El cielo está despejado
[Varios minutos antes]
—¡Maldición! —exclamó Gabriel alarmado—. Me tomará horas unir tu mano con tu brazo al igual que hice con JoJo.
El mayor García había envuelto un paño sobre su muñeca cercenada para evitar que la sangre siga saliendo. Aún así, le fastidiaba el dolor.
—N-No te preocupes, Gabriel. Podemos vencerlo para que no sea un problema para el resto.
Cars se puso de pie. Tenía algunas heridas en el cuerpo, pero no perdía de vista a sus dos objetivos.
—Para que el Nuevo Orden del Gran Maestro sea realidad, debo acabar con todo aquello que se le oponga —Slipknot se manifestó, mostrándose igual de dañado que su usuario—. Acabarlos sin ningún tipo de misericordia. ¡Esa es mi misión!
Slipknot estiró su brazo, lanzando dos Slips que rodaron hacia Gabriel y el mayor.
—Esas cosas son de las que hablaba Cerati —indicó Gabriel.
—Por más que nos movamos, esas cosas tienen autonomía. Nos perseguirán hacia donde vayamos, haciendo imposible que nos acerquemos a Cars.
—Así que es matar o morir. ¡Situaciones límites! —exclamó Gabriel cuando un Slip dio un saltó hacia él.
—¡Gabriel! —exclamó el mayor García a su compañero, quien estaba estático viendo a la esfera puntiaguda descender sobre él.
Cars se percató de ello y activó el Slip. La esfera comenzó a girar uno de sus hemisferios, creando una fuerza de repulsión que empujó a Gabriel por el suelo.
—Dolió —masculló Gabriel con el brazo torcido.
El Slip que empujó a Gabriel cambió de dirección hacia el mayor, uniéndose al otro Slip que estaba detrás. Ambas esferas se dirigían al mayor García.
—¡Ultraviolento! —el feroz stand apareció y lanzó golpes con su único puño.
—¡Alto, mayor García! Irán por su puño. Su habilidad no hace efecto en objetos.
Cars sonrió discretamente.
El mayor García retiró el puño de su stand y formó una defensa con sus dos brazos, recibiendo el impacto de las dos esferas y sus púas.
—C-Carajo —dijo el mayor García.
—¡Torre de Babel! —el stand de Gabriel acompañó a su usuario mientras corría hacia el mayor.
Los Slips repelen al mayor García y caen al suelo, rodando hacia Gabriel.
—¡Vengan a por mí! —gritó Gabriel a los Slips.
Estos rodaron en zig-zag, confundiendo la visión de Gabriel.
—¿Qué pretenden?
Los movimientos se hicieron tan rápidos que las esferas fueron imperceptibles. Hasta que que dejaron de moverse, apareciendo solo un Slip.
—¿Quééé?
—¡Gabriel! ¡Arriba! —indicó el mayor pero el Slip que estaba en el suelo saltó hacia él, golpeando su única mano.
Gabriel miró arriba, pero el sol le impidió ver a la esfera puntiaguda que caía sobre él.
—¡Aahhh!
Apenas pudo mover su cuerpo, pero no impidió que el Slip cayera sobre su hombro. El Slip que estaba con el mayor García lo expulsó y atrajo a Gabriel para impactar en su mano. Pero Gabriel pudo esquivarlo a tiempo, siendo sus costillas las afectadas.
Los hemisferios de los Slips giraron furiosamente, expulsando a Gabriel de su rango y golpeándolo contra una pared.
Las esferas cayeron al suelo y rodaron hacia su usuario.
—No hace falta ensuciarme las manos con ustedes. Un poco de astucia y tenacidad basta para eliminarlos —acotó Cars a la derrota de Gabriel y el mayor García.
—Ggghh —masculló Gabriel, poniéndose de pie con sus costillas rotas y su hombro dislocado—. ¿Crees que ganaste? Es extraño que no sientas ese inmenso calor.
Cars se conmocionó y vio hacia arriba, pero no había nada. Incluso el sol no estaba sobre la ciudad para que haya tanto calor. ¿A qué se habrá referido Gabriel?
—Torre de Babel tuvo unos segundos para hacerlo, pero lo logró. ¡Mira tu Slip!
—¡Imposible!
Debajo de él, uno de sus Slips vibraba de forma extraña. Cars se acercó hacia la esfera y se dio cuenta que estaba muy caliente.
