Senda de Cacería.

Sög

Tardé tanto en encontrar ese maldito libro donde estaba Hela, incluso con toda mi paciencia de vetusto se me hacía demasiado agotador buscar en una biblioteca que parecía infinita, incluso el guardián le parecía cansado estar buscando por todo este laberinto lleno de libros que no parecía acabar, incluso estuve a punto de tirar los libros al suelo y recoger el que fuera y quemar el resto.

Ni siquiera esas almas fueron de ayuda, solo se la pasaban volando de aquí y allá hablando en rimas y en palabras rimbombantes que para mí carecían de sentido. Y eso que soy ya un viejo que leyó clásicos como la tragedia del espadachín negro.

Y puedo decir que el tipo ese es el humanejo que más respeto, y deseo que Ansel sea igual de fuerte que él, era tan increíble que mató cien hombres con su habilidad.

Loki que yacía atado a mi espalda comentaba cosas tan tontas como acertijos que tenían que ver con puntos cardinales no iba a entender preguntas estúpidas aun si me la pasara mil años vivo, y claramente no tenía semejante cantidad de tiempo.

"Si buscas donde el sol se despide,

y los cuervos vuelan con la sombra del crepúsculo.Allí donde el viento susurra promesas rotas,¿Hacia dónde marcharías, si tu corazón fuera astuto como el mío?"

—Mira estúpido loquito mago bromista, me dirás dónde está ella porque es obvio que no más no entiendo tus preguntas pijas, dime que dirección está ella o no me digas nada.

—¿Y por qué lo haría? Tenemos tiempo de sobra... El elfo aún está volviendo del polvo y la ceniza y mis lagrimas apenas acaban de ser entregadas al joven nigromante del que tanto te preocupas.

—¡Tal vez porque nosotros lo tenemos, pero mi familia no lo tiene! —Respondí buscando en un libro cuya cubierta de cuero rasposa y casi rota me hizo pensar que Hela estaba ahí, cuando no era el caso. Pero no te mentiré, me hizo reír mucho, me gustó como a ese tipo le cortaban el brazo por aquel perro gigante, el mejor libro de cuentos cómicos que he leído.

—¿De qué te ríes orco? —Pregunta Loki interesado en el libro que tanto me daba risa.

—Ando leyendo una colección de cuentos, deberías de ver como este pendejo de Tyr ofreció su brazo como una promesa a un lobo gigante. Que idiota...

—Él tipo realmente existió y ese lobo era mi hijo. —Respondió Loki un tanto molesto, pero no sé por qué.

—Ajá sí, y yo soy el hijo de Maguruk...

Como sea, tras esa pequeña conversación el guardián ciego apareció, y me dijo que tras descifrar el acertijo de Loki encontró el libro...

El frío cantar del olvido.

Bonito título, no diré mucho porque no estoy en posición de críticar a semejante libro, a pesar de que no es una obra literaria como la que mi especie acostumbra como La tragedia del espadachín negro o las historias acerca de aquel escritor loco conocido en su época como Jack, cuyo libro encapsula muy bien el legado de mi gente, creo que se llamaba ese libro como Las aventuras de Utg'ld el sanguinario.

¡Pero jamás sería tan bueno como el libro de Profeta del Waaagh! Aquel libro a pesar de que lo hemos estado rescatando poco a poco por obra de nuestros chamanes y caudillos que encuentran fragmentos del libro hemos aprendido del maestro Magaruk y como ser fuertes y fieros.

—Oye Loki, ¿cómo saco a tu chilpayate de ahí? No me hagas tener que usar magia porque por supuesto que un orco como yo no sabrá como usar un hechizo, eso son cosas para humanejos que se complican la vida.

—Tranquilo, grandulón. Solo debes de leer una página en particular, una que elegí para ella, fue al azar y casi puedo decir que me dio risa hacerlo.

