Parte 8.
Sehun estaba en su despacho, organizando algunos documentos que tenía pendientes por revisar cuando notó un movimiento brusco en las cámaras de seguridad, pero no le prestó atención. Sabía que Luhan estaba en su entrenamiento con Minho y pensaba que era algún tipo de rutina nueva que estaban practicando; fue cuando escuchó los gritos que se alarmó.
Se acercó a las cámaras y pudo notar cómo Minho tenía a su pequeño aprisionado, en la parte trasera de la casa, contra una pared. Lo acababa de golpear en la mejilla, y le estaba bajando la pantaloneta. ¡Y una mierda si él iba a dejar que ese malnacido tocara a su tesoro más preciado! Salió de la habitación dispuesto a matar, había agarrado el arma que tenía escondida en el escritorio y sus escoltas lo seguían.
Cuando llegó a donde estaban, Luhan seguía gritando del dolor, y las lágrimas escurrían por sus mejillas. Eso lo enfureció aún más; con una seña hacia sus hombres, uno de ellos se acercó por detrás al violador y lo golpeó con fuerza. Luhan gritó de nuevo, para escurrirse hasta el piso y acurrucándose.
-Denle una lección a este hijo de puta. Pero no lo eliminen, esa tarea es mía.- gruñó Sehun, y le escupió en la cara a Minho.
Luhan sintió cómo era alzado en brazos y se tensó hasta que pudo sentir el olor del mayor, sólo entonces lloró más fuerte y se apretó contra el pecho del mayor. –Yo no quería, Sehun, te lo juro. Él sólo me cogió desprevenido y... por favor, no me dejes. No me odies, Sehun. Te lo imploro.-
El mayor se alarmó, el pequeño rubio estaba teniendo un ataque de pánico y él no sabía qué hacer, odiaba verlo así, no era su culpa que Minho fuera un hijo de puta. Joder, se arrepentía de haberlo contratado para ayudar a su bebé. Desesperado por querer callar sus sollozos, lo besó.
El gemido fue de ambos, había pasado demasiado tiempo que no tenían ninguna clase de contacto físico, Sehun estaba empezando a arrepentirse de haberlo secuestrado hace algunos años, lo veía cuando estaban cerca y podía notar su incomodidad, y se odiaba por ello, por privarle de ir a la Universidad, de no dejarle tener nuevas amistades, de alejarlo de su madre. Todo por egoísta. Por eso se había alejado de él, porque no soportaba la culpa.
Quiso alejarse del menor, no iba a permitirse ser débil y caer ante la tentación de su cuerpo, debía hacer lo correcto por primera vez en años.
-Luhan... no, esto no puede seguir así. No puedo seguir haciéndote esto.- dijo cuando logró alejarse. El menor se veía más relajado, pero apenas terminó de hablar, abrió mucho los ojos y se negó a soltarse.
-¡No! Sehun, realmente no me estás haciendo algo malo. Aprendí a estar aquí con el paso del tiempo y sé que en un principio te odié demasiado por haberme alejado de todo lo que conocía, pero ya no me imagino vivir en otro lugar que no sea esta casa, no quiero ni pensar en cómo sería despertar en otra habitación, en otra casa, en una ciudad llena de tráfico, luces y contaminación. Amo estar aquí, Sehun.- terminó cuando el mayor entró con él al baño de su habitación, no la de Luhan, la suya propia.
Era una habitación similar a la del menor, pero esta tenía una pequeña terraza, la ventana sin rejas y con un baño más grande, llena de tonos tierra y luces cálidas. En el baño había una bañera, grande y lujosa, que llamó la atención de Luhan de inmediato. –Nunca había entrado aquí, Sehun. Tu habitación es muy linda, me gusta más que la mía, ahora que lo pienso.- dijo con una pequeña sonrisa.