—Así es —puntualizó Gabriel, haciendo una pose para explicar—. Si haces que tu Slip se mueva, los mecanismos internos que la hacen girar se destruirán. Esto es porque la capa de metal en forma de esfera está a una temperatura tan alta que ha dilatado el metal. Lo mismo pasa con las cerraduras en verano, estas se dilatan por el calor y cuesta un poco abrirlas con la llave correspondiente. En este caso es diferente, ya que el mecanismo sofisticado que tienen en su interior se hará trizas cuando se muevan. En conclusión —Gabriel estiró su brazo sano, señalando el dedo índice—, te queda un Slip.
La robusta pierna de Cars se adelantó, aplastando el Slip con el peso de su cuerpo, hasta reducirlo a pedazos.
—Cuando Mosca Tse-Tse me comentó lo sucedido en aquella florería, no pensé que alguien tan inteligente haya vencido a esa mosca. Es mi error haberte subestimado, Gabriel.
—Gabriel Très, para ti —enfatizó de manera seria.
—Francés. Un hombre inteligente y precavido. Un digno rival —comentó Cars mientras desajustaba el cuello de su camisa.
El Slip restante comenzó a girar en su sitio, levantando un inmenso polvo y piedras.
—Gabriel —comenzó el mayor García con su mano ensangrentada—, debes destruir ese último Slip.
—Imposible —resaltó Gabriel—. El mismo truco no funciona dos veces.
—Lo sé, pero funciona si el truco lo hace otro mago, ¿entendés?
—¿Humm?
A ambos los sorprendió el sonido del desgarro de la ropa de Cars. Este estaba semidesnudo, portando un traje ligero que cubría sus pectorales y parte de sus hombros, resaltando sus abdominales y pechos.
—A través del movimiento de cuerpos celestes, estos pueden crear un campo gravitatorio. En mi caso es imposible, ya que mis órganos internos tendrían que girar a una velocidad sobrehumana. Sin embargo...
El Slip expulsó sus púas hacia Gabriel y el mayor García. Estos no pudieron reaccionar a tiempo y recibieron los impactos en diferentes partes del cuerpo.
—Odio las inyecciones y esa cosa me acaba de clavar varias de sus púas —reclamó Gabriel mientras el mayor se deshacía de las púas de su cuerpo.
El Slip, ahora una esfera perfecta, saltó al abdomen de Cars, girando tan rápido que su superficie tenía una apariencia normal.
—¿Qué hizo?
—Newton lo descubrió hace algún tiempo. Ahora también tengo el mismo poder que el planeta —recalcó Cars, haciendo una pose, colocando sus manos cerca de su mejilla derecha mientras el viento hacia ondear sus cabellos.
—¿New-quién? —preguntó el mayor García.
—Una larga historia —dijo Gabriel, preparándose para enfrentar a Cars, quien corría hacia ellos.
—Subí a ese techo, Gabriel.
Ultraviolento tomó a Gabriel de sus piernas y lo lanzó al techo del pequeño edificio que estaba a un lado.
Cars vio lo sucedido y se detuvo a medio camino. Ultraviolento fue hasta Cars, pero Slipknot se manifestó, atajando el ataque del otro stand.
—¡Ultraviolento! —exclamó alarmado el mayor García.
El stand del mayor trataba de regresar a su usuario pero no podía moverse. Algunos granos de arena y pequeñas piedras quedaban suspendidos alrededor de Cars.
—Al ser un planeta, los objetos que entren dentro de mi campo gravitatorio quedarán atrapados hasta que la habilidad se desvanezca. La cual durará el suficiente tiempo para matarlos.
Cars saltó hacía el mayor García, dándole una patada en la cara. El mayor reaccionó y dio una voltereta en el suelo, anulando otra patada. Pero no pudo detener el derechazo del fuerte brazo de Cars, la cual se plantó a la altura de su cuello, provocando que pierda el aire.
—¿Lo sientes? Son tus órganos entrando en mi campo gravitatorio. Pronto saldrán de tu cuerpo y flotarán alrededor mío.
Lo que decía Cars era verdad. El mayor García sentía retorcijones dentro de su cuerpo, como si algo jalara sus órganos con hilos invisibles.
—Aggh —exclamó cuando vio como su corazón se podía ver palpitar en su pecho.
