#38: Heredero
Nico pudo haber tenido una buena época gracias a su nueva musa, a Helena; pero, como ya había dicho, siempre que las cosas parecían ir bien, empeoraban.
Su padrastro empeoró. Él estaba listo para morir, pero Nico no estaba listo para dejarlo ir.
Su estado de salud descendente hizo que Nico y Helena volvieran a Bélgica para poder acompañarlo en su recta final. Esta tragedia me juntó de nuevo con Nico por un momento, el vínculo que yo tenía con su padrino ya era casi tan fuerte como el que ambos establecerían en sus últimos días de vida.
Nico estaba notablemente afectado por la cada vez más cercana muerte de aquel hombre que tanto había hecho por él, de aquel hombre al que tanto había negado por su orgullo propio. Ambos eran muy similares y cada vez más se estaba dando por enterado de ello.
Su padre me contó todo lo que deseaba para su hijo una vez que se marchara, y lo que quería para mí.
Para Nico, quería que continuara con su imperio hotelero, siempre y cuando él así lo quisiera. Esperaba que fuera innovador para la industria que formó, aquella que consideraba una gran familia. Quería que él lograra ampliar aún más los horizontes para los hoteles, que fuera un buen dueño y no uno ausente como la mayoría. Deseaba que lograra formar una familia, que descubriera la manera de hacerlo como él no pudo. Soñaba con que Nico llevara el arte a los muros de los hoteles por su propia iniciativa, por eso me lo decía a mí en vez de a Nico.
Me parecían unos deseos muy buenos para su hijo, pero de parte de un hombre de negocios. Y él había demostrado hace mucho tiempo ya que esa no era más que una de las facetas más pequeñas de sí mismo, así que le pregunté esta vez qué era lo que de verdad quería para su hijo.
Amor, fue la respuesta, felicidad, dicha, suerte, menos tragedias que lo atormenten, perdón, reconciliación. Quería que su vida estuviera llena de aventuras, viajes, experiencias, gente buena, errores y aciertos. Deseaba que supiera perdonar y pedir perdón, que fuera agradecido, considerado, generoso. Que siguiera siendo un artista. Y, por sobre todo, que pudiera reconciliarse conmigo.
¿Y qué era lo que quería para mí? "Sé feliz, hija mía. Y, por favor, perdona al cabezota de mi hijo, Eliza."
Para él, yo era una hija más. Me confesó que siempre soñó con tener una niña junto a la que era su amada; esa niña que esperaba, era yo. Me contó toda su historia de amor que concluyó sin poder terminar de concretarse; no quería que ni a su hijo ni a mí nos pasara lo que le ocurrió a él por decidir mal sus prioridades, por no saber vivir con todo lo que tenía.
La última palabra que me dijo fue "adiós" y supe de inmediato que no esperaba volver a dirigirme otra palabra nunca más, supe que no lo haría y por eso respondí de igual manera acompañando aquella palabra de última despedida con una sonrisa, para poder convertir aquel recuerdo en uno alegre en vez de uno triste.
Luego vino Nico y arreglaron todas la diferencias que tenían. Nico no me contó todo lo que ocurrió en el cuarto, ni a mí ni a nadie, lo único que supimos fue que ambos habían llorado, que lo había reconocido como su padre y que el padre murió tras escuchar de su hijo "adiós, padre".
Papá se ha ido, nos dijo al salir.
Fue un día nevado. Un día nevado como el día en el que murió su madre.
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