I•Encuentro inevitable.

Arte: mari945.deviantart.com/

Miraculous Ladybug no es de mi propiedad al igual que el arte aquí utilizada.

Actualidad

Con toda la fuerza que su pequeño cuerpo le permitía, andaba en su bicicleta recién comprada. Hugo tenía la suerte de que quien lo conociera lo amara al momento. Pasaba con sus abuelos, quienes de sólo verle sonreír recién nacido lo habían adorado inmensamente, le habían prometido el cielo y las estrellas pues creían fervientemente que se los merecía. 

El niño se dedicaba entonces a ayudarles con la entrega de pedidos por la ciudad, dejando que el aire parisino le llegara a la cara. Amaba hacer eso por sus abuelos, tenía apenas diez años y unos cuantos meses, pero sin duda sabía que lo que quería era recorrer el mundo por lo que le quedara de vida, volar e ir con el viento, ser como una libre mariposa que anda por todos lados disfrutando de lo que quede.

Centrado estaba en sus sueños que no se dio cuenta cuando un hombre bajaba de su limusina para entrar al local, estrellándose contra él y armando tremendo escándalo.

     — No, Gorila, está bien  yo puedo arreglarlo — oyó el niño quien aún estaba en el suelo— Vamos campeón, dame la mano¿estás bien?— el niño giró su rostro para ver al hombre.

Era alto y elegante, como todos esos hombres que aparecían en las revistas y libretas de su madre. Llevaba una gabardina que estaba empolvada seguro por su causa, unos guantes de piel que a pesar de presentes, le hacían sentir choques de electricidad. Lo miró nuevamente a los ojos y su brillante y serena  sonrisa no hizo más que infundirle paz al niño, en definitiva no estaba molesto por el accidente, así que podía darse el privilegio de sonreír por igual.

    —Lo lamento mucho señor, me he distraído y he chocado contra usted, lo lamento, puedo ofrecerle entrar al local de mis abuelos y quizá ellos...

     —Todo está bien, no te preocupes, además yo también venía distraído y por favor llámame...

     —¡Hugo!— escucharon ambos varones girando el rostro a cierta azabache que salía despavorida del local frente al que estaban — Dios , mi niño nos hemos asustado con ese escándalo, vamos, entra a casa para ver que estés bien...

     —Pero yo ...

     —No protestes y entra.

El niño  caminó en dirección a la mujer y miró hacía atrás por sobre el hombro a aquél hombre que se despedía de él con un movimiento de mano. El niño sonrió.

     —¿Qué ha pasado, Sabine?— preguntó un  sujeto corpulento  que se limpiaba ansioso las manos con el mandil que llevaba puesto, la mujer le negó.

     —Ya estaba aquí enfrente , no pude evitar asustarme cuando la señora Chamack dijo que lo había visto tener un accidente —giró a ver al niño  mientras el hombre lo tomaba en brazos y lo sentaba sobre la barra —¿Estás bien?

     —Lo estoy, yo...

      —¿Oíste, Sabine? el muchacho está bien, pero no lo sé , quizá debamos llevarlo al hospital .

      —No, yo estoy ...

     —Tienes razón, Tom... No sea que tenga alguna fractura o alguna contusión y no vamos...

     —¡Les digo que todo está bien  y no tengo que ir a ningún...— gritó el niño para luego callar con la vista al frente.

Ambos mayores giraron en dirección a la puerta. Y lo vieron ...

     —Lamento la intromisión, el niño ha olvidado  ésto en la acera y yo solo he venido a dejarlo... — habló el muchacho en la puerta.

        —Por Dios—mencionó Tom  con una sonrisa en el rostro, contrario a su mujer que frunció el ceño de inmediato— Adrien Agreste, muchacho ¿eres tú?— preguntó emocionado recibiendo una afirmación silenciosa.

     —¿Cómo le va, señor Dupain?

     —Todo bien chico, hace años que no sabíamos nada de ti...¿cuántos, Sabine ? unos...

     —Diez ...— soltó él —Hace diez años de la muerte de mi padre

     —¿Qué te ha traído por aquí?— habló la mujer dejando al niño como único ajeno.

     —¿Es su hijo?— preguntó ignorando a la mujer y sus cuestionamientos.

     —Sería una maravilla, pero no— sonrió Tom— es nuestro nieto, hijo de la pequeña Marinette.

     —Ya veo... Pues tienes unos ojos geniales — mencionó ahora al niño sobre la barra mirando sus esmeraldas similares a las suyas.