—¿Encerraste a tu hija en el libro en una página al azar? —Pregunté confundido y bastante enojado tras saber la barbaridad que hizo.

—Digamos que... Necesitaba una cuartada para librarme de algunos invasores, no fue difícil engañarlos y hacerlos creer que todo cuanto hicieron fue por mérito propio...

—Estás loco, ¿cómo puedes hacerle eso a tu hija?

—Fácil, pidiendo permiso... Ella sabía que lo tenía que hacer, pero no le dije el porqué de hacerlo, y eso para mi gusto, es mejor, pues ya ves que él siempre está viendo. Sus huestes siempre nos observan, pero es el que sabe nuestro fin de todo el que más conoce de mí, y sabe que debo un favor, por ello no soy estúpido y no juego a dos bandos con mi lealtad.

—Eres raro... Pero supongo que entiendo.

—Supones, pero no es así. Lee ese libro, que aún queda mucho por hacer.

Hice caso, me dijo una página al azar, no recuerdo el número, pero sí lo que leí, era cuanto menos bonito, no como algo que le leería a mi esposa, pero era cuanto menos interesante de leer:

"Allá en las tierras donde la niebla no cesa,

donde el eco es el único testigo del paso del tiempo,

reina Hela, con manos frías como la noche eterna.

Sus ojos ven el final de los héroes y los reyes,

pues en su abrazo no hay retorno ni gloria.

Sólo el olvido, lento y cruel, canta su nombre en la oscuridad."

Y entonces el libro empezó a romperse, volviéndose una masa negra entre mis dedos, cayendo al suelo para luego de allí salir una jovencita, la mitad era una niña alegre y educada, de fino cabello rubio, y ojos verdes, pero la otra mitad era un cadáver marchito, que apenas mostraba una emoción salvo la calma en el fin.

—Hija mía. Te dije que todo estaría bien... Es hora de que le des a papá sus poderes.

—No. Todavía recuerdo ese día, aún recuerdo como te llevaste a mis súbditos, no creas que estoy muy feliz al respecto.

—Era necesario, hija mía. Tus tíos del Valhalla debían caer, no solo por lo que me hicieron, sino por algo más... Algo que tu no podrías comprender y no deberías de hacerlo. —Comentó Loki pidiéndome que lo bajara jalando la manga de mi abrigo.

—Padre... No, entiendo que todo debe tener un inicio y un fin, pero lo que tu hiciste ese día. Lo que hiciste en mi reino, no puedo perdonarte. Sobre todo, porque afectaste el equilibrio natural entre la vida y la muerte.

—Hija mía... Algún día me perdonarás, pero ahora no es el momento de explicaciones, todos nosotros corremos grave peligro, y tú estás de por medio, y me temo yo soy el causante de ello. Te pido por favor que me des mis poderes, no quiero que tú mueras o te pase algo peor, te lo suplico.

—¿Por qué debería de creerte? —Preguntó Hela confundida y molesta, entendía las razones de proteger a su hija, pero sus métodos para mi eran los menos apropiados, que quede claro lector, este orco podrá haber mostrado algo de debilidad, pero ante mi hija siento lo contrario, y si debo de morir para protegerla que así sea y no me importa quien sea, aquél que hable mal de mi por amar a mi familia le aplastaré su jodido cráneo.

—Porque estamos en guerra, y aquellos quienes saldrán afectados seremos nosotros, los mortales. Tu padre tiene razón de no decirte que pasa, pero debes entender, el destino de todos nosotros está en juego, y tú eres quien podría salvar o condenar a todos aquí presentes e innumerables más. —Aquel guardián se acercó a ella, tras decir eso mostró un dije, tenía una cruz, pero no era la de Arendel.

—Ellos tienen razón, y no es un truco mío. Dame mis poderes, entenderé si aún sigues molesta conmigo por toda la eternidad, pero antes de eso, suplico que entiendas que esto está más allá de tu comprensión.

