La belleza del corazón

David Hume dijo una vez: "La belleza está en el ojo del que mira" y para Benedict Bridgerton, aquella frase comenzó a cobrar sentido cuando en la primavera de 1815, él y su familia decidieron visitar la nueva exposición de pinturas de la National Gallery de Londres.

Aquel día amaneció soleado y el segundo Bridgerton parecía un niño admirando un árbol de Navidad en cuando atravesó las puertas del museo y nada más decirle a su familia sus intenciones de visitar la exposición por su cuenta su querida madre, la viuda Bridgerton, no pudo evitar acordarse de su difunto esposo, ya que tanto él como su hijo eran muy impacientes.

Benedict se quedaba contemplando cada cuadro que le gustaba, hasta que llegó a una pequeña sala donde se exponían varios bocetos realizados en carboncillo, pues a parte de ser una de sus técnicas de dibujo favoritas terminó topándose con un retrato que le pareció una auténtica obra de arte.

El retrato era el de una joven vestida como la musa Calíope en cuyo pelo negro habia una corona de flores, aunque lo que más le llamó la atención a Benedict fueron sus ojos, pues parecía que lo estaban observando con amor.

En aquel momento, el muchacho deseó con todas sus fuerzas saber quién había sido el artista de ese boceto para preguntarle dónde había visto a aquella joven que había retratado y como si de una señal se tratara, apareció un hombre un poco mayor que él y con una sonrisa cálida le preguntó si le gustaba la obra.

-Me parece un retrato realmente exquisito- señaló Benedict con admiración-. ¿Es usted el artista?

-Así es señor, la modelo es mi sobrina Joan.

-¿En serio?- preguntó Benedict un poco nervioso esperando que el pintor no pensara mal de él.

-Si quiere se la puedo presentar, aunque es un poco tímida.

-¿Y cómo es que accedió a que la retratase?- cuestionó el chico con curiosidad.

-Porque su corazón es pura bondad y hace todo lo posible por ayudar a los demás.

-¿No ha debutado en sociedad?

-Yo vivo de mi arte señor, no tengo muchos contactos para presentarla ante las grandes élites- explicó el hombre-. Por cierto joven, no me ha dicho su nombre.

-Oh, discúlpeme. Me llamo Benedict Bridgerton- saludó muy amablemente.

-Encantado señor Bridgerton, yo soy Charles Wychwood.

Tras presentarse, los dos hombres continuaron hablando sobre arte hasta que una voz resonó en la habitación.

-Ah, te estaba buscando tío Charles.

De repente, Benedict se vio cara a cara con la mujer del retrato y en aquel momento no pudo evita pensar que era mucho más hermosa en persona.

-Joan querida, acércate- le pidió su tío-. Quiero presentarte al señor Benedict Bridgerton.

-Es un placer conocerle señor Bridgerton- saludó la joven una pequeña sonrisa.

Benedict parecía haberse perdido en los preciosos ojos de la joven Joan, los cuales eran de un color azul tan oscuro como el océano.

-Es un placer conocerla señorita Wychwood- respondió el joven besando su mano-. Pero puede llamarme Benedict, al fin y al acabo, el señor Bridgerton es mi hermano Anthony.

-¿Y puedo preguntarle cuántos hermanos tiene?

-Tengo 7, yo soy el segundo.

-Vaya, es algo asombroso- dijo sorprendida.

Al ver lo bien que se estaban llevando ambos jóvenes, el señor Wychwood decidió usar la excusa de que alguien requería de su presencia para así poder dejar solos a la pareja.

-¿Le gusta el arte Benedict?- preguntó la chica con interés.

-La verdad es que sí y he de confesar que su retrato es el más bello de toda la exposición- respondió el joven consiguiendo que Joan se ruborizara.

Lo cierto es que aunque Joan era una persona un tanto tímida, no supo qué tipo de hechizo le había echado Benedict para que su timidez desapareciera y comenzaran a hablar como si se conocieran de toda la vida.

