Lo que quedó de tarde para Adrien fue un martirio total.
Luego de dedicarse por completo al trabajo y apenas obtener noticas de la azabache que había atormentado su mente, se dispuso a dormir, objetivo que se le hizo imposible hasta la madrugada, trazando en su mente el sabor que desde hacía días venía recordando; el de los labios de Marinette.
Se levantó al día siguiente somnoliento, viendo a la chica salir del hogar acompañada de Luka y su sangre hirvió durante unos momentos, los necesarios para ir y formar una plática antes de que abandonaran el lugar.
— Buenos días. — Canturreó mientras entraba en su delantal diario. — ¿Ya se van?
— Sí — respondió Luka en un semblante relajado.
El de mechas llegó con el objetivo de recoger a su mejor amiga. Marinette había vuelto a su habitación pues por poco olvida el móvil.
— Ya veo... — Murmuró apoyándose sobre el mesón de la tienda. —... B-bueno, como sabes... la tienda se cerrará hasta la tarde, así que quizás podría acompañar... — Cerró su boca apenas vio la negación presente en el rostro de su contrario, aceptando que, entre ambos jóvenes, él no hacía más que un mal tercio.
Tarde era para buscar amigos, en aquel pequeño pueblo tenía a Niño, mismo que pasaba a visitarlo de vez en cuando y aquello debería bastarle.
Pero entonces, ¿a qué se debía esa insistente necesidad de acercarse a Marinette?
Suspiró cuando la tormentosa idea llegó a su cabeza, negándola apenas tomó sentido.
— Olvídalo. — Se encogió de hombros, deshaciéndose de su delantal antes de entrar al hogar. Allí, a los pies de la escalera se encontró con la azabache, usando el mismo vestido del día anterior, viéndose incluso más hermosa que el día anterior. — Luka te espera en la entrada. — Exclamó, llevando sus verdes a un punto perdido en el suelo.
De pronto estaba molesto y apenas conocía la razón.
La dulce dama lo miró con tristeza y más aún cuando le había negado conectar con sus ojos.
—Gracias, Adrien — respondió queda y atravesado su camino a paso lento.
Sabía perfectamente el porqué de su dolor, la indiferencia de Adrien después de lo que parecía un acercamiento, como si después de avanzar un paso retrocedía dos y aquello la atormentaba.
— ¡Oh, Adrien! — Vociferó Tom golpeando su espalda de forma fraternal. —. Quería agradecerte por el gran trabajo que has hecho últimamente. — El gran hombre sonrió y Adrien infló el pecho con orgullo. —. Pero me preocupa que no te estés dando un tiempo para ti.
— Estoy bien señor Dupain. — Soltó el muchacho con ansias de subir las escaleras.
— ¿Dónde vas?
— ¿A mi habitación?
— Por dios muchacho, últimamente pasas encerrado. — Tomó desde los hombros el cuerpo del chico, obligándolo a bajar. — ¿Es que acaso te has dado el tiempo de conocer el pueblo?
— ¿S-sí?
— ¿Es duda lo que oigo?
— ¿N-no...? — Tom lanzó una estruendosa carcajada.
— ¡Ya está! — Vociferó para luego asomarse hacia la calle. — Marinette, Luka, vengan aquí.
— Llamó a ambos muchachos, mismos que no tardaron en aparecer dentro del hogar.
—¿Sí, señor? — ser atento era una de las muchas cualidades sobresalientes en Luka y mucho más al hombre que le brindó apoyo por varios años.
Contrario a Marinette quién arrastraba sus pies al volver pues pensaba que ya era libre del rubio que provocaba dolor en su corazón.
—¿Qué sucede, papá? Se nos hace tarde a Luka y a mí.
— ¿Por qué no llevas a Adrien a pasear al château de Vigny? — Cuestionó su padre, impulsando al rubio hacia donde ambos jóvenes se hallaban.
