando que se veían casi siempre desde esa madrugada. Hizo una mueca.

—¿Mm? Voy a escoltar al jefe en unos minutos a una reunión —respondió, bostezando—. Quería escuchar tu voz. ¿Sabes? Hace mucho que no nos visitas, Inupi se siente triste porque te extraña.

—¿Sólo Inupi? —se rió.

Hajime era el claro ejemplo de qué pasaba cuando seguías hablando con tu ex por temas de trabajo. Se había portado relativamente calmado durante su relación con Baji, principalmente porque ella lo alejó.

¿Cuánto tiempo se demoró...?

Pero ahora que Baji no estaba, el gatito salía al acecho, el lado positivo era que Inupi estaba con él para calmarlo.

—Puede que yo también —masculló entre dientes—. Te vimos con Senna por nuestro territorio.

—Ah, sí.

El lado negativo era que Inupi estaba igual de intenso. ¿A dónde se había ido el Seishu que se sonrojaba cuando le sonreía? Ahora en lugar de cachorro, era todo un perro de caza... Culpa de Kokonoi, no suya.

—¿Estás bien? —preguntó—. ¿Por qué ese idiota te estaba tocando?

Oh, here we
go again...

¿Hajime celoso?
Hasta de Senna.

Era como Mikey,
pero peor.

Los celos de Kokonoi eran, al menos, fundamentados en la relación que sí tuvieron. ¿Qué había con Mikey? Nunca fueron nada más que amigo y aún así... ¿Por qué estaba pensando en él? Otra vez.

—Me estaba cargando porque me desmayé, pero ya estoy bien —no quería escuchar sus arranques de celos repentinos.

Hanna pensó que él era realmente obvio de vez en cuando, aunque desde que comenzó a salir con Baji sólo se veían en la zona VIP del bar donde se presentaba para repartir sus ganancias, no era lo mismo que reunirse específicamente ellos tres, sólos.

Si saben a lo
que me refiero.

—He estado ocupada, cuando pueda verlos te escribiré —le restó importancia.

—Oí que estás viviendo en casa de tu ex.

¿Ex...?
No le gustaba.

Keisuke Baji era
su único novio.

Incluso si ya no
estaba, no era su 'ex'

La sola idea la molestaba.

—¿Te importa? —su tono se volvió frío.

Koko, quien estaba sentado al lado de Inupi con el altavoz, sólo sonrió de lado, su mano acariciaba el cabello rubio del Inui. Hanna podía juzgar por su actitud tranquila a través de la línea que no le importaba mucho, sólo estaba tratando de alargar su conversación porque sabía que ella colgaría.

—¿Por qué me llamaste, Koko? 

—Queríamos escuchar tu voz —el que respondió fue Seishu en un tono suave.

Ah, eso es
jugar sucio.

Seishu era una
debilidad.

No podía ignorarlo.
No a él.

—Hmm... ¿Cuándo es la próxima presentación? Prometo que me quedaré más tiempo en la zona VIP esta vez —dijo—, si se portan bien —añadió.

Hanna miró a Keisuke en silencio, la veía con reproche pero con una mueca que la hizo sonreír.

—Lo arreglaré enseguida y te enviaré un texto —replicó Koko. 

—Okay.

—No le digas nada a la Toman esta vez, a nuestro jefe le gustaría verte cantar y ya ves como es —lo dijo como una orden, Hanna pensó qué debería cantar—. Yo paso por ti, te llevaré la ropa y accesorios que usarás.

—Muy bien —rodó los ojos con una pequeña sonrisa. 

Escuchó a Mana llorar así que supuso que se había despertado de alguna pesadilla, sólo se despidió y cortó la llamada antes de ir a verla. La niña se quedó callada al verla y Hanna sonrió.

—Tranquila, cariño —la abrazó y se sentó con ambas en el sofá de nuevo—, estaba en el baño.

Keisuke...

.

.

.

Esa noche.

—Hablé con Taiju hoy...

—Lo sé —Yuzuha suspiró, incómoda—. Taiju tiene conexiones con gente rica. Cuando ellos tienen un problema, los Black Dragons prestan su poder militar y obtienen toneladas de dinero como recompensa, yo era la responsable de recoger ese dinero. 

Mikey la miró de reojo, seguía sentado en su motocicleta. Estaba pensando en el día en que Hanna quería pelear contra Moebius, la forma en que pelearon ellos dos y cómo Baji se entrometió.

Baji...
¿Cuánto tiempo?

Ahora que había pasado un tiempo de la muerte de Baji, no sabía que hacer. Una parte de él seguía recordando la conversación que tuvo con Hanna ese día.

“Hicimos un libro
de aventuras...”

“Nos escapamos a
la playa un par de veces...”

“Sólo él y yo”

Había tantas cosas que ocurrieron sin que él se diera cuenta que se sintió un completo imbécil por no darse cuenta que desde el inicio siempre fue Baji.