—Ni siquiera tu pequeño amigo podrá defenderte esta vez —indicó Cars hacia Gabriel quien veía a ambos desde arriba con un rostro preocupado.
—¡Zura! —exclamó Ultraviolento, pero se movía lentamente, por lo que no podía tocar a Cars. Sin embargo, fue Slipknot quien lanzó una patada en el vientre de Ultraviolento. Dolor que el mayor García también sintió.
—¡Eso es! —exclamó Gabriel y huyó.
—T-Traerá a JoJo y a Cerati. Estoy seguro de eso —dijo el mayor García, resistiendo el efecto de la gravedad de Cars.
—No —enfatizó Cars con vehemencia—. Simplemente huyó. Cualquier persona lo haría. Todos los humanos son egoístas, piensan en sí mismos.
—¿Q-Quién te dijo esa estupidez? ¿El Gran Maestro?
—A pesar del dolor, aún puedes pensar —dijo Cars sonriendo y acercándose al mayor García. Aumentando la fuerza gravitacional que hacía crujir los huesos del mayor, provocándole un inmenso dolor.
Slipknot se manifestó al lado de Cars y apuñaló al mayor García en su hombro derecho.
—¡Aaahhh!
—Estás dentro de mi campo gravitacional. Nada puede sacarte, poco a poco perderás el aire y morirás. De Gabriel puedo encargarme después, sin embargo, tú eres muy peligroso para el Gran Maestro.
—¡Qué se joda ese Gran Maestro! —gritó el mayor García, poniendo todas sus fuerzas en sus piernas y saltando hacia Cars.
Pero el campo gravitacional afectó todo su cuerpo, al igual que su respiración, dejándolo inconsciente y flotando.
—Hum... —masculló Cars, victorioso—. Te lo dije, cuando entres por completo, morirás de inmediato.
Ultraviolento se desvaneció en el acto, por lo que Cars se concentró en desactivar el Slip que seguía girando en el centro de su cuerpo.
—Debería acabarse en un par de segundos más —indicó Cars.
—Perfecto —resopló débilmente el mayor García y movió su pierna hacia el Slip. La esfera giratoria desgarró la ropa y parte de la piel del mayor, pero este no alejaba su pierna.
—¿Q-Qué haces? —exclamó Cars conmocionado por el repentino movimiento.
—¡Gabriel! —gritó el mayor García con sus últimas fuerzas.
Un sonido parecido a avispas comenzó a resonar en la calle. Desde un lado, una carreta llena de pirotécnicos chinos se acercaba a toda marcha hacia Cars.
—¿Quééé?
El mayor alejó su pierna, mientras que las palabras escritas por Torre de Babel en el pantalón del mayor García se sobrescribían en la esfera. Elevando la temperatura del metal y por consiguiente, destruir el mecanismo. ¡El mayor y Gabriel destruyeron el último Slip! ¡Todos los pedazos del Slip estallaron y penetraron el cuerpo de Cars, dañando órganos vitales como los pulmones y el estómago!
—¡Sí! —exclamó Gabriel, saltando maravillosamente de la carreta y cayendo gloriosamente como un triunfador en el suelo—. Pensaba usar los pirotécnicos como un ataque salvavidas, pero parece que será el remate final. Después de todo, el comando que escribí, se adhirió a la esfera cuando la misma rotación hizo trizas la parte del pantalón donde escribí la orden. ¡Además que a cada letra del comando le puse una flecha para direccionarla a donde se tiene que adherir, solo así pudo afectar al Slip!
—¡Noooooooooooooo! —exclamó Cars, escupiendo sangre por la boca mientras su cuerpo se desangraba.
—¡Ahí están! —indicó el sargento Páez a Cerati, Miranda y Rick.
—¡Mayor García! —exclamó Cerati preocupado por el mayor al verlo.
—¡Slipknot!
El stand de Cars se manifestó y lanzó una esfera transparente a un lado, la cual creó una pequeña fuerza de atracción que lo sacó del punto de explosión de los pirotécnicos.
—¡Va a huir! —exclamó Miranda.
Para cuando corrieron hacia Cars, los pirotécnicos estallaron, creando una cortina de pólvora y luces de fuego alrededor de ellos.
—Ya lo vi —indicó Cerati a Cars, mientras este subía al techo de una casa.
—¡Ven, Cerati! ¡Debemos darle el golpe final! —exclamó el mayor García, recibiendo un sí por respuesta.