—¿Qué? ¿Por qué? — Marinette fue la primera en reclamar, pues sus planes del día contaban en no ver al rubio por al menos ocho horas.
— Apenas se ha despegado de la panadería, se buena y dale un respiro. — La muchacha mostraba las pocas ganas que tenia de dicha propuesta y Adrien pudo notarlo.
— No hace falta señor, hoy no estoy de ánimos para salir de todas formas...
Una mueca se asomó en el rostro de Tom, fulminando a su hija con una mirada un tanto.
— Marinette... — Dijo en son de reprimenda.
— Mari... — Luka sentía la necesidad de complacer a su antiguo jefe, pero también sabía que Marinette quería alejarse del cajero.
—Está bien — sin embargo, Marinette dio el brazo a torcer acatando la orden de su mayor —. Estaremos encantados de tu compañía, Adrien — soltó irónica.
— ¡Perfecto! — Vociferó el mayor, metiéndose la mano al bolsillo para sacar un juego de llaves y entregárselas al rubio. — Llévense mi auto, Marinette conoce bien el camino.
Marinette y Luka se miraron con complicidad dando a notar la incomodidad por la presencia de Adrien.
Luka se encogió de hombros rindiéndose a la autoridad de Tom. Hizo un ademán con sus manos indicando que la jovencita y el nuevo acompañante pasen primero para el seguirlos.
Y entonces, en cuanto abrió la puerta, Sabine puso un pie dentro del local junto a algunas compras, mismas que se notaban a leguas pesadas.
— ¡Oh, Luka! — Saludó la mujer. —. Qué bueno que estás aquí, ¿no te gustaría ayudarme a cambio de un poco de mi guisado? Sé cuánto te gusta. — Guiñó un ojo hacia el teñido.
Aquello se había convertido en una encrucijada para Luka. Ahora tenía a dos azabaches solicitando de su ayuda. ¿Su mejor amiga o la mamá de ella?
<<¡Rayos! >> pensó, que complicado era encontrar una respuesta.
—Claro que sí, señora Sabine — corrió a quitarle algunas bolsas de la mano para alivianar el esfuerzo de la mujer. Al fin de cuentas, Marinette podría perdonarlo después por haberla dejado con el chico que menos quería ver en el mundo.
—¡Luka!— rechistó Marinette.
— Lo siento, tu mamá también necesita ayuda — rogó con la mirada.
La menor ya sabía cómo era Luka, siempre dispuesto a ayudar y siempre lleno de gratitud con sus padres algo con lo que ella no podría competir.
Se dio media vuelta y le dio el alcance a Adrien que espera dentro del coche de Tom.
— No era mi intención que las cosas se dieran de esta manera. — Expresó luego de entrar al auto con cierto enfado. —. No quería que tu salida con Luka se viera afectada, Mari.
—¿Desde cuándo te importa lo que me afecta y lo que no? — estaba enojada, avergonzada.
Odiaba que su corazón latiera a mil por hora solo de pensar que pasaría a solas con el rubio y por ello soltó sus palabras envenenadas.
Adrien dejó los ojos en blanco, descendiendo la velocidad con calma. —. Escucha... — Comenzó mirándola por fin a aquellas lagunas que lograban cohibirlo como ningunas. —. No voy a obligarte a nada, no soy tu padre. Así que, si no quieres ir, eres libre de huir e ir a hacer lo que se te pegue la gana. — Se encogió de hombros junto a una actitud despreocupada. —. Estoy seguro de que puedo llegar por mí mismo al castillo ese.
— ¡Pues el castillo de Vigny también era nuestro destino! — la joven golpeó su pecho —. Y no pienso cambiar mis planes solo por ti, como si mi mundo girase alrededor tuyo— espetó dolida.
— Muy bien, entonces supongo que no tendré la necesidad de usar mi GPS. — Sonrió despreocupado, intentando contagiar un poco de su actitud a la joven.
Aquello había apaciguado el mal humor en la jovencita. Sin embargo, se limitó a indicar el camino hasta el Castillo histórico del pueblo.