-Benedict, te estábamos buscando hijo- dijo Violet en cuanto vio a su segundo hijo en la sala-. Oh, discúlpeme señorita, soy la madre de Benedict.

-Encantada de conocerla señora Bridgerton- saludó Joan con voz tímida-. Me llamo Joan Wychwood.

-Madre, la señorita Wychwood es sobrina de uno de los artistas de la exposición, además de ser la modelo de uno de los retratos de su tío- le explicó el joven con interés.

-Vaya, es algo asombroso- contestó la mujer con cariño.

Entonces, cuando la vizcondesa Bridgerton le sonrió a Joan, esta no pudo evitar acordarse de su madre y de lo mucho que la echaba de menos.

-Tiene usted un hijo encantador señora Bridgerton.

-Oh por favor, puedes llamarme Violet- le pidió la mujer con una sonrisa.

-Menos mal que estáis aquí muchachos- dijo el señor Wychwood al entrar en la habitación-. Y usted debe de ser la vizcondesa Bridgerton, ¿verdad?

-Así es señor- afirmó-. Por cierto, tiene una exposición realmente maravillosa y su sobrina parece encantadora.

-Me halaga que le haya gustado señora Bridgerton.

-Me encantaría que su sobrina viniera a casa mañana para tomar el té, si a usted no le importa.

-Estoy seguro de que mi Joan estará encantada de asistir, ¿verdad querida?- le preguntó el hombre colocándose al lado la joven.

-Me encantaría- respondió Joan intentando disimular su emoción por volver a ver a Benedict, quien a su vez le lanzó una sonrisa un tanto traviesa como si fuera un niño.

A la mañana siguiente, Benedict se levantó antes del alba para disponerse a realizar un nuevo dibujo, y puesto que no podía quitarse a Joan de la cabeza, decidió retratarla exactamente como la había visto el día anterior en cuanto entró en aquella habitación.

El joven no salió de sus aposentos hasta el mediodía, cuando el ayuda de cámara le anunció que Joan se encontraba en el vestíbulo.

Nada más bajar, Benedict se extrañó al no ver a Joan por ninguna parte hasta que empezó a escuchar unas risas infantiles que provenían del salón y en cuanto cruzó el umbral de la puerta no pudo evitar sonreír embobado cuando vio a su musa jugando en el suelo con sus dos hermanos pequeños.

-Benedict, ven a jugar con nosotros- pidió su hermana Hyacinth.

-Sí Ben, la señorita Wychwood es muy simpática- secundó Gregory.

-Me encantará jugar con vosotros, si puedo unirme claro.

-Por supuesto- contestó Joan con una divertida sonrisa.

Tras un rato jugando, aparecieron el resto de miembros de la familia Bridgerton, además de las parejas de Anthony y Daphne, Kate y Simon.

Poco a poco, Joan se fue ganando el cariño de la familia y es que por parte de las mujeres, todas desearon saber cómo era trabajar como modelo y por parte de los hombres, se quedaron impresionados al saber en cuantos países había estado la joven.

Tras tomar el té, el señor Wychwood llegó hasta la residencia Bridgerton para recoger a a su sobrina y aunque los pequeños no pudieron evitar quejarse, la vizcondesa les animó diciendo que al día siguiente irían a Hyde Park todos juntos.

Al llegar a su casa, tío y sobrina decidieron preparar un té para tomárselo en el salón.

-¿Te lo has pasado bien hija?- preguntó el hombre al ver que su sobrina estaba muy callada.

-Sí tío Charles, ha sido un día maravilloso- confesó la chica.

-Confieso que me alegro mucho verte tan feliz, pero quiero que me confieses una cosa- le pidió Charles a la vez que le sostenía la mano.

-¿Qué?- cuestionó un poco preocupada.

-En el caso de que el joven Benedict tuviera intenciones de pedirme tu mano en matrimonio, ¿querrías casarte con él?

Una de las cosas que más amaba Joan de su tío, era que siempre respetaba todas y cada una de sus decisiones por lo que no pudo evitar levantarse para darle un beso en la mejilla.

