22. Desenterrando recuerdos

Si pudiera buscar palabras para identificar el cómo se sentía en este momento, no podría buscar una sola, porque su mente no estaba en el aquí y en el ahora.

Los ojitos de Mark derramaban lágrimas mientras lloraba en silencio, con la mano derecha acariciando el rostro de Youngho, con la mano izquierda dándole pequeños mimos en su cabello, con un hombre apoyado en su pecho escuchando su corazón como la única manera de mantenerse tranquilo.

Aquel oligarca ruso, tiburón de negocios, uno de los hombres más ricos del mundo, aquel a quien tantos temían y quien tanto juzgaban como a un tirano, estaba reducido a esto, alguien que no podría estar respirando bien de no ser por el amor, la contención y la paciencia de quien se había convertido en su novio.

Abajo en la sala de estar había tenido una crisis muy fuerte, había llorado tanto que creyó que se rompería la garganta o que caería a un vacío sin retorno, puesto que las palabras de su hermano daban vueltas junto a imágenes de su infancia-adolescencia. Pero ahora estaban en la habitación de Mark, con las luces apagadas, con el tarareo de su voz como una canción de cuna que lo cobijaba.

—Ella no pudo haberme hecho tanto daño, ella no es mala —si se lo repetía, quizás lo creería firmemente— Ekaterina no es una mala persona.

Mark podría enfadarse, pero no lo hacía, puesto que la negación era normal para alguien que había sido manipulado. Quién juzgara a Youngho por lo que decía, no entendía nada de la psicología.

—¿Por qué razón no es mala? —susurró.

—Porque... —pensó lo suficiente para buscar una palabra— ella no me haría daño, ella me adora, ella ha estado siempre para mí y... yo me daría cuenta.

El menor sintió su corazón hacerse añicos mientras más lloraba en silencio. Maldita perra psicópata, lo había jodido en lo más profundo de su ser para crear un ser dependiente y eso no hacía más que acrecentar la culpa, por haber juzgado tan mal al ruso, por no haberlo sabido antes.

—Vas a hablar cuando estés listo y te sientas cómodo, solo quiero que sepas una cosa —Youngho levantó la mirada, tenía los ojos y pestañas húmedas, vulnerabilidad en su máxima expresión— voy a protegerte a como dé lugar, porque siempre estaré a tu lado, y no hablo como un guarda espaldas... lo digo porque te quiero.

"Yo también lo hago... mucho".

---

Hay cosas que se pueden solucionar.

Como el caso de Gavrel, en la que el equipo de seguridad encargado de vigilar el colegio, por fuera, no tuviera la capacidad de darse cuenta que Shotaro había ingresado como estudiante. ¿Qué habría pasado si no fuera él y el que se hubiera inmiscuido fuera un enemigo con intenciones de hacerle daño?

Grisha Kozlov había despedido a todo el equipo encargado de ese accidente hace 1 mes.

Pero lo de Ekaterina no tenía solución, porque el daño había sido provocado, las consecuencias se estaban reflejando ahora, él como jefe de seguridad había investigado a esa mujer, pero no había encontrado indicios o cosas sobre alguna acusación, pecado o falta, absolutamente nada.

Había fallado en su trabajo, pero más le dolía sentir que le había fallado como mejor amigo a Youngho Stepanov.

En este momento sus ojos estaban fijos en la pantalla sin saber qué hacer, aunque de vez en cuando se dirigían con tentación a la gaveta donde guardaba una de sus armas. Disparar era fácil, darle un tiro en la cabeza a la rusa sería pan comido y extinguiría un problema de la faz de la tierra, pero podía causar todo un tedioso proceso para comprar a la policía y evitar que se cursara una investigación.

Cuando llevó los dedos al tabique nasal para masajear la zona, la puerta de su oficina se abrió. Con lentitud dirigió sus ojos claros a la persona que entraba, alguien con rostro de cachorro mojado, alguien que llevaba en sus manos una taza de té.

Había una mirada en el ruso que no era de enfado ni de sorpresa, pero una mirada intensa hacia el japonés.

—Señor Kozlov, puede beber esto, es té de valeriana, una planta que se utiliza para calmar la ansiedad —empujó la taza con cuidado hacia él— todo esto debe ser... difícil.

—Lo es —olfateó el aroma que la infusión desprendía— gracias, Shotaro.

