🎃Capítulo Único🎃
La oscuridad enmendaba en todo su esplendor, a la vez que el aire fresco revoloteaba los adornos que decoraban las sencillas al igual que a las lujosas casas que se encontraban en aquellas frías calles repletas de gente disfrazada de manera ridícula. Las risas energéticas de los niños era lo que más destacaba del aquel abrumador y extraño ambiente;que era acompañado por la felicidad y tranquilidad que llegaban a demostrar los adultos.
Pero detrás de esa absurda y estúpida celebración con apariencia inocente, se ocultaban verdades inquietantes que la gente no tenía idea de su existencia. Las almas en desdicha, seres oscuros y demonios aparecían al acecho de almas que saciaran su interminable hambre con el lujurioso sabor a venganza y odio.
Era lo mismo cada año...
Era la conclusión de William T. Spears, que exasperado tallaba su cíen con absoluto cansancio e interminablemente abrumado por toda la cantidad de trabajo en el que se encontraba envuelto. Su ya de por sí aburrida rutina diaria era demasiado para alguien como él, y esta fecha tan aburrida al igual que ajetreada; sólo le causaban dolor de cabeza y estrés.
—Maldición... — Amargo se quejaba la parca negra en lo alto de un techo de una común casa.
La fría noche era testigo del exceso de trabajo en el que se encontraba envuelto el shinigami. Por alguna extraña razón en fechas como éstas, más gente muere debido a los accidentes que se presentan por la imprudencia de la sociedad que se deja llevar por el tentador y exquisito sabor del alcohol, hasta por caer de manera absurda en algún charco de cualquier líquido. Cualquier cosa podría suceder.
El silencio del shinigami se vio interrumpido gracias los pasos apresurados de cierta "dama" pelirroja, que corría con bastante prisa a las espaldas de William, este sabía las intenciones que el otro tenía por lo que en un breve movimiento se hizo a un lado, haciendo que el otro se golpeara en la cara.
—Argh, Wiruu~.— Adolorido se quejaba el shinigami pelirrojo, que tallaba su frente con dolor.— ¿Cómo eres tan capaz de tratar así a una dama tan hermosa cómo yo?.— Reclamaba poniéndose de pie.
La apariencia de Grell había cambiando un poco a lo largo de los años que han pasado desde que el Conde Phanthomhive se dio se por desaparecido de manera sospechosa, al igual que su demoníaco mayordomo.
Este ahora portaba una coleta de caballo que era aún más larga que antes, y ahora usaba unos tacones rojos brillantes de punta aguja de considerable altura, sus labios eran pintados con gloss sabor cereza.
—Grell Sufcliff, que momento tan inoportuno para aparecer.— Estresado, William miraba de manera fría a Grell.— Sin contar que está perdiendo el tiempo ahora que estamos saturados de trabajo.
— Hmmh...~, me encanta que siempre seas así de frío. — El dios de la muerte de manera erótica se rozaba contra el perfecto traje negro que portaba el azabache, a la vez que acercaba su rostro con intenciones que no pasaron desapercibidas para el azabache.
Dicho acto lo único que provocó fue molestar aún más a la parca de apariencia apática; William trató de conservar la calma soltando un largo suspiro.
— Grell Sufcliff.— Serio hablaba.— Le pido de manera atenta que no intervenga en mis labores y enfoquese a los suyos.— Decía mientras se acomodaba sus lentes.
—Tsk...— Indignado, Grell se alejó de William para marcharse a hacer sus respectivas recolecciones de almas.
William T. Spears por su lado también disponía a irse después de aquel bochornoso encuentro con él contrario shinigami.
Ya en una cierta distancia entre Grell y William, el pelirrojo volteó y enfocó su mirada en aquel que ha sido su amor platónico durante años; sin duda aquel hombre le volvía "loca".
—Hey, Wiruu~.— Llamó.
El recién mencionado volteó, y en un acto involuntario acomodó sus gafas. Sucesivamente, ambas miradas verdosas se encontraron entre sí.
—"Feliz noche de brujas~".— Grell; coqueto como siempre, esbozó una divertida sonrisa y lanzó una mirada un tanto cómplice a la vez que seductora. De algún este acto fue un simple comentario por parte de Grell, pero de plano lo dejó desconcertado.
