Cap 6: Nervios

Dedicado a Lionel_Winter

Fumikage tan solo se había decidido a entrenar un poco en las caminadoras del gimnasio, no se esperaba encontrar al musculoso chico que conoció ayer. Está bien, quería volver a verlo, pero no se imaginó que trabajaba de entrenador.

Mezo, por otro lado, respiró profundamente antes de darle la bienvenida, porque, para él, el profesionalismo es primero.

—Bienvenido al gimnasio, ¿algo que deseas usar en particular?

—Hola, vengo a usar la caminadora, pero primero quiero hacer calentamiento ¿me ayudas?

—¿Calentamiento? —se sonroja ligeramente por debajo de su máscara—. De acuerdo, sígueme para poder trabajar.

El chico lo siguió a un espacio libre de máquinas y materiales, con el piso cubierto por un tapete. Le indico unos ejercicios simples, como tocar sus pies con las manos de forma opuesta (la izquierda con derecha y derecha con izquierda), también mantener elevado sus tobillos con la mano y un par de sentadillas laterales. Mezo apenas lo tocó, en primera por respeto y en segunda porque al parecer sabía lo que hacía.

Aparentemente no es su primera vez ejercitándose.

Luego de trabajar sus brazos, Fumikage se fue a la caminadora y la colocó en nivel 6. Todo eso bajo la supervisión del más alto.

No paró hasta 30 minutos después, cuando finalmente apagó la máquina y descansó, poniendo las manos en las barandas de soporte mientras recuperaba el aliento.

Al mirar de reojo, se encontró al asistente con una botella de agua y una toalla, aceptando solo la primera, sentándose en un banco de descanso.

—Gracias —dijo después de varios tragos.

—Es parte de mi trabajo. ¿Te ayudo con calentamientos? Así no sientes dolor después de ejercitarse.

—Por favor.

Mezo se arrodilló enfrente de el y, tomando su pierna, le fue mostrando como elevar la rodilla en varias repeticiones, con ambas extremidades. Le ayudó en las primeras hasta que Fumikage recuperó las fuerzas para actuar por sí mismo.

Luego de eso, rodeó el banco y puso sus manos en la espalda del azabache.

—Inclinate y trata de tocar el suelo —el chico obedece.

Uso sus manos para ayudarlo a inclinarse más, masajeando suavemente a través de su camisa para relajarlo ligeramente. Al verlo enderezarse, le indicó que hiciera nuevamente sentadillas laterales.

—Eres muy bueno en tu trabajo —le comentó Fumikage luego de hacer respiraciones.

—Gracias —sonríe.

—No quiero sonar grosero pero, ¿estás enfermo o algo así?

—¿Enfermo? —lo ve señalar su máscara— ¿Esto? —se toca el cubrebocas—. No, no estoy enfermo, es por asuntos personales que la uso.

Al oír eso, el chico se avergonzó preocupado.

—Disculpa, no era mi intención.

—Descuida, es bueno sentir curiosidad a veces. En fin, evita bañarte con agua fría y no uses ropa ajustada. Así evitarás calambres y el cuerpo no te va a doler tanto después.

—Entendido, gracias —se retira con una sonrisa.

Mezo volvió a tocar su máscara, recordando ese asunto personal que lo llevó a usarla.

—Ok, ¿entendiste lo que harás?

—Sí, me acerco a ella, me presento y si ella reconoce mi nombre continuo, si no, trato de decirle quién soy sutilmente.

—Correcto excepto en lo último. No vas a tratar, lo vas a lograr.

—¡Muchas gracias Mei-chan! Gracias a ti siento que voy a poder.

A pesar de no haberse conocido antes, Ochaco descubrió una gran camaradería en esa chica de pelo rosa.

Es increíble como 15 minutos con ella le dieron más confianza que 2 horas de un seminario motivacional.

—Te acompañaré hasta donde se encuentra, luego de eso tú harás el resto —Ochaco asiente.

Ambas salieron del ascensor hasta la recepción, el último lugar donde sabían se encontraría Tsuyu.

—¿Es ella? —señala a una chica de pelo verde oscuro.