Bebió lentamente, evitando los ojos rasgados del muchacho, aunque no pudo hacerlo por mucho tiempo porque este se acomodó en la silla frente al escritorio. Había discreción, pero también evidente deseo de entablar una conversación.

—Vengo a expresar mi apoyo absoluto a las decisiones que tome de aquí en adelante, señor, si necesita mi opinión se la daré, si no, la omitiré.

Kozlov sabía que no era momento de pensarlo, pero ¿Es que acaso no se daba cuenta de lo que su voz o su mirada podían causar?

—¿Fallé como jefe de seguridad? Solo... dime la verdad.

—No lo hizo —lo dijo de inmediato, sin quitarle un solo segundo la mirada a esos ojos azulmente intensos— ¿Recuerda que tiene la misma edad que el señor Stepanov? Si esa mujer cometió un delito, lo hizo desde mucho antes que usted creciera... no puede tomar responsabilidad por eso —frunció el ceño— maldición, ni siquiera piense en que es su culpa, señor... por ahora debemos hacer caso a lo que el señorito Gavrel nos diga y darle el espacio a que el señor Stepanov pueda contarnos algo, solo con esa información podremos proceder.

La sonrisa poco amigable de su jefe se hizo presente, alertándolo de sobremanera.

—Dices que me vas a dar tu apoyo incondicional ¿Incluso si creo que el uso de una bala podría ser la solución a los problemas?

Asintió rápidamente, Grisha estaba sorprendido.

—Porque usted tomará la mejor decisión que crea para su amigo.

Cuando intentó moverse para retirarse del lugar, el ruso se paró y sostuvo su mano para llamar su atención. Seguía luciendo afectado, mostrando un lado de sí más sensible, un lado que realmente muy pocos conocían.

—Gracias por el apoyo, y por el té.

El japonés vio aquella mano más grande que la suya cubrir su muñeca y no pudo evitar sentir que sus mejillas estaban enrojecidas. Hace unas semanas, para el ruso sería imposible agradecer a otra persona y mucho menos a él, por lo que se podía considerar como una obligación dentro del trabajo, pero, después de lo sucedido, después que Shotaro volviera a trabajar con ellos y que el mayor pusiera de su esfuerzo por ser "educado", las cosas cambiaron poco a poco.

"De nada, señor Kozlov".

---

Martes 28 de septiembre, al otro día.

El día de hoy cuando el reloj marcó las 9 de la mañana, Grisha Kozlov se contactó con las personas más importantes que trabajaban en las oficinas, para comunicarles que Youngho Stepanov se tomaría un descanso por temas de salud, por lo tanto, cualquier novedad o cualquier situación en la que se requiriera la intervención del oligarca, debían llamarlo a él como el segundo al mando del "barco".

"Mira, Korolev, esto ya se lo comuniqué a la secretaria, el señor Stepanov no tendrá su teléfono disponible para llamados ni mensajes... ni los máximos gerentes de nuestras empresas tendrán el derecho de hacerlo, porque si lo hacen, cortaremos sus cabezas y otro empresario más capacitado tomará su lugar, tú como director de comunicaciones tienes el deber de hacer llegar esa información de forma masiva a cada rincón necesario ¿Entiendes?... sí, eso es, necesito el correo sea enviado a lo más tardar en media hora".

Gavrel había ido a clases porque Grisha se lo había pedido así, no quería que perdiera un solo día en su proceso de escolarización cuando las cosas marchaban bien, pero, antes de que lo fueran a dejar, el adolescente le dio la orden en algo en lo que estaban de acuerdo, Youngho no trabajaría aun así lo quisiera.

Si alguien tenía que tomar las mejores decisiones para él, Gavrel lo haría y lo que consideraba correcto era dejar que su hermano se apartara del negocio por un par de días.

Por otra parte, Mark que había estado duchándose, salió del baño secando su cabello con una toalla pensando que volvería a ver a Youngho durmiendo profundamente, sin embargo, cuando miró hacia las puertas de vidrio, pudo ver al ruso sentado en una reposadera del balcón, envuelto en una manta delgada y observando el cielo con cierta melancolía.

Un poco despeinado, tan simple, pero a su vez tan hermoso, una imagen que podría "beber" todo el día sin aburrirse, de no ser porque había divisado lágrimas caer de sus ojos.

