04: Almuerzo Real
–¿Y...?
–¿Y qué?
–¿Qué te vas a poner para tu cita con Clay?
Macy quitó su vista del espejo para mirar a Lena, quien tenía una sonrisa casi idéntica a la del gato de Alicia en el País de las Maravillas.
–Lena, ya te he dicho como cinco veces que no es una cita– dijo Macy, y se volteó de nuevo.
–¿Entonces por qué estás tan nerviosa?
–No estoy nerviosa.
–Pues tus manos dicen otra cosa– aseguró Lena, a lo que Macy miró sus manos.
Ella tenía la mala maña de jugar con sus manos o con un mechón de cabello cuando estaba nerviosa, y como Lena la estaba ayudando a arreglarse el cabello, estaba jugando con sus manos.
–Odio que me conozcas tan bien, Lena– murmuró Macy aun mirando sus manos.
Tuvo que mirarse al espejo otra vez al sentir el jalón de cabello de parte de su mejor amiga, quien le estaba haciendo una trenza de raíz para luego ponerle la peluca. Ese día tenían un almuerzo con la familia de Lena y la familia de Lance, por lo que tendría que estar con su faceta de "princesa".
Se le hacía un nudo en el estomago con tan solo pensar que ni siquiera estando con los padres y hermanos de sus mejores amigos podía mostrar su cabello y sus ojos naturales, simplemente porque sus padres tienen el vicio de decir que "el rojo es el color de la brujería" bla, bla, bla.
Tan sólo quería que el día pasara lo más rápido posible para ir... A lo que sea que fuera a hacer con Clay.
–Soy tu mejor amiga del mundo mundial, Macy, ¿Qué esperabas?– dijo Lena, con su típica sonrisa.
Diez minutos después, Macy ya estaba con su peluca, sus lentillas y su pomposo y brillante vestido de princesa, el cual consideraba completamente innecesario, y estaba yendo con Lean al jardín del palacio, donde sería el "almuerzo real" por así decirlo. Al llegar al jardín, ambas vieron la gran mesa frente a ellas, donde estaban sentados sus padres, los padres y la hermanita de Lance, y el rubio arrogante sin remedio.
Ambas se fueron a sentar: Lena frente a la hermanita de Lance, Isabella, o 'Izzy' como prefiere que le digan, mientras que Macy se sentó frente a Lance; ya sabía las intenciones de la ubicación de cada persona en la mesa.
–Se tardan un poquito más y me muero de hambre– dijo Lance, exagerado como siempre.
–Cierra la boca, Richmond– dijo Macy, con una sonrisa fastidiosa.
–Bien, a lo que estamos todos reunidos aquí– habló el rey Ferrer –Tenemos que ir pensando los detalles de su boda.
Las miradas de todos se dirigieron al rubio y a la pelirroja, quienes estaban como si nada. No era la primera vez que mencionaban el tema, y no sería la última, pero siempre trataban de hacerlos ver que era completa y totalmente innecesario ese estúpido matrimonio. Que fueran dos de las familias más importantes del reino no significaba que sus hijos tengan que estar casados.
Como antes, completa y totalmente innecesario.
–Papá, en serio, ya hablamos de esto– dijo Macy, mirando a su padre –No hay necesidad de un estúpido matrimonio.
–Mac... ¡Digo! La princesa Amanda tiene razón– se corrigió Lance.
Claro que aun así recibió un pisotón de parte de la princesa, por lo que tuvo que disimular su expresión de dolor.
–No pueden obligarnos a casarnos sólo porque sí, no es tan simple– él continuó.
–Además, apenas tengo 16. Que me casara con Lance, o con cualquier otro chico, no significaría nada ya que no voy a ser reina hasta cumplir los 21– agregó Macy.
Macy vio a sus padres y a los padres de Lance pensar por un momento; momento en el cual Lance aprovechó de quejarse con Macy por el buen pisotón.
–No era necesario que hicieras eso– murmuró Lance.
–Estabas a punto de decir mi nombre real, idiota, y sabes que mis padres no quieren que nadie lo sepa– murmuró Macy.
–Y te lo merecías por engreído– Lena se metió en la charla de susurros, ganándose una mala mirada de Lance y una risilla de Macy.
–Eso es cierto.
–Muy bien, ya lo he decidido– habló el rey Ferrer, a lo que los tres adolescentes regresaron a la realidad y lo miraron –Dentro de dos días será el Baile de Otoño, y si ningún chico te desposa ese día, te casarás con el joven Richmond.
Macy tuvo que aguantarse las ganas de rodar los ojos. Después dicen que la caprichosa es ella, ¿no?
¿Por qué siempre la solución para todo era un matrimonio? Así fue como la guerra de hacía treinta años había terminado: el príncipe de Knighton, el padre de Macy, y la princesa del reino vecino, o sea la madre de Macy, fueron obligados a casarse como un tratado de paz entre ambos reinos aun teniendo 18 años. A la final no fue tan malo para los dos porque con el tiempo se fueron enamorando.
Sólo faltaba que casarse para arreglar un problema se volviera una ley.
Y lo más absurdo de todo es que este matrimonio por conveniencia que querían planear para Lance y Macy ni siquiera era por problema, sino por puro capricho de las dos familias.
–Como digas, papá– Macy suspiró.
El día siguió como si fuera un día cualquiera; luego del almuerzo, los reyes tuvieron que atender algunos asuntos del reino, y llevaron a Macy con ellos. Literalmente ella casi se duerme por tanto aburrimiento. Cuando volvieron al palacio, Macy se fue a su habitación con la excusa de que iba a dormir, ya que eran casi las 9:30 de la noche, pero en realidad iba a cambiarse para salir.
Lo primero que hizo al entrar a su habitación fue quitarse la peluca, las lentillas, el vestido y los incómodos tacones que sus padres la habían obligado a usar. Buscó en las repisas que había en la parte superior de su enorme e innecesario vestidor y de ahí agarró una caja algo grande, la bajó y buscó en ella. Sacó lo que iba a ponerse y regresó la caja su lugar.
Se vistió con unos jeans azul claro, un suéter rojo con tachas doradas de los hombros a los codos y sus converse rojas favoritas. Se peinó un poco y cuando se aseguró de que no había nadie cerca, salió de su habitación por la ventana de esta, tal y como lo había hecho la noche anterior.
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