capitulo 18

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DARA

Transitar las calles que dirigen a casa de Kellen se convirtió en una costumbre. Ya no me aterra el vacío, ni el silencio descomunal, tampoco las personas que suelen pasar el rato sentados a la orilla. Aunque no es posible evitar sus miradas curiosas e intimidantes, producto de ver a tres chicas que desencajan por completo del escenario.

No bajo la vista. Continúo caminando a paso firme, convencida de lo que hago. Kellen dijo una vez que no tengo que preocuparme. Ellos saben que estoy relacionada a él y, por ende, no se atreverían a molestar o causar daño.

Sin embargo, Sarah se aferra a mi antebrazo; asustada por visitar un lugar que nunca conoció.

—¿Estás segura de traer a Anna? La quiero casi tanto como a ti, pero... Mírala —volteamos hacia atrás y la divisamos.

Camina a varios pasos de distancia, cubierta con su amplia chaqueta de lana oscura y los brazos cruzados por debajo del pecho, como si intentara protegerse. Avanza insegura, procurando no hacer contacto visual con la gente a su alrededor.

Sí, es preocupante. Pero también es normal que tenga miedo.

Reacciono a causa de su incertidumbre. Me doy cuenta que está siguiendo mis pasos y en realidad, ni siquiera se imagina hacia dónde vamos y lo que pasará. Freno, provocando que Sarah también lo haga. Anna nos alcanza, confundida.

—¿Por qué paramos? Ah, se arrepintieron. Está bien. También creo que lo mejor sería volver —está a punto de girarse para regresar, pero la sostengo del antebrazo y lo impido.

—No, no vamos a volver. Es que quiero explicarte a donde vamos, pero tienes que prometerme que no vas a juzgar. ¿Lo prometes?

Anna asiente.

Lo pienso una última vez antes de proceder. Considero que Anna es demasiado perfeccionista, autoexigente y disciplinada. A los ojos de mamá, es casi la excelencia personificada. En realidad, lo sería totalmente si estuviera casada o a punto de hacerlo, incluso suele buscarle pretendientes que ella acaba rechazando. Sé que no se arriesgaría a decepcionarla, jamás admitiría que escapó junto a nosotras para ir a una reunión. Se llevará el secreto a la tumba si es necesario.

—Habla, Dara.

—Creo que estoy enamorada.

—Sí, de Tobías.

—No, de otro chico.

—¿Qué? —abre los ojos, impresionada.

—Kellen —largo y palidece. Por Dios, acabo de causarle un paro al corazón a mi hermana.

—¿Te volviste loca?

—Un poco —sonrío, a la par de Sarah, que luce entusiasmada por la conversación—. Eso creo. Estamos juntos. Pasamos el rato. Es la única cosa real que he tenido en toda mi vida ¿sabes? No voy a dejar que me quiten esto —defiendo con seguridad mi postura. Si lo pienso desde un punto religioso, quizá también sea la voluntad de Dios. La frase que tanto les gusta repetir a los superiores y a los fieles—. Si crees que puedes soportar viéndome ser Dara, sin religión, sin prejuicios, solo una chica de veinte años que quiere disfrutar la vida, entonces quédate. Pero si crees que es demasiado para ti, entonces entenderé si quieres irte.

Anna toma una bocanada de aire. Pone la vista hacia el frente durante algunos segundos. Luego, observa hacia atrás, sopesando la decisión. Sus brazos permanecen cruzados bajo su pecho, presionan con más fuerza. Está nerviosa y es probable que esta sea las decisiones más difíciles que tomó en su vida. No posee un lado impulsivo como yo, tiende a evaluar los hechos un millón de veces antes de actuar, si es que lo hace.

—¿Estás queriendo decir que tienes una doble vida?

—Bueno, si quieres llamarlo así —me encojo de hombros, expectante.

—Ahora entiendo. Mamá tenía razón sobre el perfume de hombre.