-Me alegra que te guste, y que hayas aprendido a amar la casa de mis padres tanto como la amo yo.- soltó una pequeña carcajada al ver la cara extrañada del menor- Esta casa era de mis padres, amor. La mandé a arreglar cuando decidí traerte.- Luhan asintió divertido y lo abrazó de nuevo. Un silencio incómodo se instaló sobre ellos, seguían abrazados en el baño, el pequeño rubio sentado sobre el lavamanos y el pelinegro en medio de sus piernas, con las manos en su cintura; sabían que en algún momento debían hablar de lo que acababa de suceder, pero ninguno era capaz de hablar.
-Lo siento. Por lo que pasó allá afuera. Es mi culpa, indirectamente hablando. Yo hice que Minho me hiciera esto; tú no me prestas atención ya, y me sentía dejado de lado, y él llegó y se dedicó completamente a mí y ya no me sentía de esa forma. Soy una persona horrible, Sehun, ligué con él infinidad de veces, y creo que hoy fue la gota que colmó el vaso. De verdad lo lamento, entendería si ya no quieres estar cerca de mí porque te doy asco. Yo también me doy asco.- dijo Luhan mientras intentaba separarse del mayor para volver a su habitación y poder encerrarse allí mientras oculta su desgracia.
-¿Qué?- decir que estaba estupefacto era poco, no podía creerlo. En vez de ayudar a su pequeño a tener una vida normal, lo había alejado y prácticamente lanzado a los brazos de ese imbécil. –Luhan, esto no es tu culpa, tenlo por seguro. Fue mi error haberte alejado de mí, y si ese hijo de puta hubiera tenido al menos una pizca de moral, no te hubiera tocado en lo más mínimo, porque estaba advertido de que ya tenías dueño. Así que olvídate de que tú fuiste el causante de esto, ¿entendido?- no había notado que el menor en algún momento había empezado a llorar nuevamente, sólo que esta vez, su llanto estaba más controlado; con sus pulgares limpió las lágrimas que caían de sus ojos y se inclinó a darle un beso en cada párpado.-No llores, cariño. Odio verte así.- El menor sólo atinó a enterrar la cabeza en su pecho y seguir llorando hasta calmarse.
-Quiero darme una ducha, me siento sucio. Por favor.- con un último beso en la frente, Sehun se separó de él y se dirigió a la bañera, abrió el grifo y dejó que el agua tibia corriera mientras él se movía por todo el baño alistando todo: le aplicó unas esencias al agua y el ambiente se llenó de un olor a lima bastante relajante, luego sacó algunas toallas del armario y las puso en el piso al lado de la bañera, junto al gel de ducha y al champú.
Cuando la tina estuvo lista, Sehun volvió a pararse frente a Luhan y empezó a desvestirlo, para luego alzarlo y meterlo a la bañera, una vez dentro, el menor se relajó y cerró los ojos, se sentía demasiado a gusto ahí dentro hasta que sintió cómo unas manos lo empujaban hacia adelante, y cuando abrió los ojos pudo distinguir a un muy desnudo Sehun mirándolo.
-¿Pensaste que el baño era solamente para ti?- se sonrojó al notar que la bañera tenía capacidad suficiente para los dos, así que se inclinó hacia adelante y dejó que el mayor se deslizara detrás suyo, para luego acomodarse, rodeándolo con sus brazos y piernas, atrayéndolo hacia su pecho y apoyando su mentón en su cabeza. Siguieron en silencio, solamente ahí, abrazados, rodeados de vapor con olor a lima y relajados en el agua tibia. Se sentía bien. Se sentía correcto, y ambos lo sabían.
-Y pensar que empecé odiándote cuando llegué aquí, Sehun. Toda mi vida no has hecho más que cuidarme y darme todo lo mejor para que yo estuviera bien. No me había dado cuenta hasta ahora, me salvaste de Minho, no me rechazaste después de haber admitido mi falla y aquí estás, protegiéndome con tus brazos y rodeándome de ti para que yo me sienta seguro. Gracias, mi amor. Gracias por nunca irte.- susurró el menor a medida que se giraba para enfrentar al alto.
-¿Cómo me llamaste?- preguntó con voz estrangulada, conteniendo la emoción. Podía ser un sueño, pero no lo era, lo sentía muy real contra él, mirándolo a los ojos, con los labios entreabiertos y las mejillas sonrojadas.
