#32: Temporada oscura

Con su padre de vuelta en Bélgica, una vez estrechado los lazos de su relación al fin, el ser la causa de la perdición de su ejemplo a seguir y con la indecisión que parecía tener hacia mi persona, Nico se sumergió en una temporada oscura llena de tonos grises.

   Ya no quería pintar como lo hacía antes, ya no subía a su taller tanto como era lo habitual, tampoco bajaba a desayunar en ocasiones. Nico había pasado de ser un sol radiante a una estrella en extinción. De un día para otro, simplemente, ya no quería hacer nada de nada.

   Durante los días anteriores también lo había escuchado murmurando sobre Jerzym, Flaubert; todos eran indicadores de una única cosa: Polonia.

   Nico estaba recordando su pasado, había entrado en una etapa de suma nostalgia. Pero, mientras que algunos mantienen valiosos momentos de la tierna infancia y su nostalgia es más bien una añoranza, cuando Nico recordaba su infancia no traía hermosos recuerdos, de aquellos que gustabas comprartir con la genta con la cual hablas.

   La infancia de Nico estuvo plagada de catástrofes y desgracias. La infancia de Nico fue un serie de sucesos que ninguna persona tuviera que experimentar tan abruptamente, sin importar la edad que esta tenga.

   Si le preguntas a Nico el primer recuerdo que tiene, probablemente te dirá que es cuando fue por primera vez a un museo. Si te tiene confianza, te dirá la verdad; su primer recuerdo es de su padre golpeando a su madre.

   Primer y último golpe recibido por su madre. Primer y más marcado recuerdo de Nico.

   Si le preguntas por la figura de su padre, te dirá que nunca tuvo uno. La verdad era que sí que tuvo uno, pero no llegó a ganarse aquel valioso título jamás, en especial de los siguientes sucesos que lo marcaron de por vida.

   Siguiente suceso: ¿Qué ocurrió con su madre? Hay un millón de historias que pudo haber inventado Nico, pero no era manera de honrarla por lo que siempre contaba la verdad, fuera la persona que fuese quien preguntara. Murió enferma, en una fría noche de invierno mientras Nico dormía a su lado, ambos abrazándose fuertemente a causa de los delirios de la fiebre que le llevó la muerte a uno de ellos.

   Nico también había enfermado con gravedad, cualquier doctor hubiera pensado que él moriría antes de su madre. Pero no, él quizo seguir vivo por su madre; para acompañarla y cuidarla, para amarla, respetarla, venerarla y agradecerle la vida entera. Mas su madre no logró vencer en la batalla y la vida la abandonó, abandonando a su vez a Nico, quien ya no sentía que tuviera una vida como tal... Con tan solo cinco años.

   La desdicha no dio tiempo al descanso en la joven vida de Nico, no le tuvo piedad a aquel pequeño niño polaco con sueños que se desmoronaban lentamente, aquel muchachito que intentaba seguir siendo fuerte y valiente para honrar la memoria de su madre y lo que le enseñó, aquel jovencito que maduró tan rápido que podría parecer un anciano.

   Su padre, con cada noche que pasaba tras la muerte de su madre, llegaba cada vez más emborrachado, si eso era posible, y cada vez más tarde también. Nico siempre lo esperaba despierto por el temor que le infundía su padre, pero siempre que entraba en su cuarto, simulaba estar dormido con la esperanza de no ser víctima de la furia de su padre. Nico había visto en Flaubert lo mismo que alguna vez vio en su padre; una admiración ciega que él mismo estropeó. Para Flaubert, él era la viva imagen de su madre; para él, Flaubert  la viva imagen de su padre.

   Entre golpes y alcohol, Nico finalmente mejoró. Su padre no se hizo de esperar y, a penas su hijo mostró estar mejor, se marchó, dejándolo a la merced de la fría calle. Vendió la casa y de él nadie nunca supo nada más.

   Nico vivió en las calles por mucho tiempo, arreglándose por sí mismo, con no más recursos que el propio ingenio, para sobrevivir en aquella dura realidad. Gustaba de dormir fuera del museo al que su madre lo llevó un par de veces cuando permanecía con vida, acercándose así al arte en primera instancia.

   Con el paso del tiempo, Nico acabó en un orfanato algo olvidado del mundo en contra de su voluntad. Ahí fue en donde vivió otra de las mayores catástrofes que ha vivido.

