Día 7: Disney AU
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> Disney AU <
Confession
Quote: “Are you… are you using my toothbrush to clean the dog/cats teeth!?”
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Habrá leve TodoJirou (como ratones) y Katsunoma.
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Día 7: Disney AU
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Había una vez, en un país muy lejano, un joven al que se le murieron los padres por traicionar al reino, haciendo que se quedase solo y sin hogar.
Pero, para su buena suerte (o no tanta), un hombre con complejo de francés le acogió en su poderosa y millonaria familia con la condición de que se convierta en el sirviente e hiciera todas las labores del hogar.
—¡Muy bien, Kaminari-kun, a partir de hoy ellos serán tus hermanastros~! —informaba el nuevo padrastro de Denki dejando ver a otros dos jóvenes también rubios.
—¿Tenemos que convivir con este tipo con cara de retrasado? —inquirió uno de ellos frunciendo bastante el ceño y mirándole mal.
—¡JAJAJAJA! ¡Es penoso! —agregó el otro mientras señalaba a Kaminari y se reía compulsivamente.
Su nuevo padrastro se llamaba Aoyama Yuuga y sus hermanastros resultaban ser unos tales Bakugou Katsuki y Monoma Neito.
—Eh… mucho gusto —comentó Denki con una sonrisa nerviosa.
Y, así, comenzó su tediosa vida con su nueva familia.
A diario, tenía que hacer todas las tareas de la limpieza, llevarles el desayuno a sus hermanastros, alabar la “belleza” de su narcisista padrastro, obedecer cualquier cosa que le pedían y solamente seguir siendo un simple sirviente.
Otro día más, Denki había madrugado (en contra de su voluntad) para preparar el desayuno y barrer los pasillos.
—Ah… —suspiraba bastante cansado de tener que limpiar los desastres que ocasionaba su hermanastro Monoma.
—¡Kaminari-kun, ¿dónde has puesto mis mallas rojas?! —la voz de Aoyama llamó su atención.
—Ah, que eran tuyas… —murmuró retrocediendo con una sonrisa nerviosa—. Pensé que eran de Bakugou y se las di… —respondió rascándose una mejilla y evadiendo su mirada—. Pero les prendió fuego diciendo que eran “mierda”.
—¡Bakugou-kun~! —exclamó Yuuga indignado justo al ver que Katsuki pasaba por el pasillo al recién haberse levantando.
—¡CALLA MIERDA! —gritó aquel joven ignorando por completo a su padrastro y haciéndole callar—. Eh, tú —siguió mirando a Kaminari—. ¿Dónde está mi desayuno?
—Ah, sí… —respondió Denki algo nervioso—. Lo dejé en la mesa de la cocina, e incluso puse tu nombre, pero Monoma se lo comió todo —aclaró con una sonrisa y levantando un dedo.
—¡¿HAH?!
—¡JAJAJAJAJA! —se pudo escuchar una risa lejana proveniente de una de las habitaciones.
Después de aquello, Katsuki se dirigió bastante enfadado hacia el cuarto de su querido hermano Monoma, el cual empezó a gritar sin dejar de reírse cuando Bakugou hizo a saber qué con él.
—¡Oh, cierto~! —cambió de tema Aoyama felizmente mientras sacaba de su bolsillo cierta cosa—. ¡Kaminari-kun, ha llegado una carta del apuesto, pero no más que yo, príncipe Kirishima Eijirou~! —siguió con un brillo en sus ojos.
—¡Ah! ¡¿El pelirrojo ese que está más bueno que el pan?! —exclamó Kaminari ilusionado al recordar el rostro del hijo del rey que había visto en varias revistas.
—¡Ese mismo! ¡Y ha invitado a todos los jóvenes a un baile que celebrará, pero como solo le gusta lo varonil, solamente pueden ir hombres~! ¡Lo hará para decidir con quien se casará! —siguió Aoyama mientras observaba la felicidad en los ojos de Denki—. ¡Pero tú no irás, Kaminari-kun~! —finalizó haciendo que la sonrisa de aquel joven desapareciera rápidamente.
—¡¿Eh?! ¡¿Por qué no?! —se quejó.
—¡Tienes que preparar nuestros trajes para mí y tus hermanos! ¡Y te quedarás limpiando el suelo~! —siguió mandando y haciendo que Denki no tuviera otra alternativa; después de todo, le habían acogido en su familia.
[...]
