Flashback 4• Reciprocidad
Arte: spikart.tumblr.com
Miraculous Ladybug no es de mi propiedad al igual que el arte aquí utilizada.
Diez años antes.
Noche previa a la batalla final.
Con delicadeza sus manos acariciaban los mechones de sus cabellos revueltos mientras su perfume se adhería cada vez más a sus sábanas y a su almohada. Sonreía por lo grata que resultaba su compañía, y por el inmenso amor que le hacía sentir con sólo mirarle, por el simple hecho de existir para ella.
Aún con todo, en su corazón se albergaba un miedo inexplicable, el terror por perderle, porque un día decidiera no volver a su azotea, ni adentrarse por la puerta para brindarle amor. Marinette se apegó a él en un inhumano abrazo, tan exigente como le era posible, desbaratador.
—Nunca pensé que terminaría por tenerte así, de éste modo tan especial, Marinette—murmuró Chat Noir mientras con su diestra acariciaba las suaves hebras azabaches que despedían un dulzón aroma— Nunca tuve nada en la vida, la mujer que más me amaba despareció un día sin dejar rastro y mi familia o lo que debería serlo, se fue cuesta abajo junto al resto de mis sueños. He estado tanto tiempo solo, tan ajeno a lo que podría ser la verdadera felicidad. Entonces tú me llegaste como caída del cielo— sonrió por lo literal que aquello era— Y en cuanto te vi pelear, supe que no quería a nadie que no fueras tú, pero... —suspiró apretando con fuerza los parpados— Yo siempre imaginé que terminarías con aquél al que llamabas el amor de tu vida, entonces tendría que ceder, porque nada me haría más feliz que verte a ti siendo feliz, aún si no es conmigo. Pero tenía tanto miedo, porque en el fondo de mi alma se que no hubiese podido dejarte ir, porque mi amor es tan fuerte que hubiera preferido morir antes que aceptar que amaras a alguien más, que serías de alguien más, porque soy así de patán, soy un egoísta.
Marinette se reincorporó un poco virando al muchacho mientras éste seguía sin valor para abrir los ojos.
—Yo no creo que seas un patán, yo creo que eres el hombre más maravilloso del mundo, gatito. Sé que dentro de ti hay pura paz, amor, valentía y un sin fin de buenas virtudes, así como defectos de los que se puede aprender.
— ¿Y si tengo aún más defectos que virtudes? ¿Y si dentro de mí, no hay más que cosas malas?¿Me seguirás amando, Marinette?—cuestionó al fin mirándola.
—Te prometo, que mientras tú me ames como me amas e incluso más allá, yo te amaré y mi corazón será tuyo aún si mi cuerpo ya no está.
—No digas eso— soltó asustado.
— Es cierto, quiero que sepas que si yo un día desaparezco, te seguiré amando y te amaré hasta que volvamos a encontrarnos, así sea en otra vida.
—Si así es, yo te buscaré hasta que estemos juntos de nuevo, porque haría cualquier cosa para quedarme a tu lado, Marinette.
—¿Cualquier cosa?
—Lo que sea necesario—terminó.
El cuerpo de Marinette era su mayor vicio, era como el mejor licor jamás preservado, que le hacía vibrar hasta la última de sus terminales nerviosas, le mareaba y hacía pesar su cuerpo, pero extrañamente lo deseaba más y más conforme su boca lo degustaba con profundidad mayor.
Era un elixir dulzón, picante y travieso que gustaba de provocarlo, de incitarlo a aquello que para otros resultaba impropio, pero que ellos con desespero ansiaban culminar.
Marinette era el amor de su vida. Eso seguro. Estar en su cama era el mejor consuelo para su alma, y disfrutar de sus manos acariciando su silueta era el peor de sus crímenes.
Su piel aperlada y su voz suplicante eran como la obra maestra de Dios. Añoraba las noches para estar con ella, para hacerla suya y conquistar su intimidad como un bárbaro sin corazón.
Amaba a Marinette Dupain Cheng y haría lo que fuera por ella.
Lo que fuera...
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Diez años antes.