-Creo que estoy empezando a sentir algo muy fuerte por Benedict- confesó Joan con un poco de vergüenza.

Al ver esa actitud, Charles colocó su mano bajo la barbilla de la joven para que le mire a los ojos.

-No deberías sentir vergüenza de tus sentimientos cariño- dijo el hombre-. El amor es un regalo muy hermoso y me haría muy feliz llevarte hasta el altar el día de tu boda como hice con tu madre.

Aquella confesión hizo que Joan comenzara a llorar y se echase a los brazos de su tío, quien la abrazó como solía hacerlo cuando era pequeña y tenía pesadillas y es que Joan amaba tanto a sus padres, que cunado murieron pensó que su vida ya no tendría sentido hasta que llegó Benedict.

Sin duda, Hyde Park se convertía en un lugar idílico en cuanto llegaba la primavera y es que todos los miembros de la alta sociedad se reunían en aquel lugar para dar largos paseos, pasear en barca, admirar las flores y realizar pequeños picnics.

Y es que cerca del río, la familia Bridgerton junto el señor Wychwood y su sobrina habían decidido instalarse para realizar un pequeño almuerzo.

-¿Quiere que jugemos a las cartas señorita Joan?- le preguntó la pequeña Hyacinth.

Dado que el día anterior, Joan les había pedido a todos los miembros de la familia que la llamaran por su nombre, ellos aceptaron con la condición de que ella también les llamara por sus nombres.

-Me encantaría Hyacinth, pero puedes dejar de llamarme señorita y llamarme solo Joan- señaló la joven a la vez que se sentaba junto en la alfombra junto a los hermanos pequeños después de haber cargado en brazos al hijo de Daphne y Simon, quien nada más verla comenzó a chillar de alegría.

-Yo también quiero jugar- pidió Gregory.

-Yo también me apunto- dijo Colin, el tercero de los hermanos.

Mientras tanto, Benedict decidió seguir pintando el retrato de Joan intentando memorizar todas y cada una de sus facciones hasta que su hermano Anthony y su cuñada Kate se acercaron a él con una sonrisa misteriosa.

-Hola querido hermano, ¿cómo va tu arte?- le preguntó Anthony con cierto tono de burla.

-Anthony- llamó Kate en modo de advertencia-. No te metas con él por favor.

-Vamos querida, solo me estaba quedando con mi hermanito- señaló el vizconde Bridgerton sin parar de burlarse de Benedict.

-Estoy bien Kate, gracias por preguntar- respondió el joven haciendo caso omiso a su hermano mayor.

-Sé que cometí un error cuando pagué a la academia de arte para que consiguieras la plaza sin tener en cuenta tus sentimientos- dijo el joven vizconde como intento de que Benedict hablara con él.

-Escucha hermano- comenzó Benedict posando su mirada hacia su hermano y su cuñada-. Sé que cometiste un error, y te perdono. Pero ahora mismo estoy intentado conseguir el modo de cortejar a la señorita Wychwood.

Tras oír las intenciones de su hermano, Anthony, quien hace unos años era conocido por ser un cascarabias, abrazó a su hermano con alegría.

-Estoy muy orgulloso de tí Benedict, sé que cuando termines tu obra de arte, ella aceptará tu propuesta.

Pasaron unos minutos hasta que la señora Bridgerton comenzó a saludar a la señora Featherington, quien iba acompañada de dos de sus hijas: Prudence y Penélope.

De repente, Eloise se levantó de la alfombra y se alejó de allí, haciendo que Joan se alejara un momento para ver qué le pasaba a su nueva amiga.

 -Eloise- la llamó Joan preocupada-. ¿Qué te ocurre?

-Es solo que me duele ver que mi amistad con Penélope ha terminado- explicó con pequeñas lágrimas en los ojos.

-Escucha Eloise, cuando creemos que algo esta roto, en realidad sólo se necesita paciencia y mucho esfuerzo para poder arreglarlo- le explicó -. Lo mismo pasa con la amistad.

