Banda Blanca - Parte 1
[11:35 a.m.]
—«Me llaman Banda Blanca. Cuando era niño, mi cuerpo entero se quemó cuando caí en una olla de agua hirviendo. Desde entonces, uso bandas blancas en mi cuerpo para ocultar las vergonzosas quemaduras. Pero como mis ojos son dorados, da la sensación de que están iluminados con pequeñas flamas de fuego. Me gusta esa apariencia. Atemorizo a quien me ve y gano respeto. Por ello es que Kira me convocó para este trabajo. Los demás, a excepción del mismo Kira, son estúpidos e inútiles»
Llevó el cigarro a su boca, aspirando y luego expulsando el espeso humo entre sus secos labios. Tenía una gorra azul con broches de oro sobre la cabeza y una gabardina gris abotonada con botones rosados. La gente que pasaba alrededor se le quedaban mirando por su extraño aspecto.
—«Rob no era mi mejor amigo, pero tengo muchas ganas de matar a ese tal Chayanne y sus amigos. Lo mataron antes de pagarme diez mil dólares cuando apostamos sobre el primer lugar en esa ciudad llamada Cuenca. Sabía que debí haberle cobrado antes de que parta. Pero no hay marcha atrás. Me desfogaré aniquilándolos a todos y sin piedad» —se subió a unas escaleras hasta llegar al techo de una casa por donde veía la llegada de los corredores a la ciudad de Cuzco.
[11:29 a.m.]
Kira limaba sus uñas en la cómoda y confortable cama. Blades había comprado el hotel más lujoso de Cuzco para que la banda de Kira se hospede sin levantar sospechas hasta que reciban el llamado para entregar la ofrenda humana.
Shinobu estaba contentísima ya que veía a Kira tranquilo y relajado, como le gustaba verlo siempre.
—Yoshi-Yoshi, me gusta verte cuando estás limándote las uñas —dijo tiernamente.
—¿En serio?
—¡Sí!
—A mi también me gusta limarme las uñas —continuó sin prestarle atención.
—Quería decirte algo, Yoshi-Yoshi...
—¿Te acabaste las galletas que pedí? Si es así, ve al primer piso y trae más.
—No, es que he tenido náuseas y...
Antes que Shinobu termine de hablar, la puerta se abrió sorpresivamente.
—¡Te dije que toques al entrar! —reclamó Kira lanzando el limador al suelo.
—¡Banda Blanca salió del hotel! —exclamó Shakira.
—Ese idiota... solo me trae problemas. Búscalo Shakira, debe estar cerca.
—Ah, no, no. Solo te obedece a ti, aunque parece que ya ni eso —sonrió Shakira. Su medio hermano hizo un agrio gesto con la boca.
—Blades ha comprado este hotel para que esté aquí hasta que la Fundación Speedwagon salga de esta ciudad. Sus planes pueden venirse abajo si alguien me identifica, en especial Chayanne y sus amigos. Una pelea daría aviso a los infiltrados de la Fundación y eso daría fin a nuestro negocio.
—Uuuhhh, jamás te había visto tan preocupado, hermanito —dijo Shakira.
—Este asunto me está provocando jaquecas. No hay de otra, busquemos a ese bastardo —dijo Kira poniéndose de pie.
[11:40 a.m.]
Chayanne, Joe, Dolton, Redbone y Juan Gabriel agitaban las riendas, apurando a sus caballos. Después de casi un mes atrasados estaban a la par de un numeroso grupo de corredores.
Habían pasado por varias ciudades sin obtener algún puntaje, por lo que no querían perder la oportunidad de volver al Top Ten de la Andes Speed Run.
—¡Vamos, Treasure! —Joe estaba sudando a pesar de que no hacía calor.
Chayanne aceleraba a Runaway Baby mientras que Redbone estaba por delante de él por un metro. Dolton y Juan Gabriel corrían a la par.
