VII • Dolor profundo

Arte: kaerinoir.tumblr.com

Miraculous Ladybug no es de mi propiedad al igual que el arte aquí utilizada.

Actualidad

Tocó por tercera vez la puerta, en la espera de tener una oportunidad más para verla. Marinette no había pisado la empresa en días desde que, según sabía, ella y Luka Couffaine habían considerado el divorcio.
Se removió ansioso en su sitio, aguantando la respiración y aquella desesperación por tirar la puerta de una patada y entrar a verla. El pomo giró y su pulso se disparó como nunca antes. Acomodó su corbata esperándole con una sonrisa, pero en cambio se encontró con una Marinette bastante demacrada.
Llevaba ropas holgadas y un rostro moribundo que le provocó un escalofrío. Adrien se sorprendió e impulsivamente intentó tomar su rostro, ella no lo permitió, se limitó a abrazar su propio cuerpo, mirándole de un modo sumamente frívolo.

     ─¿Qué es lo que quieres?─ le preguntó ella finalmente.

     ─He venido a verte, no has ido a la empresa y todo en los talleres es un caos, pensé que...

     ─Estoy bien, Adrien, puedes marcharte─ sentenció intentando cerrar la puerta y siendo obstruida por el rubio.

     ─Tenemos que hablar, Mari─ apuró colocando su pie entre el marco y la puerta.

     ─ Yo no quiero hablar contigo, Adrien, entiéndelo─ rogó ejerciendo presión para cerrar aún si lo estaba lastimando, pero él era terco.

     ─No, Mari, sólo hay que salir a tomar un café, platicar y nosotros...

     ─¿Nosotros?, no. No hay ningún nosotros, Adrien, ¿No lo entiendes?

     ─Mari...

     ─¡No, estoy harta!─ quejó abriendo la puerta para encararle─ estoy cansada de lidiar con lo mismo una y otra vez, porque no sé cuántas veces más tendré que explicarte que tú y yo no tenemos nada más, que lo nuestro acabó hace diez años, Adrien─ Sollozó.

     ─Princesa... Tú y yo estamos destinados a estar juntos, lo ha dicho el maestro Fú, Marinette─ añadió tomando repentinamente su mano y colocándola sobre su pecho, a la altura de su corazón donde éste palpitaba frenético por su cercanía.

     ─Pues el maestro Fu se equivoca, Adrien,  ¿Cómo puedes mantener la fe en un hombre que se ha marchado sin más, que era la única respuesta a nuestros problemas y hoy no está. Debes hacer tu propia vida, Adrien, debes seguir adelante.

El rubio le miró suplicante aún sin aceptar las palabras de la mujer quien se apartó con brusquedad de su agarre, limpiando un par de lágrimas marcadas en su rostro junto al maquillaje mal retirado.

      ─Vete, no quiero volver a verte, Adrien.

Cerró la puerta recargándose en ella mientras intentaba recobrar la cordura, respiró hondo ante el temblor que aquella situación le había hecho sentir y enfocó su vista al pequeño niño que le analizaba desde el pasillo.

     ─Volvamos a la cama, cariño, aún es muy temprano─ musitó ella.

Alcanzó el rubio a escuchar el impacto de la puerta, pero su mente estaba ya viajando lejos de ahí, como una palomilla que en su pecho revoloteaba incesante y le inundaba el cuerpo de pura ira.
Descontrolado y amargo se encaminó a su auto, la empuñadura en el volante le hacía ver los nudillos blancos y como una vena saltar de su frente.
Cuando llegó a la mansión su cuerpo fue absorbido por una fuerza mayor a él, una vibra extraña y oscura que le adormeció la razón y dejó fluir entonces el llanto rabioso que había guardado en él.

     ─Adrien, tienes que dejar de hacer tonterías, puedes parar ahora, no tienes que hacerlo─ murmuró el pequeño Plagg.

