SONIA Y MARKKUS
Sonia y Markkus se habían conocido accidentalmente una helada tarde de otoño, cuando la carreta en la que ella viajaba había sido atacada por una jauría de lobos. El trabajador que la acompañaba había muerto mordido por los fieros animales, y luego de atacar al hombre, habían fijado su atención en ella, estaban a punto de atacarla, cuando Markkus y su hermano Jean aparecieron y la socorrieron antes que corriera la misma suerte que el desgraciado hombre. Curaron las heridas que tenía y luego la llevaron a su casa.
Los lobos no habían atacado la carreta al azar, los animales ni siquiera eran del todo animales. Eran hombres lobo, los primeros de su especie y conocidos solo por la familia Leppala. En la carreta no debía haber estado viajando la muchacha, sino su hermana mayor, ella había sido el blanco original, pero por alguna razón las cosas no habían salido como habían sido planeadas.
Cuando llevaron a Sonia a casa, sus padres y sus hermanas se asustaron muchísimo al verla herida e inconsciente, y cuando supieron los detalles del accidente todo fue peor. Agradecieron a los dos hombres por haberla salvado de una horrible muerte. Los invitaron a quedarse en su hogar por unos días como agradecimiento por lo que habían hecho por la menor de la familia. Los Hilden quedaron encantados con los valientes hombre, sin embargo después de un par de días había algo en ellos que no le gustaba a la familia de Sonia, especialmente a su hermana mayor, al conocer a los hombres los saludo y agradeció por haber ayudado a su hermana, luego se retiró a su habitación y desde ese momento no salió más si ellos estaban cerca, solo salía cuando los hombres estaban fuera de la casa recorriendo los alrededores con sus padres, o en cualquier otra parte lejos de ella.
Kirya era especial, había algo único en ella, pero ni siquiera su familia estaba enterada de ello, la mujer sabía lo que pasaría si se llegaba a saber su secreto.
Markkus no apartó los ojos de la dulce e inocente Sonia en ningún momento, y ella lo miraba disimuladamente cada tanto en tanto y se ruborizaba al encontrarse con su intensa mirada. Ella tenía apenas diecisiete años y él tenía veinte, aunque se veía un poco mayor. Su hermano Jean solo los miraba, pero no decía nada, veía la desaprobación en el rostro de la familia de Sonia.
También se había dado cuenta al igual que Markkus, que Kirya se ocultaba en su cuarto cuando ellos estaban cerca. Esto solo les dio a entender que sus sospechas sobre la mujer eran ciertas.
Bajo estas extrañas circunstancias inicio el romance de Markkus Leppala y Sonia Hilden.
Él la visitaba cada tantas semanas, luego un día a la semana, y después de un año sus visitas eran casi diarias. Nadie de la familia Hilden se sentía cómoda al lado de Markkus y su familia, y a nadie de la Familia Leppala le caía bien Sonia y su familia.
Ambas familias habían compartido en varias ocasiones, pero estas reuniones jamás habían terminado bien. Con el tiempo la relación entre ambas familias fue cada vez peor. Pero a pesar de todo aquello, la relación de los enamorados siguió adelante y después de tres años, decidieron casarse y no tomaron en cuenta las críticas y la negativa de ambas familias para aceptar su unión.
Después del matrimonio, Markkus llevo a vivir a su esposa a la casa que había heredado de su abuelo.
Desde que él y Sonia llegaron allí, la hacienda Leppala se convirtió en la más importante y reconocida de la región. Markkus a pesar de su juventud hizo florecer los negocios familiares, convirtiéndose así, en un hombre muy importante y poderoso.
Solo Jean, el hijo menor de los Leppala era cercano a la casa de Markkus, visitaba seguido la hacienda, y se hacía cargo de los negocios cuando Markkus debía viajar.
La pequeña Ary llego al mundo en esta época de prosperidad y felicidad.
Vivió como una princesa desde el día de su nacimiento. Era la luz de los ojos de su padre, Markkus la trataba como si ella fuera un tesoro invaluable, y él lo era todo para ella. Su padre era perfecto y el más amoroso que pudiera existir, y Su madre era un Ángel de bondad, y la única que sabía cómo calmar el fuerte temperamento de su padre y hacerlo reír sinceramente.
Sonia y Markkus eran totalmente opuestos y sin embargo se llevaban de maravillas, se entendían y se amaban como muy pocas parejas lo hacían.
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