Cerati agarró al mayor de los brazos y con ayuda de Soda Stereo, pudo propulsarse hasta llegar al techo, pisando los talones de Cars.
—¡Soda Stereo!
—¡Ultraviolento!
Ambos stands se adelantaron a sus usuarios para atacar a Cars, pero este pudo salir del rango de los stands al saltar hacia el vacío.
—¡Juro que v-volve...! ¿Qué?
Cars había saltado hacia el vacío, pero estaba flotando sobre la nada.
—Slipknot no puede hacer esto, entonces qué es.
El rostro de Cars se puso pálido al ver como el "vacío" se abría y salía una radiante Miranda, sonriendo pícaramente.
—Miranda Lafourcade —mencionó, aceptando su destino.
La sonrisa de Miranda se convirtió en un ceño determinado. Mariposa Tecknicolor apareció a su lado y activó su habilidad.
Cars no podía evitar que su oxígeno escape de su cuerpo, tan solo se detuvo a ver como las burbujas salían por las aberturas.
—¡Esto es por Illya!
Cars giró sobre sus talones, para ver a Soda Stereo lanzar un golpe en su rostro.
—¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega!
La avalancha de golpes rompieron algunos huesos de Cars, hasta que...
—¡Zura! —Ultraviolento lanzó un golpe con su único puño, repitiendo los últimos tres segundos, pero dejando los efectos de los golpes de Soda Stereo.
—¡Esto es por Illya!
Cars giró sobre sus talones, para ver a Soda Stereo lanzar un golpe en su rostro.
—¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega!
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Mientras que Soda Stereo lanzaba golpes, Ultraviolento se encargaba de dar patadas con su pierna derecha.
—¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega! ¡Dega!
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Soda Stereo preparó un golpe final y lo lanzó en su pecho, con un grito sincronizado de Cerati y Soda Stereo.
—¡Deeeegaaaaa!
—¡Aagggggghhh!
Ese último golpe hizo que un pedazo de metal del Slip se incruste en el corazón de Cars y partiéndolo por la mitad. El cuerpo moribundo del hombre más rico del país salió volando hasta caer sobre concreto fresco que se endureció cuando este cayó.
—¡Al fin! —exclamó Gabriel aliviado junto a Miranda y Rick, quien desactivaba a Livin' la vida loca que rodeó a Miranda para tenderle una trampa a Cars—. Si se hubiera escapado, estoy seguro que habría sobrevivido.
—Hiciste un buen trabajo, Cerati —dijo el mayor dándole una suave palmada en el hombro. Cerati sonrió también.
—Ahora sí —interrumpió Miranda—. Vayamos por JoJo y larguémonos de aquí.
—JoJo —resopló Gabriel.
—Mayor García, permítame ayudarlo a bajar —dijo Cerati acercándose.
—No te mol...
El estruendo de una bala en lo alto de la torre hizo que Cerati y los demás se queden helados. Sus ojos veían como el mayor García caía del techo hacia el suelo, mientras que la sangre salía de su nuca, donde la bala había perforado.
Miranda, Gabriel y el sargento Páez también estaban impactados como para reaccionar. Solo Rick vio al culpable.
—¡Vicentico!
En un parpadeo, varios soldados salieron de callejones y casas. Inclusive había soldados posicionados dentro de las ventanas. Todos apuntando y rodeando al grupo.
Vicentico sonreía mientras que de su revolver salía un incipiente humo.
—¡Mayoooooor! —Cerati saltó hasta el suelo y abrazó al mayor García quien perdía la vida lentamente.
Miranda no pudo contener las lágrimas y Gabriel se quitó el sombrero para ponerlo en su pecho. El sargento Páez se arrodilló al suelo, tomando la mano del mayor mientras lloraba.
—Vean a esos terroristas —comenzó a proclamar Vicentico—. Ese odio que le tienen a este país y a esta ciudad, mataron al hombre que trajo los más grandes inventos a Argentina. El ferrocarril, el telégrafo y más avances tecnológicos europeos que, de no haber sido por sir Thomas Cars, nunca hubieran llegado a esta parte del mundo.
Las lágrimas corrieron por el rostro de Cerati mientras escuchaba la débil voz del mayor García.