En silencio se acercó a él y, como si el otro lo hubiera esperado, se movió un poco hacia el lado para que Mark se acostara a su costado y contra él, envolviendo ambos cuerpos en la manta para protegerse del repentino frío de los primeros días de otoño.

—¿Quieres hablar sobre lo que pasa por tu cabeza?

—Llegan imágenes a mi cabeza... y me siento idiota y... y quiero seguir llorando —su voz se quebró— porque pienso que fui tan estúpido, pero también porque sigo creyendo que ella nunca me quiso hacer daño.

¿Cuánto daño causado para destruir a un hombre así?

Lo abrazó más fuerte escondiendo la cabeza en su cuello, susurrándole que era un hombre valiente, que tendría toda una vida para recuperarse de lo que fuera que estuviera pasando por su cabeza, que tenía personas que lo amaban y querían por ser él, no por lo que poseía.

Youngho inclinó la cabeza para encontrar la del muchacho, buscó consuelo a través de sus besos lentos, creyendo firmemente en todo lo que le decía, sintiendo su cuerpo fusionado al suyo. No había mujer u otra cosa que se le comparara a él. Mark llegó a su vida para él y nadie le haría creer lo contrario.

—Si... si te cuento lo que recuerdo, no me vas a juzgar ¿Cierto? —después de mucho contacto físico, logró formular una pregunta.

"Jamás lo haría, porque sea lo que sea, eres inocente de ello".

Pasaron unos minutos de silencio, con el ruso apoyando sus labios en la frente de Mark, con la ansiedad jugando en su pecho, con el deseo de gritar y sujetarse la cabeza, pero no lo hacía, todo eso se aplacaba con el solo hecho de tener al menor junto a él.

Media hora en los que solo se sintieron en silencio, el ruso empezó a relatar las cosas que recordaba.

—Besos, manos, palabras... su voz tratando de convencerme de todo... me veo llorando en mi cama, quizás menos de 10 años, quizás... solo 7 años —sintió un escalofrío, se aferró más a Lee— me sentía angustiado, mi padre no estaba para mí, estaba acostado de lado en la cama, Ekaterina se sienta en la orilla de ella mirándome con afecto, preguntándome qué es lo que me sucede, que debo bajar a almorzar —su voz se volvió más rápida y aguda— y luego recuerdo que me está dando abrazos, pequeños besos en el cuello, que está tocando mi vientre, que me dice que soy un niño especial, que luego seré un hombre fuerte y... y... me sentí querido, me sentí bien porque... porque alguien me estaba prestando atención.

Mark, con el corazón destrozado y el deseo de vomitar, se quedó callado, pensando que debía soportar un poco más para no interrumpir lo que sea que el ruso quisiera seguir contando.

Youngho habló sobre algunas ocasiones en las que él mismo le pedía a la muchacha que lo abrazara cuando estaba triste y como Ekaterina siempre acariciaba su vientre u otras partes de su cuerpo. Se había sentido importante para alguien, querido y bonito, creyendo que su niñera era todo lo bueno en la vida.

Por supuesto que le ocultó a la rusa cuando el papel y pluma mágica llegaron a su vida y, por consiguiente, "Spiderman".

Ekaterina, quien había dejado de ser su niñera por ingresar a la universidad, empezó a visitarlo como su amiga, siempre diciéndole lo apuesto que se estaba volviendo, una muchacha que notó sus cambios de humor. Ella no lo sabía, por supuesto, pero Youngho había sufrido lo suficiente por no tener a su lado a ese niño del cual no sabía su verdadero nombre, su voz o su rostro, solo del que admitía para sí mismo lo mucho que lo quería. Unos cambios de humor que se hicieron insoportables al punto que necesitaba canalizarlos con alguien.

—A los 10 años me dio mi primer beso, cuando crecí y fui adolescente a los 16 años, mis hormonas y... frustraciones personales —"Spiderman" — la cosa es que terminamos follando, pero... —balbuceó— algo se sentía mal sobre eso, pero no me importaba, me seguía sintiendo querido y...

A partir de los 16 años, las cosas entre ambos se volvieron más fuertes, la rusa había aprovechado estos cambios para joder con él cada vez que se podía, se metió aun más en su vida en cada ocasión en la que Youngho sufrió con su familia, creando así hasta la edad adulta, una especie de relación de dependencia.

Para cuando el ruso terminó de hablar, estaba golpeándose el pecho mientras lloraba, gritando que era un estúpido y que estaba sucio, porque aún, a pesar de todo, quería creer que ella nunca le hizo algo malo.

