Parte 15

Leoran, la honorable

Tras el incidente de Jacke, el asesino de hombres, los chicos buscaron en un bosque a las afueras de Arponia, donde según había dicho un viejo señor del pueblo, se encontraban las ruinas en las que se escondían los miembros del clan Alpha. Los chicos caminaban lentamente por el bosque, mirando a sus lados por si alguien decidía asaltarles. 

-¿Falta mucho?- Dijo Roge rompiendo el silencio. 

-No, calla.- Dijo Viktor.- No podemos arriesgarnos, nos pueden oír.- Dijo susurrando.

-Si planean una emboscada estamos perdidos.- Dijo Lira.

-Lo siento. - Dijo Roge.- No soy más que una carga.- Pensó.

Continuaron andando, cuanto más andaban, más se entristecía Roge. Sabía que todo lo ocurrido con Jacke y Jairo era culpa suya.

Al cabo de un tiempo llegaron a el susodicho templo, donde según el anciano, se encontraba la base de operaciones del clan Alpha.

-Debe de ser aquí.- Dijo Jairo. Alguien les miraba desde lo alto de un árbol.

-Vaya... Parece que han logrado encontrar nuestra base, fue bastante fácil, ¿No creéis?- Dijo un hombre muy musculoso. 

Portaba un gran espadón a su espalda, el cual no llevaba protección en su empuñadura, tan solo una cuchilla gigantesca. Tenía un séquito de hombres a su alrededor, podrían ser perfectamente unos treinta soldados, acechando desde los árboles, con armaduras de tela y espadas negras. 

-Es el momento, asaltadles.- Dijo el colosal señor desde lo alto del árbol.

Un montón de sombras descendieron de los arboles, como si de ardillas enormes se trataran, aterrizaron en el suelo, rodeando a nuestros héroes con las espadas apuntando a sus cuellos.

-Ya veo...- Dijo Viktor.- Lo tenían todo planeado.

-No nos queda otra.- Dijo Lira desenvainando su lanza. Pedro hizo lo propio con su espada. Los cuatro chicos también desenvainaron las suyas y se dispusieron a atacar. 

- Así que esto es lo que nos esperaba al llegar a las ruinas.- Dijo Jairo.- Probablemente estos treinta soldados no sean los únicos, el clan Alpha actualmente es muy poderoso. Cuidado con sus sombras, las usan como armas también.- Dijo Jairo.

-Vamos a por ellos, acabaremos con todos.- Dijo Hugo, animado, y se agrupó con Lira, portando su lanza también.

El combate comenzó, ninguno quería malgastar  su energía vital por si había más soldados, como Jairo decía, y así fue. Cada vez había más, llegaron a ser unos cincuenta soldados, con los que seguían peleando.

Roge peleaba como podía, enterró su filo en el pecho de uno, y lo tiró hacia atras de una patada, y con la empuñadura golpeó a otro que quería atacarle por la espalda en el pecho, rompiendole una o dos costillas, y mientras gritaba de dolor, le rebanó el cuello.

-¡Maldita sea, siguen llegando!- Exclamó Ángel.

-Seguid resistiendo, podemos contra ellos.- Dijo Hugo.

Hugo atravesó el pecho de otro con su lanza, y la desenterró, girandola para golpear a otro, que tras dejar aturdido trinchó en su lanza. Sin poder sacarla de su pecho le pegó una patada a otro soldado que venía a por el, lanzándolo contra Ángel. Este le rebanó el cuello con las dos cimitarras cruzadas. Era algo a lo que el le gustaba llamar "Abrazo de la Muerte", simplemente sangriento, pero rápido y letal. Jairo le rompió la mandíbula a uno, y aprovechando su retroceso, lanzó un corte directo a su pecho, y le golpeó con una patada cuando la espada impactó en este, tirándolo al suelo. Se abalanzó otro sobre el, que no tardó en darse cuenta de que sobre lo que se abalanzaba era sobre el filo de su espada. Acto seguido, Jairo volteó la cuchilla, para golpearlo con la empuñadura, y este se clavó en el estómago del soldado. Retrocediendo de dolor, Jairo le pegó una patada en la cara, tirándolo al suelo y lo remató enterrando la propia espada del soldado en su pecho.