—Sí —se sonroja mientras sonríe.

—Bueno, a lo que te truje —la empuja suavemente— ¡Buena suerte Ochaco-chan!

Ochaco retomó la postura, y con una seguridad —practicamente falsa— fue en dirección a la mucama.

—Hola  —le llama suavemente la atención.

Tsuyu volteo ante la voz.

—Buenos días señorita Uraraka —hace una pequeña reverencia.

—¿Sabes mi apellido?

—Bueno, es que usted tiene una habitación en mi piso de trabajo, por eso conozco su apellido.

—Pero no conoces mi nombre —la chica niega. Ochaco tomó mucho aire antes de seguir—. Pues mi nombre es Ochaco Uraraka, es un placer conocerte Tsuyu.

—¿Ochaco? —analiza un segundo hasta que reacciona—. ¡¿Eres Ochaco!? —ella asiente feliz, acto seguido toma su mano— ¡Estoy muy feliz de finalmente conocerte!

Ambas chicas estaban muy felices de la confesión y revelación. Comenzaron a hablar de varias cosas —aprovechando el descanso de la mucama— ahora que finalmente no necesitaban ni papel ni tinta para hacerlo.

Ahora podían hacerlo cara a cara y con toda la alegría del mundo.

Todo esto bajo la orgullosa mirada de Mei, recargada en la tabla de recepción.

—¿No es lindo el amor?

En ese momento, Tenya regresaba de su almuerzo, sorprendiendosé al ver a la chica.

—¿Señorita Hatsume?, ¿ocurre algo?

—Claro que sí. Un milagro llamado conocerse cara a cara.

El chico volteó hacia la dirección que visualizaba Mei y entendió a lo que se refería.

—¿Asui-san?

—¿Conoces a la mucama?

—Claro que sí, es mi deber como su superior.

—Pensé que como amigo. Si vienes a trabajar sin tener ningún amigo es aburrido

—Bueno... somos amigos, pero en este momento estamos trabajando.

—¿Qué ella no está en su descanso?

—Ciertamente.

—¿Y tú?

—Estoy en mi hora de almorzar, termina en 29 minutos —mira su reloj.

—Que específico. Entonces, ¿puedo conversar con el Tenya normal?

—¿Mi yo normal?, ¿y cómo sabe mi nombre?

—Por tu placa tontito —la señala mientras se ríe—. ¿Entonces?

—Y-yo supongo que esta bien.

Mei sonrió satisfecha por esa respuesta.

En el área de descanso del restaurante, unos orbes dorados contemplaban el pequeño papel en sus manos pellizcandosé varias veces para saber si no era un sueño.

—Bakugou-kun, ¿ocurre algo? —preguntó Ibara acompañada de Kyoka.

—¿Qué tienes ahí?

—Am... nada —intenta esconderlo entre sus bolsillos

Los torpes movimientos de sus manos lo hicieron soltar el papel, el cual cayó a los pies de otro compañero.

—Ten Denki, se te cayó —le da el papel.

—Gracias Ojiro-chan.

—¿Y qué significa 625? —comentó el chico con inocencia.

Sólo Kyoka pudo entender lo que estaba pasando.

—¿Es un número de habitación?

—¡¿Qué!?, ¡claro que no! —empieza a ponerse nervioso—. Sólo...es un... ¿número de teléfono?

—¿De tres dígitos? —se cruza de brazos.

El pobre estaba acorralado por sus compañeros y tenía ganas de escapar, pero, según él, es un Bakugou, así que tiene que ser valiente.

—Me atraparon, sí es un número de habitación —desvía la mirada con un puchero.

—¿Acaso acosas a un húesped? —Ibara se preocupó, siempre había visto a Denki como un chico inocente.

—No Shiozaki-san, no lo estoy acosando. Lo que pasa es que... me lo dejó en la mañana junto con una propina de $100.

—Bueno, lo de la propina es normal —Mashirao alza los hombros—, eres el mejor de nosotros. Lo que no entiendo es por qué te dio su número de cuarto.