—Hoy fui liberada de ese papel... Gracias a ti, Mitsuya —comentó.

Mikey estaba masticando su dorayaki. Baji no estaba más, no tenía caso ponerse celoso o enfurecer, ahora solo se sentía vacío.

“Siempre estaré para ti, Hanna.
Y... Para el bebé, lo prometo”

Eso fue lo que dijo en aquel cuarto de hospital, pero no había pasado ni dos meses y ya estaba dudando. Hanna estaba algo alejada de él pero él de ella también.

—¡¿A qué viene esa actitud?! —frunció el ceño—. Después de que Hakkai hiciera lo mejor...

—¿Hiciera lo mejor? —Yuzuha se enojó—. Tú lo convenciste de que lo hiciera, ¿verdad? Hakkai...

—No seas estúpida, Hakkai es más fuerte de lo que crees.

Yuzuha lo observó, incrédula.

—Gracias, Mitsuya, pero... Esa expectativa ha causado —se volteó y comenzó a caminar de vuelta a su casa—, mucho dolor antes. 

—No entiendo qué carajos está escondiendo Yuzuha...

Mitsuya se montó en la moto con Mikey y comenzó a manejar. 

—¿Hm?

—Pensándolo bien, nuestra tregua con los Black Dragons... Fue demasiado fácil —murmuró el de cabellos lila, mirando de reojo al rubio—. ¿No crees, Mikey?

Hubo un silencio en un momento, iban pasando por un parque cuando frunció el ceño al ver que no respondía.

—¿Mikey...? —volvió a llamarlo—. ¿De nuevo pensando en Hanna-chan?

Aún tenía que averiguar qué se traía Hanna con Taiju y porqué lo conocía. No porque fuera chismoso, que si lo era, sino porque no le gustaba la idea de su hermanita involucrada con ese tipo de hombres.

—Para un segundo, Mitsuya —le dijo. 

Cuando frenó, Mikey se bajó de la moto y caminó un poco. Mitsuya frunció el ceño sin entender que pensaba ahora.

—¿Qué pasa, Mikey? —Mitsuya lo siguió.

—Hemos bajado ahora a la mitad... De los miembros fundadores —murmuró el rubio—. No sé a dónde estoy tratando de llegar.

Mitsuya le vio con tristeza.

—Mikey...

—Olvídate de los Black Dragons, Mitsuya...

El de cabellos lila lo observó en silencio.

—¡No te vayas a desaparecer de mí! —le sonrió.

Mitsuya le vio preocupado, Mikey tendía a guardarse sus sentimientos, pero en ese breve momento pudo ver por un pequeño segundo de vulnerabilidad que le hizo sonreír también.

—Sí... Lo prometo —afirmó.

.

.

.

Mientras Takemicchi intentaba convencer a los capitanes de la Toman de pelear contra los Black Dragons para evitar que Hakkai matara a Taiju.
.

.

.

Hanna estaba viendo en silencio como se veía al espejo con la ropa que Kokonoi escogió. Hacía tiempo que él no le regalaba nueva ropa y joyería, se sentía inspirada, sonrió de lado al ver a Keisuke tras el espejo.

—Mi amor...

Le estaba sonriendo. Aquello le hacía latir fuerte el corazón, sin embargo, cuando se giró a tocarlo, no pudo y solo escuchó el crujido de su corazón.

—¿Por qué...?

Ahora solo duermo llorando,
sola, sin ti a mi lado...

Keisuke, si me amabas,
¿por qué me dejaste?

Toma mi cuerpo.
Todo lo que necesito...

Tuvo que tomar una gran inspiración antes de poder salir. Le temblaban las manos pese a no tener frío.

—¿Lista? —Kokonoi, para su sorpresa, le recogió con un ramo de rosas. Inupi también llevaba uno, pero se negaba a mirarla, seguro que estaba avergonzado—. Te ves hermosa.

Hanna sonrió, incluso si sus sentimientos estaban completamente muertos, aún le gustaban los halagos.

—Sí —les enseñó cómo se veía con la ropa, dando una vuelta—. ¿Y bien, cómo me veo? —se acercó al rubio esta vez.

—He-hermosa.

A ella le causaba gracia, tenía momentos en que actuaba tan cohibido que cualquiera creería que era un chico tímido, pero esas personas seguro no tendrían idea de como era dentro de la casa. 

If you know
what I mean.

—¿Sabes, Sei? El otro día te vi amenazar a Hakkai con una navaja —comentó. 

El rubio maldijo en voz baja.

—Fue sexy —le comentó ella en el oído antes de apartarse para reírse de su rostro rojo—. Pero vuelve a amenazar a mis amigos y yo misma te mataré.