Suspiró un poco Hela, su aliento congelado llegó hasta a mí, y pude sentir como mi sangre se congelaba, la temperatura de mi cuerpo bajaba tan rápido que tuve que usar una lágrima de loki para tratarme de lo contrario el frío terminaría consumiendo mi brazo, y eso daría pie a tener que amputarlo, solo el calor de dicha lagrima me salvo de caer en ese destino.

Tras pensarlo por unos segundos ella terminó aceptando, y con un abrazo le devolvió a su padre los poderes, entonces, con un chasquido de sus dedos, Loki nos llevó a una forja secreta oscura y antigua, hacía bastante que él no la usaba nos dijo.

Al encender los hornos el lugar quedó iluminado, mucha tecnología y artefactos secretos que solo él y muy poco conocían, muchos de ellos muertos ya, sacó varios metales, todos ellos desconocidos, sacó carbón, y el equipo de metalurgia.

—Orco, lo que vas a ver, es un secreto que ni los antiguos dioses del Valhalla conocían, ellos sabían que tenía habilidades con la herrería, pero nunca les dije donde como la hacía. Tú serás testigo de este secreto, y te vale más guardarlo, porque aquél contra el que peleas desconoce su existencia, no le digas jamás de esto a nadie o seré yo quien te haga conocer el silencio. —Advirtió Loki de forma amenazadora mientras se estiraba, incluso parecía que se preparaba para darme un puñetazo. Al final no lo hizo, sabía bien con quien se estaba metiendo.

—Guardaré el secreto, tienes mi palabra. —Viendo como el se preparaba para el trabajo supe que tardaría esto, buscó de entre un montón de cofres, herramientas, metales e incluso entre varios libros. Descartando y tomando uno tras otro a una velocidad vertiginosa que mis ojos apenas podían seguir, una habilidad que solo se podía tener mediante años o más bien siglos de habilidad.

Al encenderse la fragua sentí calor de nuevo, era algo reconfortante al inicio, incluso algo tan simple como sentarse y disfrutar de un descanso así me ayudó con estos cansados huesos que tengo por la edad y estas luchas que he llevado.

Me senté cerca del guardián ciego, su mirada parecía muy meditativa, como si sintiera no pena, sino culpa, y su silencio hablaba por si solo, podía verlo, sentado, lejos de mi, lejos de Hela, en el rincón más alejado de todo y de todos.

—Muchacho, ven, dime que pasa... No es normal que un guerrero nato como tú sienta eso, dime... Siento que no es justo que tú sepas mi nombre, pero yo no el tuyo, quizás, podría darte un poco más de ánimo si nos tuviéramos más confianza, ¿no crees?

—Está bien... Mi nombre... Llama Adriel... No merezco ser recordado otra vez, entiendo tu intención orco, pero no sé si quiera estar acompañado, después de todo me gusta reflexionar solo.

—Vamos, Adriel. No te sientas así, cuéntame, no eres el único al que le han pasado cosas malas en la vida, mírame a mí. Yo tengo toda una vida, desde soldado en la guerra del cielo rojo, pirata, comerciante. Mira que he vivido de todo en esos oficios... Cosas buenas, malas y cosas que no quiero recordar, pero que aun así persisten en mí y me han forjado en lo que soy ahora.

Suspiró Adriel, creo que iba a empezar a hablar, pero por un rato vio ese brillante yelmo con mascara, plateado con oro, a pesar de lo valioso algo me decía que no debía de tocarlo, una fuerza mayor.

—Hay épicas... Epopeyas, sonatas, poemas e historias en mi nombre. Pero nada de eso importa, pues a ellos los dejé caer, lo abandoné a su suerte por la simple debilidad humana, la falencia de un cuerpo mortal. Aún cuanto hice por mi mismo, aún cuanto intenté hacer más de lo que podía... Todo se fue, fui traicionado por mi primogenito que con ansias de verdad su alma se corrompió, su hermano fue el costo que pagué por mis errores.

