🦚🐝Capítulo 18🐝🦚


Chloé se despertó cuando su alarma empezó a sonar, la reencarnada soltó un gruñido de molestia, no le gustaba levantarse temprano, tampoco le gustaba recordar que se tenía que levantar a aquella hora para ir al colegio, algo que odiaba.

Le diría a Jean que inventara una excusa creíble para no ir al colegio, había sido suficiente con ir una sola vez, ahora iba a disfrutar de sus privilegios de tener una cuchara de diamantes.

Se cubrió mejor con la manta y se acurrucó contra la cálida almohada que había estado abrazando, era realmente cálida y los sonidos de latidos acompañados con la tenue respiración la hacían relajarse, invitándola a adentrarse una vez más al país de los sueños...

Un segundo.

El cerebro de la rubia fallo momentáneamente, ¿Desde cuándo las almohadas eran cálidas, respiraban y tenían latidos?.

Se apartó y arrojó lejos la manta que la había estado protegiendo del frío, al hacerlo se quedó de piedra, procesando lo que estaba pasando frente a ella.

Félix estaba en su cama.

Dormido.

Se llevó las manos al cabello, jalando sus mechones rubios, tratando de encontrar en su mente algún recuerdo en el que le diera permiso al Graham De Vanily de dormir con ella...

El Fathom se removió cuando la manta dejo de cubrir su cuerpo, estiró su mano derecha y busco la manta, queriendo cubrirse del frío una vez más, al no encontrarla, abrió un poco los ojos y se quedó de piedra cuando sus ojos grisáceos de cruzaron con dos pozos azules que brillaban con confusión.

Cierto...

La noche anterior había sido restringido por Chloé y se había quedado dormido en sus brazos.

—...Me iré a preparar...— Dice la reencarnada, que huye hacia el baño, dejando solo a Félix.

Se encerró en el baño y empezó a caminar de un lado a otro, ¿Por qué Félix estaba en su habitación? ¿Habían dormido juntos?... ¡Oh, no! ¡¿Y si Félix se quejaba por sus pésimos hábitos de sueño?! Solía moverse mucho al dormir, en su vida anterior era algo que su hermana mayor le había remarcado varias veces.

Esperen...

¿Por qué le preocupaba que Félix dijera cosas sobre sus hábitos nocturnos? ¿No debería estar enojada por qué él estaba en su habitación? ¿En su cama?...

Pero no lo estaba.

En realidad, se sentía muy avergonzada, pensando en las miles de cosas que pudo haber hecho mientras estaba dormida, ¿Y si había hablado dormida? ¿Si dijo algo vergonzoso sobre que pensaba que el Graham De Vanily era atractivo y tenía una sonrisa hermosa? ¿Y si había dicho cosas sobre su mundo de origen? ¡Estaba realmente jodida!.

La rubia empezo a caminar en círculos por el baño, pensando en que debía hacer o decir.


🍯🔸🐝🔸🍯


Félix se levantó de la cama cuando Chloé corrió presurosa hacia el baño, en los ojos de la Bourgeois solo había ansiedad y rechazo.

Salió de la habitación, cuando la puerta se cerró tras él, cayó de rodillas y empezó a derramar lágrimas de arrepentimiento, si tan solo hubiese estado más atento, Chloé no lo habría atrapado, no se habría envuelto en aquella situación incómoda que lo hacía verse como un pervertido que entraba en las habitaciones de las señoritas dormidas.

Chloé no lo odiaría.

Se llevó una mano al pecho y empezó a sollozar, las lágrimas fluían libremente como una cascada, su corazón dolía, dolía mucho.

Hasta el momento las cosas habían ido bien, ambos se habían hecho cercanos, habían vuelto a tener aquella amistad que tuvieron en el pasado, donde solo eran ellos dos contra el mundo, pero ahora...

Posiblemente Chloé le quitaría el Miraculous del Pavo Real y le pediría que no se le volviera a acercar, que volviera a Londres y no la buscará nunca más.

Porque ya no serían amigos.

Fue el momento en que la ilusión quedó completamente destrozada.

Todo el sentido del mundo fue borrado y quedó sumido en la oscuridad.

El rubio se cubrió el rostro y siguió sollozando en silencio, había perdido todo por su ineptitud, ¿Por qué Chloé creyó en él en primer lugar? Era un inútil, un incompetente.

