Quinto documento privado de Oswald
Aquel comportamiento errático solo podía ser definido como demencia, aunque su madre y su hermano siempre la negaron la idea, aferrándose a la imagen de niña afable y tranquila que Amely desprendía, junto con su mirada inocente y comportamiento infantil.
Era imposible apartarla de aquella casa que su madre le obsequió, por no mencionar de aquellas espantosas muñecas que contenía; comenzaba a arrancarse las uñas de raíz, sin importarle cuánta sangre caía; tomaba su cabello con fiereza y arrancaba hebra tras hebra, su cuerpo comenzaba a experimentar temblores y los dientes le castañeteaban hasta el punto de romperle los labios a mordiscos.
Todo aquello mientras repetía una y otra vez: "Me van a castigar" "Me van a castigar" con voz baja, trémula y sin matices, completamente plana como aquellas que escuchas de las maquinas contestadoras.
Era todo un espectáculo tenebroso, y aún así su madre se negó a implementar las pastillas recetadas. No sé que será de la jovecita Amely, con tan solo quince años, pero parece que nada bueno le depara el futuro.
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