William aún desconcertado, se marchó de aquél lugar.
*
La puerta de su pequeño hogar abrió paso a la parca negra que a decir verdad, se sentía más cansado y desgastado que en siglos anteriores.
Su casa era muy sencilla y tan descolorida cómo la personalidad de el serio dios de la muerte, simplemente su casa reflejaba el aburrimiento que llevaba a cuestas a lo largo de su inexistencia.
— Ahh...— Un suspiro triste salió de sus labios agrietados, a pesar de no percibir demasiado el frío que la noche azotaba, su cuerpo involuntariamente reaccionaba a los diversos cambios climáticos.
Caminó hasta su sala, con toda la calma del mundo retiró su saco negro que no tenia ninguna arruga. Con pesadez se sentó sobre un bello sofá de color vino aterciopelado, estiró su brazo hacia la mesa de centro para agarrar una cajetilla de cigarros mentolados completa, después tomó un encendedor de color negro.
Entre sus dedos enguantados acomodó un cigarro, y con el encendedor lo prendió. Puso el cigarrillo en su boca, aspiró el humo para después soltarlo suavemente. Mientras que con la otra mano aflojaba su tensa corbata que le daba el porte de elegante.
¿Cuando fue la primera vez que probé mi primer cigarrillo?.— Pensó William mientras observaba el cigarro en su absoluta soledad.
Eran las 2 AM de la madrugada y apenas hace un rato Spears había terminado su agotador trabajo, aumentando las horas extras. De verdad que le urgían unas vacaciones…
Su cansancio era tanto que sus párpados comenzaron a pesarle; como se sabe los shinigamis pueden de vez cuando pueden tomar una relajante siesta que los libre de todo el estrés que todo el trabajo implica.
Comenzó a cabecear y recargó su cabeza en un costado del mueble aterciopelado y se acomodaba en su calientito y cómodo sillón.
Poco a poco cerraba sus ojos, hasta que todo se volvió negro.
**
El azabache confundido se encontraba en una enorme habitación que estaba rodeada de puertas de diferentes tamaños y de distintos colores. A la vez que plumas negras flotaban a lo largo del frío viento que parecía soplar de manera siniestra en aquel misterioso lugar.
William con detenimiento y confusión evidente observa su alrededor de manera curioso e instintiva. Con sigilo y duda se acercó a una puerta de color carmesí que tenia grabado la fecha "31/10/xxxx" que traía cierta familiaridad a la parca. Con el "pulso" acelerado tomó la perilla y despacio la giraba hacia la derecha.
Su sorpresa al abrir la puerta fue encontrar solamente en medio de la oscuridad una pistola tirada en un charco de sangre y pequeñas gotas rojas regadas a lo largo del piso al igual que la pared. Sólo se lograba apreciar eso...
Algo en los adentros de Will le gritaba conocer ese momento, pero su mente se cerraba a no ser nada de lo que estaba sucediendo. Así que sólo con brusquedad azotó la puerta, provocando un enorme eco en aquel sombrío lugar donde sólo se colaba luz de manera desconocida.
El shinigami trataba de mantener la cordura y seriedad que siempre le caracterizaba. Pero en el fondo se sentía inquieto y desconcertado.
Siguió caminando observando el resto de las puertas, pero una en específico le causaba demasiado intriga, púes esta tenía una apariencia elegante y estaba aún más rodeada de plumas negras.
Con cautela la abrió...
El asombro era notorio en la cara del shinigami. En el cuarto sólo se mostraba un escritorio viejo y maltrado, al igual que una silla que rechinaba de lo desgastada que estaba.
De la nada una sombra comenzaba hacerse presente en silla vacía. Un escalofrío recorrió todo la espalda de la parca negra, de repente el aire aumentó de velocidad al igual que de frío. La curiosidad y el miedo crecía de manera considerable, era como si de repente extrañas sensaciones le invadían todo su ser. A paso dudoso, se adentraba a la profundidad de aquel cuarto sombrío.
