☕️ O3
—¡Lo tengo, Yoon! ¡Encontré algo! —Jimin entró a su oficina de golpe luciendo demasiado entusiasmado.
—No me digas que... —jadeó mientras se ponía de pie.
—Tengo una pista que nos puede ayudar a dar con el paradero de Jinwoo.
YoonGi retiró rápidamente todo lo que se encontraba sobre su escritorio para dejar que Jimin apoyara el grueso archivador. Allí dentro tenían nada más que proyectos y estimaciones erróneas pero rogaba a cualquier dios existente para que este sea el bueno.
El alfa sustrajo de dentro una bolsa de plástico sellada, en su interior un fino cabello oscuro descansaba.
—¿Un cabello? —YoonGi frunció el ceño a la vez que se acercaba.
—¡Sí! los peritos aseguran que podría ser del secuestrador.
YoonGi se rascó la ceja con la punta de su dedo índice detonando inseguridad en la hipótesis que su compañero le planteaba.
Hace meses, para ser exactos alrededor de tres, habían empezado a trabajar codo a codo y resultó que eran un buen equipo, se entendían y lograban no estorbarse en la mayoría de las cosas. Lo único que tenía a Jimin completamente confundido eran las esporádicas escapadas al baño por parte de Yoongi, en su mayoría al mediodía. Todavía no estaba seguro de que pasaba pero intuía que tal vez el beta era de rápida digestión.
Yoongi también solía enojarse demasiado o ponerse increíblemente decaído cada vez que indicio no daba buenos resultados pero, de nuevo, Jimin lo atribuyó a que su compañero se tomaba muy a pecho sus casos.
—¿Crees que un cabello nos lleve a JinWoo? —inquirió Yoongi con duda.
—No solo eso, sino que también me dieron un vídeo que grabó una cámara de seguridad casi a las afueras de la ciudad. Dicen que podría tratarse del auto en dónde transportaban al omega.
Yoongi está vez si se dejó iluminar apenas por la llama de la esperanza. Era algo positivo. Tenían dos pistas que si lograban combinarlas de forma adecuada los llevaría a por fin darle un desenlace a esta fatídica historia.
—Está bien... ven aquí.
Jimin no tuvo que esperar un segundo pedido cuando ya estaba detrás de Yoongi, justo a un paso de su computadora.
El pequeño hombre de ojos celestes se estremeció por completo al volver a sentir el aroma potente tan cerca suyo. La respiración se le atascó en medio del pecho y se rehusó a continuar respirando con normalidad. Creyó que hace semanas había logrado controlar todo lo que lo relacionado al alfa le causaba pero resulta ser que no era del todo cierto.
Muy de vez en cuando, YoonGi se imaginaba como sería ser envuelto por los fuertes brazos del alfa y dejar su ser bañarse y regocijarse en el fuerte aroma. Sin embargo, se obligaba a ignorar cada una de las señales y mantener sus instintos lo más dormidos posibles. Esto venía siendo más complicado con el correr de la convivencia pero por ahora no daba problemas mayores más que algunos mareos, náuseas, fiebres y un par de puntos más que no vienen al caso.
—Bien... los peritos dejaron detallado lo que debemos ingresar al sistema así que si no me equivoco debería saltar algo en caso de que coincida —Yoongi tecleaba a la velocidad increíble haciendo a Jimin sorprenderse.
A los pocos segundos la pantalla del ordenador se llenó de coordenadas, códigos y enlaces que el alfa no pudo reconocer con exactitud. Recuerda haber tenido un par de clases de informática en la preparatoria y algunas tantas más en la carrera de criminología pero la verdad era que nunca había sido demasiado amigo de la tecnología.
Yoongi saltó emocionado cuando la cara de un sujeto se plantó por sobre todo. Era grotesco, con una cicatriz atravesando el medio de su rostro dividiéndolo en dos mitades casi simétricas y un par de penetrantes ojos marrones. Lucía atemorizante pero Yoongi estaba listo para darle su merecido.
—Shim Dong Hee, alfa de aproximadamente 30 años con antecedentes en narcotráfico de primer grado, peleas callejeras, revelaciones ante la autoridad y prostitución... —Jimin leyó tan cerca suyo que YoonGi podía sentir cada palabra viajar directamente a su cerebro.
—Por lo menos ahora tenemos un rostro, y además, ¿qué hacía un cabello de este tipo en la habitación de Jinwoo si supuestamente no tendría nada que ver?
—Sigamos por el vídeo de la cámara de seguridad. Cada vez estamos más cerca, Yoon.
"Cada vez estamos más cerca" era lo único que se repetía una y otra vez en su mente. Pese al dolor, la fatiga y las pocas emociones positivas que vivía producto de las malditas pastillas, no había duda que la satisfacción de dar por finalizado un trabajo y encima exitoso dejaba cada uno de esos detalles en segundo plano.
Ese día no pararon a comer, no se interrumpieron para ir al baño y no centraron su atención en nada más que no fuera armar un plan claro.
La pared principal de la oficina estaba cubierta por un enorme pizarrón de corcho en dónde miles de fotos, mapas y palabras sueltas se conectaban por medio de un hilo rojo. Cada chincheta detenía algún dato relevante.