—Prometiste que no juzgarías —le recuerdo.

Pone los ojos en blanco y finalmente, asiente.

—De acuerdo. Sigamos —acepta las condiciones y continuamos.

A pocos metros, diviso la casa de los Hunt.

De pronto, siento una especie de nostalgia amarga al ser conscientes de que por primera vez nos comportaremos como hermanas que salen a divertirse juntas. Lamento que no hayamos tenido la oportunidad de hacer esto antes. Crecimos siguiendo las indicaciones de mamá y papá, día y noche, al pie de la letra, procurando no traerles problemas. Merecemos esto. Merecemos reír y ser libres. Decidir el sentido de nuestras vidas. Enamorarnos de quien nos plazca y arriesgarnos a que nos rompan el corazón. Saltar de alegría o gritar por la furia, expresarnos. Vivir.

✤♡✤♡✤♡✤

—Hola —saludo inocentemente a Kellen, que se asoma tras la puerta con una lata de cerveza en la mano. Quedó anonadado al darse cuenta que no llegué sola.

No una, ni dos. Tres.

—Hey —no está seguro de cómo actuar—. ¿Esto está pasando?

—No. Somos producto de tu imaginación —respondo divertida, vengándome por el modo en que se burló de mí días atrás, en mi habitación—.  ¿Podemos pasar?

Kellen se hace a un lado, haciendo un gesto para que ingresemos. Primero Sarah, luego Anna y, por último, yo. Aunque el rubio me frena en la entrada, aprovechando que mis hermanas se adelantaron hasta la sala.

—Viniste muy graciosa hoy, Bambi —me aprisiona, sosteniendo con firmeza mi cadera. Tan solo dos segundos le bastaron para hacer que mi interior chille, con un simple toque encendió un ferviente cosquilleo—. Y con sorpresas —se jacta, gracioso—. ¿Algo más que tenga que saber?

Titubeo, bajando la mirada al piso y luego, fijándola en él. Su expresión es tan arrolladora y luce tan atractivo bromeando y haciéndome reír, que no puedo creer que esté coqueteando con él. Es como una fantasía que de un día a otro se hizo realidad y recién ahora me estoy dando cuenta.

—Tengo hambre y sed —lo que es cierto, mamá no me permite comer con normalidad debido a la dieta—. Y también muchas ganas de jugar —le sonrío, consciente del doble sentido.

El rubio me observa como si estuviera reteniendo todo lo que digo para hacerlo realidad.

—Acabas de llegar y ya estás insinuando que te lleva a la habitación —larga, haciéndome sonrojar. Da un último trago a la cerveza y apoya la botella vacía en una pequeña mesa—. Sé lo que estás pensando, porque estoy pensando en lo mismo —toma con delicadeza la barbilla y eleva apenas mi cara.

Creo que va a besarme. El corazón late, se desprende de mi interior.

—Déjame ayudarte con el abrigo —murmura, colocando las manos al inicio de los botones de la chaqueta. Dejo que los desprenda uno a uno, pacientemente. De vez en cuando, las yemas de sus dedos rozan mi piel y mi respiración se alborota. Despeja el último y se coloca detrás, para finalmente quitármelo.

Mi vestido de tirantes deja piel al descubierto y él, acaricia. Percibo su respiración en mi nuca. De inmediato, la piel se me eriza. Seguido, deja un beso en cuello, otro en el hombro y vuelve al frente.

Ya logró ponerme nerviosa. Ni si quiera mi novio me trató alguna vez así. Es de otro mundo.

—¿Vamos? —atino a caminar, preguntándome que estarán haciendo mis hermanas en la sala junto al resto.

—Espera —me toma de la mano y tira dulcemente de mí—. Deja que te salude como corresponde —pronuncia modulando una sonrisa divertida y me pongo de pie ante él, dejándome hacer.