No podía consolarla, no sabía qué hacer y estaba seguro que si no dejaba de llorar pronto, él comenzaría a hacerlo también.
Iniciar una relación con Marinette no había sido fácil. La chica era vivaz como antes, sin embargo, al caer la noche volvía a verla evaporarse y surgir de la desdicha en la que yacía estancada y sin retorno. ¿Qué podía hacer él si no llorar cuando ella cayera en sueño y sus oídos no pudieran escucharlo?
La dulce Marinette vivía en miseria, en amargura tal que su cuerpo ya no podía con tanto. Padecía a su lado de aquél interrumpido e improbable amor, del dolor y la impotencia. Vivía con la azabache el arrugado y manchado recuerdo de una historia sin fin que tuvo que culminar a la fuerza.
Sentía tanta rabia, porque buscaba ayudarle aún cuando él también parecía desfallecer a cada instante.
Sostuvo su cabellera de lado mientras acariciaba su espalda ya marcada por la tangible presencia de su columna vertebral. La piel desnuda se le sentía fría, como si además de muerta en alma, también lo estuviera su cuerpo.
Ella tosió por casi ahogarse con su propio vómito y los jadeos producidos por el llanto.
Se reincorporó tallando su rostro agotada.
—Odio ésto, lo odio mucho— murmuró la chica.
—Bueno, estás por llegar a la semana 15, pronto acabará tu tortura, a menos que seas de esas que se la pasan todo el embarazo vomitando y andando.
—Asqueroso— se quejó.
—Te prepararé un rico chocolate caliente, ¿Qué dices?— intentó animar el músico.
Se levantó de su sitio con la misión de encaminarse a la cocina, pero ella le detuvo con prontitud y en rostro suplicante y acongojado.
—No lo quiero, Luka— musitó.
—Entonces una malteada— insistió encorvándose para mirarle mejor.
—No... No hablo de... No me refiero a la bebida—
—Marinette— Suspiró— ya habíamos hablado sobre esto.
—Es que no puedo, Luka, no puedo hacerlo—sollozó acomodándose en el suelo de modo que abrazaba sus piernas con temor.
—Mari, mírame— ordenó elevando su mentón hacia él— te prometo que yo cuidaré de ustedes, yo veré por ti y por ese bebé. Se lo he dicho a tu padre y te lo diré a ti de nuevo...Te adoro, haría lo que fuera por ti, y aceptaré cada uno de tus errores como míos, así como amaré cada una de las maravillas que tú me des.
—No puedo hacerte esto...
—No lo haces tú, yo tomo ésta decisión, yo adquiero ésta responsabilidad, porque es lo correcto, porque te quiero y quiero ayudarte.
— No te merezco— lloriqueó ella lanzándose a sus brazos.
—Todo estará bien, te lo prometo...
Era difícil para Luka mantener la paz, debía lidiar no sólo con el hecho de que Chat Noir había dejado su amor en Marinette, sino algo mayor, una unión aún más poderosa.
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Cinco años antes
Luka Couffaine:
Soy muy consciente de que ésto que escribo era óptimo para decir en la cara, sin embargo no podía meterme más en ésta situación, preferiría irme un poco menos sucia.
Sabes, la primera vez que te vi, sentí cómo mi corazón se volvió loco, recuerdo que no podía dejar de pensarte, en lo apuesto que eras y en la paz que me brindaban tus sonrisas lejanas. El cómo me saludabas con cortesía y cómo aún sabiendo de mí todo lo que sabías, creías que tenía una oportunidad en ésta vida, y la tuve.
Fue mi tragedia más grande verte partir aún sabiendo que no eras mío, fue terrible no poder hacer nada más que sentarme y mirar cómo eras más y más feliz con el paso de los días, junto a ella.
Odiaba verlos juntos, odiaba no ser a quien tocaras tan fervientemente.
Me pesaba en el alma no volver a sentir tus besos sobre mi piel, o tus manos rasposas delineando mi cintura, cuando nos hallábamos delincuentes sobre tu cama y las luces de la ciudad ambientaba nuestro amor... O mi amor, mejor dicho.
Dime, ¿Ella te toca del modo en que yo lo hice? ¿Acaricias su cabello como lo hacías con el mío?