Mark no pudo soportarlo más, sujetó el rostro de ese hombre, apoyó su frente y lloró junto a él. Había escuchado lo suficiente como para entender que esa mujer, quien hasta hace poco había estado dentro de este hogar, había cometido atrocidades con un niño desde pequeño, llevándolo a tal punto de manipulación para que creyera que todo era bueno y normal.

Una psicópata, depredadora sexual, un pederasta.

Youngho lloró tanto que terminó agotándose, con dolor de cabeza, con la ansiedad riéndose de él, como si tuviera la mente dividida en dos, una que sabía que había sido abusado y la otra que tenía deseo de creer que Ekaterina era buena persona.

Sin embargo, cuando hubo un momento de silencio, Mark, que estaba apoyado contra su pecho, susurró con la voz entrecortada.

—Cuando esto se solucione, voy a contarte un secreto, para que no creas que eres un tonto... solo alguien inocente.

—No necesitas esperar que se solucione, no tengo solución —acarició el cabello de su nuca con una mano— cuéntame el secreto, Mark —como él no hablaba, el ruso tuvo que bajar la vista, notando las mejillas del muchacho empapadas con las lágrimas que seguían cayendo— "Koshachiy"... ¿Mark?

El otro se aferró más a su cuerpo, como si fuera a caer.

—Voy a luchar para que esa mujer pague por todo el daño que te hizo —susurró— voy a luchar para que se pudra cada día de su maldita vida y hacer justicia por ese niño al que no pude proteger —su voz se quebró— quiero hacer justicia por cada uno de esos niños que fuimos corrompidos.

El rostro del ruso cambió completamente, como si lo suyo pasara a segundo plano y todo lo que le importara realmente estuviera en Mark. ¿Fuimos corrompidos? ¿Primera persona?

"Inicié mi vida sexual en la infancia para poder tener un poco del qué comer".

Youngho gimió abriendo sus ojos mucho más. ¡¿Qué?!

—No quiero dar detalles, no es necesario, no me siento preparado —Marruecos, pobreza, vivir en las calles, un viaje hacia otro mundo, su mayor secreto ¿Cómo podía ser contado? ¿Realmente le creería? — pero esa es la verdad, un... un niño no debe ser tocado de esa manera y aunque... hasta el día de hoy sigo luchando con esos recuerdos, quiero decirte que te entiendo de la más absoluta manera y que cuando te sientas listo, vamos a hacer justicia por esos niños que fuimos y por todos aquellos que no pueden ser protegidos.

Y aunque había querido investigar el pasado de Mark, no había información de él antes de los 17 años, ningún registro, absolutamente nada de indicios.

Imaginarse a un pequeño Mark ofreciendo su persona de la más sucia manera para obtener algo de comida, lo hizo sentir tan enfermo que tuvo que quitárselo de encima para correr al baño y vomitar. ¡Él no tuvo por qué pasar por esas cosas! ¡No era justo! ¡Él no estuvo ahí pasa salvarlo!

Mientras lavaba su rostro, con las pocas lágrimas y fuerza que le quedaban, rompió a llorar de nuevo.

Mark se paró detrás de él, hundió el rostro en su espalda y lo abrazó completamente, hablando solo cuando el ruso pudo detenerse.

"Vamos a hacer justicia".

Las cosas nunca se hacían sin una razón, puesto que, alguien muy sabio creyó que aquellas dos almas cuya inocencia sería arrebatada, necesitaban tener alguien en qué apoyarse, alguien puro y real que lo supiera comprender completamente.

Un papel y una pluma mágica, Mark y Youngho.... Spiderman y Mister Snow.

4 días después, sábado 2 de octubre 2021.

A medida que pasaban los días, la mente del ruso se aclaraba más con recuerdos que su mente, en algún punto de su vida, creyó que era bueno olvidar. Escenas en su cabeza que le causaban mucho asco y ansiedad, cosas que con la fuerza y el acompañamiento necesario pudo contar no solo a Mark, sino que, a su mejor amigo, en parte a su hermano menor y al japonés.

Durante el desayuno de esta mañana en la que estaban los 5 reunidos, el oligarca observó la sonrisa de su hermano ¿Cómo no iba a admirar a ese adolescente que a pesar de tener todo para temer, estaba luchando a su manera para tener su propia identidad? ¿Cómo no iba a aprender de él si el muchacho aceptó estar en terapia después de los abusos de la policía coreana y un intento suicida?