   El terremoto que sufrió Polonia no fue profundo en lo absoluto y tuvo una gran puntuación en la escala de Richter. La ciudad de Nico fue el epicentro. Todo se desmoronó. Miles de muertos, aún más heridos y Nico entre ellos. La ciudad se vino abajo y del viejo orfanato quedó tan solo una viga en pie, abrazada a ella encontraron a Nico.

   La Unión Europea se mostró solidaria ante la catástrofe, impulsando distintas políticas de gobierno en cada nación. Nico acabó acogido bajo la de Bélgica, en donde trataron todas sus lesiones, tanto las causadas por el desastre natural como las que le infringió el desastre de su padre.

   Fue transferido a un orfanato belga, en donde tuvo que aprendar a hablar el francés de la zona. Jamás logró dominarlo lo suficientemente bien como parecer un belga de nacimiento, su acento polaco era distinguible hasta el presente cuando pronunciaba ciertas palabras.

   Una vez en Bélgica, las tragedias parecieron dejarlo descansar al fin por un tiempo. Se había convencido de que no debía volver a encariñarse ni ilusionarse con nada, no ofrecer su confianza con tanta facilidad, a pesar de que fuera en contra de su naturaleza.

   Ahí fue cuando apareció Byron, otro huérfano que compartía su pasión por el arte de la pintura en aquel agujero que era el orfanato. No sabía por qué, yo tampoco podía explicarlo, pero sintió que podía confiar en Byron y, justo cuando su amistad ya estaba consolidada, este se marchó al ser adoptado y no lo volvió a ver en mucho tiempo más, dejándolo otra vez solo con sus pensamientos nostálgicos.

   Así se volvió a aislar hasta que, años más tarde, apareció el señor en traje que decidió apadrinarlo y darle todo lo que necesitaba. Nico no comprendía porqué decidió adoptarlo a él, al muchacho inquieto que se escapó el día de su visita y llegó hecho un desastre, cubierto de nieve hasta las cejas.

   Lo que Nico no sabía era que el señor que le acogió bajo su estable techo no buscaba a un heredero obediente, a un niño triste que no podía seguir adelante, no quería a alguien que ansiaba ser adoptado. No, él quería a alguien que quisiera salir de aquel lugar por sus propios medios, alguien que ansiara una vida mejor y que se la mereciera. Nico era justamente el hijo que siempre deseó tener, Nico era espontáneo y revolucionario, él era un adolescente problemático que ansiaba salir de su agujero para lograr ser alguien grande y no quería ayuda de nadie, pero su padrastro sabía por experiencia personal que a veces necesitabas un aventón a pesar de que te niegues a aceptarlo.

   Nico jamás lo había admitido en voz alta, tampoco estaba segura de que fuera consciente de ello, pero el hecho de la adopción encendió en Nico una chispa de esperanza que fue creciendo cada vez más y más.

   Así llegó el reencuentro con Byron, entendió que había cambiado, llegó mi hermano seguido de los demás chicos, luego yo y finalmente Helena y Eleanor. Ya todo parecía marchar a la perfección, no habían más tragedias que atormentaran su vida, hasta que ocurrió lo de John. Luego llegó mi declaración. Y ahora lo de su padrastro y se rebobinaba la cinta.

   Ahora Nico veía mi declaración como la enfermedad que lo atormentaba al deber darme una respuesta, en los problemas de su padrastro veía la muerte de su madre y, en Gustafson Flaubert, veía exactamente lo mismo que ocurrió con su padre. ¿Sería este repentino distanciamiento la catástrofe mayor que simbolizaba aquel horrible terremoto? No lo sabía.

   «Eres la única que siempre está conmigo, Eliza, a pesar de todo», me dijo un día. «Quiero que sepas cuánto te aprecio, de verdad», continuó diciéndome. «Nunca había querido a nadie como mi madre desde que murió, tú eres la primera».

   ¿Qué significaban todas aquellas frases tan llenas de sentimientos? ¿Qué era lo que trataba de decirme? Era incapaz de descifrarlo, porque aquello era lo complicado de los artistas; nunca sabes cuál es el verdadero significado que buscan transmitir, nunca sabes cúando se trata de tan solo otra metáfora más. Sólo el mismo Nico podía saber lo que quería decirme, era el único con el poder de descifrar a la perfección sus propias palabras debido a que él era el creador.

   Podía estar enfrentándose a una temporada oscura, en todos los sentidos, pero lo de artista nunca se le quitaba.

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