—¡Increible! ¡El participante Redbone está alcanzando a Keicho Hirose! ¡A su tras está nada más y nada menos que Chayanne, Joe Arroyo, Dolton Bryce y Pedro Juan Gabriel! ¡Estos tipos están haciendo lo imposible para volver al tablero de puntaje!
Estando a cien metros, pudieron colarse en medio de los diez primeros, desplazando a participantes como Keicho Hirose, Lil Snake y Chizuru Tsugimoto, aunque esta última no se dio por vencida y se recostó sobre su caballo para que esta tenga mayor agilidad.
Quien lideraba la carrera era Clint Eastwood, llevando un buen margen de distancia con Christine Rosenvinge y Bole Chudiyan V.
Christine cogió con fuerza las riendas, logrando que Dancing Queen corra con mas fuerza. Sabía que eso desgastaría a su yegua, pero no iba a darle el primer lugar otra vez a Clint Eastwood. Este la miró de reojo con su sonrisa soberbia y adusta.
Christine vio a su padre en el rostro de Eastwood disminuyendo su velocidad. Eso hizo que agite la cabeza, aclarando sus ideas.
—¡Por el primer lugar, Dancing Queen!
El público que estaba sentado desde las gradas gritaba el nombre de su jinete favorito.
—¡Están aquí! ¡Ya llegan! ¡Yyyyyy ya llegaron! ¡El primer lugar se lo llevó Clint Eastwood nuevamente! ¡Seguido por la audaz Christine Rosenvinge! ¡En tercer lugar está Chayanne! ¡El cuarto lugar fue obtenido por Redbone! ¡El quinto es indiscutiblemente para Lou Vega! ¡El sexto, séptimo y octavo es para Joe Arroyo, Dolton y Juan Gabriel, respectivamente! ¡Mientras que Bole Chudiyan V y Chizuru Tsugimoto obtuvieron los dos últimos lugares! ¡Felicidades por los puntajes!
El presentador gritaba a todo pulmón hasta que se desmayó y fue llevado de emergencia al consultorio del doctor Brando.
Mientras tanto, el club de los Andes celebraba.
—¡Volvimos al ruedo, culeros! —gritó Juan Gabriel.
—¡Sí!
Christine se acercó a ellos y los felicitó.
—Ya se hacían extrañar, ja, ja ,ja —dijo levantando el pulgar.
—Gracias —dijo Joe.
—¿Y tú quién eres?
—¡Es Joe! —dijeron los demás presentando a Joe como un premio.
Christine se sorprendió al verlo, al punto de que se sonrojó.
—La altura si que te pegó el estirón, chaval. Solía bajar la cabeza para verte, pero ahora debo levantarla —sonrió—. Nos vemos después, muchachos.
Por otro lado, Lou Vega estaba enojado.
—¡¿Otra vez quinto lugar?! ¿Por qué? ¿Acaso debo cambiar el nombre de mi caballo?
Bole Chudiyan V estaba sentado sobre su caballo meditando y Chizuru era cortejada por los pueblerinos quienes le ofrecían mil cabezas de ganado por su mano.
—Oh... yo no entenderū tu idioma —dijo.
Un hombre misterioso se acercó a ellos. Su traje naranja y su corbata amarilla resaltaban el rosado de su camisa. El fleco de su cabeza ondeaba por el viento.
—Estimados caballeros... y damas —dijo refiriéndose a Christine y Chizuru—. Soy Hall Oates, representante de Joestar Corporation quien patrocina esta carrera. Me complacería que los diez me acompañen para tener un almuerzo conmemorativo por su reciente victoria.
—No, gracias —dijo Clint. Cuando agitó las riendas de Dirty Harry, Hall se puso por delante del caballo.
—Necesito hablar con ustedes diez, en especial con el prodigio de Melancholly Hill.
Clint lo meditó.
—¿Esos tipos también irán? —señaló al club de los Andes.
