La arrogancia no te lleva a ninguna parte

—¡Estoy tratando decírtelo! ¡La velocidad es mejor que maquinas o escudos!

—¡Sigue diciéndote eso, Maximoff!

Te habían arrastrado de tu sueño de belleza para escuchar a una pequeña molestia diciendo que él era el mejor. O algo, realmente no estabas escuchando.

—¡Pfft! ¡La velocidad tiene que ser el mejor poder, me refiero, puedes correr más rápido que cualquier cosa! —Alardeo, sentándose en un lado de tu cama.

—¿Es por eso que no puedes conseguir citas? —Preguntaste burlonamente. Él te miro.

—¿Y cuándo fue la última vez que tuviste una cita? —Escupió de nuevo.

—Hace unos días... ¡Y Romanoff lo ahuyento! —Dijiste cruzando tus brazos, recordando cuando ella irrumpió amenazando su vida con una pistola.

—¿Estás hablando de Brett? ¿El chico que conocías antes de dejar la escuela para trabajar en la agencia? Ese chico era un idiota de todas maneras. Él no te merece. Ningún chico te merece —murmuro esa última parte pero lo escuchaste perfectamente. Lo miraste y lo viste mirando hacia el piso—. De todos modos, como iba diciendo, la velocidad es el mejor poder. Caso cerrado —dijo, esta vez sin menos fuerza que cuando estaba aclamando al principio.

—Pietro... ¿de qué exactamente estás hablando? —Preguntaste, moviéndote hacia él.

—No lo entenderías. O probablemente pensarías que soy un idiota —suspiro mirando sus manos. Las alcanzaste y las tomaste, causando que te mirara.

—Pruébame —dijiste, mirándolo directamente a los ojos. Él tomo un gran respiro, como si se estuviera preparando para protagonizar una gran opera.

—No sé porque dejas a los hombres caminar sobre ti. Me enfurece cuando se aprovechan de ti y tú los dejas. No necesitas nada de eso en tu vida. Necesitas a alguien que pueda despertarse junto a ti y aprecie la maravillosa persona que eres. Que estén junto a ti cuando estés a punto de hacer algo estúpido y lo hagan contigo.

Habías perdido todas tus palabras, y ahora que lo pensabas, él tenía razón. ¿Pero cómo sabe él lo que necesitas?

—Oh, ya veo —dijiste silenciosamente. Pudiste notar cuando termino.

—Probablemente soné como un hombre de una novela, pero escúchame cuando te digo: tal vez la persona que pueda hacerte sentir tú misma... esta justo frente a ti.

Tu corazón casi se paró. Después de todo este tiempo prácticamente rompiéndote los huesos para encontrar a alguien que te hiciera feliz, él viene y te dice que puede hacer todo eso. Como un instinto le diste una cachetada. Te levantaste y lo señalaste. Él sobo su cara.

—¡¿Por qué fue eso?!

—¡¿Cómo te atreves?! ¡¡Primero irrumpes en mi habitación gritándome sobre que LA VELOCIDAD ES LA CLAVE!! ¿Y entonces te conviertes en el protagonista de una película romántica diciéndome que crees que puedes hacerme feliz? ¡Deberías tatuarte en la frente 'narciso' porque suenas como uno! Dios, Pietro, sonaste como si...

Fuiste silenciada al él poner su mano en tu cara.

—¿Como si te amara? Porque si, si lo hago. Y tú me amas también. Voy a mover mi mano y vamos a acurrucarnos, y a hablar sobre esto en la mañana... ¿está bien? —Preguntó.

Asentiste y removió su mano. Instantáneamente empezaste a correr por el pasillo, solo para ser atrapada por él, y te puso sobre su hombro.

—La velocidad no se ve tan mal ahora, ¿no es así? —Se rio y tu reíste también.


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