#7: Baile de primavera
El tiempo siguió pasando y los lazos que nos unían a Nico se fueron estrechando hasta que llegó la primavera. Las flores se mostraron al mundo, las aves volvían a cantar en perfecta armonía, los enamoradizos exhalaban optimismo y el baile organizado por el consejo escolar estaba cada vez más y más cerca.
Tantos sucesos tuvieron lugar en el dichoso baile de primavera que no sabría por cuál comenzar: Helena decidió al fin darse a ver, Nico y yo fuimos juntos como amigos, Byron confesó algunas cosas y John lanzó su candidatura al consejo escolar.
Lo más práctico sería comentar los días anteriores, para contextualizar los hechos.
Unas semanas antes, el consejo escolar aún vigente —en un intento desesperado por recobrar aprobación para seguir dirigiendo— anunció que el baile de primavera sería con los colores negro y plateado como temática. Como todo en esta vida, la gente se dividió en tres grupos: a favor, en contra y desinteresados. Poco a poco los desinteresados fueron pasándose al grupo en contra, mas en el momento del baile todos acudieron con un elemento plateado en su vestimenta, por más mínimo que fuera. Todos menos John, por supuesto.
John nunca fue la clase de chico que se quedaba callado, a pesar de que había hecho justamente esto con las ideas —a su juicio— tan absurdas que había tendido el consejo escolar anteriormente. Pero esa noche, el vaso se rebasó.
John hizo su aparición con una corbata dorada, al igual que un aro falso del mismo color que combinaban con sus rizos igualmente dorados. Yo no me sumé a su acto de rebeldía menor porque mi padre expresó su desaprobación hacia la idea de mi hermano mayor y yo aún esperaba poder complacerlo. Y Helena, al ver que yo seguía el protocolo del consejo escolar, decidió hacer lo mismo.
Helena, tan reservada y hasta tímida por aquella época, nunca acudía a actividades escolares por lo que fue tal la sorpresa al anunciar que iría que John y yo creímos que la habíamos escuchado mal en primera instancia. Se había estado relacionando más con nosotros y nuestro entorno social en los meses anteriores, pero jamás había aceptado acudir a un evento muy concurrido y por eso nos pareció increíble que hubiera decidido acudir junto a nosotros esa noche.
Lamentablemente, parecía que nuestra hermana menor se llevó una gran decepción en la noche de su primer baile escolar. Tanto John como yo la habíamos descuidado, olvidándonos por completo de que existían altas probabilidades de que se encontrara sola si nos distanciábamos de ella; pero eso fue justo lo que hicimos puesto que John se centró en sus propios planes de rebeldía mientras que yo me divertía con Nico como mi acompañante.
Casi al final del baile, cuando el consejo estudiantil iba a dar su gran discurso de cierre, John saltó al escenario y acaparó toda la atención de la escuela. Resaltando por su toque dorado, anunció su candidatura a la presidencia del consejo escolar y dio a conocer a grandes rasgos su plan de campaña.
La aprobación fue inmediata, todo fue desencadenado por Nico, ¿por quién más, si no él? John acabó de hablar y mi pareja de baile saltó con vítores para él, siendo apoyado por el resto en menos de un segundo; todos seguían a Nico porque, en esa época, él era el máximo triunfador de la escena.
Pero antes de que todo aquello tuviera lugar, una serie de sucesos ocurrieron en el afamado baile de primavera.
Como antes señalé, Nico fue mi pareja en el baile, pues ambos habíamos decidido ir juntos como los buenos amigos que éramos. Y como los buenos amigos que éramos, no reteníamos información importante entre nosotros, menos si incumbía al otro. Al final, eso terminaría siendo mi perdición en un futuro.
Nico me confesó la conversación que había mantenido con Byron ese mismo día. Fue ahí cuando supe los motivos de Byron por acercarse a mí tan desesperadamente.
Byron le había confiado el secreto de sus intentos por conquistarme, siendo estos el status que le hubiera otorgado, además del aporte financiero. Esto último no parecía tener sentido, dado que era el heredero de la señora Lancômé, quien era propietaria de una abundante riqueza. Entonces, teniendo tales recursos económicos, ¿para qué buscar una relación sólo para obtener más? Sencillo: para no perder su propia riqueza.
Byron era un intento de artista y su madre adoptiva no podía proporcionarle los contactos que él tanto anhelaba ya que ella no estaba involucrada en aquel mundillo del arte, mientras que, por otra parte, mi madre sí tenía los contactos que tanto deseaba tener el hijo de la senadora.
Hay un dicho que dice «matar a dos pájaros de un tiro». Si Byron lograba salir conmigo, mataría a tres con un único tiro:
Primer pájaro. Adquiriría un soporte financiero exclusivo para su arte y mantendría su fortuna intacta, además de elevar aún más su status por ello.
Segundo Pájaro. Tendría acceso a contactos de personas con gran influencia en el mundo del arte.
Tercer Pájaro. Cumpliría los deseos de su madre de obtener una pareja tan importante como él, una señorita bajo el ojo crítico de la alta sociedad.
Las escasas cosas que Byron decidía hacer sin mayor espera, siempre tenían una profunda razón oculta. Él no se atrevía actuar a no ser que pudiera ganar mucho más de lo que podría perder. Aseguraba el pez gordo y arriesgaba poco.
En su momento, la indignación se apoderó de mí. ¿Cómo un cretino pensaba utilizarme de tal manera? ¿Como si fuese un objeto, como si no pensara, como si no importara en lo más mínimo? En ese preciso momento de mi vida, cuando lo único que me preocupaba era la aprobación de mi padre, encajar en la sociedad donde pertenecía y ser aceptada, la noticia de lo que Byron quería de mí me cayó como una cubeta de agua fría.
Si así era como me veía Byron, solo como «algo» para obtener beneficios, ¿quién decía que no me veían así los demás? Y, ¿qué pasaba con Nico? ¿Me vería él de igual manera que lo hacía su viejo amigo? Nico, en la mitad del año escolar, ya se había transformado en una parte fundamental de mi vida y suponía que a él le había pasado igual conmigo.
Pero, ¿y si me equivocaba? ¿Y si él solo se me había acercado por los mismos fines que Byron? Si ese hubiese sido el caso, tuvo resultados mucho más eficientes y en mucho menos tiempo que su amigo. Aquellas eran algunas de las dudas que rondaban por mi cabeza en ese momento.
Mi incertidumbre no tuvo lugar mucho tiempo porque Nico me devolvió a la realidad, recordándome todos aquellos buenos momentos que habíamos compartido en nuestra cercana relación de amistad que había surgido con tanta rapidez.
En el Baile de Primavera, yo fui la hipócrita de la noche, John el héroe y Helena la damisela en apuros.
Y Nico… Nico fue el caballero en brillante armadura. Para todos.
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