Capitulo 55
Pienso en lo de mañana y la piel se me pone de gallina. Iremos a matar personas por comida, nos meteremos en un problema que no nos corresponde sólo para sobrevivir un día más. Estoy más que dispuesta a ir ayudar, pero la poca moral que me queda me hace cuestionar todo, ¿estamos haciendo lo correcto? ¿Qué pasará luego de esto?
Deseo dormir plácidamente y no despertar hasta el medio día, sin embargo mi ansiedad se encarga de no dejarme hacerlo. Desde que volvimos de Hilltop no de parado de tener la inquietud de que puede salirnos mal algo mañana; por petición de Daryl me vine a la casa a intentar descansar o distraer un poco mi mente haciendo cualquier modificación a los muebles, pero igual es imposible. Para cuando me di cuenta ya era de noche, Marcus baja a cenar junto con Cerbero, gracias al cielo Carol hizo sus galletas sino no habría que darle a Marcus.
—Hoy cenaremos galletas con leche —anuncio, deslizando un plato lleno de galletas sobre la mesa, le acerco el vaso de leche—. Bon apetite.
—¿El señor Dixon no cenara con nosotros? siempre esta aquí para la cena.
—Daryl esta resolviendo unos asuntos con Rick y Glenn, vendrá más tarde, Chaparro —alboroto su cabello. Marcus se encoje de hombros, ama las galletas de Carol, las ama más que la tarta de manzana de mi abuela.
Acompaño al niño hasta que termina todo. Había leído por ahí que las mujeres, a diferencia de los hombres, podemos hacer dos cosas al mismo tiempo y vaya que es cierto; escucho a Marcus hablar sobre como la lluvia arruino su tarde de juegos con Cerbero y tuvo que irse a casa de Ruby, él dice que en más de dos ocasiones le toco mirar a Isaac y Ruby besarse, al mismo tiempo que escucho sus relatos pienso en lo de mañana. Al ver a Marcus me es imposible preguntarme si habrá niños en el lugar, ni Rick ni Daryl o cualquier otro de la comunidad mataría a un niño, al contrario los traerían a la comunidad pero, ¿qué pasará cuando crezcan? nos odiaran por haber matado a sus familias y nos mataran, yo haría eso. Lo hacemos por él, por Carl, por Judith, por los niños de la comunidad... estamos a punto de exterminar a toda una comunidad para que los niños tengan comida.
—Marcus, mañana en la noche saldremos Daryl y yo a una expedición por suministros, ¿puedes irte a casa de Eugene en la noche? para que no duermas solo en la casa.
—Por que mejor no voy con Ruby —sugiere.
—Ruby vendrá con nosotros, al igual que Maggie y Glenn y Rick.
—Entonces mejor voy con Denise, por favor no me hagas ir con Eugene —lo veo juntar sus manos en señal de suplica.
—¿Y eso por qué?
—Eugene es aburrido. Habla y habla de cosas de ciencia y a mi no me gusta la ciencia.
—De acuerdo, no pienso torturarte obligándote a dormir en casa de Eugene —alboroto su cabello—. Le preguntaré a Denise si puedes quedarte con ella, y por favor no vayas a romper algo o romperte algo tú, eres demasiado rompible.
—¡Fue Cerbero el que rompió la lampara! —replica.
—Si, si, culpa al perro. Ve a dormir, Mocoso —señalo las escaleras.
Suspira dramáticamente. Limpio el comedor y lavo los trastes. Al mirar por la ventana frente al fregador veo las desiertas calles de la comunidad, las luces están apagadas en las casas alrededor, todos somos conscientes de los riesgos tomados al ofrecernos a quitarles ese peso a la gente de Hilltop. Mi lado demente sugiere matar a Jesús y su compañero y quedarnos con las cosas, de todos modos ellos son los únicos que saben donde queda nuestra comunidad, si no vuelven su gente creerá que fallamos y morimos, lo darán por sentado cuando los salvadores vayan por sus suministros; por otro lado, mi cordura me recuerda los valores que mis papás me enseñaron, la honestidad y benevolencia cachetean mi cara gritando <¡RECUERDANOS ESTUPIDA!>.