Seishu la miró entonces a los ojos y tragó fuerte. Ella no sabía qué le pasaba por la cabeza cuando lo trataba así. Pero no era nada muy sano que digamos.

—¿Vas a bailar esta vez? —preguntó el pelinegro.

Ella asintió con una pequeña sonrisa.

—Te esperaremos arriba —murmuró Koko antes de morder su oreja y apartarse de ella.

Ella tomó una bocanada de aire antes de subir a la tarima, observó a su público como de costumbre y notó que no había nadie de la Toman. Cuando miró hacia arriba vio a Taiju, notó que ellos se hicieron a su lado. 

—¡Gracias a todos por venir! —dijo.

Se puso en una posición cómoda para empezar.

—Esta canción... Los hará saltar —no presentó el nombre.

Muerde mi lengua, espere mi momento
Llevando una señal de advertencia
Espera hasta que el mundo sea mío
Visiones que destrozo
Frío en el tamaño de mi reino
Caí por esos ojos del océano

Había sido mera casualidad que cuando Chifuyu y él decidieron irse del lugar tras la negativa de Draken, pasaran por aquel bar, pero se sorprendieron de ver la motocicleta de Mikey, a escondidas se asomaron para verlo. Takemicchi la vio cantando y bailando.

—¿Hanna-san? —Chifuyu frunció el ceño al verla bailando sobre la tarima. 

—Ah —Takemicchi lo miró, parecía que no sabía que ella se presentaba ahí esa noche.

En su defensa él tampoco tenía idea.

—Hanna-san...

¿Pero dónde estaba Mikey? No lo veía por ningún lado. 

Deberías verme en una corona
Voy a dirigir esta ciudad de la nada
Mirame hacerlos inclinarse
Uno por uno
Uno por uno
Deberías verme en una corona
Tu silencio es mi sonido favorito
Míralos como se inclinan

—Así que esta es la chica de la que hablaban —Taiju sonrió mientras veía como ni siquiera le prestaban atención por estarla viendo—. Los tiene como idiotas...

—Cállate —se quejó Seishu. 

El pelinegro lo miró de reojo.

Uno por uno

Taiju negó con la cabeza, rara vez lo oía hablarle así desde que él se hizo jefe de los Black Dragons.

Uno por uno
♪Cuenta mis cartas, déjalas caer
Sangre en la pared de mármol
Me gusta la forma en que ellos
Gritan

—Es extraño —Mikey susurró para sí mismo—. ¿Por qué no me dijo que se presentaría hoy...? 

Su mirada siguió la de Hanna, sólo miraba a la zona VIP mientras bailaba, el movimiento sensual de sus manos le hacía picar las manos.

¿Qué...?

¿Por qué se sentía que bailaba para alguien? Frunció el ceño. Baji ya no estaba, no debería sentirse así... ¿O sí?

Dime cuál es peor
Vivir o morir primero
Durmiendo en un coche funerario
♪Yo no sueño, tú me dices
♪¨Ven aquí, bebé¨
¨Creo que eres bonita¨

Kisaki probablemente los estaba esperando en ese momento, pero Takemicchi supuso que podría esperar hasta que acabara la canción.

—¿A dónde está viendo? —Chifuyu se quejó.

—La zona VIP —respondió Takemicchi sin prestar atención, siempre veía ahí, tenía curiosidad de quien estaba en aquella zona.

Yo estoy bien
Y no soy tu bebé
♪Si crees que soy bonita... Deberías verme en una corona
♪Voy a dirigir esta ciudad de la nada
Miralos reverenciarme
Uno por uno
Uno por uno

Hanna sonrió al ver como Koko e Inui se mordían los labios, ella se refrescó los suyos con la lengua mientras cantaba, mirándolos a los ojos, uno a uno. Sus caderas seguían el ritmo de la música.

—Debería comprarle una corona. 

Inupi soltó una carcajada.

—Ya lo creo.

Deberías verme en una corona
Tu silencio es mi sonido favorito
Míralos inclinarse
Uno por uno
Uno por uno

—¿Mikey-kun? 

Mikey le miró de reojo, se quedó completamente tieso como si no supiera a donde iba.

—¿Qué haces aquí, Takemitchy?

Por alguna razón, recordó a Baji y Hanna bailando, pero ese recuerdo le llevó a aquella fiesta de Halloween donde ella lo confundió con Emma.

¿Porqué siempre bailaba tan sexy?
Lo estaba enloqueciendo poco a poco.

—Vimos tu moto afuera y pensamos en saludar —comentó—. ¿Estás bien? Te ves...

—Ya me iba, sólo venía por gasolina —mintió, apartándose sin mirar atrás ni un momento.

Míralos inclinarse
Uno por uno
Uno por uno
Míralos como se inclinan

—¿Qué carajos fue eso? —murmuró Chifuyu, confundido, Takemicchi tampoco comprendió.

¿Fue por gasolina...
A un bar?