—También, incluso estará el señor Blades —dijo Hall sonriendo.
Los diez terminaron aceptando y acompañaron a Hall al restaurante. Antes, dejaron a sus caballos con la compañía de los asistentes de la carrera.
—Escuché que Blades estará ahí —dijo Chayanne.
—Por supuesto —respondió Hall—. Es importante que usted esté presente.
[11:01 a.m.]
Casi una hora antes de la llegada de los corredores, Blades había recorrido la ciudad de Cuzco, buscando alguna pista del acceso al sello. Pero no lograba hallar algo que lo conduzca a lo que quería.
Antes de seguir la búsqueda fuera de la ciudad, encontró una piedra incrustada en el suelo. Se le hacía familiar.
—«¿No he visto esto antes?»
Blades encontró un indicio dentro de su mente. Siguiendo su instinto, fue hasta el otro lado de la ciudad, encontrando la misma piedra incrustada.
—«Esto solo puede indicar una cosa...»
Volvió a la ubicación de la anterior piedra, contando los minutos que tardó en llegar de extremo a extremo. Bajó de su caballo y se puso a hacer cálculos en una hoja de papel. Finalizó dibujando un círculo en el mapa de la ciudad.
La piedra que estaba al lado de él, se hallaba en una avenida principal, entre una joyería y una tienda de artesanía. Volvió a la otra piedra para ver si la ubicación coincidía con sus cálculos. Efectivamente, la otra roca estaba al lado de una iglesia, tal como estaba dibujado en el mapa.
—«El sello es un círculo de piedra. Las anteriores tenían un diámetro considerable para las ofrendas, pero este sello... no, aún debo hallar el otro extremo. Si hay otra roca incrustada en el noroeste...»
Según los cálculos, la roca del noroeste estaba en el banco de la ciudad, pero al llegar, solo vio casas con fachadas viejas.
Antes de rendirse, preguntó por el banco.
—Ah, sí. Lo están demoliendo. Construirán un edificio nuevo en esa esquina.
Blades fue hasta donde le señaló el poblador, viendo una enorme cerca que tapaba la construcción.
Se subió a la cerca, viendo ladrillos y bolsas de cemento apiladas a un lado de una roca incrustada en el suelo.
—«¡No cabe duda! ¡Toda la ciudad es el sello! Al activarlo, no habrá marcha atrás. La Fundación Speedwagon me seguirá hasta descubrir lo que oculto. Este será el punto sin retorno...»
[11:20 a.m.]
Wham por fin tenía el dirigible para él solo. Por varias semanas trató de inspeccionar por completo a la nave, pero la presencia de los Winehouse o de la señora Blades impedía una exhaustiva investigación.
Lo que buscaba Wham era una prueba para demostrar que hay irregularidades en la carrera. Un comprobante de pago, un contrato con firma falsa. Algo que pueda usarse en contra de Blades para que Joestar Corporation pueda caer sobre él con su ejército de abogados.
Para complicarlo más, Blades permanecía en su oficina varias horas. Pero ahora no estaba.
Wham y Hall habían acordado sacar a todos del dirigible por lo menos un par de horas. Es así que Hall incitó a Olga Blades a comprar artesanías en la ciudad de Cuzco, indicándole tiendas con productos de calidad. A los hermanos Winehouse no les dijo nada. Simplemente llamó a Blades y se pusieron a hablar frente a ellos, acordando un almuerzo con los diez primeros corredores de dicho tramo.
Blades aceptó a regañadientes, pero los más interesados eran los Winehouse que preguntaron "disimuladamente" el lugar de dicho almuerzo. Hall mencionó el nombre de manera indiferente, sabiendo que ellos irían de todas maneras.
Fue así que Hall consiguió sacar a todos del dirigible. Wham, con su disfraz de asistente, se quedó en la nave que estaba flotando sobre Cuzco. Aparte del conductor y su co-conductor, no había nadie más. O eso pensaba Wham.
