#18: Triunfo de Byron

Los resultados se dieron a conocer tiempo después. Por toda nuestra ciudad se comenzó a hablar sobre los dos artistas que se desarrollaron por sus calles, aunque no fuera del todo cierto. Porque claro, Nico y Byron ganaron y, ¿cómo no triunfar con las manos privilegiadas que poseían ambos?

   La escultura que le valió el premio a Nico me conmovió profundamente. No me equivoqué al pensar que me sorprendería, mas nunca pensé que el impacto que me causaría pudiera ser tan grande. Era una pieza esculpida con mucha delicadeza y el resultado había sido magnífico.

   Pero lo que me conmovió fue la forma de la escultura, lo que era en sí esta… ya que yo era a quien Nico había inmortalizado en su arte.

   Me esculpió como un ángel, en el sentido literal de la palabra; tenía una aureola y alas, además del hábito con el que los suelen caracterizar. En mis manos llevaba un pergamino y un espejo que apuntaba hacia la gente. Nico nos explicó que el espejo significaba que eso era lo que hacía: hacer que los demás se vieran a sí mismos justo como yo los veía.

   Mis ojos se inundaron de lágrimas por lo conmovida que estaba y salí de la multitud para abrazarlo. Había sido la musa de un artista sin siquiera saberlo.

   Y mientras aquí ganaba Nico, en París Byron se declaró triunfador, ganando aún más reconocimiento en su próspera y naciente carrera de artista en toda Europa.

   Todos se empeñaron en evitar que yo viera la escultura de Byron, no entendía el porqué de tanto secretismo. Se encargaron de ocultar todas las publicaciones a las que podría tener acceso en mis redes sociales, los periódicos en los que se hacía mención se agotaban rápidamente y no había ninguno en casa y, cada vez que alguien más se me acercaba para comentarme algo sobre el tema, Nico se deshacía de él, dejándome en una burbuja, completamente aislada y desentendida hasta que me harté.

   Éramos amigos y, aunque nos gustara o no, no nos ocultábamos nada así sin dar siquiera una explicación. Nico, abatido, se dio cuenta de que estaba en lo correcto y me confesó que Byron había hecho llegar una invitación para ir a la inauguración de la galería de arte.

   Yo, en mi ingenuidad, me emocioné. Adoraba viajar y el arte de Byron, no lo admiraba antes solo por ser su novia; no, era una admiración pura. Quizá debí sospechar de la invitación ya que en ella pedía expresamente mi presencia en particular; nosotros no habíamos quedado en buenos términos, a pesar de que así me hubiera gustado, por lo que estaba convencida de que Byron no me deseaba precisamente lo mejor como yo a él.

   Nico trató de convencerme de no ir, pero tras acusarlo de seguir ocultándome algo, accedió a que fuéramos y me dijo que ahí me enteraría de todo por mí misma.

   Lo que no sabía era que la ignorancia no me sirvió de nada más que para salir aún más perjudicada, puesto que el triunfo de Byron estaba rodeado de una oscura motivación.

   Unos días antes del viaje fui a ver a Nico a su gran casa y me sorprendí al ver que su cuarto estaba repleto de cajas como si se fuera a marchar a alguna parte.

   A Nico también le sorprendió verme ahí, puesto que no le había dado aviso previo de mi visita.

   Ahí fue cuando me confesó la mudanza que planeaba llevar a cabo. Planeaba pedirme que lo acompañara al día siguiente, había hecho incluso una reservación en uno de los lujosos restaurantes de uno de los hoteles de su padrastro para preguntarme así quería irme con él.

   Nico quería que me mudara a París con él. Y yo no pude hacer más que hiperventilar.

   Quedaban muy pocos días para la fecha y, si bien me hubiera encantado, debía de arreglar la transferencia en la universidad. Llevaba ahí incluso menos de un semestre y ya la iba a dejar. Jamás me hubiera creído que algún día iría a hacer una cosa como esa.

   Pero terminé accediendo y sentí que tomé la decisión correcta. Esa vez fue una de esas pocas veces en la vida en las que podías ser feliz de manera tan espontánea y repentina. Y valía la pena correr riesgos porque, cuando todo salía  bien, a pesar del gran riesgo que existía, era la mejor sensación que podrías llegar a experimentar. Lástima que para esta altura yo aún no lo sabía ni lo veía con claridad.

   Así que esa fue la manera por la cual decidimos tomarlo todo y marcharnos a París, gracias al triunfo de Byron que aún permanecía siendo un misterio para mí.

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