—Ni idea, pero deberíamos irnos también —señaló al restaurante del otro lado del bar donde Hanma miraba hacia los lados—, parece que ya vieron que no estamos por ninguna parte.

—Fuiste un idiota al decir que iríamos al baño —le aclaró, mientras cruzaban la calle. 

—¡Me puse nervioso! —se quejó—. ¿...De qué querrá hablar Kisaki con nosotros?

No podía dejar de recordar al Kisaki y al Hanma del futuro, aunque Hanna tampoco, todos eran terribles.

—No lo sé, vamos ya —lo jaló de la oreja. 

Deberías verme en una corona
Tu silencio es mi sonido favorito
Mirame hacer que se inclinen
Uno por uno
Uno por uno

Al finalizar la canción, Hanna estaba agachada en la tarima, respirando con fuerza.

Keisuke...
Ayúdame.

Sin ti aquí,
¿quién...?

¿Por qué
me dejaste?

Se levantó y agradeció su, siempre tan acogedor, público antes de despedirse con una pequeña reverencia. Cuando estuvo lista, subió las escaleras a la zona VIP. Vio a Taiju sentado con las piernas abiertas, al parecer siendo tan grande no cabía de otra forma ahí, sonrió.

—Bienvenido a nuestro bar —le saludó—, décimo líder de los Black Dragons... Taiju Shiba.

Taiju volteó a verla. La chica que rechazó heredar los Black Dragons por amor. Ella no parecía muy feliz de verlo.

—Pareces una muñequita —le respondió, viéndola con una sonrisa ladina.

Ella se preguntó si lo decía por la ropa que le había comprado Koko o alguna otra razón, no dijo nada y sólo se sentó en frente de él con las piernas cruzadas una sobre la otra, Koko le entregó un vaso con agua e Inupi le sirvió hielos en el mismo.

Taiju vio esto con una sonrisa burlona.

—¿Tienes a mis dos capitanes de sirvientes acaso?

—Hm, bueno, primero fue lunes que martes —sonrió, mirándole seriamente—. Oí que querías verme presentarme, ¿qué te pareció? 

—Estuvo bien, cantas muy bien —meneó la cabeza—, pero vengo en términos oficiales... Oí que eres Whitesnake de Pandora.

—¿Son negocios? —preguntó con una ceja alzada—. Porque de lo contrario eso es totalmente irrelevante.

Kokonoi sólo sonrió y se sentó a su lado, puso su mano sobre la pierna de la menor. Inui se sentó a su lado, a ella le pareció interesante que el mayor no reaccionó ni un poco a la actitud de ese par.

—Me gustaría unificar Pandora con los Black Dragons —dijo Taiju—. Serían una unidad especial y tu, por supuesto, su capitana.

Hanna frunció el ceño.

No can do.

—¿Hm?

Según lo que había escuchado de ella, su relación con la primera generación de la pandilla era suficientemente fuerte, Hanna siempre quiso ser parte de los Black Dragons pero era demasiado joven antes.

—¿Porqué vienes a invitar a Pandora a unirse a tu circo?

Y cuando fue lo suficientemente considerable para entrar, Toman fue creada pero irónicamente no logró entrar con ellos tampoco porque Mikey no quería una chica en la Toman. Eso fue un error.

Ella no era una
chica cualquiera.

Así que creó Pandora, además se convirtió en un dolor de cabeza para las demás pandillas, liderando el este y Shinjuku desde las sombras. Hanna Yagami hizo todo eso para demostrar que no era sólo una cara bonita.

Hanna Yagami
era Whitesnake.

Había oído lo que
hacia Whitesnake.

Sería una buena
adquisición.

Ella y su pandilla eran un equipo bastante fuerte, sus habilidades y trabajo en equipo eran brutales, pero incluso individualmente ya eran poderosos.

—Tenemos una tregua con la Toman —Taiju dijo.

Hanna alzó una ceja.

—¿Por qué no te unes a los Black Dragons? —murmuró Seishu, casi en su cuello. 

Ella se detuvo y le confrontó, haciendo que él se sorprendiera por su cercanía, podía ver por la sorpresa que no esperaba que estuviera tan tranquila al acercarse así. Hanna arqueó una ceja.

—Seishu, creí que ya habíamos hablado de esto —masculló entre dientes.

—Déjanos a solas, Taiju —Koko pidió, este asintió luego de tomarse la última gota de su bebida.

—Escucharé su respuesta después —se levantó y acomodándose el pecho de la camisa, le sonrió—, ha sido un placer verte de nuevo, linda.

Ella sólo asintió sin quitarle los ojos de encima a Seishu, no le sorprendió cuando toda la zona VIP quedó desolada, supuso que Koko había dado la orden. Lo sintió entonces detrás de ella mientras acariciaba su cabello. 

