Cap 1: Buenos días
Un nuevo día comienza en la residencia Midoriya. Los rayos de sol poco a poco van invadiendo la casa hasta iluminar casi en su totalidad el área.
El hijo mayor de la familia está despierto desde hace una hora preparando el desayuno para él, su madre y su hermana menor. Quiere tener bien alimentadas a las dos mujeres más especiales de su vida antes de irse a trabajar.
Cuando la tetera está lista, escucha como el comedor es ocupado por su mamá y Tsuyu.
—Buenos días cariño— saludó gentilmente la mujer mayor.
—Buenos días —se acerca a su mamá y le deja un plato con huevos—, tu desayuno mami— besa su mejilla.
—Gracias por el desayuno, se ve muy rico —Tsuyu le regala una de sus más lindas sonrisas.
—Hoy tendremos un día muy ocupado así que llegaremos tarde, no podremos venir a cenar —dijo Izuku mientras se sentaba.
—Lo entiendo, no se preocupen, de todas formas tengo mucho trabajo que hacer también.
Todos en la familia Midoriya tienen un trabajo para ayudar en la casa. El negocio principal son las flores y decoraciones, el único en el sitio , pero la pareja de hermanos se dedica a servir en la atracción principal del prácticamente anónimo pueblo: el gran hotel Sakura ni kakusareta, o simplemente Resort Sakura, el lugar vacacional más solicitado por celebridades y millonarios, por el simple y sencillo hecho de que ningún paparazzi o fanático conoce ese lugar. Así pueden relajarse sin el peso diario de las personas que los siguen a toda hora. Izuku tiene dos puestos, el de jardinero y limpiador de pisicina, y Tsuyu trabaja como mucama.
Una vez que la familia terminó de desayunar, la madre se fue rumbo a su negocio y los hermanos se dirigieron al hotel. En el camino, se encontraron con sus vecinos que también se encaminaban a trabajar ahí. Como todas las mañanas, Izuku se fue en dirección al vecino que ha conocido desde los 5 años de edad.
—¡Buenos días Kacchan!
—Vete al infierno.
Justo después de eso, un fuerte golpe le dio en la cabeza al pelicenizo del otro lado de la entrada.
—¡Saluda como se debe maldito malcriado!
—¡Vieja bruja, tu fuiste quién me crió, así que esto es tu culpa!
—¡No me respondas así!
Mientras ese par de vecinos tomaban su discusión del día, un pequeño muchacho de ojos y cabello dorado salía de la puerta en dirección a los brazos del Midoriya mayor para abrazarlo.
—¡Buenos días Izuku-chan y Tsuyu-chan!
—Buenos días Denki-chan —Izuku corresponde el abrazo.
—Es bueno verte, y más con esa sonrisa que alegra hasta la persona más amargada. Sin ofender Bakugou-chan.
—¡¿Eh?!
Katsuki y Denki han vivido tanto tiempo en el área como la familia Midoriya, y también trabajan en el hotel. Katsuki lleva el puesto de salvavidas en la alberca, por lo que es quién más tiempo ha conocido a Izuku, mientras que Denki ayuda en el restaurante como mesero y ocasionalmente servicio a la habitación.
El pequeño grupo se fue al hotel y se encontraron con sus otros compañeros: Kyoka Jirou -animadora en el restaurante- Mezo Shoji -asistente en el gimnasio- Mirio Togata -masajista- y Juzo Honenuki -masajista aprendiz de Mirio-. En ese momento se les unió el recepcionista del hotel, Tenya Iida, portando su elegante e impecable uniforme como siempre. Siempre ha tenido la costumbre de llegar dos horas antes, a diferencia de los demás que solo llegan con una hora de anticipación.
—Buenos días muchachos, como saben, hoy al igual que siempre debemos mostrar nuestro mejor profesionalismo para los huéspedes, y hoy tendremos unas visitas muy importantes que han reservado un mes de alojamiento en el lugar....
—¡¿Un mes!?— exclamaron sorprendidos Juzo y Denki.
—Un mes y tres semana, de hecho.
—Es gente rica, ¿qué esperaban? —alegó Kyoka.
—Bueno, es que normalmente las reservaciones son de máximo una o dos semanas, ¿pero un mes y medio?. Deben de ser demasiado importantes y bastante ricos —agregó Mezo a la conversación
—Tendremos a los jóvenes herederos y propietarios de importantes negocios y puestos. Así que vamos a dar lo mejor de nosotros, ¿entendido?
—¡Sí señor! —respondieron todos, retirandose para vestirse con su uniforme y empezar otro día laboral.
Tenya se fue a su puesto de trabajo y comenzó a revisar cosas en su computadora, hasta que llegó una persona al mostrador.
Era una chica de pelo rosado y corte peculiar, de ojos amarillo verdoso y vestimenta poco formal.
—¡Buenos días! —saludó la chica.
Tenya se incomodó un poco por esa entonación de voz, así que aclaró su voz y retomó su postura.
—Buen día, ¿en qué le puedo ayudar?, ¿viene a buscar trabajo?
—Tengo una reservación, de hecho.
—¿Y te acompaña tu anfitrión o tus padres?
—¿Mis qué...? —se ríe—. Higari dijo que no iba a venir, así que solo estoy yo.
El de lentes frunció el ceño. Esta chica no le daba buena espina, pero pese a todo el sigue siendo un profesional, así que le siguió la corriente.
—Ok, ¿a nombre de quién esta la reservación? —desvía la mirada a la computadora.
—Mei Hatsume.
Cuando Tenya escribió ese nombre casi se desmaya de la impresión y se daba un buen golpe por estúpido. Tenía enfrente a la famosa arquitecta de muchos lugares populares y la mente maestra del famoso monumento de la paz en el centro de Japón, también la tres veces campeona del premio Arquitecto del año.
—Bien... —tosió para aclarar la voz—, bienvenida señorita Hatsume, su habitación es la número 105, aquí tiene su llave —le da una tarjeta.
—Muchas gracias querido —sonríe antes de irse.
—El botones llevará sus maletas en un momento.
—Entendido, eres muy amable, querido.
Mei se fue de ahí sin percatarse del nada discreto sonrojo de Tenya.
Izuku había decidido empezar a trabajar en el jardín, su área favorita del hotel. El pasto recién cortado, los frondosos arbustos y las preciosas flores,todo eso había sido tratado por el desde el inicio de su trabajo desde los 18. Gracias al negocio de su madre, es muy bueno para el cuidado de la vegetación. Esas plantas vendrían siendo sus primeros hijos, viéndolos crecer y alcanzar las nubes y estrellas. Estaba muy orgulloso de su trabajo y del progreso de sus amigos verdes.
Mientras contempla los bonitos y rojos tulipanes, la primera flor que él cultivó, decide colocar un poco de fertilizante natural en las raíces de los arbustos, por lo que se arrodilló y comenzó a cuidar a sus amigos.
—Estás creciendo muy fuerte y sano, eso es bueno amiguito.
De pronto, cuando terminaba de tratar la última planta, sintió una profunda pero delicada caricia en la cabeza.
—¡Oye!
Al alzar la mirada, quedó enmudecido al ver a la persona que se encontraba frente a él.
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