Por cosas como estas es que no fui a la reunión en casa de Rick. Ethan hará un plano del establecimiento y sobre eso se decidirá el plan. A falta de sueño no vendría nada mal dar una vuelta por la comunidad, tomar aire fresco puede ayudarme a dejar de pensar en la muerte inminente por venir.
Este frio me hace recordar los buenos años, cuando mamá preparaba chocolate caliente y compraba galletas en la tienda, abríamos todas las cortinas para ver hacia afuera y papá buscaba alguna película para ver o simplemente hablábamos todos reunidos en la sala. Hace ocho años estaba mi familia reunida en casa tomando chocolate, mamá, papá y Andrew; ahora sólo estoy yo. No tengo a mi familia ni mi chocolatito caliente. Siento un dolor que oprime mi pecho al pensar en lo mucho que ha cambiado mi vida y la de todo el mundo... y todavía lo que falta por cambiar.
He conocido a muchas personas, la gran mayoría de esas personas están muertas por qué así es en estos tiempos, la gente muere al primer descuido, sólo hay que bajar la guardia. Al pensar en ello como auto reflejo mi mano va hacia mi pierna esperando tocar mi arma, me alarmo del mismo modo que cuando no sentía el celular en mi bolsillo, luego recuerdo que la deje con todo y pernera en la mesa de la cocina.
—Tonta —mendigo a mi misma.
Supuestamente nunca salgo de casa sin ella por si ocurre un ataque sorpresa a la comunidad y la olvide en casa. Jamás fui fan de mirar la luna o las estrellas, pero justo esta noche el cielo nocturno esta lleno de ellas, muchas Estrella brillantes y hermosas acompañadas de una luna menguante. Con un poco de suerte podré ahora sí encontrar las constelaciones, nunca supe dar con ellas, era más fácil encontré una forma en una nube que en las estrellas.
Me siento en el borde de la banqueta con los brazos apoyados en mis rodillas.
—De todos los fínales alternativos para el mundo, ¿por qué tenía que ser el de muertos vivientes? —digo mis pensamientos en voz alta mirando el cielo. Imagino a un marciano sobrevolando la Tierra viendo lo jodidos que estamos—. Hubiera preferido a E.T y su familia.
—Si me lo preguntas a mi me hubiera gustado más morir igual que los dinosaurios. Un meteorito y nos vamos todos juntos a la mierda —Ruby también ve al cielo, baja la mirada cuando siente que la observo—. Suena mejor, ¿no?
—Más rápido —concuerdo. Extiendo los brazos sin sacar las manos de los bolsillos de su sudadera en señal de "lo ves". Ocupa un lugar a mi lado en la banqueta—. ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías durmiendo plácidamente abrazada al energúmeno de tu novio.
—¡Oye no lo llames así! —finje indignación. Su codo se clava en mis costillas, empujándome de una forma juguetona—. Estoy algo nerviosa con lo de mañana. Imagínate, primero éramos nosotras dos, luego estuvimos en un grupo, después llegó la comunidad, encontramos otra comunidad y ahora vamos a exterminar un grupo... la vida cambia mucho.
—Estamos igual, Guayaba. No puedo dormir, Daryl está en casa de Rick viendo lo del plan y siento que algo puede salir mal.
—Dilo —la veo desentendida—. Dilo en voz alta, Betty. Admítelo. Son dos simples palabras que no te atreves a decir, jamás te he escuchado decirlas o al menos no sentí que de verdad las sintieras.
Me le quedo mirando tratando de adivinar a cuales palabras se refiere. Por si ella no lo había notado digo muchas palabras y algunas no las digo de forma literal, así que no entiendo a qué se refiere.