—Ni yo lo sé —sonríe—. Pero sólo hay una forma de saberlo.

Luego de mucho esperar, Shoto finalmente había encontrado al joven peliverde trabajando en el pasto. Se tomó un minuto para contemplarlo con su sombrero marrón para cubrirse y sus fuertes manos empujando la podadora.

Miró su propia mano sosteniendo una rosa roja y fue en dirección al chico.

—Disculpa.

—Hola señor Todoroki —se detiene—. Es una linda tarde, ¿no le parece? —le sonríe.

—No tan linda como tú.

—¿Eh? —se sonroja—. Gra...gracias.

—Eres más lindo que la tarde y más bello que esta flor.

Los ojos esmeralda del jardinero brillaron al mismo tiempo que su pecho latía fuertemente, contemplando al bicolor de ojos heterocromáticos, quien le dedicó una sonrisa.

Las palabras románticas de Shoto comenzaban a hacer efecto en Izuku.


Hasta que vio la flor.


—Señor Todoroki, ¿de dónde sacó esa flor?

—Crecen por la entrada de hotel.

—¡Esas son flores que recién cultivé! —se altera—. Tengo que replantarla antes de que el jefe me las cobre de mi salario —la toma y se va rápidamente.

Shoto no hizo más que maldecirse a sí mismo. La idea era hacerlo feliz, no enojarlo. Y de seguro Momo también lo iba a regañar cuando se enterara de lo que hizo.

Pero fue en ese momento que recordó algo que lo hizo regresar a su cuarto.

Por la prisa subió las escaleras en lugar de tomar el ascensor, y si no fuera por su excelente condición física, se hubiera desmayado del cansancio.

Entró rápidamente al cuarto y comenzó a buscar por el tocador y los cajones hasta que encontró lo que quería.

Se trataba de un boletín turístico que mostraba los lugares más visitados del pueblo, entre ellos, la famosa florería Midoriya.

Mañana tiene algo por hacer.

Columpiando las piernas para distraerse y viendo la bata blanca de sus muslos, Tamaki se encontraba en una habitación sentado en una camilla cubierta con una sábana morada de tela suave. Algo que su mamá le aconsejó para relajarse fue ir al spa del hotel. De todos los servicios que este incluía, optó por el único que se hacía de forma privada: un masaje.

Su pensamiento se interrumpió al escuchar la puerta abrirse y ver a un chico de cabello blanco entrar a la habitación.

—Disculpa, solo vengo a dejar estas toallas —las deja en un pequeño buró.

—No te preocupes, es parte de tu trabajo, además de que ni siquiera me he colocado en la camilla.

—¿Te ayudo? —señala la camilla con la mano.

—Por favor.

El lugar realmente lo mantenía calmado. La música, la iluminación y el aroma lo hicieron olvidar por completo su ansiedad. Luego de quitarse la bata y recostarse cruzando los brazos y apoyando su cabeza en ellos, Juzo cubrió su cuepo hasta los hombros con la sábana.

—¿Es tu primer masaje?

—Lo es. ¿Qué me recomendarías?

—Tenemos diversos tipos: descontracturante, sueco, japonés, taliandés, tejido profundo, hawaiano... —se detiene—. Perdona, debs creer que soy un aburrido.

—No lo pareces, aunque siendo sinceros yo no entiendo nada de masajes. Pero me gustaría uno principalmente en la espalda.

—Bueno, se lo diré a senpai.

—Espera —se apoya en sus brazos para mirarlo—, ¿no me atenderás tú?

—Tengo otro cliente en la habitación continua, el senpai me pidió que dejará las toallas aquí, no debe tardar en llegar.

En ese momento entró el rubio que Tamaki había conocido el día anterior.

—¡Hola Honenuki-kun! Gracias por traerme lo que te pedí —acaricia su cabeza—. Ahora ve a atender a tu cliente.

—Sí señor —se retira.

Mientras Mirio se limpiaba las manos, se dió cuenta en ese momento quién era su cliente.

—¡Tamaki!, me alegra verte otra vez.

—Mirio... yo no... no sabía que trabajabas de masajista —baja la mirada sonrojado.

