roses y sonrisas
Se puso algo cómodo y salio al jardín en su camino saludo a doña alta gracia la dama de la limpieza y caminó a grandes zancadas hasta el único lugar que la llenaba de paz y sosiego
Con tan solo ver las bien cuidadas flores una onda de felicidad golpeo su corazón cambiando su humor, pero no eran solo las flores, se había negado siempre a aceptar que cuando el clavaba sus ardientes ojos negros en ella parecía que la sangre seca en sus venas recobraba su vitalidad de golpe y su corazón iniciaba un violento redoble de tambores que hacían fluir miel por cada uno de sus poros.
Pero esto era un secreto y ni aun a su diario había confesado tal verdad.
Adalberto gozaba de respeto y popularidad nacional e internacional gracias al buen manejo que siempre tuvo de los negocios y el mundo político.
A sus 42 años tenia una envidiable forma física gracias a sus largas horas de entrenamiento y a un estilo de vida saludable, hombre de finos gustos y amante de los autos de lujo era uno de los hombres mas influyentes de la sociedad Dominicana y hacia suspirar a mas de una con su porte elegante y sus finos modales.
Se paso el día atendiendo asuntos políticos y administrando sus negocios las horas de jornada se le hacían eternas y sabía k no se iría temprano a casa.
Sentado en su escritorio aprovechando un momento de tranquilidad telefoneó a Elissa :
- hola cariño como estas? - dijo
mientras sonreía ligeramente
- bien amor - contesto la voz
dulce de ella -
te noto muy cansado - añadió con una nota de empatia en su voz
- no amor estoy bien ya casi termino para ir a casa contigo
Un viejo y enorme reloj de ébano con forma de columna dórica daba la hora marcando el tiempo a ritmo de su espléndido péndulo. Un cuarto para las siete y Elissa se siente morir de aburrimiento.
telefonea a su madre, su mejor amiga, su confidente y cómplice hablan sobre trivialidades y las risas de ella inundan la estancia mas al cabo de un tiempo Elissa no puede evitar que su madre se de cuenta de que la está usando como mata tiempo
– cielo todo esta bien? - pregunta la voz por el teléfono
- si...si claro porque... Porque lo dices -niega ella al parecer sin mucho éxito
-Vamos amor te conozco y supongo que es lo que te pasa te aburres cierto?
-bien siempre terminas atrapando me, es cierto me siento un tanto ... No sabría muy bien como decir. - su voz tomó un matiz de tristeza que su madre podía comprender muy bien
- hija no se que decirte. Porque no pruebas hacer algo... Que se yo un viaje. Sal cariño conoce mundo Adalberto no se opondrá.
La voz de la mujer sonaba muy inspirada y su tono denotaba mucha nostalgia.
- sabes cariño? Cuando naciste y te vi tan pequeña, tan frágil, con tus manitas apretadas y tu piel tan inmaculadamente blanca sabes que pensé? En libertad. Sabias que tus ojos tienen un verde poco común? Son tan hermosos y vivos que ha de ser la mayor injusticia del universo el que los tengas allí encerrados entre esas paredes.
Una lágrima rodaba solitaria por las rosadas mejillas de Elissa mientras escuchaba a su madre. Mas ella nada podría hacer. Pensó que su tiempo ya había pasado, estaba atrapada en su rutina una rutina voraz que amenazaba con engullir toda su persona.
- madre hablamos después acaba de llegar alguien- mintió para cortar la charla
- bien cielo pero espero me hagas caso
- si lo hablaremos más adelante.
y colgó pensando que no valía la pena tratar de explicarle a su madre lo que significaba ser la esposa de un político exitoso como lo era su esposo.
Adalberto llegó cerca de las diez a la enorme mansión en la cual vivía con su bella esposa.
La casa que tenia siempre fue la de sus sueños. El plano fue realizado por una firma de ingenieros arquitectos y cada detalle fue específicamente el que pidió. Cada rincón de esta fue idealizado en la mente poderosa de el.
Elissa sintió algo de alegría al ver lo llegar, su blanca camisa impecable, bien arreglada, su cabello castaño bien cuidado y una sonrisa a medio cuajar en sus labios rematados estos por el sensual bigote que siempre llevaba.
Elissa tan pronto fue avisada de su llegada descendió las majestuosas escaleras que daban al vestíbulo para encontrar lo allí
- wao cielo llegaste tarde - dijo mientras descendía de forma pausada los pasos de mármol de la escalera
- si amor ya sabes como es - respondió observando la mujer tan bella que tenia .