-Podrías haber acabado con el dejando que se clavara en tu espada.- Dijo Hugo.

-Meh, sería demasiado fácil así.- Dijo Jairo encogiéndose de hombros.-

Hugo suspiró. Acabaron con más de cincuenta soldados, y finalmente parecía que no llegaban más refuerzos.

-¿No hay más?- Dijo Ángel.

-Eso parece.- Dijo Jairo.

-Jooo... Ahora que empezaba a entrar en calor.- Dijo decepcionado.

-Vamos, aún queda camino.- Dijo Pedro.- Prosigamos, aún queda encontrar a Yuine, y su élite de asesinos.- Dijo Pedro.- Esos no serán tan blandos, debemos andarnos con ojo.

Continuaron andando, cuando llegaron más al fondo, en el interior de las ruinas, hubo una división de tres caminos.

-Roge, Ángel y yo iremos por uno, Jairo y Pedro por otro, y Lira y Viktor por otro, ¿Esta bien la división, Maestro?- Dijo Hugo.

-Me parece bien.- Dijo Viktor.

Y los chicos continuaron andando separados, tal y como Hugo describió. Todos iban separados, en el camino de Ángel, Hugo y Roge...

-Chicos...- Dijo Roge mirando al suelo, con un tono decaído.

-¿Que ocurre?- Dijo Hugo.

-Ey... Te noto algo decaído, ¿Ha ocurrido algo, Roge?- Dijo Ángel.

-Bueno... Yo...- Dijo Roge.

-Vaya, vaya, vaya... ¿Ratas en nuestras ruinas? Que poco  común...- Dijo una voz femenina.- Suerte que no me gustan las ratas.

-¡¿Quien anda ahí?! ¡Muéstrate!- Gritó Hugo.

-¿Tres chicos inocentes? Tenéis mucho valor para estar aquí, la verdad.

-¿Pretendes atacarnos? Estamos tres contra uno.- Dijo Ángel. Roge seguía sin interrogar palabra.

-Me subestimas.- Dijo la voz. 

Los chicos continuaron andando, ignorándola, hasta una sala bastante grande, como de unos 10 metros cuadrados, y 4 de alto.

De pronto la silueta femenina se materializó de las sombras delante de ellos. Era una chica de ojos rojos, con el pelo blanco.

-Uff...- Dijo Ángel

-Eras tú...- Dijo Hugo.- Tu eres la que nos hablaba antes.

-Así es, pero...- Dijo sacando una lanza.

- Comprendo.- Dijo Hugo, y acto seguido, descolgó y desplegó la suya, que seguía ensangrentada.- Seguid adelante.- Dijo determinado.

-¿Pretendes pelear solo contra ella?- Dijo Roge, rompiendo su voto de silencio.

-No podemos permitirnos perder más tiempo.- Dijo Hugo.- Avanzad sin mi.- Dijo agarrando su lanza por la mitad. Estaba con una rodilla adelantada, con la lanza a dos manos, y la cadera baja, esperando para atacar.

-Es una locura, ni siquiera sabemos cuanta fuerza tiene.- Dijo Ángel.

-Es mi oportunidad de probarme de nuevo, como la maestra Lira decía, debo hacer esto.- Pensó Hugo.- Debo hacerlo, no puedo revelar el porque, pero debo hacerlo.- Dijo decidido.

-Me estoy aburriendo, decidiros u os empalaré a los tres a la vez.- Dijo la enemiga albina.

-Largo, yo me encargo.- Dijo Hugo.

-Esta bien...- Dijo Ángel.

-Pero...- Dijo Roge, pero Ángel le interrumpió.

-Debe hacerlo, y no descansará hasta que digamos que si.- Dijo Ángel.

-Está bien... Solo...- Dijo Roge.- No mueras...

-Prometido.- Dijo Hugo con rostro sereno.

-¿Piensas que los dejaré escapar?- Dijo la Albina.

-Je...¡Lanza de Luz!- Dijo, y arrojó su lanza al cielo, creando un gran destello que Roge y Ángel aprovecharon para escapar.