—¿Estás dopada o algo así? —tocó su frente con el dorso de mi mano para comprobar que no tiene fiebre, ella me aparta de un manotazo—. Oye si te refieres a las veces que he pedido perdón sin de verdad sentirlo...
—¡Ay, babosa! Digo que aceptes que tienes miedo.
—Pues explícate bien, pendeja. Luego luego sales con tus palabras filosóficas, ¿quién te crees? ¿Sócrates?
—Contigo nunca se puede tener una conversación normal. Iba a decirte que estaba bien que sintieras miedo, todos lo sentimos y que no dudarás nunca de tus capacidades, puedes hacer arder el mundo, Betty, y sé que lo harías por cuidar a los tuyos; pero siempre andas ahí cagando los momentos lindos —se levanta molesta.
Las ganas de reírme son grandes, tengo que morderme el labio para no reírme de su ataque de enojo.
—Mira, ven siéntate otra vez y volvemos a empezar, actuaré bien, ¡Ándale ven! —la llamo al ver como se va de regreso a su casa. No sé cómo logré fastidiarla, supongo que me sale natural ya. La satisfacción que me provoca enfurecer a las personas es inexplicable—. ¡Te estoy hablando, piernas de pollo!
—¡Vete a la verga, chichis de pasa! —me muestra sus dos dedos medios.
—¡Para que te la sepas, si te entiendo el español, ET!
Tiene unos dedos larguísimos y huesudos, parecen de marciano. He convivido con ella tantos años hasta llegar a comprender algunas palabras en español, en si una conversación completamente en español no la puedo mantener pero puedo comprender cuando una larguchona con dedos huesudos y piernas de pollo me ofende. Los ecuatorianos son temperamentales.
Seguir caminando en círculos por la comunidad sigue siendo una buena idea; mejor que esperar a que doña piernas de pollo venga a tirarme una cubetada de agua fría.
El plan comienza a media noche. Al primer asomo del amanecer varios del grupo junto con Jesús y Andy fuimos a buscar la cabeza más parecida a la de Gregory para dársela a Negan.
Rick, Daryl, Isaac, Michonne, Maggie, Carol, Glenn, Ruby, Tara, Rosita, Abraham, Sashay Aarón están muy involucrados en esto. Todos entrarán para sacar la comida y las armas mientras Ruby y yo nos quedamos cuidando el perímetro junto con Maggie, cuidaremos más de ella que otra cosa.
La embarazada Rhee se ofreció a venir y nosotras nos ofrecimos a cuidarla. También por petición de Daryl decidí quedar acá, dijo que si entraba allá no iba a concentrarse del todo por cuidarme; le dije que no necesito que cuiden de mí pero que aún así permanecería cuidando de Maggie y su bebé. Y es justo lo que hago ahora, la media noche cayó más rápido de lo esperado. La caravana está a unos metros del lugar, por la parte trasera, nosotras divididas en tres lados; Maggie cuida el frente, Ruby y yo los costados. El plan comienza a ejecutarse, si mi cálculos son correctos, ya deben estar dentro matando a todos.
Ninguna dice nada, estamos tan nerviosas como para decir alguna palabra. Muevo las manos con nerviosismo, mantengo el dedo alejado del gatillo no quiero lastimar a alguien que no debo.
—¿Cómo les estará yendo? —pienso en voz alta.
—No hay problemas hasta ahora.
—¿Por qué decidiste venir, Maggie? Estás embarazada —dice Ruby.
—Yo hice el trato, debía estar aquí —responde mirando alrededor—. Es mi deber.
—Tu deber es ver por ese bebé que crece dentro de ti, no debes arriesgar tu vida.
—Demasiado tarde, ya estoy acá, ¿no? —se encoge de hombros.
Algunos caminantes pasan por la zona. El sonido de los grillos y los demás insectos es el sonido más fuerte que se escucha en todo alrededor; lo era antes de que una alarma comenzara a soñar dentro de la construcción.
