°9°
-No. Vale, es mi turno. ¿Porque te pareció que era arrogante?
Miro fijamente el doblez de la manga de su camiseta; una clara señal de que la han planchado. ¿Quién plancha las camisetas?
-Me hiciste un gesto para que me acercara -señalo, recordando el primer dia.
Sus ojos negros se dirigen directamente hacia los míos. Incluso sus ojos, con destellos cafés, me recuerdan a su riqueza.
-¿Qué hize que?
-Quedate ahí. Voy a hacer de ti.
Camino hacia el extremo más alejado del almacén y finjo salir por una puerta, sujetando un teléfono móvil en mi oreja. Avanzo unos cuantos pasos, me detengo y miro fijamente la pared, y después levantó la mano y le hago señas para que se acerque. Espero a que se ría, pero cuando le hecho un vistazo tiene una expresión mortificada en el rostro.
-Tal vez lo haya exagerado un poquito -digo, aunque en realidad no lo he hecho.
-¿Así es como me viste?
Me aclaro la garganta y regreso despacio hasta el sofá.
-Entonces, ¿eres jugador de fútbol o el genio de las matemáticas?
-¿Perdona?
-Tu abuela fanfarronea mucho. Me estoy preguntando cual de sus nietos eres.
-Soy el que no ha hecho gran cosa.
Toco la pata de la mesa con la zapatilla.
-¿Sabes con quién estas hablando verdad?
-Claro, con Geno.
Pongo los ojos en blanco.
-Me refiero a que yo soy el rey de no haber hecho nada, así que estoy seguro que te he superado.
-¿Qué es lo que no has hecho que te gustaría hacer?
Me encojo de hombros.
-No lo sé, trato de no pensar demasiado en ello. Estoy completamente satisfecho con mi vida. Creo que la infelicidad viene de las expectativas sin cumplir.
-Entonces, cuanto menos esperes de la vida...
-No, no es eso. Tan solo intento ser feliz y no desear poder hacer más.
Bueno, al menos estaba mejorando en ese objetivo. Y tener gente como el a mi alrededor solo sirve para recordarme todo lo que no tengo.
Se termina su magdalena y tira el envoltorio al interior de la bolsa.
-¿Y te funciona? ¿Eres feliz?
-Por lo general.
Levanta su caso de cartón en señal de brindis.
-Entonces, eso es todo lo que importa ¿verdad?
Asiento con la cabeza y muevo el pie hasta la mesita de centro. El formulario de pedidos que llevo en el bolsillo cruje con el movimiento, así que lo saco.
-Debería irme. Tengo trabajo que hacer antes de abrir.
-Claro. Por supuesto, yo también debería irme.
Titubea durante un momento, como si quisiera decir algo más, pero no lo hace. Me pongo de pie y el imita la acción, recoge su chaqueta. Lo conduzco hasta la puerta principal y la abro.
Mientras se aleja me doy cuenta de lo poco que nuestra sesión de preguntas y respuestas ha revelado sobre cada uno. No tengo ni idea de los años que tiene, ni a qué instituto va o que le gusta hacer. ¿Nos hemos mantenido alejados de esas preguntas apropósito? ¿Hemos hecho preguntas ridículas y sin sentido porque en el fondo sabemos que no queremos conocer a la otra persona?
Presiona un botón de sus llaves, y el sofisticado coche deportivo plateado que hay frente a la puerta emite un "bip". Tan solo el coche responde a cualquier pregunta que podría tener acerca de el. No hace falta decir nada más. Abre la puerta, me lanza una sonrisa, y me oigo gritar:
-¿Estas en el último curso?
El asiente con la cabeza.
-¿Y tu?
-Si. -levanto la bebida-. Gracias por el desayuno.
-No es nada.
Cierro la puerta y me apoyó contra ella. ¿Por qué?
Tardo varios minutos en apartarme de la puerta y dirigirme al piso superior. Mi madre está en el cuarto de baño, así que arrastró una silla hasta el viejo ordenador y comienzo a introducir los pedidos.
-¿Ha sonado el teléfono? -pregunto mi madre cuando sale a la zona del comedor, frotándose el pelo húmedo con una toalla.
-Si. He respondido yo.
-¿Quién era?
-Nada, alguien preguntando a que hora abríamos.
Y esta es la primera vez que le he mentido a mi madre, pues siempre nos lo contamos todo. Me siento sorprendido. Debería haber dicho algo como: "Era ese chico llamado Reaper...; que lleva camisetas planchadas y joyas". Aquello habría sido divertido. Mi madre podría haber fingido que se ha sentido ofendida. Podríamos haber hablado de que propablemete se irá a cortar el pelo dos veces al mes. Me habría dado su educado discurso de "es mejor que no estemos con gente como esa", y yo habría estado de acuerdo. Y si que estoy de acuerdo.
Entonces ¿Por que no le he hecho?
-¿Puedes terminar tu este pedido mamá?
-Si, claro.
-Gracias.
Me encierro en el cuarto de baño y me presionó los ojos con las palmas de las manos. ¿Qué me ha detenido?
La lealtad.
No quería que mamá tuviera pensamientos negativos sobre el. De algún modo, ese chico a logrado salir de la caja llena de gente que yo ya tenía marcada como "vedada" con un rotulador permanente, y se ha vuelto diferente. Y ahora, para mi gran irritación, siento alguna clase de lealtad hacia Reaper Renrink.
Tengo que cambiar esto de inmediato.
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