—¡Félix! ¡¿Qué te sucede?! ¡¿Por qué lloras?! ¡¿Le sucedió algo a la señora Amelie?!— La voz de la Bourgeois hizo eco en la sala.

La reencarnada se apresuró a ir donde el Graham De Vanily, algo realmente malo debió haber sucedido para que él se pusiera así, ¿Sería la señora Amelie? ¿Ella tuvo algún accidente? ¿Había enfermado? ¡¿Qué podía ser?!.

Se arrodilló ante él y lo tomo por las mejillas, se veía tan lamentable, tan pequeño y frágil, contrario al porte frío y estoico que siempre solía mostrar.

—Chloé... Por favor... No me abandones...— Suplico el Fathom, aferrándose a los brazos de la Bourgeois.

—¿Abandonarte? ¿Por qué haría algo así? ¿Tuviste un mal sueño y por eso estás así?— La pesadilla debió ser realmente fea para que Félix estuviera así de sensible. —Escúchame bien, Félix Fathom Graham De Vanily, no te voy a abandonar, nunca lo haré, ¿Por qué abandonaría a una de las personas más importante de mi vida? Te quiero mucho, Félix—

El Graham De Vanily tomo a la rubia por las mejillas, los ojos azules de la Bourgeois brillaron con cariño y compasión. 

La mano izquierda del Fathom se deslizó lentamente hacia la nuca de la Bourgeois, atrayendola más hacia él, pronto las respiraciones de ambos se combinaron, el corazón de la reencarnada latía desbocado en su pecho, los engranajes de su cerebro se movían rápidamente tratando de procesar lo que sucedió.

Félix unió sus labios a los de Chloé. 

Él la beso.



Chat Noir quedó estático, observando desde la terraza el como su primo besaba a Chloé, quien no lo apartó de ella, en lugar de eso, le devolvió el beso.

El Agreste había venido una vez más a ver a Chloé, quería darle el mensaje que no le pudo dar la noche anterior debido al inesperado ataque de aquellas abejas, que ni siquiera supo de dónde es que salieron, porque era tarde en la noche y se supone que las abejas descansan cuando es de noche, pero aquellos pequeños insectos polinizadores que lo atacaron el día anterior, estaban bastante activos.

Apretó los puños y se quedó allí, observando el como su primo besaba a su amiga de la infancia, ¿Desde cuándo Félix la amaba? ¿Desde cuándo Chloé lo amaba a él? ¿Por qué jamás se enteró?...

Sin poder seguir viendo aquella escena, el héroe felino saltó del balcón, usando su bastón para alejarse lo más que pudiera del hotel.

Esperaría a la hora de la escuela para hablar con Chloé, le preguntaría porque ya no quería ser su amiga, le pediría una explicación del porque parecía tan malditamente cercaba a su primo.

Tan cercanos que compartían saliva.

Soltó un gruñido y llegó a la mansión, deshizo la transformación y tomo su mochila, Plagg se metió dentro de su bolsillo, permaneció callado, desde el día anterior el Kwami estaba así, solo comía, pero no le dirigía la palabra a su portador.

El Agreste salió de su habitación y bajo las escaleras, al pie de estás se encontró con Nathalie, quien parecía tensa.

—¿Qué sucede, Nathalie?—

—Tu padre está indispuesto el día de hoy, tuvo un colapso debido a tanto trabajo, así que por el día de hoy no tendrás sesión de fotos— Dice la Sancoeur. 

—¿Mi padre colapso? ¿Él está bien? ¿Puedo verlo?—

—El señor Gabriel está bien, Adrien, solo necesita descansar. Le di unas pastillas para dormir— La mujer se ajusto los lentes. —Lo verás al volver del colegio, quizás para entonces este despierto—

—Esta bien...—

El Agreste menor siguió caminando, saliendo de la mansión y subiendo al auto.

Cuando quedó sola, Nathalie se dirigió hacia la cocina, busco en las alacenas y saco un paquete de galletas de arroz, tomo una y se la ofreció al pequeño Kwami que estaba en su bolsillo, debido al colapso, Gabriel había renunciado temporalmente al Miraculous de la Mariposa y le pidió a ella que lo cuidara.

—Gracias, señorita Sancoeur— Agradece Nooroo, dándole una mordida a la galleta.

—Puedes decirme Nathalie, estaremos juntos un tiempo...— Dice la mujer, que sale de la cocina y va hacia su oficina, donde empezó a hacer su trabajo de secretaria.

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