Cuando la luz se disipó, quedaba el con la lanza de vuelta en la mano, frente a la chica de ojos rojos.

-Vas a pagar por esto.- Dijo la chica, sujetando su lanza con fuerza.

-Eso ya lo veremos.- Dijo Hugo.

Cargaron uno contra el otro, y comenzaron a golpearse con los dos extremos de las lanzas, bloqueando los golpes de su contrincante con el epicentro de esta. Los golpes hacían que la madera del mango y el acero del filo de la lanza resonara por toda la caverna.

-Hay pelea.- Dijo Viktor escuchando los golpes.

-Eso parece.- Dijo Lira.- Espero que estén bien. Parece la lanza de Hugo.

-Espero que no esté peleando contra un ejecutivo el solo. Lo descuartizará sin piedad.- Dijo Viktor.- Espero que si viene alguno, con el poder que les ha sido concedido a los tres, sean capaces de derrotarlo.-

-Eso espero.- Dijo Lira

Por otro lado, volviendo con Hugo.

-Je... Arg... No lo haces... del todo mal.- Dijo Hugo cansado.

-Lo mismo... digo.- Dijo la chica cansada.- No eres mal oponente para ser tan joven.- 

-Ni tu luchas tan mal para ser de los malos.- Dijo Hugo.- Ya me estaba empezando... a aburrir con esos soldados.- Dijo 

-¿Sabes qué?-Dijo la chica.-Me caes bien. Mi nombre es Leoran, recuerdalo, incluso en tu lecho de muerte. A pocos contrincantes los considero dignos de saberlo.- Dijo la chica sonriendo.

-Soy Hugo, encantado.- Dijo sonriendo 

-Je... No, esto esta mal.- Dijo algo decaida.- No puedo tratar así al enemigo. Debemos pelear a muerte, y no debo dejarte pasar.- Dijo dolorida.

-Dime una cosa.- Dijo Hugo.- ¿Que te parece un duelo de espadas?- Dijo desenvainando a Colmillos de Lobo.

-¿Para que?- Dijo ella.

-Pienso que es más entretenido así, ya que uno de los dos debe morir.- ¿Qué dices?- Dijo Hugo sonriendo.

-Allá vamos.- Dijo, y desenvainó una espada con una gema marrón. Tenía un color marrón amarillento.

Ambos contendientes se pusieron en posición de ataque.

Mientras... en otro lugar de las ruinas.

-Maestro Yuine, tres infiltrados han entrado a las ruinas y se dirigen a la cámara principal. Leoran esta contra ellos.- Dijo una voz masculina.

-Ya veo, para Leoran es peligroso usar su ataque elemental aquí, puede haber derrumbamientos.- Dijo otra voz algo más grave.

-Ya veo, ¿Debería interferir?- Dijo el otro hombre.

-No sera necesario, quiero ver como se desarrolla esto.- Dijo el que parecía ser Yuine.

Hugo y Leoran seguían peleando, mientras que Roge y Ángel continuaron caminando por un pasadizo que aún estaba lejos de alcanzar su fin. Por otro lado el resto de héroes se habían topado de bruces contra un ejercito de guerreros del clan Alpha.

-Vaya, ¿También la espada?- Dijo Leoran impresionada.

-Je, esto no es todo ni de lejos.- Dijo Hugo.

-Ahora verás.- Dijo Leoran, y la gema de su espada comenzó a brillar.

-¿Cual es tu elemento?- Dijo Hugo.

Leoran clavó su espada en el suelo, y la tierra comenzó a temblar, provocando un terremoto por toda la caverna.

-Maldita sea... ¡¿Que esta pasando?!- Dijo Jairo, tratando de tenerse en pie mientras peleaba.

-Parece un terremoto.- Dijo Pedro.

Escombros de rocas brotaron del techo y se precipitaron encima de Leoran y Hugo. Hugo esquivó los que le estuvieron a punto de caer encima, a Leoran, por suerte, no le cayó ninguno.

-¡Para esto o moriremos los dos!- Dijo Hugo.

-No puedo, debo hacerlo.- Dijo Leoran.

-¿Por qué?- Dijo Hugo.