Aparcaron el auto y observaron la imponente edificación alzarse hasta el cielo, era una arquitectura hermosa que cada piedra contaba miles de historias a lo largo del pasado del tiempo que inspiraba a escritores a narrar idílicas poesías de princesas y caballeros o a los pintores retratarlo en sus paisajes.
Marinette respiró el aire frasco que la mañana les brindaba y el disfrute de los pocos turistas que se encontraban en visitando el castillo y sus alrededores.
Vio los verdes del muchacho y brillar, y de inmediato dedujo que jamás había visto estructura igual.
— Es hermoso... — Oyó salir de sus labios. —. ¿Podemos entrar?
—Claro que si — sonrió ella olvidándose un poco del enojo, pues ya sus sentimientos la estaban traicionando al encontrar con eses semblante alegre y no el melancólico de siempre.
— ¿Entonces que estamos esperando? — Cuestionó él, tomando la mano de la muchacha hasta adentrarse en el jardín de la imponente construcción.
Juntos cruzaron el puente sobre el foso que rodeaba el castillo llegando hasta el interior. Principalmente Adrien se maravillaba por toda la arquitectura, a lo largo de su vida había preferido visitar muchos destinos turísticos en otras partes del mundo dejando a los rincones de su natal Francia que albergaban maravillas historias como en aquel pueblito de mil habitantes en el que ahora era su hogar.
Se sacaron fotos en la capilla del siglo XIX, en el invernadero, incluso visitaron la cocina profesional y la panadería hasta que un poco sin aire llegaron a hasta una de las torres del castillo.
—Estoy.... Exhausta — exclamo la joven clamando por aire mientras se recostaba sobre una de las paredes de piedra.
— Y que lo digas. — Rió el joven, viéndola descansar con aquellas mejillas rojas que tanto le gustaba presenciar. —. En mi vida había subido tantas escaleras.
Marinette se limitó a soltar una tenue risita que lo dejó encantado, acercándose a una ventana que se encargó de empaparla con la brillante luz del medio día. —. Wow... — Murmuró para sus adentros.
La idea de su belleza acudió con rapidez a la mente del rubio, mismo que sin vacilaciones se acercó a aquella mujer que fácilmente podría pasar por la heredera del castillo. —. ¿Qué ves, princesa? — Habló junto a un tono cordial, posicionándose a su lado y siguiendo los deslumbrantes azules hacia el paisaje que se extendía por la ventana.
—Lo hermoso que se ve el jardín a esta altura — comentó ya con el aliento devuelta a su pecho y sintiendo cada vez más lejos el sofocante calor que trajo consigo la actividad física —. Ojalá hubiera traído mi cuaderno, todo esto me inspira.
— ¿Ilustras? — Ella asintió. —. No tenía idea, si gustas podemos regresar otro día...
—¡Sí! — giró efusiva dando pequeños aplausos —. No puedo venir aquí muy seguido, pero siempre traigo mi libreta, pero ya sabes como soy, muy despistada — rio burlándose de sí misma.
Ya se había olvidado de todo el enojo, de hecho, estaba pasándolo demasiado bien en la compañía de Adrien, siendo ella su guía turística y él robándole risas además de platicas bastante interesantes que con nadie más podría compartir.
— ¿Es que acaso Luka no puede traerte? — Marinette omitió palabra alguna, desde que su amigo había comenzado la vida universitaria, apenas y tenían una chance de pasar tiempo juntos. —. No te preocupes, no es como si tuviera demasiadas cosas que hacer... así que mientras esté aquí, puedes disponer de mí como te plazca. — Comentó haciendo una reverencia, alcanzando su mano y besándola en el acto, cuál caballero.
—No quisiera abusar — el rojo coloreaba sus mejillas y en ese momento se dio cuenta de que habían creado otra de esas atmósferas íntimas que en lugar de incomodarla provocaban en su cuerpo sensaciones adictivas —. Mereces tu momento a solas.