-Te llamé amor, Sehun. Porque te amo. Te amo demasiado y me di cuenta de ello muy tarde, pero quiero esto de verdad. Te quiero a ti y a nadie más en mi vida, tú eres todo lo que quiero para mí.-
-Oh, Luhan. Te amo.- le atacó los labios con fiereza, abrumado por la felicidad que sentía al ver que sus sentimientos eran correspondidos al fin. –Gracias por amarme.- susurró cuando pudo separarse un poco.
-No tienes por qué agradecerme, amor. Simplemente pasó y ya, era inevitable que me enamorara de ti.- susurró pegado a los labios del mayor, sentado a horcajadas sobre él.
La tensión era demasiada y ambos lo sabían, sus cuerpos reaccionaban antes que sus mentes y en un instante ya estaban frotándose el uno contra el otro. La temperatura aumentó considerablemente, ya ninguno podía soportarlo más; las manos del mayor tocaban cada centímetro de piel que podía del ángel encima de él, bajando hasta sus nalgas y rozando su entrada con los dedos, sacándole miles de gemidos que llegaban justo a su oído, excitándolo más. El agua ayudó a dilatarlo más rápido, porque no quería ser agresivo con él, no después de lo que acababa de pasar con Minho.
Entró en él despacio, tomándose su tiempo, sin importarle lo que sucediera fuera de esas cuatro paredes, ahora estaba con su pequeño rubio, y no se lo follaría. No. Hoy le haría el amor a Luhan cuantas veces fuera necesario para reafirmar sus sentimientos, para marcarlo como suyo en su cuerpo y en su alma y para sellar su unión eterna con él.
Luhan lo montaba a un ritmo pausado, casi perezoso, pero igual de placentero a cualquier otra hazaña sexual que hubieran cometido, él lo ayudaba sosteniéndolo de los muslos mientras besaba cualquier parte de su cuerpo que tuviera al alcance, siendo sus pezones el centro de su atención: los besaba, los metía en su boca, los mordisqueaba un poco y luego los lamía suavemente, hasta tenerlos rojizos y duros a sus ojos; bajó su mano hasta el miembro del menor y empezó a bombearlo según el ritmo que sus caderas dictaban. Luhan gimió más fuerte y sus movimientos aceleraron, sus orgasmos estaban cerca, siguió saltando en la polla de su hombre hasta que ambos se corrieron, dejándolos exhaustos pero satisfechos; el rubio apoyó la cabeza en el pecho del mayor y sonrió. Así debieron de haber sido las cosas desde un principio, se hubieran evitado muchísimos problemas.
Se quedaron hasta que el agua se enfrió y sus cuerpos empezaron a estremecerse por ello, Sehun salió primero y se secó lo más rápido que pudo; luego, agarró a Luhan en brazos, lo sentó de nuevo en el lavamanos y se dedicó a él por completo, secándolo parte por parte, cepillando su cabello y aplicándole crema antinflamatoria en el golpe que le dio Minho. Al ver la zona un poco amoratada, le hirvió la sangre, y quiso matar a ese asqueroso bastardo, pero la delicada mano del menor en su muñeca y la sonrisa que le dedicó cuando alzó la mirada hicieron que olvidara todo ese asunto. De momento, al menos.
Cuando terminó de acicalar al menor, volvió a cogerlo en brazos y lo llevó a su cama, donde lo metió bajo el edredón para meterse junto a él rápidamente. Se acurrucaron cara a cara, sólo mirándose como si fuera la primera vez que lo hacían, enamorándose un poco más con cada segundo que pasaba, Luhan sentía la paz y la plenitud que estuvo buscando desde ese día en que cumplió 15 años, cuando no sabía qué camino iba a tomar su vida, cuando debía tomar decisiones importantes que Sehun tomó por él. Pero eso no importaba, después hablaría con Sehun sobre sus estudios, ahora mismo sólo quería dormir abrazado al mayor. Y lo hizo.
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