Cierto joven se hallaba en su cama, mirando al techo y poniendo un pequeño puchero mientras escuchaba cómo, en la habitación de al lado, sus hermanastros hablaban sobre el baile.
—Ah… yo también quería ir —suspiró imaginándose todo lo que se perdería; sobre todo la posibilidad de poder bailar con el apuesto príncipe, y quizás, tener alguna mínima posibilidad con él.
Había llegado el día del baile, pero Denki estaba obligado a quedarse en casa limpiando.
—¡ESE ES MI TRAJE, BASTARDO! —se pudo escuchar a través de las paredes la voz de Bakugou.
—¡JAJAJAJA! —siguió la risa de Monoma.
—Oye, idiota, no te preocupes —la voz de uno de los ratones que eran sus amigos llamó la atención de Kaminari.
—Podemos ayudarte —siguió con serenidad otro de esos ratones.
Jirou Kyouka y Todoroki Shouto eran dos pequeños animalitos que Denki había conocido el primer día y a los que sobornaba con queso para tener alguien con quien hablar.
—¿En serio? —inquirió el rubio incorporándose y mirando a sus únicos amigos con una leve sonrisa.
—El hada madrina puede encargarse de esto —confirmó Jirou tranquilamente.
—¿Hada madrina…? —inquirió el rubio cada vez menos convencido—. ¡Soy idiota, pero no tanto! ¡Eso no existe!
—Kaminari —comenzó Shouto subiéndose a la mano de Denki y mirándole fijamente—. Somos ratones, ¿no?
—Eh, sí…
—¿Y no te parece extraño que podamos hablar?
—Ahora que lo mencionas…
—Pues eso —finalizó Todoroki.
—Kaminari, solo tienes que pedir en voz alta y, probablemente, la hada madrina aparecerá —informó Kyouka.
Kaminari, aún con dudas, decidió confiar en las palabras de aquellos ratoncitos, así que optó por arrodillarse, juntar ambas manos, cerrar los ojos y pedir.
—¡Quiero ir al baile y disfrutar de las buenas vistas del príncipe pelirrojo! —exclamó con la mínima esperanza de que apareciera esa tal hada madrina.
Pero nada sucedió.
Abrió un ojo con dudas y lo siguiente que escuchó fue como Jirou trataba de reprimir la risa.
—¿En serio te lo creíste…? —comentaba Kyouka sin poder evitar burlarse de aquello.
Pero antes de que Kaminari pudiera decir algo, por arte de magia, apareció una alegre joven de cabello rosa con un vestido y una varita mágica.
—¡¿Alguien me llamó?! —exclamó con alegría.
—¡¿Existes?! —agregó Jirou sin poder creerlo y retrocediendo.
—¡Pues claro! ¡Soy Ashido Mina, pero me dicen el hada madrina! ¡Mi labor es unir a dos hombres en amor! —se presentó con una gran sonrisa.
—No me lo esperaba —agregó Todoroki con indiferencia.
—¡¿Entonces puedes ayudarme a ir al baile de verdad?! —interrumpió Kaminari con felicidad.
—¡Exacto! —confirmó el hada con una risa.
Dicho y hecho, aquella joven de cabello rosa tomó las medidas del rubio y sentenció unas palabras raras para hacer que las sucias ropas que llevaba se transformasen en un elegante traje de color negro con corbata roja; además, los zapatos azabaches también estaban hechos totalmente a su medida.
—¡Perfecto! —recalcó Ashido bastante entusiasmada.
—¡Wow! ¡¿Entonces ya puedo ir al baile?! —siguió Kaminari felizmente mientras contemplaba su fabuloso traje.
—¡Sí, pero con una condición! —aclaró Mina levantando un dedo en señal de advertencia—. A las doce de la noche tienes que estar de vuelta porque… ¡de lo contrario sucederá algo horrible! —advirtió con un poco más de seriedad.
—¡Oh, claro! —aceptó Denki restándole importancia a aquello.
—¡Y eso es todo! —dijo la chica de cabello rosa—. ¡Espero que tu amor se cumpla! —finalizó mientras levantaba su varita mágica, para luego recitar otras extrañas palabras y desaparecer.
Por unos segundos todo estuvo en silencio, hasta que Kaminari se giró y miró a los ratones que le miraban sin poder creer que había funcionado.
—¡Adivinad quién conocerá hoy mismo al príncipe! —exclamó cerrando los ojos y señalándose.
—Tú no, claro está —confirmó Jirou mientras se echaba y acomodaba al lado de Todoroki.