El hombre se levantó, sin querer soltar su mano aún. —. Quizás deseó pasar ese tiempo contigo en vez de a solas... — Dio un paso hacia ella, porque su cuerpo se lo pedía, porque de pronto la cercanía de la joven era tan necesaria como el agua que bebía a diario, como el oxígeno que entraba a sus pulmones.
La espalda de Marinette chocó con el borde de la ventana, dejándola sin escapatoria, una presa fácil y sumamente apetecible para Adrien.
Un pequeño gemido de sorpresa se escapó de sus labios, otra vez se sentía a merced del cuerpo atlético del exmodelo.
Los ojos de Adrien parecían que querían desnudarla y para Marinette aquello no parecía incomodarla.
—¿Por qué? — habló con un tono bastante bajo —. ¿Por qué el muñeco de ciudad... desea pasar tiempo con una pueblerina? — escrutó cada parte de su rostro, a cada detalle como la barba castaña que no había rasurado esta mañana, el cabello que ahora caía sobre su frente y los labios rosados humedecidos por su lengua.
— Quizás porque la pueblerina es mucho más entretenida que el vacío de mi habitación... — Llevó una mano a la mejilla ruborizada, acariciándola con su suave tacto. —. Marinette... — Susurró mucho más cerca, jugando con la cordura de la chica. —. ¿Te he dicho cuánto me gustan tus pecas? — Se relamió, ladeando su rostro con una lentitud tortuosa que anticipaba el contacto tan deseado.
—N-No... — sentía como el aire se le escapa y la voz apenas le salía en un susurro —. No... Eres muy expresivo.
El corazón le latía desbocado y el cuerpo traicionaba la poca cordura que le quedaba.
Adrien vio como la jovencita cerraba sus ojos y entreabría sus labios ansiosa de chocar los suyos. Marinette se impulsó unos centímetros hacia adelante regalándole la señal del beso que tanto ansiaba ella.
Y en un abrir y cerrar de ojos, Adrien aprovechó la brecha de debilidad por la que ambos pasaban, chocando sus bocas de una vez, de forma tan lenta y delicada como la azabache le inspiraba.
— Mari... — Seseó, tomándose un respiro del contacto, remontando en el acto cuando aquellos dulces y esponjosos labios buscaron más de los suyos.
De pronto todo se había vuelto mucho más pasional, era un beso diferente a cualquier otro que ambos hubieran compartido, pegando el pequeño rostro de la chica al suyo, buscando un contacto mucho más pleno.
Marinette descubrió que amaba los besos de Adrien, en cada ocasión eran diferente, cada vez con más pasión, con más entrega, como si los labios del rubio fueran el narcótico que enaltecía sus sentidos y despertaba cada poro de su piel.
Ella se aferró a su cuerpo y enterró sus dedos en las hebras doradas del compositor de sus más profundas fantasías.
Otro pequeño gemido se escapó de la boca de la azabache cuando sentía la mano atrevida inmiscuirse cada vez más arriba.
Sintió un hormigueo en la parte baja de su vientre cuando la lengua del rubio exploraba su boca junto a las caricias por sus piernas. Aquello provocó que se aferrara a los fuertes hombros del rubio y su espalda se arqueara con cuidado dándole paso libre al hombre extasiado.
Los besos fueron a parar al cuello de la joven, cada vez más húmedos, cada vez más necesitados.
Aquel dulce aroma a galletas que abordaba a la chica sin duda sería su perdición, merodeando por la morada de los Dupain, colándose a su habitación por la noche, era un hecho. Adrien desde ese preciso momento apenas podría dormir teniendo a aquella tentación andante durmiendo en el cuarto adyacente.
— Mari... — Jadeó contra la piel de su pecho, aventurando sus manos a apretar sus piernas en un desenfreno por calmar el hambre y sed que tenía de ella.
