Capítulo 43

Dani siguió a Rocío fuera del internado. Tomó cierta distancia con ella, aunque gracias a las muletas no la necesitaba. Su paso tortuga era notario.

—Has tardado mucho—se quejó Álvaro.

—Oh, perdona... Es que me caí por un barranco y me hice un esguince, no sé si te acuerdas—le respondió sarcástica, dejando las muletas en la silla y levantándose.

—¿A dónde vas?

—A comprar el café. Necesito mi café.

—¿Con una sola pierna? Hay dos opciones: o te caes tú, o se cae el café.

Haciendo caso omiso al moreno, se levantó y a pata coja, se acercó a Mary.

—¿Me pones un Frapuccino?

De mala gana, Mary se fue a preparárselo... justo cuando Dani entraba al Starbucks. A Rocío no le faltó tiempo para verlo y asustarse.

—Aquí tienes. A ver si se te cae—susurró Mary.

Ignorándola, pegó un salto hasta la mesa, donde dejó el café y se sentó.

—¿Pasa algo?

—Dani está aquí.

—¿Y?

—Nos va a ver, y no me apetece que lo sepa.

—Pues escondete.

—Te escondes tú, que me ha seguido a mí.

En esa discusión, Dani los había visto y se escondía en una esquina, quería saber que pasaba.

—A ver—Álvaro se levantó y echó un vistazo—, yo no veo a nadie, así que relájate.

—Vale...—dijo, no muy convencida.

—¿Cuándo te quitan la escayola?—trató de distraerla.

—En unos quince días. Vamos, menudo asco.

—Hija, no haberte caído.

—Hijo, si escucho ruidos y una persona se me acerca, lo normal es que me asuste.

—¿Y cómo es que yo no vi a nadie cuando gritaste?

—Se debió de marchar, pero estaba ahí. No me lo invento. Ese asesino va a por mí.

—No seas tan exagerada. Y cambia esa cara, que pareces amargada—le pellizcó la mejilla, sacándole una sonrisa a la pelirroja.

"No jodas..."—pensó Dani, asombrado.

Un rato después...

—Rocío está con el profesor—irrumpió en la habitación.

—¿Qué?—nos asombramos las cuatro.

—Sí. No sé en calidad de qué, pero pasan las tardes en el Starbucks.

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