Las mentes del alfa y beta corrían con velocidad. Sus manos trabajaban con eficacia y sus ojos se disparaban por cada esquina. Las palabras no dejaban de entrelazarse entre ellas creando un camino exacto.
—¿Qué dices? ¿Tenemos algo? —Jimin se paró a un lado de Yoongi, el cual no despegaba sus ojos de la pizarra.
—Tenemos algo. Avisemos a Kim, el plan "Rostro partido" debe ponerse en marcha lo antes posible.
Jimin asintió con una sonrisa de lado y sin poder contener sus impulsos más tiempo, se dio vuelta y estrechó el pequeño cuerpo entre sus brazos. YoonGi se tensó al segundo pero luego recordó que Jimin no conocía con exactitud su alta sensibilidad e "instintos" por lo que decidió que lo mejor era dejarse llevar.
El pecho del alfa era cálido y fuerte, Yoongi quiso nunca más abandonar ese nuevo lugar que había descubierto, pero cuando algo dentro de su propio pecho se removió y un pequeño mareo lo atacó decidió que era suficiente.
Jimin lo miró algo apenado al momento de permitir su liberación, él simplemente le sonrió de lado sin querer entrar en detalles.
El jefe Kim llegó en la tarde, ambos le presentaron lo reunido hasta el momento y plantearon su teoría.
—En base a todo lo expuesto y centrándonos en las nuevas pruebas, consideramos que JinWoo puede estar retenido en una casa de campo a las afueras de la ciudad, a eso de unos 15 kilómetros. Sin embargo, sospechamos que no debe ser el único omega privado de su libertad. Según lo recaudado, y tendiendo en cuanta que todos los omegas desaparecidos cumplen con las mismas características, creemos que puede tratarse de una red de trata de blancas, es decir, prostitución... —YoonGi se sentía sudar a tope y sus manos temblar pero terminó su discurso bastante bien a decir verdad.
El jefe pasó sus manos por su propio cabello rapado, igualando la posición de sus subordinados para poder observar con precisión el tablero. Lo que el beta le planteaba no era algo sumamente descabellado y si no quería dejar pasar más tiempo confiaría en sus instintos y los dejaría tomar las riendas del asunto.
—¿Qué proponen? —inquirió a la pareja de investigadores.
—Un operativo lo antes posible. Necesitamos todo un escuadrón que nos permita rodear la finca, acercarnos rápidamente e intervenir. A su vez, necesitaríamos un par de perros que nos ayuden a rastrear en caso de ser necesario, armamento, y una orden del juez que nos avale.
Yoongi conectó su mirada con la de Jimin. El alfa lucía serio e imponente pero en todo momento apoyó lo que su compañero planteaba. De igual forma, sus ojos se volvieron sumamente cálidos al observarlo de vuelta. El castaño se sonrojó al momento de apartarse.
—Lo tienen, Min. Vayamos por esos omegas mañana mismo. Buen trabajo, ambos.
Kim se retiró de la habitación luego de palmear sus hombros y al segundo de cerrar la puerta un chillido emocionado retumbó entre las cuatro paredes.
Yoongi se tiró a los brazos de Jimin siendo ahora él el que tomó la iniciativa de un calurosos abrazo pero era comprensible ante la emoción que sentía en su pequeño ser. Jimin rio incrédulo pero de igual manera lo apretó con fuerza, incluso llegó a despegarlo un par de centímetros del suelo.
—¡Lo tenemos, Jimin! ese malnacido será nuestro y nunca más podrá arruinarle la vida a nadie —Yoongi exclamó con fuerza y Jimin quiso que nunca dejara de mostrarse tan eufórico.
Minutos después se separaron, juntaron todo y por fin se permitieron descansar unos segundos.
—Esto se merece una celebración, vamos a cenar algo —Jimin se arriesgó.
—Lo siento... yo no creo que pueda, debemos descansar, mañana será un día muy largo. ¿Te parece dejarlo para cuando acabemos con el caso?
Jimin ignoró lo que la segunda declinación consecutiva generó dentro suyo. Lo mismo hizo con la pequeña grieta que se formó en su corazón al recibir el rechazo del beta.
Asintió con una sonrisa ladeada y un nudo naciente en la base de su garganta. Luego de despedirse del hombrecito de ojos atrayentes se cuestionó si el arriesgar su carrera y vida por el poco amor recíproco de un beta era suficiente justificación. Claro que lo era, a la mierda la sociedad.
Yoongi volvió a su solitario y frío departamento con su propia alma pendiendo de un hilo. Le hubiese encantado aceptar la invitación del apuesto y carismático alfa pero, ¿qué y si después de eso no había marcha atrás y todo lo que había construido a lo largo de los años se perdía? No podía arriesgarse a que descubrieran la verdad. No ahora.
Bebió una taza de té humeante, lo único que su malestar le permitió, y se fue a la cama. Mañana sería el día en donde por fin cerraría el caso que tanto lo había atormentado los últimos meses.
No pudo conciliar el sueño hasta pasada medianoche pero es que en su mente no dejaba de repetirse una bella sonrisa y lamentos retenidos.
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