—De nuevo —movió su cabello para soltarse, mirándolos a los dos de reojo y con seriedad—. La Toman es mi familia. Con ellos reside mi lealtad, esas son mis prioridades.

—¿Qué hay de nosotros dos? —se quejó Inui—. Dijiste que estarías con nosotros.

—¡Lo prometiste! —agregó Koko, alzando ligeramente la voz.

—¡No metan mi promesa en esto! —frunció el ceño.

Los tres se miraron entre ellos. 

—Una cosa no tiene nada que ver con la otra —se exasperó—, aquí estoy, ¿no es así? Con ustedes, pero en el tema de las pandillas...

Se mordió el labio y negó.

—Saben bien cuál es mi postura y no va a cambiar.

—Hana.

Ella sabía lo que los Black Dragons significaban para Seishu, para ella también eran importantes, pero ni siquiera el mismo Manjiro era tan apegado a ellos. Incluso ella se rindió con los Black Dragons y creó Pandora...

—¿Quieren que estemos en la misma pandilla?  —se levantó, pensando si irse o no—. Los invito cordialmente a unirse a Pandora o a la Toman —movió sus manos evasivamente.

Koko apretó los labios e Inupi le apartó la mirada, ella suspiró, dejándose caer sobre el asiento de nuevo. Había perdido el poco aire que había retomado, los dos se miraron entre ellos antes de acercarse a ella y devolverle el vaso de agua que había dejado a medias en la mesita. 

—No te enojes.

—Perdón —se disculpó Seishu—, nos emocionamos porque creímos que...

—No lo mencionen —se masajeó la sien, negando con la cabeza—. ¿...Cómo nos fue hoy?

Al cambiar el tema, Kokonoi comenzó a sacar el fajo de billetes que habían ganado ese día y le entregó lo que le correspondía, dando por terminada su incómoda conversación. Seguido de eso escucharon a otras personas presentándose así que finalmente se rindieron, los tres se sentaron en la pequeña silla juntos, con ella en el medio.

—¿Ya no estás enojada? —inquirió Seishu, apoyando su cabeza en el hombro de la menor.

—No...

—Eso es bueno —Koko sonrió, enredando un mechón de su cabello en uno de sus dedos—. Tenemos buenas noticias para ti, conseguimos una nueva tarima para que te presentes. 

—Hm, sobre eso... Hay algo que debo decirles primero —comentó, dando comienzo a una segunda conversación incómoda.

Ya que sus shows eran parte de los ingresos de ambos debía hablar con ellos sobre sus nuevas limitaciones debido a su estado.

—Sólo porque confío en ustedes... Es sobre mi salud.

—¿No te vas a morir o sí?

—Si necesitas dinero para el hospital —la acarició Koko con una mirada preocupada—, me tienes a mí.

Ella suspiró porque sabía a quien estaba viendo él.

—No me voy a morir, Sei, todavía —rodó los ojos y le dio un pequeño beso en la cicatriz—. Y gracias, Koko, pero en serio necesitas dejar de actuar como si fueras una billetera humana.

El pelinegro iba a decir algo sobre eso cuando le llegó un mensaje.

"Ven a esta ubicación,
encontramos una rata..."

Miró a los otros dos en silencio, no llevaría a Inui, haría esto sólo.

.

.

.

Takemicchi miró en silencio al hombre de Black Dragons que Kisaki había comprado. Sorprendido.

—No te preocupes, aquí nadie te va a delatar —le dijo Kisaki—. Así que, ¿lo sabes? 

—Sí. ¿Quieres información sobre los movimientos del jefe, no?

—¿Los movimientos de Taiju? —inquirió Chifuyu.

—Sí... Si queremos vencer a los Black Dragons, necesitamos información sobre Taiju —replicó Kisaki—, lo que hace en un día cualquiera, dónde está, qué hace y a qué hora. Así tendremos una idea general de con qué estamos tratando.

Takemicchi asintió.

—Conocer a tu enemigo hace más fácil derrotarlos —explicó Kisaki—, ¿no es así?

—Ya veo.

—Soy uno de los asistentes del jefe así que estoy familiarizado con eso, pero... En primer lugar, el jef... ¡¿Eh?!

La puerta se abrió en par tras la patada del pelinegro, quien sonrió a gusto de verlos juntos.

—¡¿Qué pasa, hm?! —se burló, ingresando al lugar—. ¡Aquí huele a rata!

—Koko-kun...

 Kisaki chasqueó la lengua. 

—¿Qué demonios? Ya nos descubrieron —se quejó Chifuyu.

—Aw, hombre —Hanma se rió.

—Nuestra última rata lo pasó muy mal, ya sabes, no soportó el peso... ¿Creo que se suicidó? —se puso pensativo. El topo intentó aclarar que estaba equivocado—. Es tortura para ti. Llévate a esta mancha de aquí —ordenó a los otros dos que iban con él, quienes se lo llevaron arrastrado sin rechistar pese a los gritos de súplica—. ¡Ahora! ¿Cómo debo lidiar con esto...?