Y aún así mírame, mi alma no puede descansar, no por un castigo, sino por el destino que elegí. Aquella mujer con la que contraje matrimonio, solo espero que ella esté bien, no la he visto en un largo tiempo. Y aún así, sé que la volveré a ver, pero me siento tan solo, al ver el peso de mi deber y no poder decirle a alguien de esto... Y aún así... Estoy aquí, cumpliéndolo... —Comprendía de algún modo su tristeza, pero no tanto la magnitud de lo que pasó, aun así, le di una palmada y suspiré un poco.

—Hijo... Sé que... Esto no te ha sido fácil, e incluso tengas más edad que yo, pero mira las cosas como son. Entiendo tu pesar, yo perdí a mi padre y a mi tío en la guerra, sé lo que se siente ver morir a tu familia en algo como esto, y aún así, te digo esto. No vale la pena lamentarse por el deber, lamenta el fallarlo, pues si lo fallas no habrá otra oportunidad, mírame, ¿crees que todo me fue perfecto?

—No, pero lo mío es diferente. Yo tengo que guiarlos a ustedes, y veré todo al final, un final incierto. He visto a tanta gente morir por mi culpa, y no quiero ver más muertes.

—Eso es inevitable, es lo que me temo. Pero si deseas que no ocurran sabes que hacer, debes de hacer lo correcto y apoyar al justo, pero mira quien te lo dice... Nada más que un orco, mírame nada más, ¿acaso crees que mi especie es la más benigna y noble? Para nada, nosotros estamos para disfrutar la guerra en todo momento.

—Si tan solo entendieras lo que pienso... —Respondió Adriel.

—Escucha los consejos de este viejo, yo lo viví de joven, y sé que estás confundido, no por tu labor, sino por algo que hiciste. Si sientes algo, algo que te avergüenza intenta redimirte, y hazlo por una razón importante, hazlo por ti, porque eres tú quien labrará su destino.

Los sonidos de la forja se intensificaron y con ello el calor, Hela estaba viéndonos, algo concentrada en su padre y como es que él pudo no solo abandonarla, sino engañarla también, pero también comprendía el peso del peligro que sería entrometerse y buscar más conocimiento que debe quedarse como un secreto.

Secretos... Nunca he tenido algo que ocultar más allá de mi sentir, pues recuerdo mucho en mi juventud tras la guerra el deshonor, el no haber podido salvarlos, y no haber podido volverme una leyenda en el salón de la sangre matando a más elfos, pero... Ahora que eso ha pasado, ya no importa, pues, aunque eso es el único secreto que tengo, jamás he sentido la necesidad de ocultar algo más.

Los humanos son raros, a veces son criaturas demasiado secretistas, no lo comprendo, cuantas cosas no hubieran cambiado si ellos no fueran tan raros como para ocultarlo todo, supongo que es la mentalidad de mi gente, pero creo que al final, un secreto es algo estúpido, al final terminas olvidando las cosas y ese secreto muere contigo.

Pero para los humanos no es así, como sea... Supongo que incluso ellos sabrán porque lo hacen, quizás para salvar su pellejo. Cobardes.

Podía ver aquella maquinaria, trabajar sin descanso, Loki, sacaba tanto metal fundido y piezas de los hornos con artilugios que poco comprendía, y que no alcanzo a comprender, no por lo mágico, sino porque no soy herrero para saber como se llaman, soy comerciante, yo vendo las armas, no las fabrico.

No entendía mucho de lo que hacía, solo veía a los pistones grandotes esos, a Loki, d dándole de golpes al metal por medio de los mecanismos como manivelas que controlaban la velocidad de la maquinaria.

Metía hierro y otras cosas en esos hornos que escupían fuego de forma abrasadora, pero no era solo fuego normal, no... era fuego negro, oscuro, como si quemara hasta la más delgada capa de la realidad misma.

