#27: Fin del senador Conaughey

Los días siguieron pasando hasta que un día Helena ya llevaba un mes con nosotros en Francia. Sus vacaciones planeadas habían concluido, mas aún no se marchaba. Confesó abiertamente sus deseos de tomarse un año libre para quedarse en París más tiempo, idea que fue apoyada por Nico al considerarla espontánea.

   Pero no todo marchaba bien en la vida de Helena, sus planes iban a tener brusco giro al cabo de un tiempo a causo de su egoísmo y desapego al seno de la familia.

   Nuestro padre había estado teniendo problemas en el último tiempo, tanto en su vida personal como en la laboral y en la política. El tratar de aparentar que no sufría por la muerte de John para darle cierta estabilidad a mi madre lo afectó, acabando por colapsar en una depresión también gatillada por mi mudanza imprevista y las constantes rabietas de Helena que acabaron en unas vacaciones navideñas lejos de la familia en la época más difícil para todos los integrantes de nuestra familia.

   Ya no debía de complacer a mi padre puesto que todo lo que hacía era maravilloso para él, pasando a ser así su hija favorito, su orgullo. Lástima que el no sabía que mi éxito se limitaba al sector académico.

   La depresión lo llevó a alejarse de sus negocios como abogado, dejando de ser la primera opción de defensa de muchos al no mostrarse firme y convincente como solía serlo.

   En el ámbito de la política, sus rivales se veían fortalecidos a costa de su perceptible debilidad. Quedaban tan sólo un par de meses para las próximas elecciones parlamentarias en las que se vería si efectivamente permanecería en su único lugar aún estable dentro de su vida, aunque, a decir verdad, él tampoco se mostraba muy entusiasmado por tratar de mantener su puesto en el Senado.

   Finalmente, mi padre se vio forzado a apartarse de la política, anunciando su renuncia públicamente y revelando que el motivo era una profunda depresión causada por la muerte de su hijo primogénito y el alejamiento emocional de su hija menor.

   Ante sus declaraciones, sentí la necesidad de emprender rumbo devuelta a Bélgica para estar junto a él en aquella dura etapa que estaba viviendo, pero, hablando con mi padre un día, supe que yo no podría llenar aquel vacío que sentía, pues yo era su única hija que sentía que no había perdido, la única que no se había apartado a pesar de toda la distancia que nos separaba. La única solución era que Helena regresara a casa y dejara a un lado sus costos gusto y caprichos que mantenía desde su pubertad en la ignorancia de que aquellos lujos era sinónimo de tener una vida perfecta de cuentos de hadas.

   Todos aquellos altibajos significaron una gran caída económica en la familia, frustrando así los planes de Helena de tener una vida llena de lujos en un costoso vecindario en París junto a Nico.

   Ella seguía gustando de fantasear con una vida perfecta junto a Nico, nunca teniendo la intención de tenerlo tan sólo como un amigo. No. Helena lo quería todo o todo. Con ella no existía la posibilidad de un punto intermedio o nada. Ella necesitaba tenerlo todo, al tener un serio problema de dependencia y egoísmo.

   Ahora el único ingreso que se recibía en la familia era el de mi madre, quien había vuelto a trabajar luego de que se hubo oficializado el fin del senador Conaughey.

   Helena de momento podía permanecer en París, aunque el tiempo se lo ponía difícil al ver que nuestros padres ya no le enviarían tanto dinero, lo que conllevaba a no poder satisfacer muchos de sus caprichos y tampoco podría despilfarrar tanto dinero como acostumbraba. Ella tenía un concepto un tanto distinto de felicidad y perfección que la mayoría de la gente.

   Nico, quien no presentaba problemas económicos de ningún tipo, también se vio afectado en la salida de mi padre del mundo laboral, sólo que él se vio afectado porque él decidió involucrarse en el asunto.

   Yo conseguí un trabajo de medio tiempo en una cafetería al enterarme de que a partir de ese momento la renta corría por mi cuenta. Helena ya era mayor de edad y visto que planeaba quedarse un buen tiempo, le exigí que pagará la mitad de la renta si iba a permanecer en mi piso ante lo cual se indignó.

   Para Helena todo aquello era una mentira, pensaba que le estaban gastando una mala broma por lo que no toman el asunto con la seriedad que requería. Además, su estancia en París para ella eran unas vacaciones extendidas, razón por la cual se negaba a trabajar o a hacer siquiera algo; ni siquiera aportaba con la limpieza y el orden del piso.

   Ahí fue cuando Nico entró en escena, siendo el hombre que mantiene en una familia, el sueño de Helena.

   Él jamás le pediría más dinero a su padre, no lo sentía justo ni quería relacionarse de aquella manera con él. De por sí su padrastro le daba una gran cifra a principio de mes para la renta, sus materiales y todo lo demás que quisiera en el transcurso del mes.

   Un día que estábamos almorzando, Nico comentó que estaba participando en un concurso de arte cuyo ganador sería anunciado el fin de semana con el propósito de ayudar a pagar la renta. Helena había decidido moverse al piso de abajo ella sola para ese entonces.

   El fin del senador Conaughey significó tragedia para algunos, impotencia para otros y la llegada del perfecto príncipe azul para otras.

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