Miró a los cuatro de la Toman en silencio, ¿qué estaban intentando hacer?

—No estamos aquí para pelear —dijo Kisaki.

—Cien mil —fue lo único que dijo Koko.

—¿Eh? —Takemicchi no entendió.

—Por cien mil les diré lo que quieren saber, bastardos —sonrió de lado.

Takemicchi no lo podía creer, Kisaki tomó el dinero y se lo entregó.

—Quiero saber cuando Taiju está solo.

—El jefe nunca está sólo, siempre tiene cinco soldados con él... Excepto por un día —comentó. 

—¿Y eso cuándo es? —inquirió Kisaki.

—En navidad —dijo.

Quería volver rápido.

—Pese a su apariencia, el jefe es un cristiano devoto, todos los años va a rezar a la iglesia en navidad... Sólo —enfatizó—. Siempre sólo.

—Ya veo.

—¿Eso es todo? —Koko estaba algo molesto de haber interrumpido su ¨cita¨ por esta estupidez.

Al menos había conseguido cien mil, intentó calmarse. 

—Sí, es suficiente —afirmó Kisaki.

—El jefe es fuerte incluso estando solo... ¿Creen que ustedes cuatro pueden ganar? No puedo esperar para navidad —tarareó. 

—¡¿Por qué traicionas a Taiju-kun?! —preguntó Takemicchi.

¿También sería capaz de traicionar
a Hanna y la Toman por dinero en el futuro?

—Me gustan los tipos fuertes, es todo —sonrió—, si quieres saber más, serán otros cien mil.

Takemicchi se quedó observando cómo se iba en silencio. 

.

.

.

—Estoy en contra de esto —murmuró Chifuyu—. ¡No tenemos que unir fuerzas con Kisaki, Takemicchi! Nosotros dos podemos hacer esto solos.

—¿Realmente podemos? —preguntó.

Chifuyu lo agarró de los hombros y lo sacudió. ¿Acaso no era consciente de lo que significaba? Él le había contado lo que pasó en el futuro, ¡Kisaki era su enemigo! Ahora que sabía todo lo que sucedió....

—¡Es el hombre que asesinó a Baji-san y a Hinata Tachibana! ¡El tipo que enloqueció a Hanna y llevó a la Toman a la mierda! —le gritó—. ¡¿Acaso no lo sabes o qué?!

—¡Claro que lo sé! —lo apartó—. ¿Qué se supone que hagamos, hm? ¿Matar a Kisaki? ¡No podemos hacer eso! Lo que sí podemos hacer es hacer que Kisaki deje la Toman y detener a Hakkai de matar a Taiju.

Tomó una bocanada de aire.

—¡Yo tampoco quiero unir fuerzas con el bastardo de Kisaki, pero si lo hacemos podríamos aprender algo acerca de él y descubrir cómo expulsarlo de la Toman! —gritó—. No quiero...

Se detuvo un momento. 

—No quiero ver otro mal futuro para nosotros... ¡Si es necesario trabajaré con Kisaki, así que por favor, Chifuyu, ayúdame con esto! —murmuró.

Chifuyu lo miró un rato. Luego de escuchar sobre el futuro estaba algo traumado con todo.

—Ah, diablos... Parece que este año tampoco tendré suerte en navidad con las chicas —suspiró.

.

.

.

Takemicchi estaba tratando de procesar de nuevo la información, no sólo había hecho equipo con Kisaki y Hanma para detener a Hakkai en navidad.

Si no que...

También se había enterado que Hinata conocía a Kisaki desde la primaria. Trató de verle el lado positivo a la situación, al menos ahora conocía la historia de cómo Hinata se había enamorado de él...


—¡Estoy caminando sobre el sol! —sonrió. 

En menos de cinco minutos se detuvo al recordar que Hinata lo había citado en nochebuena en el parque Umishita, donde recordaba se supone que le terminaría, pero frunció el ceño.

—Eso es cien por ciento imposible —murmuró.

Él no terminaría con Hinata,
eso era una estupidez.

Hanna vio a Takemicchi, otra vez hablando solo. Bueno, esta vez al menos ya no estaba desquitando su frustración con una piedra. Sonrió al recordar eso.

—Hanagaki-kun...

Pero lo olvido tras encontrar los ojos del pelirosa al otro lado de la calle, se tensó enseguida, no se veían desde el día del cumpleaños de Baji.

—¡¿Eh, Naoto?! 

—Encantado de conocerte, Hanagaki-kun —el adulto sonrió—, soy el padre de Hinata y Naoto... Masato Tachibana.

Hanna, que estaba a punto de burlarse de Takemicchi por hablar solo, se quedó quieta al escuchar al hombre.