Decía que le echaban carbón y no sé qué más de esas tonterías mágicas que solo Ansel entendería, como uno de esos cristales verdes que brillaban y susurraban cosas chistosas.

El metal se volvía líquido, como lava que corre, pero de forma controlada, recuerdo que después, esa cosa líquida la echaba en moldes... parecía que iba hacer un arma, pero no lo eran. Esos moldes eran para algo más grande.

Las máquinas hacían un ruido infernal, martillando el hierro como si fueran bestias, una y otra vez, sin parar, hasta que salía algo que parecía útil, pero que para mi gusto no quería usar.

El metal, que ya parecía vivo con tanto golpe, empezaba a brillar con runas que no entendía, pero sabía que eran poderosas. Los grabados se encendían como brasas, y el resplandor rojo era más fuerte que cualquier luz que hubiera visto antes.

Sabía qué era lo que él estaba forjando, pero esa cosa tenía un grado malicia en cada golpe y cada chispa que saltaba del yunque.

A medida que aquella cosa era forjada por la magia de Loki y por medio de un entramado de maquinarias bastante complejo pude ver como se gestaba de ahí una bestia feroz con forma de armadura.

Con un color blanco con negro aterrador, su yelmo parecía unas fauces sedientas de sangre, sus guanteletes tenían nudilleras con púas listas para atravesar la carne, sus grebas tenían grabados esotéricos que según cada runa era una bendición y al mismo tiempo una profecía de como se le daría muerte a cada demonio.

El peto era liso, pero con una calavera aullante, y los brazales que tenía aquella armadura tenía un decorado en dorado, con algunas gemas rojas y grabados del Ragnarok, sobre todo de eventos que no fueron relatados como la destrucción de Asgard a ojos de Loki como una forma de justicia.

Persistí en usar las hombreras que usaba, la de mi tío y la que me consiguió Ansel. Loki lejos de aceptarlo intentó de hacer que la hombrera que me dio Ansel tuviera un sello más, terminé accediendo, sobre todo por recomendación de Adriel.

Con su magia todo se convirtió en su sombras y de sus manos dos destellos blancos empezaron a unirse, la sombra y la luz empezaron a fundirse en una inestable amalgama en su mano, la cual con su dedo empezó a escribir una frase.

"Cuida de andar en la oscuridad, hay peligros que acechan a sus presas mientras menos se lo esperan."

—Toma en cuenta que aquella armadura la construí con base a las leyendas de tu gente, orco. Pero te advierto... No dejes que ella te controle, esta armadura está hecha para ser una prueba más en este viaje, ella decidirá si eres digno o si morirás como el resto a quienes mataste.

—Me habría negado hasta no hace mucho, pero viendo lo que está en juego debo de ponérmela, por mi familia, por Ansel. Ellos me necesitan, no les fallaré, debo de tomar el riesgo.

Parte por parte me puse la armadura, era cómoda, pero al mismo tiempo era algo extraño para mi llevarla después de tanto tiempo, los guanteletes, las grebas, y el peto, todo estaba a la medida, pero al mismo tiempo algo dentro de mi se negaba a usar esta armadura.

Me puse el yelmo, pude al principio ver todo de forma normal, incluso ver el reflejo de la armadura en el agua de un caldero cerca de la forja, aquel yelmo cuyas fauces eran temibles se veía tan bien, pero algo en mi mente sentía que algo estaba por pasar, raro, como una premonición.

Entonces tuve visiones, pero vi a Ansel, ensangrentado, a Isildalf muriendo y volviéndose polvo, no podía moverme, la armadura me lo impedía, era como si estuviera encadenado al suelo, a duras penas podía hacer algo sin sentir dolor.

Un susurro me empezó a llamar, nadie de ellos, ni el guardián, Hela o Loki se movían, sus rostros eran apenas unas espirales insanas.

—Orco... A quienes te enfrentas no son cualquier enemigo... ¿Por qué seguir con la cruzada cuando podrías clamar sangre a raudales por honor y gloria?

