Capítulo 8
¡Sorpresa! No me pude resistir =D
Legolas estaba en brazos de su padre en silencio, mirando hacia la pared sin verla realmente. Ni siquiera se daba cuenta de que su hermano le atendía la herida en la parte posterior del cuello, pero de vez en cuando se miraba las manos, buscando la magia inexistente.
A Thranduil se le empañaron los ojos de lágrimas y se le hizo un nudo en la garganta al ver la condición en la que estaba su hijo pequeño.
"¿Legolas?" –lo llamó.
El príncipe alzó la vista hacia él, con el rostro inexpresivo y la mirada vacía. Le habían arrebatado una parte de su alma, dejándolo desconcertado.
"¿Estoy muerto, padre?" –preguntó suavemente.
Thranduil miró a los ojos sorprendidos de Keldarion. Esas eran las primeras palabras de Legolas después de que le quitaran la piedra.
"No, Legolas. Estás con nosotros, no en las Salas de Mandos" –Thranduil le acariciaba la cabeza con ternura.
"Entonces, ¿por qué me siento muerto? –se miró las manos otra vez-. No hay nada. No siento nada."
Thranduil sacudió la cabeza con tristeza y abrazó a su hijo más fuerte. Los últimos eventos se repitieron en su memoria. Qué equivocado había estado. Y Legolas era quien había sufrido por ello, pero siendo tan fuerte y tenaz, su hijo lo había soportado todo sin descomponerse. El príncipe se quedó dormido poco a poco y Keldarion suspiró.
"¿Va a sobrevivir, padre? Le han quitado una parte tan vital de repente que temo que se rompa en pedazos" –dijo en voz baja, mirando a su hermano.
"No lo permitiremos. Le debemos mucho –Thranduil miró a su alrededor con disgusto-. No puedo creer que siga teniendo estas mazmorras. ¡Debería haberlas destruido hace milenios!"
"Bueno, seguro que nunca imaginaste que un día acabaríamos aquí –bromeó Keldarion, haciendo que su padre sonriera tristemente. El príncipe heredero terminó de vendar la herida del cuello de su hermano con un trozo de tela que había arrancado de su manga y se puso en pie, para luego agarrar los barrotes de la celda, observando el exterior húmedo-. ¿Recuerdas cuando Legolas se perdió aquí de niño?"
Thranduil se rio en voz baja todavía con su hijo en su regazo.
"¿Cómo podría olvidarlo? Todo el reino estalló en el caos, buscando por todas partes al enano. ¡Ahí es cuando dije que cerraría este agujero!"
"Pero no lo hiciste –Keldarion sacudió la cabeza. Entonces afinó el oído cuando escuchó gritos en otra parte de las mazmorras-. ¿Qué está haciendo? Nos ha derrocado pero ahora tortura a nuestro pueblo. ¿No ha tenido suficiente?"
"Es el mal. ¡No se detendrá hasta que su corazón deje de latir! –dijo Thranduil con los dientes apretados-. ¡Y juro que seré yo quien la mate cuando salgamos de esto!"
"Ponte a la cola, padre. Es mía. Podrás matarla cuando haya acabado con ella –Keldarion se encogió cuando volvió a oír gritos-. ¡Valar! ¡Odio sentirme tan impotente! –apoyando la frente contra los barrotes, murmuró-: Cuando salgamos de esta, cogeré a esa perra y..."
"¿Y qué, príncipe Keldarion? –Arulin apareció de repente seguida por su ejército de orcos. No tenían ni idea de cómo es que obedecían sus órdenes. Ella se fijó en el odio que emanaba de Keldarion al mirar a las feas criaturas-. ¿No apruebas mi elección de mis sirvientes? Muy mal, mi príncipe. Me parecieron leales y fuertes, y son muy buenos soldados. Quieren complacerme y obedecen todas mis órdenes –luego miró a Thranduil-. ¿Te gusta tu nuevo dormitorio? Acostúmbrate a él. Estarás ahí el resto de tu vida. Tienes suerte de que no te mate, pero prefiero que te consumas en este lugar lamentable. ¡Me lo pasaré muy bien mientras tanto! Ahora mi padre descansará en paz."
"¿En paz? ¡Por Elbereth! ¡Arderá en el infierno por su traición! –gritó Thranduil-. ¡Al igual que lo harás tú, malvada bruja!"
La cara de Arulin se retorció, mostrando una expresión asesina.
"¡Pagarás por eso, Thranduil! –entonces le hizo una señal a los orcos-. ¡Coged a su bebé!"
Thranduil palideció.
"¡¡¡No!!! –gritó, aferrándose a Legolas con todas sus fuerzas. Keldarion se interpuso, intentando proteger a su hermano de los orcos que estaban abriendo la celda para precipitarse al interior-. ¡Detén esta locura, Arulin! ¡Ya tienes lo que quieres!"
"¡Apártate, Keldarion! ¡O te enviaré antes de tiempo con Mandos!" –gritó Arulin.
Keldarion vio cómo varias flechas le apuntaban al corazón, pero hizo caso omiso y se lanzó hacia adelante. Sin embargo, no pudo escapar de una de las flechas, que le dio en el hombro y lo lanzó contra la pared.
"¡Keldarion!" –Thranduil miró a su hijo herido con los ojos como platos.
Keldarion hizo una mueca y se arrancó la flecha, enojado.
"Estoy bien, padre. ¡No podemos dejar que se lleven a Legolas!" –no sabía qué planeaba Arulin, pero tenía que evitarlo.
En este punto Legolas se había despertado y parpadeó, aturdido por el escándalo. Los orcos lo agarraron por los brazos, mientras que su padre se aferraba a él, protestando a gritos.
"¡Suelta a tu hijo, Thranduil, o te cortaré el cuello!" –gritó Arulin, apretando una daga contra su cuello.
"¡Que así sea!" –gruñó Thranduil.
Entonces miró a los ojos plateados de Legolas.
"Vas a venir conmigo o de lo contrario mataré a tu padre."
Legolas lo miró y vio la daga en su cuello, que ya le había hecho sangre. Sonriendo con calma, dijo.
"Suéltame, padre. Estaré bien –era mentira, y todos lo sabían. Legolas le apretó el brazo-. Por favor, padre. Déjame ir. No quiero verte morir por mi culpa."
La punta de la daga se clavó un poco más en el cuello de Thranduil, el cual aflojó su agarre a pesar de lo que le dolía hacerlo.
Sacaron a Legolas de la celda desde que su padre lo soltó y Thranduil dejó caer los hombros en signo de derrota al no haber podido proteger a su hijo. Keldarion envolvió los brazos alrededor de su desgraciado padre, sin poder contener sus propias emociones agitadas.
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