La puerta de la oficina estaba cerrada con llave. Era el lugar idóneo para buscar alguna pista sobre los oscuros movimientos de Blades. Al ver que la puerta ponía resistencia, colocó un broche en la cerradura. Dicho broche de plata tenía un mechero. Wham encendió un cerillo y el mechero se encendió hasta que dicho broche estalló de manera controlada.
Sin ruido alguno, la puerta se abrió al carecer de una cerradura.
La oscuridad de la oficina impedía que viera más allá de un metro. Sacó una barra transparente y la dobló por la mitad. El brillo fosforescente de aquella barra ayudó a Wham a visualizar toda la oficina.
Fue hasta el escritorio pero los cajones estaban cerrados con llave. Puso un broche en cada cerradura hasta hacerlos estallar.
—«Debe haber algo aquí. Algo que confirme mis sospechas»
Hurgó en todos los cajones que encontró, pero solo hallaba documentos sin tanta importancia.
—«Demonios»
El sonido de unas garras rasguñando el suelo lo pusieron en alerta. Vio a su alrededor, sin encontrar lo que producía ese sonido. Luego, unos aleteos hicieron que revise el techo. Cuando lo hizo, Surfin Bird cayó sobre él, rasguñándole el rostro.
Por fortuna, sus ojos se salvaron del zarpazo, pero las cicatrices podrían ser permanentes.
—«¿Un ave? Es imposible. No he visto volar a este animal. Si es un stand, hará algo absurdamente loco en cualquier momento»
En algún rincón del dirigible, Griffin también analizaba la situación.
—«Debe estar creyendo que soy un ave. Si no hago algo absurdamente loco, seguirá pensando eso y se irá. Así que debo actuar como ave. Pero, ¿cómo actúan las aves?»
Una gota de sudor cayó por la frente de Griffin.
—«Qué idiota. Debí alertar al señor Blades en vez de atacar a este granuja»
Wham se acercó sigilosamente a Surfin Bird, sacando una barra de chocolate que tenía en el bolsillo.
—Currú, currú —hizo sonidos de ave—. Toma pequeño, si me dejas revisar algunas cosas, te daré esto.
Acercó la barra hacia el pico de Surfin Bird, mientras Griffin trataba de tomar una opción.
—Kragh, kragh —dijo Griffin a través de Surfin Bird. El stand levantó sus alas como anunciando algo.
—«Definitivamente piensa que soy un ave» —pensó Griffin.
—«Actúa como ave, pero aún queda algo por comprobar...» —pensó Wham.
Surfin Bird cogió la barra con su pico y comenzó a comerlo.
—«Ya debo salir de aquí. Mi stand no tiene sistema digestivo»
El stand saltó hasta el piso y caminó rápidamente para salir de la oficina. Wham se hizo a un lado, pero su stand no.
—Careless Whisper —susurró.
Un stand humanoide se manifestó a su lado. No tenía piernas. En lugar de eso, era una cola parecida a la que usan los fantasmas en la cultura popular. Su cuerpo escarlata resaltaban brillos producidos por escarchas de diferentes colores.
Surfin Bird escuchó un murmullo detrás por lo que volteó a ver, encontrándose a Careless Whisper a punto de atacarlo. El grito que soltó por el susto confirmó la sospecha de Wham.
—¡Acábalo!
Careless Whisper lanzó un ataque con sus brazos. Fue tan fuerte que rompió el suelo, pero Surfin Bird lo había esquivado.
—¡Maldito granuja! —exclamó Surfin Bird.
—Por lo visto eres un stand automático de escala Zellum —indicó Wham—. No te creas especial. Ya he derrotado a un par como tú.
—No me importa estúpido —dijo Surfin Bird.
—Si encuentro a tu usuario, podré demostrar que Blades ha estado manipulando los resultados de la carrera con ayuda de usuarios de stand. Acabando con los competidores potenciales. Seguramente para que Clint Eastwood pueda ganar.
