#20: Significado profundo

La mudanza ya estaba alistada, ya se le había hablado de ella a todos aquellos que debían saber. Mis padres accedieron, a pesar de que el corazón de mi madre no estaba listo para perder a otro hijo más, en especial tan cerca de la fecha de la pérdida definitiva de su hijo mayor.

   Raquel y Adams no quisieron venir con nosotros, ni siquiera para la apertura de la galería en la cual Byron sería protagonista. Bayer y Taylor decidieron seguirnos hasta Francia, pasar unas semanas en París y luego marcharse al sur por el resto de las vacaciones, dando por finalizado su año antes de tiempo. El padrastro de Nico nos preparó para todo y se encargó de todos los detalles del viaje, también tomó la responsabilidad de planear las vacaciones de nuestros amigos en un claro intento de demostrarles a todos, en especial a Nico, que era de confianza y solo quería lo mejor para todos nosotros; a mí ya me había convencido completamente, era una lástima que no era yo la que más debía verlo.

   Y así fue como nos marchamos a París, dejando atrás a nuestras familias, nuestros estudios tradicionales y un par de amigos aún destrozados completamente por la muerte de mi hermano mayor John. Mientras yo dejaba atrás a Helena, quien cada día se volvía más pretenciosa e insoportable, ella debía dejar marchar a Nico, más bien, aceptar su marcha ya que, independiente de lo que ella pensara, él se iría sin más de todas maneras; las únicas personas que podían disuadir a Nico de llevar a cabo tal drástico cambio éramos John y yo, y visto que el primero ya no se encontraba entre nosotros, yo era la única en posición de impedir su viaje, no Helena, por mucho que ella así lo deseara.

   Nos instalamos en un edificio cerca de la famosa torre Eiffel, Nico se hospedaba en el segundo piso y yo en el tercero. En el último nivel de la construcción estaba el estudio de Nico, pensado solo para pinturas y no esculturas de gran escala. El primer piso permanecía desocupado porque el anterior inquilino tuvo que marcharse al finalizar su intercambio en la zona y, por eso mismo, aprovechamos para que Taylor y Bayer lo ocuparan durante su estancia, en lugar de un cuarto en el lujoso hotel del que era dueño el padre adoptivo de Nico.

   La noche de la inauguración fue al día siguiente de nuestra llegada y todos nos pusimos nuestras mejores prendas para la ocasión. Yo estaba muy ansiosa, con una gran emoción en el interior que se enfrentaba en un duelo constante contra el orgullo que sentía por Byron por ver cuál era la sensación dominante.

   Nico, en cambio, se mostraba ansioso, pero en un sentido diferente al mío. Cada dos minutos, o incluso menos, me lanzaba comentarios y peguntas, previniéndome de lo que ocurriría aquella noche, fastidiándome constantemente.

   Cuando al fin habíamos llegado a la lujosa galería, Byron nos recibió en la entrada y, mientras que yo lo saludaba con una radiante y cálida sonrisa, él me miraba con gélidos ojos y una sonrisa ensayada, dejando entre ver un deje de crueldad que sería revelado en unos momentos más adelante.

   A Nico lo saludó como se saludan dos viejos amigos que no se ven en largo tiempo y, ciertamente, eran eso; dos peculiares viejos amigos que se negaban a sepultar su amistad por completo. Con Bayer y Taylor el saludo fue más formal, aunque aún así más relajado de lo que indicaba el protocolo.

   Todos pasamos al interior y nos posicionamos en primera fila, justo frente a la escultura cubierta de Byron. Era un lugar privilegiado y por ello mismo recibíamos varias miradas de envidia por parte de los demás espectadores.

   Finalmente, la noche se dio por iniciada de manera oficial. Presentaron a Byron y todos aplaudieron con orgullo y respeto. Estaba tan extasiada por todo el mérito que había conseguido Byron que no pude ser capaz de prever cuáles eran sus intenciones.

   Mi ex novio comenzó a hablar, siempre viéndome cada pocos segundos, hablaba de que había plasmado en la escultura cómo veía a su musa en la actualidad, dijo que en los pedestales a cada lado de la misma escultura habían dos pinturas de su propia creación en las que se daba cuenta el cambio que había experimentado su perspectiva y también dijo que su musa estaba presente aquel día, con sus ojos de leopardo fijos en mí.

   Mi sonrisa se fue borrando de a poco al darme por enterada de lo que estaba ocurriendo. De repente, todas las advertencias de Nico cobraron sentido mientras lo escuchaba murmurar «Eliza…» a mi lado.

   A la vez que Byron pactaba con sus labios las siguientes palabras, tiró de una elegante cuerda trenzada dejando al descubierto sus tres obras. «Y ya que mi bella musa está aquí presente, la quiero hacer testigo del ser en el que se transformó tras arrancarme el corazón».

   Las lágrimas acudieron a mis ojos sin demora alguna, aunque mi voluntad impedía que fueran derramadas en masa. Me era muy chocante contemplar con tanta lucidez los sentimientos retorcidos que desperté y despertaba en un pasado en Byron, perfectamente plasmados frente a mí en dos pinturas y una escultura… oh, esa escultura.

   Igual que en la escultura de Nico, me había plasmado como un ángel, solo que uno muy diferente. Al contrario que en la escultura de mi mejor amigo, las alas estaban caídas, rotas, desplumadas… en mi rostro se veía una crueldad inminente acompañado con una sonrisa que resaltaba lo mismo, en una mano tenía un corazón… y en la otra una daga a punto de atravesarlo. «Ángel de la crueldad», la había nombrado Byron.

   A los lados de la impactante escultura estaban las dos pinturas a las que había hecho mención Byron.

   La primera era tal vez la que provocaba que todo fuera tan chocante para mí, debía de ser por el hecho de que yo había sido ignorante a todos esos sentimientos ahora plasmados claramente en un lienzo a través de las pinturas y pinceles que ocupó el que solía ser mi novio. Por si aún cabían dudas sobre la autenticidad de las palabras que Byron me confió el día que decidí ponerle punto y final a nuestra relación, esa era la prueba faltante para confirmar que cada una de las palabras arrancadas de sus labios aquel día eran la absoluta verdad de todo.

   En la pintura se veía desde mis hombros hacia arriba, con unos ojos brillosos y una sonrisa resplandeciente, mis cabellos era representado por la silueta de una brisa, una mariposa se posaba en mi cabeza y habían un millón de detalles más… todos con un gran significado profundo que cualquiera podría interpretar de una y mil maneras, mas sin poder llegar nunca al verdadero motivo que llevó a poner todos y cada uno de esos pequeños y a la vez enormes detalles, esa verdad estaría resguardada entre Byron y yo, solo entre nosotros junto a nuestro ya muerto amor.

   Y mientras en un lado estaba esa pintura cuya existencia siempre se mantuvo en secreto para mí, por el otro lado estaba su completo opuesto, siendo mi cabello reemplazado por serpientes, la mariposa se volvió una monstruosa polilla, donde estaba ese lazo en el árbol en representación a nuestra primera cita ahora había una llamarada de fuego… y así fueron reemplazados uno por uno todos los detalles, con una expresión despiadada en mi rostro en primer plano como protagonista.

   Contemplar la evolución drástica, sin censura alguna para mí, de los sentimientos de Byron me causó una gran conmoción… y estaba convencida de que esa era la verdadera intención de Byron tras todo ese significado profundo. Tal vez, demasiado profundo.

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