¿Te embriaga y enloquece su perfume llegando al éxtasis del modo en que lo hacíamos?
¿Es puro sexo o a ella también le haces el amor?
Yo no podré hacer el amor con nadie más, no podré sentir aquello que tú me enseñaste.
No puedo seguir viviendo ésta incertidumbre, no puedo seguir sintiéndote entrar en mi habitación por la noche y partir al amanecer porque lo nuestro es clandestino. Ya estoy agotada, mi corazón no soporta tanta agonía.
Sé que eres alguien de palabra, sé que la vas a cuidar, sé que cuidarás a ese niño que no es tuyo porque la amas a ella con demasiada fuerza, me hubiera gustado que me amaras aunque sea una pizca como a Marinette.
Pero no te juzgo, eres esa clase de hombre.
Por ello partiré esta tarde, justo el día de tu boda.
Iré a New York con mamá, intentaremos sanar la herida que papá dejó con su muerte, y yo intentaré olvidar éste amor que siento por ti, aquél del que no resulté digna.
Te voy a extrañar mucho, de eso no tengas duda, y te voy a amar hasta que muera, sin embargo te pido que no me busques, que no vayas por mí, que no rompas tus promesas para con ella.
Quiero que hagas feliz a ese niño, quiero que lo cuides como si fuera tuyo, quiero que lo ames como si fuera nuestro. Dale el amor que mi mejor amigo no podrá darle.
Querido gran amor, si algún día nuestro sueño de tener una niña con tus ojos se cumple, dale el nombre que habíamos pensado, llámale Sophía, y cántale nuestra canción todas las noches.
Lo siento mucho.
Te ama
Chloé Bourgeois.
Contempló por varios segundos el papel rosado que ella había usado, su caligrafía tan exquisita y las marcas de la hoja que delataban su llanto mientras había redactado aquello, eran más sutiles que las lágrimas que él había dejado florecer y estallar contra ésta. Arrugó la carta con frustración, escuchando en su cabeza una y otra vez la melodía que se reproducía con el recuerdo de su aroma, de su tacto, de su voz.
Había hecho muchas promesas sin pensar, cayendo en una fe ciega y preservando un amor no correspondido antes que lo que era sano para su corazón, antes que su amor verdadero.
Había llegado a su vida la interrogante de los dos amores, y él había tomado el camino apropiado, ¿No? Porque amaba más a Marinette, ¿No?
Soltó un gruñido de impotencia, pasando con furia las manos por su cabello.
Tocaron a su puerta.
Era tarde para tomar otro camino, incluso cuando Juleka le entregó esa carta ya era demasiado tarde, la rubia se había marchado, 'facilitándole' de algún modo la elección.
Se limpió las lágrimas y abrió la puerta hallando a Nino con el pequeño Hugo en brazos. El niño estiró sus manitas hacia él, hacía su padre hacía cinco años.
Tenía los ojos de Adrien, su sonrisa y esa esencia tan suya, lo quería con toda el alma, sin embargo era el recordatorio de lo que pudo ser y no fue, de dos que tuvieron que amar a quien ya amaba a alguien más sólo por el bien común.
Se abofeteó internamente.
No.
Marinette era el amor de su vida, Hugo era su hijo y estaban a minutos de finalmente protestar su amor en el altar.
—Están listos todos— murmuró Nino siendo consciente de lo que ello significaba.
Luka sólo asintió.
La vida le recompensaría tanto dolor.
Quid pro quo.
Próximo capítulo.
—VII• Dolor profundo—
Estamos en la recta final, a nada de nuestro final y chan chan, el gran secreto de Hugo revelado, efectivamente Hugo Couffaine es en realidad hijo de Adrien Agreste :o OMG, ¿Qué pasará cuando todos se enteren?
Quisiera acabar esto ya antes de mi cumpleaños que es en semana y cachito, así que tal vez, me retrase again con el Marzo Lukloé sólo para traerles los tres caps que hacen falta.
Uy, quiero leer sus teorías y más ΟωΟ.
Bye, bye y nos leemos pronto ❤️
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