Se le acercó y le rodeo el cuello con sus brazos delicados en un abrazo tierno y frágil luego le dio un beso despacio , suave y sensual sin llegar a ser descarado.
El chofer quien aun estaba parado en la puerta se hizo a un lado fulminado por la pasión de la pareja.
Tras la cariñosa escena la estancia se llenó con la risa coqueta de Elissa. El le sujeto delicada mente la punta de la fina nariz de ella al tiempo que le decía: así que estas amorosa he? Es un buen día para probar la lencería que te compre - dijo manteniendo siempre una sonrisa y tono sensual
-Pero cual amor la negra? Ay no me da cositas - respondió ella sin dejar de reír
- vamos amor complace a tu galán
- ay no bebé pide me otra cosa por favor
- no, es eso lo que quiero - dijo y esta vez puso un tono mas serio sin dejar de ser coqueto y seductor.
la sujetó con fuerza cargando la entre sus brazos.
Ella se aferro a el y lo besaba con sensual ternura un tanto sonrojada por la situación y la tímida mirada que le dirigió el chofer antes de abandonar cabizbajo y apresurado el recibidor.
La risa de la pareja resonaba por la casa llenándola de vida.
En la cocina doña alta gracia y su joven compañera hacían la Sena;
mientras que fuera, el cielo apacible brillaba con la luz de un millón de estrellas.
Ya pisaba Adalberto las elegantes escaleras y Elissa ardía de pasión mientras la excitación se manifestaba en forma de una humedad, cuando sonó el timbre.
La joven muchacha del servicio se apresuró a abrir y por la puerta desfiló un grupo de señores.
Adalberto fue rápido y antes de un parpadeo ya Elissa estaba en el suelo y el tomaba su porte de hombre de negocios y político.
A Elisa le tomó unos segundos darse cuenta de lo que ocurría y al ver la comitiva sintió como si le arrojaran un balde de agua helada en el rostro.
Los visitantes seis hombres de edad madura bien vestidos y de rostros serios, saludaron con cortesía y estrecharon las manos de Adalberto, el cual se había adelantado hacia ellos con una de esas sonrisas que Elissa tanto odiaba.
Todos en la pequeña estancia reían con la sonrisa plástica, como la llamaba Elissa, excepto ella que se quedó en vilo con una ira a punto de estallar en su pecho.
Adalberto la miró extrañado y disimuladamente le hizo señas para que se acercara a saludar.
Ella le devolvió una mirada llena de reproches y la situación se tornó evidentemente tensa, uno de los señores lanzó un Respingo lo que llenó a Adalberto de vergüenza y se sentía como un tonto.
Levanto la vista al cielo en un gesto que lo delataba molesto y luego lanzó una hiriente mirada a la mujer endulzada con una gota de suplica.
Elissa que permanecía en las escaleras en el mismo punto donde el la había bajado no parecía dispuesta a acercarse para saludar a los recién llegados.
- oh no se moleste señor Rancier- dijo uno de los hombres, un tipo de tez blanca de unos cuarenta y cinco años de edad, de rostro grotesco y fría mirada. Quien parecía de alguna forma mandar sobre los demás.
- si su señora se siente indispuesta- añadió mientras esbozaba una muesca tratando de imitar una sonrisa.
Adalberto estaba a punto de morir de vergüenza cuando Elissa al fin decidió que ya lo había castigado bastante y río con una sonrisa verdadera y camino hacia el grupo.
El efecto de esto fue como prender la luz en un cuarto oscuro.
Mientras ella caminaba de forma elegante y con un suave balanceo podía sentir como se clavaban en su piel las miradas de los presentes haciéndola sonrojarse.
Ay por favor disculpen me - dijo buscando las miradas de ellos y estrechando sus manos con las muy delicadas suyas- es que he estado un poco mal todo el día.
El tipo que parecía ser jefe de los otros se le acercó y sujetó suave pero firmemente sus manos y esta vez reía de forma verdadera
- oh cuanto lo siento mi señora, es para mi un honor conocerla en persona. Su esposo no para de hablar de usted
- oh gracias que gentil
Por los siguientes cinco minutos todo fue saludos, halagos, y roses y sonrisas falsas o maliciosas.
Adalberto se acercó a su esposa y un tanto atemorizado le hablo de forma cariñosa.
- bueno que inoportunos, no se que decir pero solo voy a firmar unos papeles creo que en cinco o quizás diez subo
- así que me pongo la prenda? - respondió ella sonriente.
- si has lo.
Elissa subió a la alcoba y esperó mas paso el tiempo y el sueño la venció.
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