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-¡¿Podrías explicarme qué hago corriendo como loca?! -Julia logró escapar de mi agarre y se detuvo en mitad de la calle, respirando con lentitud y recuperando el aire perdido.
-No, ya lo hice y no pretendo repetir lo dicho. Si no me escuchaste es tu problema; yo te dije que me prestaras atención. -La chica pareció recordar el suceso, y mientras lo hacía comencé a andar hacia mi casa.
-Entonces... ¿Harás algo con lo del chico ese? -Asentí distraída y ella corrió hasta mi lado, ignorando todo el cansancio que antes demostraba.
-Julia, no lo dije antes por la posible reacción de Angie; pero que conste que en cuanto estemos juntas y en privado le contaré. -Me detuve para comprobar que íbamos por buen camino y aproveché el momento para cambiar un poco el tema-. No me puedo permitir que destruya aquello por lo que he luchado tantos meses, aunque al hacer esto deba tragarme el orgullo.
Por suerte Julia entendió mi forma de hablar, pues sería demasiado engorroso tener que explicarlo todo. «Al fin y al cabo si lo digo de ese modo es por algo.»
-Eve, ahora enserio, ¿qué pretendes hacer?
-Jugar a los espías.
(...)
Cuando por fin pude ver la puerta de mi hogar corrí hacia él, notando tras de mí el paso rápido de Julia y no perdiendo en ningún momento la vista de la puerta. Toqué tres veces y pasé en el momento que tía Olivia abrió.
-Cariño, llegas pronto. ¿Ocurrió algo? -Negué sonriente y me giré a esperar la llegada de Julia, la que no tardó apenas unos segundos-. ¡Hola Julia! Cuanto tiempo... Mándale saludos a tu madre de mi parte.
La morena asintió con gentileza, agitando su melena rizada y sonriendo; haciendo que su rostro se viera inocente y dulce.
-Lo haré señorita Hicks. -Mi tía se tapó las mejillas, evitando mostrar ese sonrojo que siempre aparecía cuando la llamaban "señorita". Agitó con vergüenza el paño que llevaba en la mano y nos obligó a subir a mi habitación.
(...)
Me senté en la silla de escritorio mientras Julia lo hacía en el puf a mi lado, quedando ambas frente al ordenador.
-¿Y cómo pretendes "jugar a los espías"? -La chica formó comillas con sus dedos al mencionar el juego, gesto que me hizo reír con levedad.
-Primero necesito la lista de las chicas, y sé que la tienes guardada en el móvil; así que ve sacándolo. -Julia sacó al segundo el aparato, y tras buscar la lista comenzó a enumerar los nombres-. Quiero buscar información sobre todas ellas, y si hace falta observaremos sus encuentros con LED para poder tachar las "conquistas".
La morena asintió convencida, y no dudó en buscar toda la información que almacenaba de su época en el periódico escolar. Si no fuera por ella no me habría enterado de nada con respecto al chico; un gran problema si me pillaba desprevenida.
-La primera, según el periódico, es Leila Adams. Atendiendo a mis informes de la lista ella es la ex-capitana del club de vóley; y ahora solo participa en partidos de vez en cuando -La chica leía con lentitud la información, dejándome el tiempo justo para apuntarlo todo-. Por lo que se ve, tras ser expulsada del equipo dejó parte de sus amistades y se encerró en una pequeña cápsula. La chica es linda para algunos, pero ha demostrado su nulo interés por ellos en numerosas situaciones.
-Y será la primera víctima de LED... -Giré en el sitio intentando pensar una buena manera para enterarme de todo sin llamar la atención.
-Todo esto suena como un asesinato, siento que nos lo tomamos demasiado enserio; o al menos tú. -Julia me señaló con su dedo índice, y tras imprimir toda la información junto a una foto me pasó el folio-. No es demasiado, pero tampoco es que podamos conseguir algo parecido a un expediente. Además, si llegara a conquistarla rápido nada de esto serviría.
-No me importa eso Julia... Esto es algo más grande que las tonterías ocurridas con anterioridad. Presiento que este chico nos lo va a poner más difícil -Colgué el papel en el gran corcho de mi habitación mientras hablaba, y tras eso lo observé por varios segundos.
Leila parecía normal, una chica cuyo rostro no sería el más recordado entre una multitud. Cabello oscuro y piel morena, herencia de sus familiares mexicanos. Salvo un destacado lunar bajo su ojo izquierdo nada en ella sobresalía; hecho que para mí es una bendición.
-¿En qué piensas? -Julia se acercó por mi espalda, y me giró rompiendo el contacto visual que antes mantenía con la imagen.