—Por mi familia, por mi honor, y por mi tribu, de que me sirve el honor y la gloria si no tengo a quien entregarle dicho honor y gloria. —Contesté mientras intentaba caminar y agarrar mi martillo.

—Orco, has pasado por mucho dolor. ¿No sería mejor vivir un poco? ¿Qué tal vivir los más deliciosos placeres, comer las comidas más exóticas que ha habido y que están por existir? Tal vez tener la espada perfecta, con un brillo sin igual... Eso es lo que todo orco desea.

—Déjame ir, no sé que eres, no sé quién eres o que quieres. Pero si eres uno de ellos te mataré y te usaré como ejemplo para inspirar a los más jóvenes de mi tribu, no necesito un arma para matarte, no necesito tu comida. Me basta con poder hacer bien mi trabajo y matar para cuidar a los míos, no por placer... —Contesté moviéndome poco a poco, pero el dolor era punzante, sentía como si la armadura se incrustara en mi piel.

—¿Sientes dolor? ¿No sería mejor aminorarlo, ser inmortal? La gloria de todo mortal, la vida eterna es algo que todos ustedes desean, vivir sin dolor, sin tragedia, sin tristezas. ¿No sería mejor abrazar ese ideal? —Susurró burlesca esa voz mientras incrementaba el dolor en mi cuerpo.

—No, me niego. Moriré... Y mi muerte será elogiada por mi tribu, ese será mi único descanso, e incluso así, seguiré peleando hasta llegado el fin de los tiempos. Con dolor agónico o no seguiré adelante. —Respondí a duras penas intentando sobrellevar un dolor que por poco me mata de tan profundo y estridente.

—¿No será que desees el conocimiento? ¿Qué tal saber el destino de todo? Podrías evitar el destino de muchas tragedias, podrías tener mucho conocimiento, no solo de tu raza, sino de miles de años y que todo eso yace escondido entre el tiempo, reliquias únicas que pueden salvar no solo a quien decidas, sino traer devuelta a quien sea, poder tener conocimientos que todo hombre mataría por tener.

—No... Mis ancestros, ellos me darán el conocimiento, yo estoy seguro de lo que me han dado, y lo que he aprendido en mi vida, no necesito truquitos mágicos para salvar a nadie. Sobre todo, porque yo mismo sé que estoy aquí, y yo mismo lograré sobresalir a pesar del dolor, porque yo mismo soy quien teje su destino. Y moriré sabiendo que lo hice bien, sin arrepentirme por haber negado tus truquitos baratos.

De repente, la habitación misma se hizo como si fueran miles de fragmentos de cristal, y un chico se acercó a mí, con la misma voz extraña que susurraba.

—En otra época, te hubiera encontrado... Si en otra época estuvieras, allí en la tierra donde tu gente gobernaba en las montañas, aquellas épocas que son contadas como historias por tu gente, te habría elegido mi campeón.

Te habría coronado como el asesino de aquellos que me han roto... Dolor, solo dolor y olvido, al campeón, a la sedienta, al hechicero y al putrefacto, los habría matado con tu odio. Pero decidí morir por mi bien, o al menos... Dar una parte de mí, para crear algo mejor... Porqué así cumpliré mi propósito de derramar sangre, caos, una ironía para matar a la oscuridad con la misma.

Aprovecha que esta armadura cuya sangre mía está en ella, pues matarás a seres que no sienten miedo, demuéstrales lo contrario. Cázalos, atorméntalos, hazlos conocer su destino oscuro, campeón del Alfa y Omega. —Lentamente vi como todo el dolor, como todo cambiaba estaban todos junto a mí.

Adriel, Hela, Loki, todos ellos me veían asustados, creían que había muerto. Incluso Loki golpeó un poco el yelmo para ver que pasaba, hasta que pude moverme con libertad y sin dolor.