—No es algo que todos notan a primera vista en realidad, muchos creen que trabajo de salvavidas —se acerca a la camilla—. Muy bien, recuestate y coloca tu cabeza en el agujero.

Tamaki obedeció, casi de forma sumisa. La calma que adquirió al principio se le fue casi inmediatamente cuando recordó que un desconocido tiene que tocarte. Sin embargo, nuevamente se relajó al sentir las manos del rubio sobre su cuerpo, sin evitar soltar un suspiro de alivio.

—Estás mucho más tenso de lo que imaginé. Tienes muchos nudos en la espalda, aunque poco duros.

—Creo que fue por el período de examenes de la Universidad.

—¿Sólo eso? —dijo presionando sus manos contra su cuerpo—. Aquí puedes hablar de lo que te molesta, es como una terapia. Tú y yo sin nadie más.

Tamaki cerró los ojos y tragó un poco de saliva mientras aún tenía al chico masajeando su espalda.

—Bueno, los exámenes, las compañeras que me acosan todo el tiempo, la gente que me reconoce como hijo de una famosa escritora... —ahoga un ligero gemido de dolor—, creo que todo eso me provoca estrés.

—Pues tendrás un mes para olvidarte de todo eso Tamaki. Aquí nadie sabe tu parentesco con alguien famoso salvo mis superiores, te puedes relajar.

—Ya lo estoy haciendo aquí —cierra sus ojos disfrutando del momento.

Mirio dibujó una tierna sonrisa al oír eso.

En la sala continua, Juzo se encontraba secando la espalda de su cliente, quién estaba muy satisfecho por el trabajo del chico.

—Tienes un gran don con las manos —lo felicitó.

—Gracias señor Kirishima.

—Aw, no tienes que ser formal —se levanta de la camilla—, puedes llamarme Tetsutetsu o Testu, lo que sea más fácil para ti.

—Tetsu está bien para mí —sonríe.

—Oye, ¿no te incomoda qué esté en ropa interior?

—Al trabajar de masajista lo he visto prácticamento todo, y déjame decirte que tu estado actual para mí es bastante decente.

—Si me permites, me voy a vestir.

—No soy quién para detener tu derecho.

Mientras Juzo se limpiaba el aceite restante de sus manos, Tetsutetsu comenzó a cambiarse detrás de un biombo, hasta que decidió preguntar algo.

—¿Siempre quisiste ser masajista de hotel?

Juzo dejó lo que estaba haciendo al oír eso.

—Claro que sí.

—Es que tienes el talento suficiente para abrir tu propio consultorio. ¿Cuándo comenzaste a practicarlo?

—Es una historia algo rara.

—Tengo tiempo para oírla

—Pero yo no tengo tiempo para decirla.

—Vamos, cuentame —sale con la ropa puesta.

El chico dudó un poco. Revisó su agenda y vió que no tenía más citas programadas. Le indicó a Tetsutestu que saliera, lo que lo desanimó ligeramente, hasta que se dio cuenta que Juzo lo siguó y colocó en la puerta un letrero de ocupado.

—¿Puedo comenzar?

—No soy quién para detener tu derecho.

UNA ENORME DISCULPA CRIATURITAS.

Se me revolvieron los días y no pude actualizar ayer el capítulo. Pero aquí se los traigo ya.

Y como siempre, aquí estan las curiosidades :3

1-Mezo, al igual que en el anime. utiliza máscara, ¿él por qué? Lo sabremos más adelante.

2- El nuevo cameo fue de Mashirao Ojiro, trabajando como mesero. Algunos lo recuerden como el chico cola, pero yo lo reuerdo mejor como el chico cuya cola es usada como desestresante para Denki XD.

3-Izuku no se dirigió a Shoto por su nombre a pesar de que se lo había pedido porque se le olvidó.

4- Hice los separadores un poco más gruesos esta vez, pero si mi mente no tiene para más, tal vez haga un concurso para elegir el separador oficial, poniendo créditos respectivos al ganador (en caso de que haga concurso)

En fin, nos vemos el próximo viernes

Sayonara


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