Surfin Bird se quedó en silencio.
—«Felizmente este estúpido no sabe nada»
Careless Whisper y Wham hicieron una pose mientras el stand expulsaba escarcha brillante de sus brazos.
—Para derrotar a un animal, hace falta un animal.
Algunos puntos de la escarcha brillaron tanto que formaron dos constelaciones.
—¡Osa Mayor! ¡Apus! ¡Los invocó!
Las constelaciones emitieron una luz hasta que los animales que representaban aparecieron. Estos estaban formados por la escarcha brillante, pero se veían tan reales que Surfin Bird se asustó.
La Osa Mayor soltó un gruñido mientras que Apus aleteó haciendo ataques de viento que Surfin Bird no pudo esquivar.
—¡Aaaahhh! —gritó.
Lo que esquivó por poco fue el zarpazo de la Osa Mayor.
Dicho animal se abalanzó sobre Surfin Bird pero este atacó con sus garras, rasguñando uno de sus ojos. La enorme Osa cayó de espaldas sobre un armario hasta romperlo. Un estuche de violín se deslizó del interior.
—«¡La moharra!» —Surfin Bird voló hasta el estuche, pero fue retenido por las garras de Apus, quien lo cogió del cuello hasta estrellarlo con la pared.
Wham notó el interés de Surfin Bird por el estuche así que lo recogió.
—¿Qué hay dentro de esta cosa? ¿El violín de Paganini?
Presionó el pestillo y abrió el estuche. Quedó algo confundido al ver una pieza de metal en el interior.
—Es una moharra —comentó.
Antes que Wham se diera cuenta, Surfin Bird se deshizo y salió rápidamente de ahí.
Los animales se desvanecieron y Careless Whisper inspeccionó el entorno para evitar un ataque sorpresa.
—¿Por qué Blades guardaría esto en un estuche de violín? A menos que...
Los pasos apresurados de una persona resonaban en el pasadizo. Wham escondió la barra fosforescente y se agazapó en el escritorio.
En el marco de la puerta estaba un hombre de estatura mediana con un turbante en la cabeza.
—Sal para que pueda verte, granuja —reclamó Griffin.
—«Después de todo, Blades tomó precauciones»
Usando un espejo, Wham pudo observar con detenimiento a Griffin. Llevaba un sable del tamaño de la mitad de su cuerpo y una pistola. Por la forma que tenía, supo que era una automática.
El brillo de la escarcha iluminó el escritorio, y de ella, apareció un enorme toro que corrió hacia Griffin.
—¡Aahh! —Griffin corrió tan rápido como pudo.
El toro tuvo problemas en seguirlo debido a los pasillos estrechos, lo cual ayudó a Griffin a llegar al lobby y cerrar la puerta. Los cuernos del toro agujerearon la puerta el embestirlo con fuerza, pero Griffin bloqueó la entrada moviendo los sillones de Olga Blades y la mesa.
Rápidamente, se sentó sobre el piso y activó a Surfin Bird.
—«Debo avisar al señor Blades. ¡Esto es urgente!»
Para su sorpresa, la puerta se rompió cuando el toro dio una fuerte embestida. Los sillones y la mesa dieron vueltas hasta caer sobre Griffin.
—¡Por Alá! —exclamó, empujando la mesa que estaba encima de sus piernas.
Pero Wham, colocándose encima de la mesa, evitó que pueda moverse un poco.
—¿Por qué guarda Blades esta cosa?
Griffin estaba tan nervioso que no sabía qué decir. Solo cerró los ojos y se recostó. Wham estaba confundido. Lo veía muy relajado para la situación en la que estaba.