—¿Eh? —inquirió el rubio abriendo los ojos y con una sonrisa nerviosa—. ¿Cómo que yo no…?
—Hace un rato me colé en la habitación de Monoma y le escuché diciendo que iba a cerrar todas las puertas para dejar encerrado a Bakugou y, además, a ti incluido —informó Shouto con serenidad y restándole importancia, para luego acomodarse también junto a Kyouka.
—¡Espera, espera! ¡¿Entonces cómo saldré de aquí?! —se sobresaltó Kaminari cada vez más nervioso, sobre todo al ver cómo a aquellos dos ratones les parecía dar exactamente igual.
—¡PUTO BASTARDO! —un grito lejano procedente de Bakugou llamó la atención de Denki.
—¡JAJAJAJAJAJA! —se pudo escuchar otra risa.
—Parece que ya lo encerró —murmuró Todoroki entrecerrando los ojos y acurrucado con Jirou para dormir.
—¡Espera! ¡No os durmáis! ¡Ayudadme! —siguió Kaminari cada vez más desesperado.
Aquel rubio necesitaba una manera de escapar de aquella casa, pero no podía contar con la ayuda de sus “amigos” ratones.
Decidió que lo mejor era arriesgar, así que salió rápidamente de su habitación para buscar a Katsuki, el cual se hallaba dando golpes y gritando a la puerta de la salida.
Al parecer, Aoyama y Monoma ya se habían ido al baile.
—¡Bakugou! —llamó Denki acercándose hacia su hermanastro, el cual se giró y le miró frunciendo aún más el ceño.
—¿Qué mierda, retrasado? —inquirió al darse cuenta de lo bien vestido que estaba Kaminari—. ¡NO ESTARÁS PENSANDO EN IR AL BAILE, ¿NO?!
—¡Eso no importa ahora mismo! —exclamó Denki evadiendo la pregunta—. Lo importante es salir de aquí, ¿no? —siguió, levantando un dedo y con una sonrisa nerviosa.
Bakugou permaneció mirándole en silencio durante un rato, hasta que accedió a ello.
Y así, ambos hermanastros, se dispusieron a buscar alguna salida por toda la mansión en la que vivían, pudiendo hallar dentro del cuarto de Monoma un pasadizo secreto. Al entrar, contemplaron una especie de ritual satánico lleno de fotos de Bakugou, cosa que hizo poner alerta a aquel amargado joven.
—Vaya, se ve que Monoma parece estar obsesionado contigo… —comentó Denki con nerviosismo.
—Por eso anoche… —empezó Katsuki frunciendo levemente el ceño, pero se detuvo al darse cuenta de que iba a decir algo que no debía.
—¿Anoche…? —siguió el otro rubio levantando una ceja más que otra y con ciertas dudas al respecto.
—¡NADA, MIERDA! —negó Bakugou volviendo a enfadarse y prosiguiendo el camino hasta llegar a la salida.
Una vez ahí, vieron la luz del día. Al parecer, el pasadizo secreto de Monoma les conducía a un lugar que daba con el exterior, exactamente, debajo de un puente.
—¡Genial! —exclamó Denki con una sonrisa al ver que habían conseguido salir.
—Bueno, yo me largo, retrasado —sentenció Katsuki yendo hacia arriba y levantando la mano para hacer parar a un taxista.
Kaminari pudo contemplar claramente cómo su hermanastro se metía en aquel taxi para, seguramente, dirigirse al palacio donde se celebraba el baile.
—Maldición… —murmuró frunciendo levemente el ceño y sin saber qué hacer.
Por eso, no tuvo más alternativa que caminar.
Caminó a saber cuánto hasta conseguir llegar al palacio, pero cuando por fin logró estar en aquel lugar, se percató de que el reloj marcaba las 20:00.
—¡¿Tan rápido ha pasado el tiempo?! —se quejó para sí mismo.
Pero al menos tendría cuatro horas para disfrutar de la fiesta, así que no dudó en entrar y buscar al apuesto príncipe pelirrojo.
“Seguro que ya está bailando con alguien… o incluso ya encontró futuro marido.”
Y ahí estaba. Kirishima Eijirou, príncipe del reino, se hallaba sentado en su correspondiente lugar y observando bastante aburrido cómo los demás bailaban. Todos los hombres que se le habían acercado parecía que solo lo hicieron por dinero y se veían demasiado interesados en solamente eso, así que el pelirrojo no pudo elegir a nadie todavía.