Una vez dentro, la puerta a su espalda se cerró por si sola emitiendo un rechinido bastante aterrador e irritante que ponía los pelos de puntas. Will volteó de manera brusca hacia la puerta sobre saltándose.
— Que mala educación la tuya...—
Habló de repente una vez que sonaba lejana haciendo que William espantado buscara de manera frenética buscando tan joven voz que pereciese conocer de alguna forma.
El shinigami trataba tranquilizarse y convencerse a si mismo de que fue un producto de su ya alterada consciencia.
—No fue tu imaginación, yo estoy...— La psicofonía volvió a hablar adivinando los pensamientos de William.— ...justo atrás de ti.— Susurraron cerca de su oído.
William aterrado volteó hacia su espalda, mientras que se hacía presenta el ser que recién le estaba hablando. La figura de un joven era la que aparecía ante él.
— Conde Phantomhive...— Susurró William un poco más calmado, aunque no del todo.
—Podría decirse que algo así...— A pesar de tenerse frente a frente, su voz sonaba un tanto lejana.
La apariencia de ese ser era una viva estética de Ciel Phantomhive, a excepción del color carmín que en sus cuencas profundas desbordaba, su cabello ahora era más oscuro y daba la apariencia de ser suave, el fantasma - por así decirlo - portaba un traje de seda color rojo con detalles negros, sus uñas igual destacaban en medio de esa oscuridad, púes eran negras pero desbordaban brillo.
—Podria explicarme la razón de por qué estoy aquí.— Pedía el shinigami que yacía en su postura seria de nuevo.
— Eso no me incumbe decírtelo.— Sonreía arrogante la presencia.— Aunque la verdadera interrogante es, ¿tú que haces aquí?.
— Quisiera de igual forma saberlo.— Acomodaba sus lentes, su paciencia se estaba agotando.
—Ese es el problema, nunca sabes realmente donde te encuentras.— William iba a renegar, pero "Ciel" no se lo permitió.— siempre vas vagando dependiendo de tu trabajo, y no sólo me refiero a eso; sino que también no sabes que es lo que quieres de ti. Es ahí cuando te encierras en tu mal humor y soledad, sin permitirte abrirte a los demás. Y a todo esto, preferiste encerrarte en tu propio mundo y desahogarte en tus propios métodos... — Juzgaba sin tacto aquella presencia, mirando fijamente al shinigami; al cual había dejado sin habla, con los brazos cruzados.—...cigarros, ¿ es enserio? Patético...
¿Cómo era posible que un simple niño viniera de repente a decirte tu realidad así como si de un juicio se tratase?
— Se equivoca.— La insolencia de aquél le molestaba bastante.
—El equivocado eres tú.— Sentenciaba el aparecer espectro del Conde. — Bien, el tiempo se acaba. Es hora de que te marches.
—¿¡ Qué se supone que— Fue interrumpido.
Aquella presencia se le lanzó encima, y con fuerza tomó el mentón del dios de la muerte, pegando con brusquedad sus frentes. "Ciel" le observaba con una mirada totalmente aterradora, sus ojos carmín brillaban en un tono púrpura, y despacio abría su boca mostrando unos colmillos filosos, sus labios formaban una sonrisa retorcida que mostraba la diversión que le causaba el saber el destino del shinigami.
—He dicho, que te marches.— Su rostro reflejaba el éxtasis que le hacia sentir el miedo de William, saber que de esta no salía ileso simplemente le hacía sentir bien, sin duda el día de brujas era aterrador y con secretos ocultos.
Spears con horror sentía como el aire del que no dependía se le escapaba de los pulmones. Sus iris verdes se abrían con asombro, ¿cómo de un momento para otro se volvió violento esa cosa de la cual ya dudaba en confiar?
—Al aparecer ya captaste, ¡ahora vete!.
Y como si por parte de magia se tratase, aquel escenario frente a sus ojos desaparecía como si un chasquido de dedos hubiera controlado aquello.
***
Exaltado despertaba en el mismo sitio en el cual se había quedado dormido, sus manos temblaban y su pulso era totalmente descoordinado, su frente se aperlaba de sudor frío.
