Capítulo 19

—¡Te he echado muchísimo de menos!

Lo dijeron a la vez, como si fueran novios. Blas y Rocío se abrazaron con  fuerza, eran muy amigos.

Todo esto, ante la celosa mirada de Carlos.

—¿Qué tal estás, pelirroja? ¿Amigos nuevos?—miró a Carlos, sin vergüenza.

—Esto... Blas, él es Carlos... un amigo.

—Encantado. No toques a mi pelirroja, eh...

—No lo haré.

—Y a todo esto, ¿qué haces aquí, Blas?

—Echaba de menos a Paula, y he conseguido entrar.

—¿Qué has hecho?

—¿Tan poco confías en mí?—ante la mirada de Rocío, habló—. Vale... He destrozado un pelín la casa de un vecino.

—Eres un burro, de verdad.

—Una cosa—Carlos llevaba un rato dándole vueltas a algo—, ¿echas de menos a Paula? ¿No será a Rocío?

—Hombre... Quiero mucho a la pelirroja, pero mi novia es Paula.

Carlos suspiró de alegría.

—Bueno, Carlos, no sé si te importará que te robe a Ro un rato. Tenemos mucho de que hablar.

—No, claro.

—Como se nota que te gusta—susurró mientras caminaban.

—Eso no es cierto—protestó.

—No... ¿Y cuándo he interrumpido el beso?

—Un desliz.

—Ya, claro. Pero oye, te doy vía libre. Parece buen chaval.

—Ese es el problema, que no lo es. Es el peor del internado.

—Te vendrá bien. Ahora me voy, Paula me ha dicho su habitación por WhatsApp y me voy a sorprenderla.

Rocío sonrió mientras se alejaba, hasta que recordó que yo estaba con Dani.

Corrió a gran velocidad, atropellando a varias personas a su paso. Iba a ganarse muchos enemigos.

Cogió un atajo por unas escaleras secundarias y llegó a la habitación antes que Blas.

Abrió la puerta y nos sorprendió.

—Hola—dijo entre jadeos de cansancio.

—¿Qué pasa?—le pregunté, borde.

—Blas está aquí—abrí los ojos como platos—, y está viniendo para acá.

Planeé la manera de que no lo viera, mientras mi hermana trataba de recuperar el aliento.

—Dani, al armario.

—¿Qué?

Se dispuso a protestar, pero lo metí directamente.

Llamaron a la puerta.

—¿Sí?

—El cartero—mala imitación, Blas. Había empeorado.

—Rocío... Tienes que irte.

—¿Por dónde?

—A la ventana, vamos.

—¿Estás loca?

—Un poco, pero ese no es el problema. Vamos, corre.

Rocío salió por la ventana. Tragó saliva al ver la altura, por lo que perdió el equilibrio y cayó.

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