-Porque debo de ser fiel al clan. Si no te mato aquí, viva o muera, Yuine se encargará de matarnos a ambos si es necesario, con sus propias manos.- Dijo la chica.- Si mueres tu al menos no será tan doloroso para ti y solo morirá una persona.- Dijo, y los escombros continuaron cayendo. 

-¡No debes ser fiel a un clan de asesinos!- Gritó Hugo, y resonó por toda la habitación.

Los temblores cesaron. Una lágrima se precipitó por la mejilla de la joven, que poco a poco, había apaciguado su sed de sangre a medida que peleaba con Hugo.

-Esta bien...- Dijo cabizbaja. 

Desenterró su espada del suelo. La levantó apuntando al techo, y acto seguido, trazó un arco con ella en el aire, colocándola a la altura de su cintura. Retrasó una pierna, y el brazo de la espada, adelantó la otra y bajó la cintura.

-En ese caso...- Dijo aún cabizbaja.- Me aseguraré de que no tengas que pasar por el sufrimiento que es enfrentarse a Yuine.- Dijo levantando un poco el brazo con su espada.- ¡Voy con todo!- 

Dijo, y en un segundo, estaba delante de Hugo cargando un golpe con su espada. Este, sin esperarselo, bloqueó a la desesperada un poderoso golpe, que lo hizo retroceder.

-Arg... Así que esto era lo que guardabas para mi.- Dijo Hugo.- Esta bien, te lo devolveré encantado.- Dijo. Atacó a Leoran con ataques rápidos y muy aleatorios. Leoran le correspondía bloqueando los golpes.

-Esto es inutil, debemos acabar de una vez. Hugo... Espero que puedas perdonarme por esto.- Dijo, y un fuerte  aura de color marrón la recubrió, rompiendo parte del suelo.

-Ya veo.- Dijo Hugo.- En ese caso...- Dijo, e hizo lo propio, pero en su caso, un trueno descargó sobre el energía, que hizo que se recubriera de ella.

-¡Hugo!- Dijo Leoran cargando contra el.

-¡Leoran!- Dijo Hugo, que empezó a correr contra ella también.

Los dos ataques colisionaron, creando una gran explosión, que afectó a ambos. Las espadas de los dos acabaron rotas. La cueva comenzaba a derrumbarse. Hugo se encontraba tendido en el suelo. Leoran seguía en pie.

-El ha decidido hacerle frente a Yuine.- Dijo Leoran, y con las pocas fuerzas que le quedaban, ando hacia el.

-No puedo moverme.- Pensó Hugo.- ¿Es mi fin? Se esta acercando hacia mi... Querrá rematarme.- Dijo, pero no fue así.

Leoran se arrodilló al lado de Hugo, puso el brazo de Hugo en su hombro y le ayudó a levantarse.

-¿Po...Por qué me ayudas?- Preguntó Hugo.

-Quieres enfrentarte a Yuine, ¿Verdad?- Preguntó la Albina.

-Si.- Dijo Hugo.

-En ese caso...- Dijo mientras una gran roca se precipitaba encima de los dos.- ¡Acaba con él por mí!- Dijo empujándole fuera de la habitación, y acto seguido, la roca la aplastó.

Hugo cayó al suelo de la entrada, entre los escombros pudo ver el cuerpo de la chica. Recuperando fuerzas, entró esquivando los escombros y logró sacarla de ahí, pero ya era tarde. No tenía pulso, estaba muerta.

-¡¡MALDITA SEA!!- Dijo Hugo, pegandole un puño al suelo, con lágrimas recorriendo sus cuencas, y después sus mejillas. Apretaba los dientes y pegaba puños al suelo, a escasos centímetros del cuerpo de su amiga. Acto seguido sacó un frasco vacío de uno de sus bolsillos.- Aún hay solución.- Dijo, y acto seguido, abrió el frasco. Una corriente de aire entró en el y brilló por segundos. Luego Hugo lo cerró.- Debo seguir adelante. Roge y Ángel me llevan mucha ventaja. Cuando salga de aquí la salvaré.- Dijo, esbozando una triste sonrisa mientras miraba el frasco.


Continuara...



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