#4: Padrastro
Antes de seguir narrando su historia, vale la pena recordar la figura del padrastro de Nico. Legalmente, era su padre, mas Nico nunca lo consideró como tal por una suma de motivos personales que podían llegar a ser difíciles de comprender para cualquiera que no conociera bien la forma de ser de Nico.
Nico ya había asumido que nadie querría hacerse cargo de él a consciencia desde los diez años, sino es que antes, por eso cuando, siete años después, se enteró de que alguien lo adoptaría no pudo creérselo. Pero no en el buen sentido.
Para entonces, Nico ya era un chico problemático de pies a cabeza, era considerado un peso para los dirigentes del orfanato que se habían vistos obligados a acogerlo varios años atrás. Byron lo había dejado ya hace un largo tiempo, no tenía más amigos debido a que su carácter no congeniaba con el de los demás huérfanos y tampoco se esmeraba en tratar de simpatizar con el resto, pues no creía que lograran comprender sus motivaciones y deseos de ser plenamente libre.
Nico solía salir todos los días del orfanato, nadie sabía a ciencia cierta lo que hacía, nadie más que el mismo Nico, aunque era de esperarse que su viejo cómplice, Byron, también conociera el secreto de las habituales escapadas de su amigo. Aquello ya era parte de su rutina diaria y no la cambiaba por nada, ni siquiera cuando el orfanato recibió la noticia de una importante visita por parte de un reconocido millonario de la industria hotelera. Él había expresado su deseo de poder conocer a todos los niños durante su visita y, para complacerlo, la directora del orfanato fue a comentarle especialmente a Nico la vital importancia de que permaneciera en el orfanato tan solo por ese día, siendo consciente de lo difícil que sería retenerlo en la estancia tan solo por un par de horas.
Nico se escapó aquel día de invierno, dejando a sus dos compañeros de cuarto con un cargo de consciencia por ser testigos de su huida. A él no le importaron para nada los ruegos de la directora, pues si lo iban a obligar a estar ahí sentía que tenía el derecho de salir cuando quisiera y un aburrido magnate no le robaría su poca libertad; tan solo le quedaba un año antes de poder marcharse para siempre.
En la hora de la visita del reconocido hombre, fue llevado cuarto por cuarto para conocer bien a todos los huérfanos, justo como había solicitado. Cuando llegaron a la última habitación, la más alejada y olvidada, ya todos suponían lo que iba a ocurrir a continuación: dos niños petrificados en el segundo que oyeron el picaporte girar, una cama deshecha y sin rastros del pelinegro huérfano problemático.
El hombre se percató de lo que ocurría, mas lo único por lo que preguntó fue por las manchas de pintura en un sector del suelo y en una de las paredes, además de los lienzos acumulados en un rincón de la habitación.
En el momento del regreso de Nico, estando cubierto de nieve y con los fuertes vientos invernales azotando a su espalda, ya estaban despidiendo al visitante, quien lo miró con gran intriga.
La directora del orfanato lo reprendió inmediatamente, hasta que se vio interrumpida por un movimiento de la mano del emprendedor. Al pedir silencio, este se dio de manera instantánea; se acercó y le habló al oído a la directora, sin que nadie pudiera escuchar el mensaje que le transmitió.
Nico no entendía qué ocurría, y menos entendió cuando despidieron tan cordialmente al caballero, sin ninguna disculpa por él, sin ninguna mirada de reproche para él, sin ningún escándalo de por medio… Comprendió aún menos cuando, posteriormente, lo llamaron a la oficina de la directora del orfanato sin ningún atisbo de cólera.
Le dijeron que lo adoptarían. Él se volvió loco. Loco de furia. Loco de indignación. Loco de remate.
Lo que para otros habría sido felicidad, para Nico fue un enojo profundo e inmenso. Lo que pudieron ser agradecimientos, se volvieron maldiciones. La ilusión se convirtió en repulsión, en su caso… y la emoción fue completa desesperación.
Él no lo había conocido, tan solo había visto a un pobre huérfano problemático; nada digno para asumir su carga. Y ahí fue cuando Nico supo que vio su cuarto y, lo más importante, sus cuadros.
Según lo que le dijeron, Nico fue a quien más conoció. Ilógico, a simple vista, ya que no se dirigieron la palabra en la única ocasión en donde coincidieron.
Conocías más a alguien al ver su entorno y contexto que hablando directamente con él. Esas fueron las palabras de su ahora padre adoptivo... y demasiado ausente.
¿Una locura? Era probable.
Los años siguientes pasaron en completa soledad para Nico. Su padrastro o padrino, como él lo llamaba, fue una figura completamebte ausente; siempre estaba en su estudio cuando permanecía en la ciudad, la otra parte del tiempo estaba de viaje de negocios, quedándose en sus numerosos hoteles alrededor del mundo entero; desde el más lujoso al más humilde, del más grande al más pequeño. Aquello molestaba a Nico ya que, ¿para qué se había tomado la molestia de sacarlo del agujero en el que solía vivir si no tenía planeado cambiar tanto su estilo de vida? No lograba encontrar la respuesta a su constante interrogante y eso le causaba aún más frustración.
A pesar de todo, estaba mejor en la gran y solitaria vivienda que en el orfanato. Ya tenía todo lo necesario para sus cuadros e incluso más. Eso jamás lo admitía Nico, lo hizo tan solo una única vez: a mí. Confesiones de una noche en confianza.
Su padrastro, a quien consideró tanto tiempo como un enemigo, fue quien le dio todo y Nico no hacía más que negarlo por cuestiones de orgullo.
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¡Hey! Por si no vieron el aviso que dejé en mi perfil, me ausenté estas dos semanas debido a que estaba fuera de la ciudad de vacaciones.
¡Pero ya he vuelto! Las actualizaciones de Nico volverán a la normalidad (miércoles a las cinco de la tarde, Chile. Y ya sé que subo más tarde esta vez, pero quise editar un poco el capítulo antes de subirlo y se me fue la hora, lo siento).
¿Qué les está pareciendo la historia? Espero que les esté gustando.
Paz,
—A. Light.
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