—¿Qué ha pasado? —Pregunté mientras me sentía desorientado, confundido incluso.

—Creíamos que no lo lograrías, estuviste una hora ahí parado. ¿qué oíste, que viste? —Preguntó Adriel, preocupado por mí, incluso Hela se acercó para ver más de cerca la armadura que había creado su padre.

—Vi a un chico... Escuché una voz, no recuerdo la preguntas, pero sé que lo negué todo. No sé quién o que era. —Una voz lejana respondería mi duda.

—Aquello que viste no era nada más que aquello que en lo más profundo de la eternidad y la inexistencia misma hemos encerrado, y yo mismo le di fin. Se le dio una última oportunidad, y por lo que veo la aceptó. Sög, más te vale portar esa armadura con responsabilidad, pues no llevas cualquier armadura. —La voz de Azrael apareció de repente al mismo tiempo que apareció sin que nadie se diera cuenta.

—Parece que ustedes los ángeles encuentran hasta la más mínima aguja en el pajar. —Comentó Loki preocupado de la presencia de Azrael en lo que se suponía era un secreto.

—Tu forja seguirá siendo un secreto, pero has de saber que la labor de un ángel es ser los ojos y oídos del Señor, aun cuando él ya lo sabe todo. —Respondió tranquilamente Azrael.

Loki, se sentía temeroso de que su secreto fuese conocido, pero sabiendo la naturaleza de los ángeles se sintió algo un tanto más tranquilo, pero aún con todo, algo en él no parecía satisfecho, pero era claro que no tenía la opción de decir nada en contra de Azrael a pesar de su disgusto a esta situación.

De un chasquido de dedos fuimos transportados de vuelta a la biblioteca, mientras que Loki buscaba un libro para encerrar a Hela de nuevo ella absorbió los poderes de su padre de nuevo, no iba a permitir que él la encerrara.

—¿Qué se supone que estás haciendo? No se supone que me debas hacer esto, tú eres mi hija, ¡todo lo que hice fue para protegerte! —Respondió Loki, apenas pudiendo sostenerse y sin fuerza alguna a comparación de cuando lo encontré.

—Mortales, váyanse ahora de mi reino, comprendo que tienen una misión importante, pero lo que mi padre ha hecho, lo que me hizo y les hizo a mis guardianes, eso no tiene perdón. Pido que nos dejen solos, necesito respuestas y sé como hacerlo responder mejor que nadie. —La voz de Hela pese a su apariencia era oscuramente tranquila y aterradora, haciéndome sentir algo perturbado ante el hecho de que ella pudiera hacer mal uso de los poderes de Loki.

—Sea lo que sea que hagas... No es mi labor decirte que hacer o no, pero no dejes que sus poderes te lleven a caminos oscuros, Hela. Es mejor ser ignorante en muchos ámbitos que aprender y conocer aquello que nos traerá dolor. —Algo en sus ojos me decían mil cosas y ninguna, ¿era el fin o el principio? No quise saber más, pues mi advertencia había sido dada.

—Comprendo tu advertencia, orco. Los devolveré a dicho bosque donde las almas caminan sin rumbo. Mientras tanto, prepárate para tu cacería, suerte.

Todo empezó a desgarrarse, el tiempo, el espacio, el lugar y la existencia misma empezó a colapsar para irse poco a poco recomponiendo en el bosque de donde vinimos Adriel y yo, el cielo era una noche estrellada cuyas constelaciones eran visibles, algo me daba la sensación de que la fortuna me sonreía, y al mismo tiempo, de ser acechado.

Fuese como fuese, estaba listo, sentía las ganas insaciables de matar algo, de ir en búsqueda de algo a lo que cazar.

Visiones se hicieron presentes en mi mente, era como un susurro, advirtiéndome que algo andaba cerca, y solo eso bastó para preparar mi martillo para la lucha, incluso cuando Adriel no había encontrado nada.

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