Por unos segundos, Kirishima dirigió su mirada al joven que acababa de entrar y que parecía estar buscando algo, pero el repentino contacto de miradas fue lo que le hizo levantarse inconscientemente.
Aquel rubio llevaba el cabello recogido en una pequeña coleta; además, la corbata roja en su traje negro le hacía ver realmente atractivo y los zapatos negros que llevaba parecían hechos completamente a su medida. Aquellos ojos de color ámbar que le miraban y la repentina sonrisa que puso, hizo que el corazón del pelirrojo latiera cada vez más rápido.
Sintió su rostro arder cuando lo tuvo al frente suyo, mirándole con alegría y dispuesto a decir algo.
—¡Bailemos! —exclamó Denki cerrando los ojos con una sonrisa, un leve rubor en sus mejillas y ofreciéndole su mano.
Kirishima, por unos instantes, olvidó esos nervios que había sentido al ver a aquel joven y le devolvió la sonrisa mostrando sus puntiagudos dientes.
—¡Claro! —aceptó recibiendo la mano del contrario.
Las horas pasaron rápidamente mientras bailaban tranquilamente y eran el centro de atención de varias personas; en poco tiempo, habían simpatizado demasiado y se habían dado cuenta de que tenían bastante en común. Hablaron de cosas triviales, gustos, pasatiempos y bromas demasiado estúpidas que hacían que no pudieran evitar disfrutar de la situación y reír como nunca.
—Ahora que lo pienso, aún no te lo he preguntado… —comentó Kirishima mirando a Kaminari fijamente a los ojos—. ¿Cuál es tu nombre…?
Pero antes de que Denki pudiera responder, el sonido de la campana al dar las doce hizo que el rubio se girase hacia el reloj.
—¡Maldición! ¡Tengo que irme! —interrumpió algo desesperado y dispuesto a marcharse rápidamente—. ¡Perdón! —finalizó alejándose lo más rápido que podía.
—¡Espera! —llamó Kirishima reaccionando algo tarde, pero yendo tras él después de decidirlo.
Ya lo tenía decidido.
[...]
—¡Maldición, maldición! —murmuraba Denki haciendo el máximo esfuerzo de ir lo más rápido que podía y alejarse de aquel palacio.
Supo que la advertencia de Ashido era cierta cuando se dio cuenta de que estaba perdiendo la ropa por el camino.
Era como si unas manos invisibles hubieran comenzado a desvestirle por completo, quitándole el traje y tirándolo al suelo, haciendo exactamente lo mismo con los zapatos negros y la corbata que llevaba, dejándole solamente en calzones.
Cuando consiguió estar lo suficientemente alejado y escondido, suspiró y se cubrió con sus brazos por el frío.
“Ahora se supone que tengo que regresar a casa… en calzones.”
[...]
El príncipe pelirrojo se detuvo al ver el traje y los zapatos del joven rubio esparcidos por las escaleras. Se agachó para recogerlos y, decidido, optó por dar una orden que aplicaría la mañana siguiente.
Ya lo había decidido; había decidido que se casaría con aquel joven.
[...]
—¡TE MATARÉ! —el grito mañanero de Bakugou y las risas que le siguieron de Monoma, hizo que Kaminari se despertara.
La noche anterior, al llegar a casa muerto de frío por andar demasiadas horas en ropa interior, lo único que hizo al regresar fue echarse en su cama y dormir. Cuando llegó, la puerta estaba abierta ya que todos ya se hallaban en casa, durmiendo, después de haber estado en el baile.
—¡Maldición, el desayuno! —se sobresaltó al percatarse de que se había quedado dormido y no había hecho ninguna de las labores que le correspondían.
—Exhibicionista —comentó Todoroki con serenidad al ver cómo el rubio seguía en calzones.
—Parece que te divertiste anoche —agregó Jirou.
Kaminari, ignorando los comentarios de aquellos ratones, se levantó rápidamente y salió de su habitación, pero, para su buena suerte, vio claramente cómo Bakugou salía, también en calzones, de la habitación de Monoma, el cual se mantenía aún dentro.
“Supongo que es mejor no preguntar.”
—¡Hijos míos~! —la voz de Aoyama llamó la atención de los jóvenes—. ¡Ha venido el príncipe, quiere que nos probemos un traje! ¡El que tenga la talla ideal, se casará con él~! —siguió ilusionado, pero fue básicamente ignorando.
—Me la suda —comentó Katsuki.