Mierda, no estaba haciendo menos los propios conflictos causados por Ekaterina, pero sí Gavrel estaba luchando por ser feliz, él también podía hacerlo.

Por eso cuando pidió la palabra durante la comida, observó directamente al menor.

—He decidido que me someteré a terapia psicológica y psiquiátrica, por nuestro propio bien... quiero decir, no puedo protegerte si no me cuido a mi mismo y créeme, tengo mucha mierda en la cabeza en este momento —apretó la mano de Mark que acariciaba su rodilla para alentarlo. Gavrel sintió sus ojos llenarse de lágrimas. Youngho frunció el ceño cuando miró a Grisha— amigo... —había dejado de lado un poco la formalidad— no debes seguir culpándote por lo que me sucedió, incluso hasta ahora quiero creer que ella es buena ¿Ves? ¿Cómo no voy a someterme a terapia?

—Lo mismo le dijo al señor Kozlov, que esa perra lleve un delito de forma tan silenciosa, solo la hace más peligrosa, puede que no deje rastros, no debe tomar responsabilidad de ello.

Cuando Shotaro hizo la intervención, Grisha quería pedirle que se quedara callado, porque si seguía tomando esa postura en la que le daba su apoyo, su autocontrol se iría a la mierda en el peor momento posible.

—A lo que quiero llegar y es algo que he conversado toda la noche con Mark, es... que... —tomó aire— mierda, no puedo creer que tenga miedo, pero...

Mark enlazó los dedos con su mano sin que nadie los viera hacerlo, como un ancla, el mejor soporte que había tenido estos días de profunda reflexión y dolor.

—Youngho va a someterse a una terapia de salud mental, porque es necesario, pero también porque sabe que se vienen etapas muy difíciles... necesita del apoyo de todos nosotros —miró a Grisha para hablar con más cautela— señor Kozlov, necesitamos de toda su inteligencia táctica y el uso de los mejores recursos, vamos a interponer una denuncia a la policía por abuso sexual contra Ekaterina Petrova.

El otro no parecía contento, en absoluto.

—¿Por qué gastar de nuestro tiempo en una mierda como ella? Solo dame un par de minutos y boom, un balazo en su frente, un problema menos en este mundo, más oxígeno para los seres humanos.

—No quiero y no puedo permitir eso, Grisha —interrumpió el oligarca— llámame idiota, pero no quiero que la mates, solo... —sus manos temblaron— ya es difícil admitir que abusaron de mí y que expuse a mi hermano teniéndola en mi hogar, solo... quiero que la ley haga lo suyo.

Ni siquiera estaba lo suficiente sano mentalmente como para hacer esto por sí mismo, sino que lo hacía por otros.

Una denuncia que se sabría de forma pública, algo que sería difícil de silenciar, los medios tendrían material por días para hacer festín a costa de esto, algunos rusos creerían que era un "maricón", otros desearían haber sido tocados por una mujer tan hermosa como ella. Pero ¿Qué podía esperar de personas tan ignorantes? ¿No era mejor ser expuesto y hacer justicia, que permitir que Ekaterina siguiera impune por todo esto?

Grisha Kozlov asintió rápidamente.

—Tengo a los mejores hombres tras ella, sabemos donde se encuentra, he manejado tu teléfono y me he hecho pasar por ti diciendo que estás muy ocupado con el trabajo, o cosas para dejarla "tranquila", solo necesito la aproximación necesaria y podré intervenir su teléfono y computador de forma sutil para hacer mi propia investigación.

—Pero siempre podemos romper sus huesos, usted solo díganos, señor Stepanov —Shotaro intervino frunciendo las cejas.

Grisha se levantó rápidamente para ir camino a su oficina, ya no lo soportaba más. Estaba a una intervención más de su parte como para tomarlo de la solapa de su chaqueta, empotrarlo contra una pared y romperle la boca a besos. Maldito pequeño y guapo japonés ¡Basta ya!

---

Esa noche y a pesar de todo el desgaste emocional que estaban viviendo como familia, Gavrel les pidió a todos que compartieran un momento alrededor de una barbacoa circular de piedra que tenían en el enorme patio, para llenarse de su calor, azar un par de comidas y malvaviscos, beber juntos, aprovechar para unirse más.