—A-Adrien — suspiró aturdida por las caricias en su cuello, sentir la suave y húmeda lengua de Adrien viajando por su piel no la dejaba pensar con claridad y solo podía seguir el instinto por el que su cuerpo clamaba.
Se aferró con una mano en el marco de la ventana para ganar equilibrio y con la otra tiraba del pelo rubio dirigiendo esos besos hacia abajo de su cuello.
— Dios... me encantas... — Susurró antes de comenzar a besar el comienzo de sus pechos, aquella área que se encontraba expuesta ante el pequeño escote de su vestido, soltando un leve jadeo de aire caliente al sentir como la prenda se había levantado de tal forma que dejaba entrever las delicadas bragas, tanteando un suave y lento roce entre sus pelvis en un acto bastante precipitado.
—Tú... Me gustas — confesó ella aturdida sin razonar las palabras que había soltado —. Mucho.
Impulsada por el deseo brincó de donde estaba sentada en búsqueda de un contacto más libre y cómodo, empujó a Adrien contra la pared de piedra y volvió a buscarle los labios y con sus manos se deleitaba al acariciar por sobre la camiseta esos pectorales que tanto le atraían desde la primera vez que vio a Adrien sin camisa.
Él soltó un gruñido sin filtro alguno, seguido de precipitados jadeos al bajar sus manos por la delgada espalda y merodear la zona con sus dedos, sin atreverse demasiado, acto seguido comenzó a tirar de la prenda que cubría el cuerpo que yacía entre sus brazos.
Marinette sintió el aire recorrer por sus senos y automáticamente el par de botones rosados reaccionaron al verse expuesta.
—A-Adrien — gimió intentando cubrir un poco su desnudez pues la vergüenza la atacaba al llegar hasta esas bases jamás experimentadas. Pero, aun así, deseaba seguir adelante, deseaba seguir experimentando con el rubio que la volvía loca.
— No... — Murmuró él atajando las manos de la chica, entrelazándolas con las suyas antes de zambullirse en sus labios una vez más. —. Tranquila... — Pidió al sentir la tensión recorrer el cuerpo femenino. —. Eres preciosa, no tienes de qué avergonzarte.
Sabía cuán descabellada resultaba la situación, lo tenía perfectamente claro, sin embargo, apenas parecía importarle.
Marinette había despertado necesidades que hasta el momento había mantenido controladas.
Volvió a su cuello deseoso de más, presionando sus cuerpos sin pudor alguno, oyendo como la mujer se esforzaba por reprimir uno que otro quejido de placer. —. Solo tienes que pedirme que pare y lo haré. — Mencionó con una voz gutural, sintiendo como la sangre comenzaba a concentrarse en los lugares correctos.
Ella lo pensó, analizó si debía o no detenerlo, una parte de ella le había estado gritando que aquello estaba mal, que si no le ponía freno acabaría lastimada, pero esa voz que la alertaba estaba siendo opacada por la lujuria, por la curiosidad, por la atracción hacia el guapísimo Adrien y algo más que sentía crecer en su pecho.
—E-Esta bien... —Suspiraba con fuerza al sentir el contacto de los labios de Adrien bajar hacia sus senos —. No quiero que.... Pares.
Aquello fue el pase libre para que Adrien dejara ir la poca cordura que le quedaba. Marinette no sabía que estaba jugando con fuego, no sabía que pronto no habría límite en lo que estaban haciendo.
Cerró los ojos al percibir las nuevas sensaciones que invadían su cuerpo y que codiciosa no quería ponerle un freno a sabiendas de que para el ex millonario tal vez solo sea un entretenimiento.
La húmeda lengua del joven se infiltró por zonas que pocas veces la luz del sol podía tocar, lamiendo sin premuras la suave piel.
Sin embargo, algo le seguía pareciendo extraño, sobretodo el hecho de que Marinette estuviera tan rígida, tan ajena al placer.
Limitándose a gemir bajito, manteniendo aquellos hermosos azules ocultos. —. ¿Sucede algo? — Averiguó, llegando a su rostro para besarla una vez más, mientras con una de sus manos se dedicaba a desabrochar con paciencia y tranquilidad el sujetador de la chica.
