Capítulo 51
—¡Ay!—Dani cayó al suelo, interrumpiendo el casi beso—. ¿Interrumpo?
—No, tranquilo—Álvaro estaba como un tomate caliente—. ¿Estás bien?
—Eh... Sí, claro. Es que he tropezado. Seguiré buscando lo que he perdido...
Cuando volvieron a quedarse solos, se miraron un instante y apartaron la mirada. Menuda vergüenza...
—Deberíamos irnos.
—Sí. Buscaré a Dani.
Fue entre bastidores y llamó a la puerta que había. Dani salió, algo asustado.
—¿Ocurre algo?
—Hay que irse. Llegaremos tarde a nuestra actuación.
Asintió, muy pálido.
—Me iré solo, no está demasiado lejos. Tengo cosas que hacer.
—Vale, pero no llegues tarde.
—Que sí...
Rocío se rió y lo dejó solo. Se encontró con Álvaro en la puerta del teatro.
—¿Dani...?
—Ahora viene él, tiene algo que hacer.
Se encogieron de hombros. El camino de vuelta fue incómodo, no podían creer lo que iban a hacer unos minutos atrás.
—Ya estamos aquí—carraspeó Álvaro, nervioso.
Ella asintió y salió del coche con las bolsas de la ropa. Corrió hasta nosotros y abrazó a nuestros padres.
—¡Hola! ¿Dónde has estado?
—De compras para la actuación.
—Mira la cabrona, nosotras sin salir y tú de compras—Sara le sacó la lengua.
—En el fondo me amas.
—Pero poco.
Rocío le dio un beso a Carlos y se sentó en su regazo.
—Rocío... Hemos estado hablando con Carlos, y la verdad es que parece un buen chico para ti. Te irá bien, cielo.
Ella sonrió. Siempre igual, ella era doña perfecta. Conseguía lo que se proponía.
—¿Y Dani?
—Se ha quedado en la ciudad para hacer algo. Vendrá para la actuación, ya se lo presentarás.
Vi a Gango dirigirse hacia nosotros y Rocío pareció verlo. Se puso pálida y se marchó.
—Se me hace tarde. Nos vemos...
—¿Qué le pasa?—dio una palmadita en la espalda de mi padre.
—¡Hombre, Álvaro!—lo abrazó.
—Señor Cabrera...
—¿Lo conoces?
—Pues claro, hija. Ha trabajado muchos años para nuestra familia. Me dijeron que tenías un trabajo bueno, pero esto es genial. Me alegro de que alguien vigile a mi hija.
—¿Rocío es su hija?—estábamos todos flipando.
—Claro, creí que lo sabrías. Al fin y al cabo, estaba loca por ti cuando tenía quince años.
—¿Cómo?
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