#33: Amenazas

Ya todo parecía marchar bien por fin, incluso con Helena estando cerca de nuevo. Pensaba que ya los dos nos habíamos arreglado, pero todo lo que pensaba se vino abajo nuevamente. Todo parecía hasta bizarro a este punto, otro punto más de la rutina diaria, siempre que algo parecía marchar bien, algo ocurría y lo daba vuelta todo.

   Habíamos acudido los tres a una celebración en el hotel del padre de Nico, ahí se encontraba Byron, como cabía de esperar. Era el aniversario del hotel, ese era su décimo año en funcionamiento, en aquellas nuevas instalaciones, y Nico, al ser el hijo legal del dueño del hotel, debía de hacer acto de presencia en el dichoso y concurrido evento.

   La velada marchaba perfecto. Hablamos, reímos, bailamos, nos abrazamos. Y luego se fue. Siempre mantuvo un ojo sobre Helena, lo noté; pero no fue hacia ella, se dirigió hacia Byron.

   Byron no despegó sus ojos de nosotros en ningún momento. Algo tramaba. Algo malo. Lo presentía.

   Nico finamente cedió ante su insistente mirada que, al parecer, iba destinada únicamente a él. No sabría explicar la razón, pero sí podía asegurar que me sentí algo decepcionada al percatarme de que no se había estado fijando en mí, sino que en mi aún amigo que permanecía a mi lado.

   Los observé con atención mientras hablaban desde el otro lado del salón en el cual se celebraba la fiesta. Parecían lanzarse amenazas mutuas, cuchillos y dagas que salían disparados desde sus miradas y sus palabras afiladas. Se veía como un duelo que parecía acabar con una vieja y milagrosa amistad a manos del orgullo y un error que desconocía, la causa de las amenazas.

   Al acabar su guerra de amenazas, Byron parecía coronarse triunfador. Si se llegaban a enfrentar, siempre ganaría aquel que gozara de su período de gloria.

   Nico me dijo sin dirigirme la mirada “ya vuelvo”. No volvió jamás. Ya ha pasado casi un mes desde eso. Y aún no vuelve.

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