Era evidente que Shotaro y Mark no eran solo la incorporación más importante de seguridad que tenían como familia.

Mark, por una parte, le había salvado la vida cuando intentó ahorcarse, se había convertido en su amigo, pero también ayudó en el cambio de Youngho al punto de meterse en su corazón, enamorarlo y convertirse en su pareja.

Y por otra, Shotaro era su guarda espaldas personal y mayor confidente, había hecho justicia por un adolescente maltratado, se había perdido, pero volvió con ellos dispuesto a darlo todo. Aunque también estaba seguro que era importante para alguien más.

—Bien, quien saque un papel con una marca dentro de ella, tendrá que contar una historia o iniciar un tema de conversación, lo que sea.

Gavrel estiró las palmas de sus manos con varios papelitos doblados sobre sí mismos, aunque todos eran adultos, parecían estar de acuerdo con hacer estas dinámicas. El frío de la noche, la madera crepitar, las estrellas en el cielo, la comida, todo se sentía tan bien como si todo el drama que vivían se extinguiera por unos momentos.

—¡Youngho saliste elegido! ¡Hermano sacaste el premio mayor! —aplaudió— y bien ¿Tienes una historia o algo de lo que te gustaría hablar?

Había hablado tanto estos días que la sola de idea de seguir haciéndolo le agotaba. Sin embargo, algunos recuerdos, probablemente los únicos que atesoraba con tanto cariño de su infancia-adolescencia, aparecieron en su mente, al punto que le provocaron sonreír.

—¿Creen en las vidas en otros planetas?

Era un tema fuera de lugar, probablemente, algo poco común para todo lo que pasaba, pero, se sentía bien tener unos segundos de esto como cualquier ser humano allá afuera lo tenía.

Comenzaron a debatir con preguntas y respuestas existencialistas. Fue Mark, quien se mantuvo mirando el fuego por un par de segundos, que hizo su acotación.

—Creo que es egocéntrico pensar que somos los únicos en este universo, a mi parecer... no creo solo en ello, también me atrevería a decir que hay más de uno, creo que... podría haber miles —sonrió para sí mismo, mirando su taza de té.

—¿Más de uno? —preguntó el adolescente.

—Por supuesto, de hecho, me sé una historia... sobre un hombre que se enamora de alguien que no existe en su mundo, pero, por alguna razón, no pueden ser felices —le dolió el estomago ¿Cuándo tendría el valor o la oportunidad de hablar con el autor de "El circo de las almas"? Porque la historia no parecía querer continuar, porque había tantas incógnitas alrededor de ello, porque ese hombre había encontrado la manera de sumergirse en el mundo de donde Mark provenía— sin embargo, eso no quiere decir que el otro no exista, simplemente deben buscar la clave para volver a encontrarse.

Grisha hizo un sonido de burla por lo absurdo que sonaba, Gavrel y Shotaro escuchaban encantados como si fuera lo más fascinante del mundo. Solo Youngho tenía los ojos perdidos en el fuego, pensando, de pronto, en la necesidad imperiosa de saber qué le había sucedido al chico del que se había enamorado por un papel mágico.

—A veces ese tipo de historias no tienen final feliz, porque la realidad es cruel —respondió el oligarca con la voz tensa— o porque eres lo suficientemente estúpido pensando que alejas a alguien por su propio bien.

—No importa cual sea la respuesta, Youngho —dijo Mark tratando de sonreír, aunque sentía una profunda pena en su corazón— de todas maneras, solo estoy contando una historia que me dijeron alguna vez... nadie tiene la respuesta de la verdad —suspiró— quien sabe, incluso puede haber ojos sobre nosotros y no nos estamos dando cuenta.

Bebió todo su té, esperando que los demás también contaran o hablaran sobre cualquier tema en particular para que dejaran de prestar atención en lo que habían dicho.

"Sonríen, lloran, viven sus propios dramas, tienen sus propios pensamientos, pero, ninguno sabe que entre ustedes hay alguien que no pertenece a este mundo... y tengo miedo de ello, miedo de enamorarme, miedo de amar tanto a Youngho que, al igual que Jungwoo y Lucas, sufra demasiado si un día el destino decide que volvamos donde realmente pertenecemos".

~~~~~~~~~~

Nota autora;

¿Se viene o no se viene?

Quizás existe una razón por la que Youngho y Mark sienten la necesidad de recordar a Spiderman y Mister Snow.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top