-Entonces...¿crees que Penélope quiere arreglar nuestra amistad?

-Yo creo que sí, porque antes de venir a buscarte, se la veía muy triste y desanimada- confesó.

En cuanto las dos jóvenes volvieron hacia donde se encontraban sus familias, Benedict se acercó a Joan para saber lo que le había dicho.

-Sólo he hecho que dos amigas volvieran a estar juntas.

Entonces, Eloise y Penélope se fundieron en un fuerte abrazo dando a entender que ya no estaban peleadas.

Al final del día, toda la familia deseó que Benedict le pidiera matrimonio a Joan, porque después de ver lo que había conseguido hacer aquella tarde, supieron que, a pesar de no proceder de una familia rica, aquella joven tenía un corazón de oro.

Pasaron un total de dos semanas, cuando Benedict finalizó el retrato y lo llevó a la National Gallery para enseñárselo al señor Wychwood.

-Es sin duda una obra magnifica joven Benedict, aunque creo que no sólo ha venido para traerme su cuadro, ¿verdad?

-Tiene razón señor Wychwood, vengo a pedirle una cosa muy importante.

-Antes de que me diga lo que quiere decirme, quiero explicarle que no es a mí a quien le tiene que hacer esa pregunta- contestó el hombre sabiendo lo que se proponía pedirle Benedict.

Entonces, Benedict salió corriendo hasta la casa de los Wychwood y tras ser recibido por la doncella, decidió esperar en el salón a que llegara Joan, quien al verle se sorprendió mucho.

-Benedict, que sorpresa verte aquí- saludó la joven con alegría.

-Escucha Joan- saltó Benedict un tanto nervioso-. He venido hasta aquí para decirte que te amo y que lo que más deseo en esta vida es que seas mi esposa para hacerte feliz y solo te pido que tú a cambio seas la musa de mi vida y de mis sueños.

Ante aquella declaración de amor, Joan le sonrió, le cogió de la mano y le llevó hasta uno de los sillones donde se sentaron el uno frente al otro.

-Benedict, te confieso que yo también te amo y que nada en el mundo me haría más feliz que convertirme en tu musa y también en tu esposa y es que para mí eres el hombre más maravilloso que jamás he conocido y es que tienes tantas virudes que no sé por cual empezar, así que sí, me casaré contigo.

En ese momento, ambos jóvenes sellaron su amor con un beso y después de que Joan le pediera a la doncella que enviase un mensaje a su tío para que se dirigiera a la residencia Bridgerton, ambos enamorados decidieron quedarse en el sillón, abrazados y comenzar a planear el maravilloso futuro que a ambos les deparaba.

En cuanto anunciaron el compromiso a sus familiares, estos no tardaron en felicitar a la pareja y comenzar a hablar de cuando sería el momento más apropiado para realizar el enlace, el cual estaban convencidos de que sería un acontecimiento realmente memorable.

Y sin duda lo fue, ya que aquella fue la boda más esperada de la temporada y es que tanto Benedict como Joan habían descubierto que la auténtica belleza de las personas reside en el corazón.

Un año después:

Los rayos del sol comenzaron a adentrarse en la habitación a través de las cortinas provocando que Benedict se despertara y posara su mirada hacia el cuadro que había realizado de su amada esposa cuando esta aún estaba soltera.

-¿En qué estás pensando querido?- preguntó Joan al ver a su marido mirando su regalo de bodas mientras ambos se encontraban en la cama.

-Sólo estoy recordando momento en que te ví por primera vez, cariño- contestó antes de besarla con amor.

-Deberíamos levantarnos ya- dijo la joven riéndose cuando Benedict comenzó a besarle en la barbilla.

-En realidad, hoy tenía pensado en retratarte.

-¿Otra vez?- cuestionó anonadada-. Nunca paras de retratarme.

-Es que tú eres la única criatura de este mundo a quien deseo dibujar- confesó Benedict-. Cuando vi tu retrato me enamoré completamente de tí y ahora tengo el gran privilegio de poder contemplarte cada día de mi vida.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top