•Chapitre II•


El silencio dominaba en el comedor, Ciel comía tranquilamente los alimento preparados por su mayordomo.

Sebastian seguía sumergido en sus más escondidos "sentimientos", todo era raro para él; claro, pues empezaba a experimentar nuevas cosas.

-Oye, Sebastian.- Habló Ciel; rompiendo así el silencio. Mientras dejaba de manera cuidadosa los cubiertos sobre el plato.

-Digame.- Contestó de manera indiferente.

-Vaya manera de contestarle a tu amo.- Reprochó con afán de molestar un rato al mayordomo.

-Tsk...- Sebastian sólo chasqueo la lengua.

-Hablando en serio, ¿qué te pasa?.- Cuestionó aquel niño inútil.

-¿A que se refiere, Bocchan?. - Preguntó de manera desconcertada.

-Haz estado raro últimamente, me he dado cuenta.-

-¿Acaso se preocupa por mí?. - Dijo fingiendo estar conmovido, aunque sólo lo decía con ganas de molestar al joven amo.

-¡Ja! ¿Yo,un Phantomhive...preocuparme por ti? Jamás.- Dijo de manera hiriente Ciel.

-Y sé que lo no hace.- Reprochó un poco herido aquel sensacional mayordomo.

-Que sensible éstas. Te vuelvo a repetir, no me sirve que estés así de distraído.-

-Cómo ordene.- Se inclinó hacia Ciel.

-Bien, ¿hay alguna carta o una novedad?.-

-Nada, hoy tiene el día libre.- Sebastian trataba actuar cómo siempre, pero en el fondo se sentía angustiado y herido.

Esto no pasó desapercibido por el Conde, pero su orgullo le impedía en volver a preguntar si se encontraba bien. Lo iba a ignorar...

-Bien, me iré a mí des-

El sonido de una explosión y de varios objetos rotos; le interrumpió, era obvio que lo que acaba de suceder.

-Yo me encargo.- A éste punto, Sebastian se encontraba ya de mal humor, el lidiar con nuevos sentimientos y con un arrogante niño que te tenía comiendo de la palma de su mano, era muy agobiante.

Y de paso, tenía que lidiar con los otros tres sirvientes.

Ciel de inmediato notó el cambio de actitud del demonio, haciéndolo temer un poco; pero obviamente no iba a demostrarlo.

Así que para evitar cualquier situación, Ciel subió a su despacho.

Por otro lado; a paso furioso Sebastian se dirigía a donde provenía todo ese escándalo.

Abrió la puerta; o más bien la azotó. Encontrándose con la cocina llena de humo y todo lleno de cenizas.

Platos rotos por aquí... Platos rotos por allá.

-¡Sebastian!.- Gritaron asustados los tres individuos qué estaban ahí, causantes de dicho desastre.

Bard, Meiry y Finny estaban todos desarreglados y con cenizaa en la cara y en sus prendas de ropa.

-Sebastian, lo sentimos mucho.- Trataba de disculparse Meyrin.

La expresión de Sebastian les decía que no les iba a ir nada bien.

-Bueno...supongo que tú querras arreglar todo esto,¿verdad?.- habló con descaro el cocinero.

Los tres sirvientes iban a paso rápido hacia la puerta intentado escapar de su destino.

Eso fue el colmo...

-¡Regresen aquí y limpien todo esto!.- Gritó Sebastian enojado.

Había llegado a su límite de paciencia, sus puños temblaban ligeramente y miraba con ira a los tres individuos que estaban totalmente asustado por tal reacción.

Sebastian solía regañarlos, pero nunca lo habían visto tan enojado.

-Sebastian...¿te encuentras bien?.- Preguntó preocupado Bard.

El silencio inundó la cocina.

Sebastian talló su sien, sabía que no debía desquitar todo su enojo con ellos, pero definitivamente no iba a pedir disculpas.

El demonio se iba por la puerta, pero antes de irse dijo:

-Para cuando regrese, quiero todo ya limpio.- Habló intentando calmarse, pero el enojo y la confusión se percibían en cada una de sus palabras.

-¡S-sí!.- Dijeron los tres al unísono.

De inmediato se pusieron a limpiar

S

ebastian se encontraba en el jardín de la mansión, entre sus brazos acariciaba a la gata que ronroneaba al sentir el tacto del mayordomo.

Y ahí seguía Sebastian, divagando en sus pensamientos. En realidad no sabía cómo ordenarlos y verlos más claros... Estar en la mansión se lo dificultaba mucho.

Sebastian depositó con cuidado al felino sobre el piso, para después marcharse por un rato... No le importaba si después tenía problemas con Ciel.

Pero por descuido por partes de todos; hasta del mismo Ciel. Unos personas mal intencionadas comenzaban a llevar a cabo su plan en conseguir el objetivo de su jefe.




Continuará...

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