¿Uh? Un encuentro incómodo entre
suegro policía y nuero pandillero... Yeah, nope..
Definitivamente nunca estuve por aquí.

Giró sus talones y se fue por donde venía. Hinata les había contado que su padre era policía en algún momento de sus salidas, era una mala combinación.

—¿Qué haré hoy?

Caminó en silencio un rato, observando las calles. Como Ryoko no estaba por su trabajo, ella había decidido salir, no le gustaba estar sola en esa casa desde que Keisuke... Frunció los labios.

Cómo te extraño,
mi amor.

—Me estoy aburriendo...

Su teléfono sonó entonces.

Moshi, moshi?

—Date la vuelta —fue lo que escuchó.

Hanna giró hacia atrás para ver al par de Black Dragons en su ropa de calle, con una expresión neutra, Koko colgó la llamada con una sonrisa. Ella parpadeó.

—¿Y bien? —arqueó la ceja—. Ven acá, cariño, vamos de compras. 

—Ah... ¡Hai! —sonrió. Se acercó a ellos en un momento y los tomó de los brazos, haciéndose en el medio.

Como en los
viejos tiempos.

De algún modo creyó que no los vería en un buen tiempo tras la incómoda conversación en el bar, pero al parecer la querían más de lo que dejaban ver. Le agradó saber que, al menos sin sus uniformes, eran los mismos chicos que conocía de antaño. 

—Oigan —ambos se voltearon a verla—, ¿sabían que están en promoción en la zona de juguetería?

—¿Quieres un juguete? —preguntó Seishu, inocentemente.

—¿Qué tipo de juguete? —inquirió Koko, viéndole sugerente.

Sus mejillas se tornaron rojas.

—My, my, hablaba de juguetes para niños —le codeó—. Koko, ¡ecchi!

—¿No pueden ser ambos y ya? —se alzó de hombros, despreocupado.

Ella sonrió.

—Sólo vamos a verlos, príncipe tonto.

—¿Es necesario que los veas en promoción...? —inquirió—. Sabes que puedes pedirme lo que quieras.

—Ya te dije que no eres una billetera humana —le codeó de nuevo, esta vez con más fuerza—. Lo voy a tomar igual, pero me ofende muchísimo, ¿okay?

Koko y Seishu soltaron una carcajada, negando con la cabeza, mientras caminaban. Mentalmente agradeció que los dos chicos estuvieran ahí porque desde la muerte de Baji no soportaba estar sola en esa casa, aunque parecía pequeña antes... Ahora parecía enorme.

Porque en esa casa
vivían puros recuerdos.

—¿Ya sabes que ponerte ese día? —preguntó Seishu—. Vas a cantar en nochebuena, ¿no?

No sólo recuerdos, aún quedaban todas las fotografías en cada rincón de la casa y la imagen de Keisuke le hablaba de vez en cuando. Había demasiado espacio desde que él no está.

Keisuke, daría todo
lo que fuera porque...

—Ah...

Se dio cuenta que estaban esperando su respuesta.

—Probablemente algún vestido que encuentre en el closet —le restó importancia. 

Seishu y Koko se detuvieron, mirándole seriamente.

—Por supuesto que no —el rubio hizo sonar sus tacones en el suelo al frenar en seco.

—Inaceptable —secundó el pelinegro con una mirada dudosa.

Ni siquiera estar con Kira-chan y Peke J le ayudaba a pasar el frío trago de la tristeza que dejó Keisuke. Por si fuera poco no se había atrevido a hablar con Manjiro en ese tiempo así que también había dejado de ver a Emma y los muchachos de la Toman.

.

.

—¿Qué estás viendo, Mikey?

—Kenchin...

Draken siguió la mirada del rubio hasta ver a Hanna junto a dos chicos desconocidos caminando de los brazos mientras iban de compras, hizo una mueca, seguro que Mikey se estaba haciendo historias en la cabeza. Ya habían pasado por eso antes, se masajeó la sien, qué dolor de cabeza.

—Hanchin no me ha hablado en mucho tiempo —murmuró—, incluso se presentó sin decirme.

—Hm... Creo que está tratando de poner una pared entre la Toman y ella —comentó, metiéndose las manos en los bolsillos—. La muerte de Baji la dejó muy mal, ¿sabes? Creo que quiere hacer su duelo lejos de nosotros.

—¿Por qué haría eso?

—Quizá porque vernos le recordaría a Baji —le abrazó por los hombros—, ¿por qué no intentas acercarte tú? Siempre esperas a que ella venga por ti, ¿acaso no tienes piernas para caminar?

—¿Y si me echa?

—Hm, le das un tiempo y vuelves a buscarla —aconsejó—. Ven, ¿por qué no vamos a comprar algo de comida? Oí por Emma que a las embarazadas les gustan los dulces, compremos unos para Hanna y se los damos en nochebuena. ¿Sí?

