Capítulo 39
-Alv...-tiritó Rocío.
-Dime.
Estaban caminando por la orilla de la carretera. Por ahí habíamos ido antes, y no les pareció demasiado complicado ir por allí.
-¿Qué pasó con Sonia?
-Todo empezó como tú. Venía todos los días a estudiar al Starbucks y nos hicimos "amigos". Pero un día me besó y se me declaró. Le dije que tenía novia y que no estaba interesado.
-¿Y?
-Se volvió loca, te lo he dicho. Sonia estaba mal de la cabeza, no sé si ya estará mejor.
-Pues yo lo creo-se abrazó a sí misma, congelada.
-Toma mi chaquetón, anda. No te vayas a resfriar.
-¿Y tú?
-Estaré bien-metió las manos en sus bolsillos, resoplando.
Siguen dando vueltas. El silencio es agradable, escuchando búhos y algún aullido de lobo. El internado estaba bastante lejos de aquella discoteca. Al rato, Rocío empezó a darse cuenta de que no sabía el camino.
-Álvaro, creo que nos hemos perdido.
-¡Se supone que te estoy siguiendo a ti!
-Pues esto no me suena de nada... ¡Mierda!
-¿Qué?
-Que mi móvil ha muerto. No hay batería.
-Espera.
Álvaro sacó su móvil, que afortunadamente tenía bastante batería. Pero...
-No hay cobertura.
-Menudo día llevamos-resopló, intranquila. Si no estuviera con él, estaría muerta de miedo.
-Voy a ver si podemos tener GPS. No te muevas de aquí.
Asintió, asustada. Al marcharse, parecía que los sonidos se acentuaban, escuchaba pisadas y los lobos aullaban más fuerte.
"Seguro que no es nada... Tranquila, Ro"
Una rama crujió detrás de ella. Veía a alguien, pero no lograba identificar quien. Su corazón se disparaba por momentos. Caminó hacia atrás, esa persona susurraba su nombre. Tragó saliva, pisó mal y cayó hacia un pequeño barranco, gritando.
-¡Rocío! ¿Qué ocurre?
La persona desapareció entre las sombras y Álvaro volvió corriendo.
-¡Creo que me he roto algo!-lloró-. Me duele...
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