—Carajo.
—Voy a entrar —Maggie empieza a correr.
Ruby y yo vamos a detenerla.
—No vas a ir a ningún lado. Te quedas aquí —sentenció.
—¡Tengo que ir, nos necesitan!
—Ódiame ahora, pero no voy a dejar que entres allí. Le prometí a Glenn y a mi misma que no iba a dejar que nada te pasara y voy a cumplir ése juramento —digo. Maggie se mueve desesperada, la alarma me inquieta, tengo la necesidad de salir corriendo yo también—. Te vas a quedar aquí, mientras nosotras...
—Sólo iré yo —interrumpe Ruby, su rostro refleja el miedo y la determinación que su voz denota—. Si vamos las dos ¿quién asegura que Maggie no entrará justo después de nosotras?
Tiene razón. Asiento, aceptando el que solamente vaya ella. Le doy un corto abrazo.
—Cuídate.
—No hagas nada estupido —esa es su manera de decirme que me quiere.
Escucho como el seguro del arma en sus manos es removido al tiempo que lo alza, apunta detrás de mí, mucho más atrás de Maggie; para cuando me doy vuelta ella ya le disparo al hombre que salía de entre los árboles. No lo mato, lo hirió en el brazo.
—Maggie —advierto.
—Debemos aniquilar a todos —replica, acercándose al tipo para ponerle fin de una vez—. No debe quedar ninguno.
—Morira de todos modos...
—Baja el arma o ellas mueren —dice una voz detrás de mí.
Nosotras tres nos quedamos para cuidar que si alguien salía matarlo, como dice Ford: no dejar cabos sueltos. Teníamos un sólo trabajo, simple y sencillo, ¿y qué es lo qué pasa? Fallamos. Ahora hay cuatro Salvadores vivos, uno herido y las tres perras que lograron salir nos están apuntando. Una mujer bajita con pinta de vivir en un pantano y comer niños le apunta a Maggie, una pelirroja con cara de adicta le apunta a Ruby y yo tendré el privilegio de morir a manos de una chica en sus veinte que se parece a la idiota que odiaba en la prepa.
—Pongan sus armas en el suelo ahora mismo —ordena la pelirroja.
Hacemos lo que dicen. Nada más nos tomaron por sorpresa, pero en la primer oportunidad moriran al igual que todos dentro de su complejo. Los ojos de Maggie destellan de sorpresa.
—Esa chaqueta es demasiado linda para que la tenga un cadaver —menciona la come niños—. Me gusta el color rojo.
—Después de matarlas se la quitas —dice la peli negra.
—Con toda la intención de ofender, no creo que te quede, chula. Eres como cinco dimensiones más ancha que yo, tipo del tamaño del sol pero en chiquita.
—Cierra la boca —la peli negra pega el arma a mi nuca.
—Te voy a borrar esa estupida sonrisa de la cara, perra esquelética.
—La esfera de navidad se enojo —mascullo.
—Voy a matarla.
—¡Dije que te callarás!
—Deja de apuntarme a la cara, Verrugas —miro amenazante a la peli negra.
—Ya es suficiente. Ninguna de ustedes dirá una sola palabra o ahora si las mataremos sin contemplaciones —decreta la pelirroja.
Si solamente fuera mi vida la que está en juego me valdría un comino, sin embargo no es así, Ruby, Maggie y el feto Rhee también están aquí. Nos retiran las armas y los cuchillos. Permanecemos de pie hasta el amanecer, horas de aburrimientos escuchándolos quejarse y hablar sobre cómo los pendejos fueron tomados por sorpresa por nosotros. La alarma dejó de sonar en algún momento. Entre nosotras nos comunicábamos con la mirada, Maggie señalaba discretamente a la pelirroja tanto Ruby como yo negamos.
—Hagámoslo —la imagino diciendo.
—Aún no —le decimos nosotras.
