#17: Altas expectativas

Me quiero quedar con los dos personajes más importantes de esta historia —de los que aún permanecen con vida—, estos son Nico, nuestro protagonista, y Byron, posiblemente nuestro antagonista.

   A Byron en París parecía irle de maravilla. Su arte estaba siendo apreciado, vendía cuadros y se codeaba con algunos de los destacados artistas de París y el mundo.

   Nico, por otra parte, no estaba en el máximo apogeo de su carrera. Estaba terminando el penúltimo año de su carrera y solo recibía honores de sus maestros. Nada que fuera la gran cosa.

   Pero un día una de sus maestras se le acercó al final de la clase y le hizo saber de un concurso que se estaba realizando en el país. Nico aceptó participar con gran emoción, a pesar de que se tratara de un concurso de esculturas. A Nico no le fascinaban las esculturas, su área de confort era la pintura; pero sus maestros siempre se empeñaron en que se adentrara en esta área ya que veían que tenía manos de escultor.

   Nico no se atrevió a desilusionar a su maestra y se inscribió en el concurso con la presión de las grandes expectativas que tenía su maestra en él.

   Mi amigo vino corriendo a contármelo todo. Desde que Byron se había ido nuestra amistad había renacido con mayor fuerza que antes. Y por eso mismo no me atrevía a confesarme; por miedo a perderlo todo.

   Mientras Nico se enfrentaba a una competencia nacional, Byron estaba en pie de guerra con otros diecinueve artistas para ver quién de ellos se convertiría en la exposición principal de la galería de arte de París que realizarían en dicha ciudad.

   Byron era el artista del momento y la mayor apuesta de la competencia y hasta de la temporada por lo que su presión era mucho mayor de la que tenía Nico. Lo suyo era un concurso de las ligas mayores del arte.

   Ambos se encerraron en sus respectivos estudios y se pusieron a moldear y a tallar, a esculpir como si se valieran la vida en ello. Cuando iba a ver a Nico a su estudio, mantenía cubierta la estatua con una gran tela, alegando que quería sorprenderme tanto como a los demás. Eso solo ayudó a que mi intriga incrementara de manera desmesurada. Pero aún así hice caso a las peticiones de mi amigo por no insistir demasiado; si Nico quería sorprenderme, era porque sería algo verdaderamente grande que me haría exclamar y suspirar de la emoción. Y no estaba muy alejada de la realidad.

   Sospechaba que Byron tuvo un mecánica de trabajo parecida a la de Nico. Byron cortó todo contacto conmigo y lo entendía, a pesar de que me hubiera gustado conservarlo en mi vida solo que… de otra manera. ¿Quién deja salir de su vida a voluntad propia a alguien tan talentoso, a alguien que sabes que está prometido para grandes cosas? Al menos, yo no estaba acostumbrada a hacerlo.

   Y, a pesar de haberme borrado de todas partes, seguía manteniendo contacto ocasional con Nico. La amistad que florece entre dos huérfanos en un orfanato olvidado parece ser la más resistente ya que se sigue manteniendo a pesar de todas sus rivalidades y sus infinitas diferencias.

   Nico tampoco quiso esclarecerme mucho sobre la escultura de Byron, diciendo que tampoco él sabía mucho más a parte de una foto borrosa que Byron le había hecho llegar.

   El día de entregar las obras para ser evaluadas por el jurado llegó y tanto en París como en casa se podía respirar la tensión por todas las altas expectativas que estaban puestas en nuestros dos personajes tan importantes.

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