—¿Dulces? —a Mikey le brillaron los ojos.

—Son para Hanna —bufó—, bien... También compraremos unos para ti. ¡Tsk, eres un niño!

—Gracias, Kenchin —agradeció con una pequeña sonrisa.

—No hay de qué, venga, vamos ya.

Mikey asintió y comenzaron a caminar en el sentido opuesto donde habían visto la pelinegra.

.

.

.

Nochebuena.

—Hanna, cariño, unos chicos guapos te vinieron a buscar —la señora Baji se acercó a ella con parsimonia e ingresó al cuarto—, dicen que te acompañarán a tu presentación. ¡Oh, mírate! 

La vio sonreír con los ojos aguados a través del espejo, Hanna se volteó con una pequeña sonrisa. En un mundo deseado, Hanna creía sinceramente que de haber tenido una mamá a su actual edad se sentiría algo como su relación con Ryoko.

Mamá...

No pudo evitar recordar los tiempos en que su madre y Ryoko mantenían juntas. Ryoko fue una buena amiga para su madre desde que se conocieron e incluso lloró en su funeral.

—Tu madre estaría orgullosa de verte hoy.

No, su madre no estaría
nada orgullosa de ella.

Aún así sonrió con los ojos cristalizados. Ryoko supo que seguramente estaba pensando en eso, incluso cuando Keisuke se esforzó tanto por borrar sus heridas... Fue tan fácil para Hanna recaer.

—Te ves hermosa, cariño —la abrazó con fuerza, dando leves palmaditas en su espalda—. Sé que Keisuke estaría de acuerdo y estaría feliz de ver que te vas a presentar en una gran tarima esta vez.

—Sí...

Hanna se presentaría por primera vez en una tarima al aire libre, Koko había conseguido que la dejasen cantar en un evento grande que preparaban cada nochebuena.

—Estoy nerviosa.

—Haha, no te preocupes, sé que lo harás genial —le aseguró y entonces recordó algo—. ¡Espera aquí! Te tengo algo que te hará más feliz todavía.

Hanna la observó irse y miró de vuelta al espejo, por un momento pudo jurar que vio a Keisuke atrás de ella sonriéndole mientras le decía que estaba hermosa.

—Mi nena hermosa...

Ella tragó fuerte y se volteó asustada, solo para encontrarse a Ryoko entrando con una pequeña caja de regalo color rojo aterciopelado.

—Ten, ábrelo —se la entregó en las manos con mucho cuidado—. Keisuke lo compró con tres meses de antelación porque era el último que quedaba, dijo que sería su regalo de navidad y para no extraviarlo, me pidió que lo guardara.

¿Tres meses?

—¿Qué...? —Eso sonaba como Keisuke, sonrió.

Al destaparlo se encontró un hermoso collar con un símbolo musical de dije, era hermoso. Tan hermoso que Hanna lo usaría sólo en ocasiones muy especiales.

—Ven, te ayudo —lo recibió y la hizo voltearse al espejo. Hanna miró en silencio cómo el reflejo de Keisuke detrás de ella sonreía mientras le ponía el collar, tenía que estar enloqueciendo—. ¿Ves? Te queda espectacular, Keisuke tiene buen ojo para estas cosas.

—Sí —afirmó con una mueca de tristeza.

Escuchó que tocaron la puerta de su cuarto y se volteó, Ryoko le explicó que había dejado que sus amigos entraran, vio a Koko e Inui viéndole con una sonrisa de medio lado. 

—¿Estás lista?

—Sí...

Sus ojos fueron a Keisuke de nuevo, sintió su estómago moverse, sin saber si era su tristeza o el mini Baji.

—Ya estoy lista.

¿A dónde fueron las promesas de un futuro juntos? Keisuke le dijo que podía tener una nueva familia con él cuando le contó sobre su familia, pero ahora... Le había perdido sin ver su familia completa.

Qué destino cruel.

—Muy bien, debemos irnos ya porque quieren hacer pruebas de sonido y todo eso —le explicó.

—Ah, sí, por supuesto —se agachó para recoger su bolsa y miró a la señora Baji entonces—, perdón por no pasar nochebuena contigo, Ryoko-san. 

—Descuida, cariño, este es un gran avance en tu carrera musical —le puso la mano en el rostro con cariño—,  escogiste una carrera que involucra muchos sacrificios. Sólo recuerda comer bien y tomar mucha agua, mañana iremos al templo. ¿Okay?

Ella asintió, poniendo su mano sobre la de la mayor antes de besarla. Se despidió también de Kira-chan antes de sonreír y dejar el lugar con el par de Black Dragons, Koko había pedido un taxi que los llevaría hasta el parque donde se presentaría, mentiría si dijera que no estaba nerviosa.

Kei, dame fuerza,
dame fuerza, mi amor.

.

.

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