—E-Eres un... buen muchacho, Cerati... Mi hijo y tú habrían sido grandes amigos... C-Cuídate —su voz se apagó lentamente al pronunciar su última palabra.
—¡Mayor García! ¡No! ¡No, por favor! —exclamó Cerati, mojando su ropa con las lágrimas que caían de su rostro.
El mayor García había muerto.
—Fue bueno mandar a construir esta torre. Es una coincidencia que hayan pasado por aquí, ja, ja, ja, ja —Vicentico apuntó a Cerati con su revolver—. No, que los demás se ensucien la manos.
Los soldados prepararon sus armas para disparar.
—¡Disparen!
La base de la torre estalló, trayendo abajo a la torre y a Vicentico. Más disparos se hicieron, destrozando los cuerpos de algunos soldados que trataban de escapar de la caída de la torre.
—¡Es Fito!
A lo lejos, una carroza venía a toda velocidad, cargada con dos cañones de fuego.
—¡Ahora sí traje los cañones, mayor!
Siguió disparando los cañones, destruyendo casas y parte de la calle.
—¡A un lado! —exclamó Rick, saltando hacia Miranda para que un proyectil no la mate.
Llegaron más refuerzos y comenzaron los disparos. Las balas iban y venían, pero a Fito le quedaba un par de proyectiles.
—Deben escapar —exclamó Fito—, les ganaré tiempo.
—Les daremos tiempo —aclaró Páez y subió junto a su gemelo.
—¿Cómo haremos eso si estamos rodeados? —preguntó Miranda alarmada.
—¿No sería mejor subir a la carroza? —preguntó Gabriel.
—Es demasiado peso para esta carroza. Sin los cañones no iremos muy lejos, los necesitamos para amedrentarlos.
—Tienes razón —repuso Gabriel—. Si...
Cerati se puso de pie, cargando el cuerpo del mayor García.
—¿Qué hacés, Cerati? Te volarán la cabeza —reclamó Miranda.
Fito quedó impactado al ver al mayor García.
—No puede ser... —suspiró con lágrimas en los ojos.
—Dudo que tenga un momento para descansar, así que les pido que den santa sepultura al mayor García —Cerati caminaba tranquilamente, ignorando las balas que rozaban su cabeza. Incluso, se tomó el tiempo de acomodar el cadáver del mayor en la carroza.
—¡Sí! —respondieron Fito y Páez a la vez.
—Cerati, cubrite —pidió Miranda.
—Oigan —comenzó Cerati, con la mirada seria y afligida—, traigan provisiones al norte. Cerca de la cruz del Río de la Plata.
Ambos sargentos asintieron solemnemente. Cerati hizo lo mismo.
A lo lejos se escucharon paso apurados y más disparos que pasaban cerca a ellos. Fito y Páez cogieron armas y dispararon. Los cañones estaban listos para ser usados nuevamente.
—¡Arre! —exclamó Fito, arreando al caballo y disparando con las armas.
—¡Es hora de irnos! —exclamó Miranda.
—Calculo que estamos rodeados por completo —analizó Gabriel—. Necesitamos una carroza tan rápida y fuerte... Algo rápido y fuerte... ¡Eso es!
—¿Qué se te ocurrió? —preguntó Cerati.
—Es algo experimental, pero estoy seguro que funcionará —explicó Gabriel—. Volaremos como esos pirotécnicos chinos usando la habilidad de Soda Stereo.
Más explosiones se escuchaban, acercándose al grupo.
—¿Cómo haremos eso? —preguntó Rick con curiosidad.
—Dentro de ese taller —señaló a una casa grande de madera con dos puertas—, ahí hay dos troncos, de 40 centímetros de diámetro.
—¿Qué planeas hacer con eso? —preguntó Miranda.
—¡Aaahh! ¡Déjenme explicar! —reclamó Gabriel por la ansiedad producida por la situación en la que estaban—. Subiremos a ese tronco y Soda Stereo hará que expulse agua por un extremo, de esa manera propulsará el tronco y a nosotros también.
—¿Puedes hacer eso?
Una explosión cercana hizo que el cabello de Cerati flameé, mientras este veía al cielo.
—No hay tiempo que perder, además tengo una idea.
Con precaución, caminaron hasta las puertas del taller, las cuales fueron destruidas por Soda Stereo.
—Se ve pesado, ¿cómo movemos eso? —indicó Miranda.
—Ah... Me quedé sin ideas —dijo Gabriel.