Kellen sostiene mi rostro entre sus manos y se inclina para besarme. Su boca se fusiona con la mía y antes de separarse por completo, deja una seguidilla de besos cortos sobre mis labios. Tengo que hacer un esfuerzo para no morir ahí mismo. Por último, se acomoda el cabello con la mano y hace una seña, para que nos incorporemos al resto.

Por Dios. Sí tengo una doble vida. Sí estoy enamorada de Kellen. Y no sé qué haré el día que tenga que ponerle un punto final. ¿Cómo acabas con lo único que te hace sentir viva?

✤♡✤♡✤♡✤

KELLEN

Desde que tengo uso de razón, los viernes cenamos pizza. Durante algunos años, fue el único momento en que toda la familia se ponía de acuerdo. Mamá las ordenaba y esperábamos pacientemente alrededor de la mesa hasta que llegaban. Después, las cosas se tornaban un poco caóticas: no parábamos de comer hasta el final. Aunque esta vez, si sobraron algunas porciones que coloco en el microondas, después de escuchar a Dara mencionar que tenía hambre.

No sé qué tan buena idea sea haber traído a sus hermanas, pero si es la única forma que tengo de verla, entonces aceptaré lo que sea. Desde que la vi asomarse tras la puerta, se me aceleró el corazón.

Y quitarle el abrigo no mitigó el ritmo alborotado, lo incrementó. Mientras desprendía los botones, consideré lo fácil que sería cargarla en mis brazos y llevarla a la habitación así, sin más. La contemplé con el vestido de tirantes e imaginé con detalles como luce el conjunto que lleva debajo. Es que no puedo esperar a quitárselo todo.

No puedo esperar a que estemos a solas.

—Es ella —Azael aparece en la cocina un tanto exaltado. Da la impresión de que llegó de hacer ejercicio—. Es ella, la chica del bar de la que te hable ¿recuerdas?

Habla rápido.

Hago una seña con la mano para que se calme.

—No entendí. Otra vez —le pido, confundido.

—Anna —inspira y larga el aire—. Es la chica que va casi todas las tardes al café —sonríe de lado y comprendo.

Creo que acaba de darse cuenta que finalmente sabe su nombre.

—¿Y qué haces aquí? Ve al frente y háblale.

—Es que no habla —echa un vistazo con disimulo a la sala de estar y lo imito, comprobando que es verdad.

Anna está sentada en una punta del sofá, con los brazos cruzados debajo del pecho y sin omitir palabra. Si tuviera que arriesgar, creo que no le gusta el ambiente. Y eso podría resultar un problema.

—Acércate con cuidado, es probable que la intimides —deduzco—. Escucha, quiero estar con Dara esta noche. Así que inventa algo para que Anna la pase bien y no quiera largarse pronto. Es tu oportunidad —lo animo, dando una palmada en el hombro.

Azael continúa bastante perdido, pero estoy seguro que lo resolverá. En cambio, Bea tomó a Sarah de la mano en cuanto se la presentamos y la invitó a su habitación, emocionada por tener una nueva amiga. Levi, por supuesto, las siguió porque la encanta ser entrometido. Eso sí, Dara tuvo que prometerle que vendrá otro día a pasar tiempo con él.

La alarma del microondas suena, indica que la comida está lista. Coloco las porciones en un plato y me acerco al resto. Primero le ofrezco a Anna, que ni siquiera atina a probar. Niega, arrugando la nariz.

—No podemos comer eso.

—Yo sí —Dara se sirve un gran pedazo y sonríe a su hermana.

—No deberías —le advierte.

—No me importa.

Azael me dedica una mirada plagada de complicidad. Somos capaces de percibir la tensión en el ambiente.

—Ven aquí.

Sostengo a Dara de la mano libre y la guio hasta el sillón individual. Me hundo primero y seguido, hago que se siente en mis piernas, abrazándola por la cintura. La castaña sonríe, rodeándome el cuello con un brazo y deja un beso rápido en la comisura de los labios. Tras el gesto, sigue comiendo gustosa.