     —Lo ha sacado de los Dupain— irrumpió Sabine— Tom los tiene y Gina, su bisabuela también. en todo lo demás es idéntico a su madre y a su padre.

     —Ya veo— susurró el rubio— Pues es genial, ¿Y dónde está Marinette?  

     —F-fue por mi hermanita a las clases de danza— mencionó  el pequeño azabache.

     —No debe tardar—reafirmó Tom

     —Sería un gusto poder verla...—sonrió— ¿Tú como te llamas, campeón?

     —H-hugo, señor...Hugo Couffaine.

 ¿Couffaine? El apellido le sonaba tan familiar, al igual que el rostro del niño. Claro que podía sentir el entusiasmo que Tom tenía ante su regreso, al igual que la mala vibra que Sabine transpiraba, sin embargo se sentía cómodo de ver al niño, le recordaba tanto a ella. Su piel era del mismo color, su cabello, las pecas por su rostro y esa bonita sonrisa. No lograba deducir quién podría ser el padre ¿Couffaine? Couffaine...Había bloqueado tantas cosas durante esos dolorosos años que no recordaba mucho más allá de su amor perdido. Nino ya no estaba en Paris desde hacía varios años y con él se había marchado Alya. Chloé había cambiado de residencia a Inglaterra y la verdad es que no conocía a nadie más que pudiera decirle todo lo que había acontecido en su ausencia. Miró nuevamente al niño hasta que a éste se le iluminaron los ojos como un par de luceros, sonriendo de oreja a oreja reluciendo su falta de un par de piezas dentales, giró en dirección a su mirada  e  igualmente sonrió.

     — ¡He llegado! —Anunció la voz de Marinette seguida del tintineo de la puerta. Palideció al ver a Adrien ahí e intentó simularlo con una sonrisa amable— Buenas...tardes...

     —Mari— mencionó apenas en una especie de suspiro enamorado. Intentó caminar hacía ella pero la vio tensarse cuando un cuerpo más pequeño se agarró fuerte de su pierna ocultándose tras ella.

     —L-lo siento, se pone nerviosa cuando ve gente nueva— se disculpó Marinette—  Saluda, Sophie.

     —Hola, princesa— le habló Adrien a la niña mientras se agachaba estirando su mano para ofrecerle un saludo— Mi nombre es Adrien, soy ... un viejo amigo de tu mami— sonrió.

La niña asomó un poco su rostro posando la vista en el mayor. Entonces él la pudo apreciar. Era de piel igualmente blanca, tenía pecas como su hermano y unas pestañas frondosas que cubrían unos gigantes ojos azules , incluso más claros que los de su madre, su cabello  por el contrario, era un poco más oscuro y estaba acomodado en una coleta alta y un poco ondulada. La pequeña sonrió ligeramente reconfortando el corazón del mayor quien tomando aquello como un saludo se levantó para prestar total atención a la mujer frente a él.

Era hermosa, realmente espectacular. Sin duda alguna los años habían cambiado a la chica, ahora era toda una dama. Llevaba una falda entubada por debajo de las rodillas y una camisa que la hacían lucir elegante. Su cabello estaba tremendamente corto, apenas rozando su nuca. Sin embargo, podía recordar fácilmente a la adolescente de la que se había enamorado, por la que daba la vida y a la que deseaba a su lado. Era su recuerdo lo que lo había mantenido de pie esos años,  su Lady. No llevaba sus aretes, en su lugar, llevaba un anillo de bodas en el dedo anular de la mano izquierda.

Estaba indiscutiblemente casada y su corazón no podía manejarlo.

     —Bueno, yo tengo que retirarme,  espero no haber sido una molestia... —giró a ver al niño de nuevo — ten cuidado,  ¿vale?  Señores Dupain —hizo una reverencia — Permiso.
Y se retiró sin siquiera esperar una respuesta.

Marinette lo vio marchar y no entendió la razón, pero su alma se resquebrajó. Verlo luego de tantos años, tantos recuerdos, luego de tanto dolor y desesperanza la verdad es que no se sentía capaz,  no era algo que pudiera controlar.

     —¿A qué ha venido? — preguntó Marinette a sus padres.

     —No lo sabemos,  pero al parecer viene llegando a la ciudad, ojalá esté mejor con lo de su padre y todo lo que pasó aquella noche.

     —Han pasado diez años... —Susurró ella

     —Mami, ¿el es tu amigo? — preguntó la pequeña.

     —Así es, Sophie... es...es sólo un viejo amigo.

Próximo capítulo.
II• Familia feliz.

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