—N-No — se limitó a responder jadeante aún con la vergüenza de que Adrien la mirase como nunca otro chico la había visto.
Marinette se abrazó al pecho del hombre ocultando la vergüenza que sintió cuando le fue arrancado el sujetador y se vio el torso desnudo. Quiso disimular su falta de experiencia buscando el cuello de Adrien para besarlo dejando pequeñas succiones que le arrancaban excitantes gruñidos que le daban el impulso de continuar con el acto.
Y a pesar de ello, el chico no pudo sacárselo de la cabeza. — Ma-Marinette... — Susurró, apartándola de los hombros con intenciones de buscar la verdad en sus ojos, quedándose embobado al ver la parte superior de su torso descubierto.
Y entonces una idea pasó por su cabeza, lo suficientemente clara para hacerle sentido al verla allí, tan ruborizada como nunca, ingenua y sorprendida por el arrebato. —... ¿Será posible que tú nunca...?
Marinette desvió su mirada, ahora la vergüenza la había invadido y esperaba que el extasiado hombre fuese comprensivo con ella. — Y-Yo...
—¡Ustedes!
El llamado de atención de un hombre le impidió confesar lo evidente.
Los dos se asustaron por la abrupta interrupción. Marinette cubrió su desnudez y Adrien la resguardo entre sus brazos.
—Quita tus manos de su cuerpo — escupió iracundo el de mechas provocado que Marinette preste atención a la persona que los había descubierto.
— ¿Luka? — Cuestionó al mirarlo de reojo. —. Lo que faltaba. — Pensó, bufando por lo bajo.
Sus ojos fueron a parar hasta la azabache, misma que yacía temblorosa entre sus brazos. — Tranquila... — Susurró antes de besar su coronilla, deshaciéndose de su sudadera y cubriéndola con esta.
—Que vergonzoso, Marinette— espetó hostil, Luka estaba reteniendo las ganas de ir y golpear al Agreste, nunca había sentido odio por nadie, pero, Adrien superaba toda su calma.
Las palabras de Luka hicieron mella en el corazón de la azabache provocándole el llanto y la culpa por haber actuado de forma indecente. Arregló su ropa y se protegió con la sudadera de Adrien para luego atreverse a mirar a los ojos al de mechas que observaba exasperado a los amantes.
— ¿Quieres callarte un segundo? — Habló el rubio, elevando su voz en el lugar, increíblemente enfadado con la actitud que había adoptado Coufainne.
El de mechas apretó los puños a ambos lados de su cuerpo. Sabía perfectamente que, si no se iba de allí en ese preciso momento, Adrien acabaría con el labio partido nuevamente.
Dio media vuelta y se alejó sin más.
—¡Luka! — la azabache gritó sintiendo como perdía a alguien importante —. Lo siento Adrien — se lamentó alejándose de golpe de los brazos del rubio.
Antes de marcharse Marinette lo miró suplicando que la disculpase por todo ese bochornoso espectáculo, le clavó la mirada llorosa y se marchó detrás de su amigo a quien había decepcionado.
El rubio quedó petrificado por unos segundos, intentando comprender la situación en su cabeza, sonriendo para sus adentros al percatarse de una obviedad; claramente él no era una prioridad para Marinette.
Se arregló su ropa antes de mirar la pantalla de su móvil. Lo había sentido vibrar hacia un rato, pero besar y llevar a la locura a Marinette parecía una algo mucho más interesante que el spam de su email.
Sin embargo, el nombre que apareció en sus notificaciones logró que una decena de recuerdos volaron a su mente por arte de magia.
Kagami 15:28.
Tenemos que hablar.
⦿ ⦿ ⦿
Felices pascuas! 💖 esperamos que estén llevando la cuarentena bien 🥺 aquí hemos reaparecido luego de un año (casi?) les queremos mucho 💖
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