—¡JAJAJAJA! ¡Eso es porque me prefieres a mí después de lo de anoche, ¿no?! —se escuchó la voz de Neito.
A los pocos segundos, Bakugou dio media vuelta, regresó a la habitación de Monoma y cerró la puerta con rabia.
—¡PREPÁRATE, MIERDA! —se oyó otro grito.
Pero lo que menos le importaba a Kaminari en aquellos momentos era la relación extraña entre sus dos hermanastros; lo que de verdad ocupó toda su atención fue aquello que mencionó su padrastro.
“El príncipe…”
Porque Denki no había podido olvidar aquella noche de baile que tuvieron y lo mucho que se divirtió al lado de aquel pelirrojo.
Bajó las escaleras, aún en calzones, y se dirigió hacia la puerta donde se hallaban unos guardias, su padrastro Aoyama y el mismísimo príncipe.
—Eh… creo que no te queda —comentó el pelirrojo al ver que los zapatos le quedaban grandes al igual que el traje.
—¡Sí me queda y, además, soy rubio~! —insistió Aoyama con un brillo en sus ojos.
—¿No hay ningún otro rubio en este hogar? —inquirió Kirishima con una leve sonrisa y algo cabizbajo—. Esta es la última casa a la que acudimos…
—¡Mis dos hijos lo son, pero están en una relación incestuosa, así que lo dudo~! —informó con orgullo y con su típica sonrisa.
—Bueno… supongo que entonces nos vamos —siguió el pelirrojo algo decepcionado; no había conseguido encontrar a aquel alegre rubio con el que había pasado la mejor noche de su vida.
—¡Espera!
Kirishima alzó su rostro y dirigió su mirada hacia donde procedía aquella voz.
Entonces lo pudo ver; pudo ver al rubio que era dueño de sus constantes pensamientos. Cabe decir que estaba en calzones, pero eso era lo de menos.
—¡Kaminari-kun, ¿qué haces aquí?! ¡Ve a limpiar el suelo y a preparar los desayunos ahora mismo~! —ordenó Yuuga extendiendo su mano divinamente.
—¿Puedo probarme eso? —inquirió con una leve sonrisa y acercándose hacia el príncipe, mirándole a los ojos y con un leve rubor en sus mejillas.
En pocos segundos, los guardias desvistieron a Aoyama y le cedieron el traje y los zapatos a Kaminari, el cual se los puso con gran facilidad, resaltando lo bien que le quedaban.
—Puedo… —comenzó Eijirou con una sonrisa y mirándole a los ojos—. ¿Puedo saber tu nombre?
—Kaminari Denki —respondió con una sonrisa traviesa.
—¡Esto es un error~! —reclamó Aoyama cubriéndose con sus brazos y señalando a Kaminari.
—Kaminari Denki… —inició el pelirrojo posicionándose delante del rubio y arrodillándose—. ¿Me harías el honor de casarte conmigo?
—¡MUERE! —se escuchó un grito mezclado con gemidos procedente de la habitación de arriba, cosa que hizo que los jóvenes se quedaran en silencio durante unos segundos.
—Eh… —murmuró Denki lamentando los gritos de su hermanastro—. Sí, sí quiero —aceptó la petición dicha antes por pelirrojo.
Dicho y hecho, así fue como el príncipe del reino, Kirishima Eijirou, se casó con el rubio sin padres llamado Kaminari Denki, el cual abandonó a su familia adoptiva para irse a vivir con su esposo, dejando a Aoyama sin criado.
Y, así, vivieron felices para siempre.
También, al cabo de unos meses, Denki se enteró de la boda de Bakugou Katsuki y Monoma Neito, pero eso era otra historia.
FIN
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Al final me decanté por Cenicienta ya que de pequeña solía ver la película y recuerdo la trama (no como la de muchas otras de Disney). Además, imaginarme a la famila de rubias (Bakugou, Aoyama, Monoma y Kaminari) era muy tentador (???
El Katsunoma puede conmigo, ah ♥
Escribí más de 3000 palabras, esto no me lo esperaba(?)
Rindoux al final sí puse a Jirou como ratón xD ♥
Y, bueno, con este one-shot ya cumplí mi objetivo de participar en todos los días de la KiriKami week 2018 ♥ fue genial :’)
Lo más seguro es que para la de 2019 también esté presente (solo si sigo en el fandom de BnHA para ese entonces, ahre JAJAJAJ (???))
Bibidi Babidi Bú~
Ahora a disfrutar con la tercera temporada de BnHA :)
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