Había estado sirviendo a Adrien durante esos meses en que habían vuelto a París, había aguantado en silencio las actitudes de Adrien sólo porque lo extrañaba, porque había visto de primera mano cómo su pobre corazón se había encogido luego de ser conscientes de que no podía volver, no luego de lo que había hecho.

     ─¿Te  has preguntado alguna vez, por qué te mantuve dormido hasta que volvimos a París, Plagg?─ murmuró el rubio acariciando con la surda el filo de su anillo. Plagg le miró con detenimiento.

     ─Adrien, Ladybug puede ayudarte, no hagas las cosas más difíciles─ susurró finalmente.

      ─ Transfórmame, Nooroo─ susurró dejando caer el anillo de Chat Noir.

Plagg lo tomó antes de que impactara contra el suelo, virando cómo el tumulto de mariposas envolvía el cuerpo del Agreste, convirtiéndose en una neblina espesa y turbia que le embriagó de mala energía, de odio y desesperanza.
Estaba asustado, Adrien no había renunciado a él, pero como si lo hubiera hecho, ahora su corazón permanecería en una coraza formada de resentimiento, de deseo de venganza, de impotencia y miedo.

●●●


Llevaba varias tardes yendo a donde el local del maestro Fu, sin embargo todos los días resultaba exactamente igual. El sitio parecía desierto, como si hacía meses nadie viviera ahí. Se sentía un poco culpable ya que luego de aceptar el trabajo en Gabriels y con el caos de las desapariciones y más en París, había dejado de frecuentar a Fu, no sabía nada de él y sospechaba que su "ausencia" implicaba en parte la nula protección que ella brindó al mayor.
Marinette se dejó caer en aquél desconocido tejado, mirando a la oscuridad que traviesa comenzaba a cubrir el cielo sobre ella. Se colocó de modo que ahora sus rodillas sostenían el peso de su mentón, mientras sus brazos abrazaban las mismas buscando una protección que sabía no llegaría.
Suspiró cuando el destello de la primer estrella en la noche se hizo presente, y las nubes comenzaron abrir paso a la luna quien nuevamente fungía como su testigo y acompañante más fiel.

Una explosión retumbó por la ciudad y cuando a punto estuvo de levantarse, una mariposa blanca se posó sobre su mano.

Un terrible pánico le recorrió todo el sistema, y la desesperación le hizo buscar en dirección a su barrio. Todo se veía destruido, como aquella noche. La sublevación tan peculiar de mariposas blancas captó su atención de inmediato, iban hacia la torre Eiffel. 
Emprendió camino a su hogar, donde rogaba a Dios que no hubiera pasado nada. Luka no contestaba sus llamadas, intentaba convencerse de que era porque aún seguía molesto con ella, sin embargo, algo en su corazón le decía que no era así, y que debía darse prisa.
Sacó pronto su comunicador, llamando a Chat Noir, pero él también parecía rechazarle.
Llegó a su hogar escabulléndose por el ventanal de la sala. Estaba en penumbras, no le sorprendía, después de todo era la hora de dormir para los niños. Subió por el segundo piso, sintiendo más y más terror de sólo encontrar la nada en su camino. Un ruidillo extraño provino de la habitación de Hugo y sin dudarlo corrió a la puerta y al abrirla una estampida de mariposas blancas se le vino encima. 
Lanzó manotazos al aire intentando recobrar la visión. No había nadie, no estaba su hijo y por lo que intuía Sophie y Luka tampoco estaban ahí.

Una nota sobre la cama llamó su atención pues se meneaba por la corriente que provocaba el aleteo de los insectos, la tomó temerosa. "Ven por ellos, Ladybug, a donde todo comenzó". Leyó cayendo después por la impresión de lo que ésta tenía escrita.
Su piel se torno blanca como el papel entre sus manos y sintió su presión bajar hasta el mismísimo infierno.

Hawk Moth había vuelto.



Próximo capítulo

—Flashback 5• Imperdonable—


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