Solecito atiende a su amigo. Verrugas nos custodia a las tres y la adicta observa por los binoculares.
—Tienen a Primo —informa—. Diablos dame la radio. —la pelirroja extiende el brazo sin dejar de mirar por los binoculares—. Ya baja el arma, imbecil. Tú el del Colt Phyton. Todos bajen la armas ya mismos.
Pasan unos dos segundos para que la voz de Rick se escuche por el radio.
—Muéstrate. Hablemos.
—¿Cuántos son? —inquiere la esfera navideña.
—Veo ocho. Demasiados.
—Hemos eliminado más —habla positivo el herido.
Pero apuesto a que ninguno de ellos estaba igual de zafado que nuestro líder. Rick de que quiere baja el swich de la cordura y se le activa el modo "Masacre al estilo Jedidah Sawyer", Viernes 13 le queda chico.
—No vamos a salir pero si hablaremos —habla de nuevo la adicta. Nos mira—. Sus nombres... ¡nombres!
Maggie es la que responde.
—Somos Maggie, Ruby y Betty.
—Tenemos a Betty, Maggie y Ruby —dice. No sabe en la que se acaba de meter, se acaba de ganar el modo masacre de Rick y de postre al rabioso de mi Bombón; recuerdo lo loco que se volvió aquel día que casi me matan en el blockbuster, no quiero imaginar lo que hará esta vez—. Supongo que es algo de lo que van a querer hablar. Resolveremos esto ahora y será a nuestro modo.
No, perra, será al modo de Rick Grimes y en su modo ustedes mueren, pienso.
—Tenemos a uno de los suyos... negócienos.
—Escucho.
—Primero quiero hablar con ellas.
—Digan que están bien, si intentan algo lo sabré.
La mujer se acerca a nosotras, toma con brusquedad a Ruby del brazo para que hable. Algunos caminantes aparecen, Pepa y Verrugas se encargan de ellos.
—Rick, soy Ruby, estoy bien. Nosotras veremos como...
Corta la comunicación. Es turno de Maggie.
—Rick, soy Maggie. Estamos bien... lo resolveremos.
—Cállate. Ahora tú, te encanta hablar —pone el radio cerca de mi boca.
No se me ocurre un mensaje subliminado para decirles. Estoy en blanco.
—Soy Betty. La perra quiere que diga que estamos bien —fuerzo una sonrisa.
—Idiota. Ya las oíste, están bien. Ahora lleguemos a un trato.
—Bien, el trato es el siguiente... déjalas ir, les daré a su amigo y vivirán —ofrece.
Las letras chiquitas del trato son: al dejarlas ir y presentarse ante nosotros les vamos a volar la cabeza. Esas siempre son la letras chiquitas de Grimes, son efectivas e infalibles.
—Tres por uno no suena muy convincente —le dice.
—Es la única opción us tienen. De tener otra ya la hubieran hecho —replica Grimes.
—Tenemos que recuperarlo. Él es el único que puede curarme —habla el herido. Ve a Ruby con asco y rabia—. Y todo por culpa de esta infeliz.
—Y eso que no tuviste el privilegio de recibir una bala mía, te habría volado el miembro.
—Betty, no es tiempo de bromas —susurra Ruby.
—Éste es mi mecanismo de defensa —objeto.
—¡Silencio!
Debaten entre ellos si aceptar el trato o no. La pelirroja es lista, queda en comunicarse de nuevo para decir si acepta o no; luego de eso nos cubren la cabeza con nuestras mismas chaquetas para no ver a donde somos llevadas. Nada más puedo ver mis tenis y el suelo donde piso. La ansiedad se vuelve a presentar, quien sabe a donde nos llevan y que nos harán. Empiezo a desesperarme, asustarme, es frustrante este tipo de sentimientos. Detesto la ansiedad.
Desde aquí debemos empezar a actuar nosotras por nuestra cuenta.
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