Mi hermano, en cambio, ocupa el lugar libre que quedó al lado de Anna.

—Hey, ¿te acuerdas de mí? Trabajo en el...

—No tengo idea de quién eres —lo interrumpe—. Es la primera vez que te veo.

—¿Segura? Porque...

—¿Me acompañas a dar un paseo? —lo increpa. Él asiente, a pesar de quedar aturdido y confuso.

Es evidente que algo está pasando. Anna se escabulle rápido por la puerta principal, Azael apenas consigue tomar su abrigo y sale tras ella. Percibo como Dara larga el aire contenido y de repente, la tensión se deshace. Se relaja entre mis brazos, sin dejar de comer.

DARA

No me preocupa ver salir a Anna. En realidad, me alivia que deje de posar su mirada fría sobre nosotros, como si fuéramos dos pecadores que merecemos el infierno. Por eso, no es inquietante verla salir, la conozco. No tenía la expresión de <<iré a contarle todo a mamá>> más bien se sintió como <<saldré de aquí para darles espacio>>. En definitiva, me hizo un favor.

Kellen no invitó a sus amigos y el resto de la familia está arriba, distraídos en el cuarto de Bea. Sigo comiendo, mientras el rubio se entretiene conmigo. Apoya la barbilla en mi hombro, besa mi piel de vez en cuando y me sujeta, aferrado a mi cintura.

—Me encantaría hacerte un tatuaje —pronuncia, desplazando la yema de su dedo índice por debajo de la nuca—. ¿Te dejarías? —deposito en la mesita la tercera porción de pizza que estaba a punto de llevarme a la boca y volteo hacia él.

Para empezar, ¿qué no me dejaría que me hiciera?, pienso, pero no lo digo.

Asiento, admirando los detalles de su cara. El piercing en la nariz. Sus ojos que tienen el color del mar. La barba de un par de días.

—¿Qué me harías? —curioseo y vuelvo a darle la espalda, para buscar la porción de pizza mientras él piensa.

—Uhm, para empezar, te pondría justo aquí <<propiedad de Kellen>> —rompe una sonrisa cuando lo miro de nuevo—. Es broma, Bambi.

—Hablo en serio —me quejo. Quiero saber.

—Lo sé. Es que no puedo decidir por ti. Un tatuaje es algo importante. No es necesario que tenga un significado poético, pero tienes que decidirlo tú.

Tiene sentido. Prometo que lo pensaré. Lo pensaré hasta encontrar algún detalle que quiera llevar para siempre en mi piel. Ahora mismo, elegiría el dibujo de sus ojos expresivos o volvería visibles las caricias que no deja de proporcionarme.

—Yo también quiero hacerte algo —expreso, tras limpiarme la boca con una servilleta de papel y beber un largo trago de cerveza. Ya tuve suficiente comida por hoy.

—¿Un tatuaje?

Niego.

—No exactamente —me inclino hacia él y muerdo levemente mi labio inferior—. Tú me hiciste sentir cosas increíbles —admito, jugando con las cadenas que cuelgan alrededor de su cuello—. Esta vez quiero que me enseñes como hacértelas sentir a ti.

Todavía sentada sobre él, percibo su miembro ponerse duro por debajo del pantalón. Kellen me contempla como si no pudiera creer lo que está escuchando.

—¿Dije algo malo?

Él niega, ajustando el agarre y presionándome a él.

—No. Solo acabas de prenderme fuego, Bambi. 

✤♡✤♡✤♡✤

NOTA DE AUTORA: Amo a Dara. Me encanta como pasa de comer pizza inocentemente, a decirle dos palabras a Kellen y volverlo loco en un segundo. Fue mi parte favorita. 

Y no pierdan el siguiente capítulo que se viene con todo ♥♥♥

¿Qué pasará con Anna y Azael? ¿Confiamos en Anna o no?

Espero ansiosa leer sus comentarios y opiniones. Las amo <3.

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