Con brusquedad se incorporó de su lugar y disponerse a ir por un vaso de agua. Sin duda, el trabajo lo estaba volviendo loco...
Vaya fue su sorpresa al percatarse de que no estaba solo. Algo desde la sombras de la cocina le miraba atentamente, era una mirada brillosa que le miraba fijamente.
William al darse cuenta de aquello, del asombro retrocedió torpemente hacia atrás, tropezando con sus mismos torpes pies para después caer de sentón sobre el piso.
Aquella cosa salió de donde se encontraba dejando ver a alguien tan conocido y familiarizado para Will.
— ¡Grell Sufcli—
—Te equivocas.— Salió por completo aquel monstruo dejando ver la viva imagen de Grell Sufcliff, solamente que no era Grell como tal.
Se mostraba a un pelirrojo con ojos carmín que de sólo verlos cualquiera quedaría encantado por su tentador color y vibra que estos provocaban. Las puntas de su cabello eran negras y sus dientes parecían estar más puntiagudos de lo normal. Su vestimenta era tal cual de una bruja, sombrero puntiagudo de color morado y desgastado, un vestido largo y esponjoso con terminaciones verdes. Y por último unas botas con puntas largas y ridículas.
William iba a hablar cuando fue interrumpido por el pelirrojo.
—Si quieres explicación alguna, estás a nada de comprenderlo todo.— Serio hablaba la presencia.—No te culpes de todo lo que está pasando ahora, todo es causa del pasado que creiste haber olvidado, pero no es así. Después de haberte suicidado tus memorias fueron arrebatas de alguna forma, que egoísmo...
— ¿Qué se supone que deba hacer?.— Estresado alegaba.— ¡Maldición, sólo quiero despertar!
Un silencio abrumador inundó aquel sitio en el que se encontraban, sólo se escuchaba la respiración agitada del shinigami que no entendía nada de lo que estaba sucediendo.
El simplemente cayó dormido, ¿por qué esta pesadilla parecía real?
—Como gustes...— "Grell" hablaba serio y sin rastro de emoción alguna.— Sólo como recomendación, es mejor resignarse en algunas ocasiones.
—¿Qué?.—
Un hoyo se formó debajo de él, haciéndolo caer hacia el vacío que este se dirigía. Ni tiempo Will tuvo para poder reaccionar.
La pesadilla continuaba...
****
C
on dificultad trataba divisar en donde se encontraba, sólo una luz que provenía de donde se había hecho el hoyo. Con pesadez se ponía de pie para salir corriendo o intentar despertar.
Con frustración estampó su puño cerrado contra el suelo frío en el que se encontraba.
—Sea Bienvenido a la verdadera pesadilla.— La figura de un mayordomo negro aparecía delante de él.
—¡Maldito Demonio!.
Con una sonrisa sínica se alagaba el infernal mayordomo que yacía siglos que se había marchado de la faz de la tierra por ordenes de su amo demoníaco.
— Me hace sentir alagado el cómo describes mi naturaleza.— Cortés y divertido decía Sebastian Michaelis.
—¿Todo esto es obra tuya, cierto?.— William de plano dejó de lado su educación y compostura ante la situación extraña en la que estaba enredado.
—Tienes toda la razón, el ser condenado a permanecer toda la eternidad atado a un contrato es algo sumamente odioso y algo a lo cual mi estética como demonio no está acostumbrada.— Ambos se miraban mutuamente, William miraba con sumo odio al causante de toda esta pesadilla, mientras que Sebastian sólo sonreía divertido.— Y que mejor manera de divertirse un rato con alguien tan obstinado como tú, una inexistente tan aburrida y monótona.
Los ojos de Sebastian brillaron fuertemente y su sonrisa se tornó en malévola. Y plumas de cuervo aparecieron de la nada inundando el sitio. William se sentía asqueado consigo mismo al darse cuenta de que tenía razón un desquiciado demonio y todos los espectros a han estado atormentándole desde que se durmió.
-Es hora de mostrarte mi verdadera forma.—
Fue entonces cuando William se dio cuenta de los desdichados que eran los demonios. Sin duda hubiera deseado no haberse quedado dormido, para evitar quedar en el borde de la cordura y la locura...
FIN
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