—¡Soda Stereo! —el stand se manifestó y golpeó el tronco de media tonelada hasta ponerla en medio de la calle.
—¡Listo! Subámonos sobre el tronco y Cerati se encargará de movernos.
Rick, Miranda y Gabriel se sentaron sobre el tronco arrugado y viejo.
—Creo que saldremos volando —indicó Rick.
—Sostente de donde puedas —dijo Gabriel, abrazando el tronco con su pequeño cuerpo.
Cerati se sentó en el extremo, dando la espalda a sus compañeros. En ese momento aparecieron gendarmes, disparando con sus rifles. Varios soldados cargaban cañones apuntando al grupo, sin embargo, Cerati estaba decidido a seguir viviendo.
—¡Soda Stereo!
El stand apareció y golpeó furiosamente el extremo del tronco con sus dos puños. Esto hizo que el agua salga expulsado con tanta fuerza, que impulsó el tronco en un parpadeo.
—¡Funcionaaaaaaaaa! —exclamó Miranda mientras el viento hacia flotar su cabello.
El agua mantenía su potencia, pero Cerati disminuyó la fuerza unos segundos.
—¿Qué pasó? —exclamó Gabriel.
—Cambiando de dirección.
Soda Stereo regulaba la potencia del tronco para desviar la dirección hacia la izquierda y luego a la derecha. Esto sucedía tan rápido que Miranda y Rick estaban impresionado de lo rápido que reaccionaba Cerati.
—He calculado la explosión que vimos y estoy seguro que JoJo está aquí.
El tronco viró hacia la derecha y recorrió rápidamente hasta ver el cabello rubio de Dio y la robusta espalda de JoJo.
—¡JooooooooJooooooo! —exclamó Miranda emocionada.
Buenos Aires, susceptible y gris, acababa de perder al hombre que defendió la ciudad en varias ocasiones. El mayor García había muerto en manos de aquel hombre que gobernaba el país, quien era parte de la sociedad OPUS, un grupo liderado por el Gran Maestro y que controlaba a Argentina desde hace 35 años.
Cerati sentía una mezcla de rabia y tristeza, eran varios sentimientos y recuerdos que pasaban por su cabeza.
En medio de las nubes grises que ocultaban a la ciudad de los rayos del sol, la explosión del tronco por la presión del agua, abrió un pequeño orificio en la almohada de nubes, creando una abertura para la luz del sol.
El agua cayó en forma de lluvia que refrescó algunas plantas ensuciadas por la pólvora y el polvo provocada por la pelea. Y Cerati caía al vacío.
Mientras descendía, recordó aquella vez en que conoció al mayor García.
Luego de la muerte de su madre, Cerati no tenía un rumbo fijo más que sus últimas palabras y las de su padre. Es por ello que se enlistó en el ejército. El primero en recibirlo fue el mayor.
—Ah... ¿Cerati? Vaya, recuerdo a ese soldado —comentó el mayor cuando aún tenía el cuerpo regordete.
—Sí, mi padre estuvo en el ejército pero murió en batalla.
—Eso debió ser terrible para tu madre y para ti —el mayor se acercó a Cerati.
—También, pero ahora ella está con él.
—Eh, Cerati. Estoy seguro que tu padre dio lo mejor para luchar por su país. Digo, ¿quién no lo haría? Yo lo hago por mi hijo, aunque... —su rostro se afligió—, de todas maneras, tu padre fue un gran hombre y debes estar orgulloso de ello, ¿entendiste?
—Sí, señor García.
—Nada de señor. Desde ahora me dirás mayor. Ese es el cargo que tengo ja, ja, ja —soltó una carcajada que hizo rebotar su papada.
Cerati sonrió también.
—Vamos Cerati, te enseñaré lo que debes saber para que no te vaya mal en este lugar. Serás muy valioso aquí, muchachón.
Le dio una recia palmada en el hombro y ambos rieron, saliendo a la luz del día.
Cerati se sentía bien entre las nubes, era cómodo y fresco. Tranquilo y pacífico. No había sentido tanta paz en ningún otro lugar. Pudo ver como las nubes tenían el rostro de sus padres y del mayor García, sonriendo. Cerati hizo lo mismo y continuó cayendo, hasta que una capa transparente lo cubrió por completo.
Próximo capítulo: Memorias de un recuerdo
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