Unos aleteos le advirtieron muy tarde lo que tramaba Griffin. A su tras, Surfin Bird rasguñó su espalda con sus afiladas garras oscuras. El ardor hizo que se desconcentre por una décima parte de un segundo, lo cual el stand de Griffin aprovechó para arrebatarle la pica.
—¡Careless Whisper!
El stand de Wham se abalanzó sobre Surfin Bird, cogiéndolo de las patas, pero el ave tenía suficiente fuerza en las alas que las batió hasta hacer que el stand escarlata no pueda frenarlo. Aprovechando que Griffin estaba en el suelo, Wham no dudo en cogerlo del cuello y sacudirlo con fuerza.
—¡Déjame en paz! —exclamó Surfin Bird.
Pero Careless Whisper lo hizo girar dos veces hasta estrellar al ave contra una pequeña ventana. Lo que Wham no calculó es que dicha ventana se rompió y por la presión del aire, succionó a Surfin Bird hasta sacarlo del dirigible con la moharra incluida.
—¡Maldición! —exclamó Wham, corriendo hacia la cabina de control para pedir que sea descendido de la nave.
[12:02 m.]
Los mozos pusieron vasijas blancas frente a los invitados y un pequeño bol de plata con agua.
Juan Gabriel, Dolton y Joe se lo bebieron al instante.
—¡Qué rico!
Luego se dieron cuenta que era para lavarse las manos, ya que los demás los veían como un trío de inadaptados.
El hotel más lujoso de la ciudad contaba con el restaurante más lujoso de la ciudad, por lo que la comida era pequeña. Algo que notó Juan Gabriel y se quejó.
—Pero, ¿qué es esto? ¡Denme enchiladas!
En la mesa de al lado estaban los Winehouse. Los cinco habían pedido ensalada por lo que parecían tortugas hambrientas comiendo lechugas.
—Ya está aquí —dijo Chayanne con los ojos cerrados.
Blades cruzó la entrada. Se veía exhausto pero no era alguien que incumplía sus promesas.
Se quedó sorprendido al ver a Chayanne y sus amigos, sentados en la misma mesa en la que estaría. Hall lo recibió con un saludo.
—Caballeros y damas, este hombre es Ruben Blades. Ya deben conocerlo, ¿verdad? Espero que las rencillas que tengan con él quede en el pasado. Hoy es un día especial ya que estamos casi a la mitad del trayecto de la carrera Andes Speed Run por lo que quiero que demos un brindis por ello.
Todos cogieron sus copas llenas de vino y se pusieron de pie. Como las manos de Juan Gabriel estaban llenas de grasa por haber comido un pavo entero con guiso, su copa se deslizó de su mano hasta caer al suelo.
—Chale, espero que no se enojen conmigo —dijo Juan Gabriel apenado.
Se agachó para recoger los pedazos, pero algo inusual hizo retirar sus manos.
Un caracol estaba sobre los pedazos de la copa.
—Ah, canijo. ¿De dónde salió este caracol?
Hall carraspeó su garganta y siguió con el brindis.
—Levantemos nuestras copas y... —se quedó mudo al ver un caracol flotando en el interior de su copa—. ¿Acaso no son...?
Iba a increpar a los mozos, pero luego se dio cuenta que las copas de los restaurantes estaban llenas de caracoles. Incluso el estanque donde estaba una langosta tenía caracoles hasta el borde superior.
—¿Qué está pasando? —dijo Christine al ver que su copa tenía un caracol.
—Supongo que alguien sabe lo que pasa —dijo Chayanne viendo a Blades. Este toleró ese impase, pero se aguantó las ganas de golpearlo.
—Oigan, ¿por qué todo se oscureció de repente? —dijo Dolton.
Chizuru soltó un grito de espanto cuando vio dos caracoles salir de los ojos de Dolton.
Próximo capítulo: Banda Blanca - Parte 2
1. Careless Whisper: el nombre del stand hace referencia a la canción de George Michael, Careless Whisper.
https://youtu.be/izGwDsrQ1eQ
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