-En cuanto la envidio... Es decir, estaría tan bien no ser nadie. Sin vergüenzas, cuchicheos a las espaldas o rumores infundados. Ser simplemente yo.
-Bueno, la vida quiso que tu fueras conocida. Muchas chicas lo darían todo por tener tu fama, no la odies; aprovéchala. Seguro que nos viene bien, y si no, pues siempre te quedará el poder decir que fuiste popular.
-Antes me ahorco a presumir de lo que fui; que estupidez. Antes era una idiota, que pensaba que para ser alguien debía avergonzar a otros y vestir... así. -Me abracé con ambos brazos y tirité de miedo al recordar varios "conjuntos" de mi antigua ropa. «Si es que a eso se le podía llamar ropa.»-. Quemé la mayoría, y lo que no daba dolor a la vista lo doné... Todavía no sé cómo podía llevar esas cosas, y ahora no me despego de mis sudaderas.
Ambas reímos con fuerza y, por suerte para mí, pasamos así casi toda la tarde.
-¡Charlie! -Grité a todo pulmón cuando divisé el coche de mi amiga aparcado cerca del semáforo.
Mis piernas estaban entumecidas del frío que azotaba al pueblo, y maldije el comienzo de noviembre mientras mis zapatos se mojaban por la nieve caída.
-Te tardaste mucho, un poco más y huyo sin ti. -La chica estaba apoyada junto a la ventanilla, sacando su mano enguantada y haciendo aspavientos con ella.
Por mi parte ignoré su intento de amenaza y me subí al auto, recibiendo al segundo una calurosa bienvenida de sus hermanos.
-Hola Eve -Ambos, Chad y Andy, me saludaron con un lindo gesto de manos sincronizado; ya practicado por los gemelos.
-Hola chicos, ¿qué tal? -Charlie suspiró agotada, y agarró con fuerza el volante; usándolo como muñeco anti-estrés.
-Para un día que me libro mis "queridos" hermanos también se tenían que quedar en casa. Y no tenían nada más divertido que molestar a su hermana. -Ambos chicos alzaron sus pulgares con orgullo, provocando una contagiosa risa multitudinaria.
-No tuvo que ser tan malo, suerte tienes de no estar sola; eso si que es horrible. -Suspiré agotada y me dejé caer en el asiento, observando la luz roja permanente del semáforo frente a nosotros.
-No Eve, fue peor que malo. Pero ya pasó, y yo hay ganas de rememorar hechos así que mejor conduzco. -La azabache no dudó un segundo en pisar el acelerador, justo cuando la luz verde nos dio la salida.
-Bien, guárdalo para ti si quieres, pero no ahogues tu furia en el pobre pedal. El no tiene la culpa, y yo tampoco. -Agarré el cinturón entre mis manos cuando trazamos una curva con demasiada velocidad, y por el retrovisor ví como los gemelos se divertíam. Ambos levantaban los brazos a cada curva, y gritaban: "Wiiiii" todo el maldito tiempo.
-Llegamos -Charlie fue la primera en salir, bajando de un salto y provocando un ruido hueco al caer sobre una tapa de alcantarilla.
-No sabes cuanto echaba de menos tus caminos mortales al instituto; sobre todo cuando mi vida corre riesgo. -Escupí esas palabras con todo el sarcasmo que pude, pues mis piernas eran gelatina por su culpa.
-Ñoñerías, tampoco fue para tanto. ¿Cierto? -Chad y Andy bajaron de un salto, igual a su hermana, y ambos sonriendo sin aparentar malestar; frescos como una rosa.
-Eso es por vuestra sangre, la adrenalina corre por vuestras venas -La acusé apuntándola con mi dedo índice, cosa que la chica respondió inclinándose.
-No puedo negarlo, amiga -Su mirada azulada se posó sobre mí, y ambas reímos a la vez. Despedimos a los gemelos y avanzamos juntas hacia las puertas de la secundaria.
-Pero para sumar eso hay q... ¡¿Qué ocurre?!
Charlie me iba explicando los problemas de física cuando señaló al frente, donde un montón de alumnos se agolpaban formando un gran corro.
-Ni idea, pero me temo lo peor... -Ambas nos miramos, y avanzamos entre el tumulto.
Estábamos a punto de llegar al corro cuando este se abrió, y de él salió una chica corriendo entre lágrimas. No pude ver bien su rostro, pero el nombre que sonaba entre los cotilleos me era demasiado familiar. «Ya ha empezado... Habrá que tachar a Leila.»
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