7°
Querido padre y madre:
Han pasado diez años desde la última vez que hablamos. Hay muchas cosas que han pasado. Situaciones alegres de las que formas parte.
Nuestro hogar se llena de buenos recuerdos, deseos y esperanzas. El aire es más fácil de respirar, ya no hay fantasmas que nos persigan en el vacío de las habitaciones. Ya no hay cuentos de abandono y aislamiento por el temor de lastimarnos con ilusiones y humo. No hay gritos desesperados por la libertad, los llantos no son bienvenidos ni son amigos.
Muchas veces estuve en la esquina de mi habitación como un niño perdido. Perdiendo mi mente. Un niño que no importaba, queriendo que sus padres lo consolaran. Y no podía entender que había de mal en él.
Pero, lo entendí. A través del juicio y las llamas, gané el entendimiento y la comprensión para afrontar mis problemas al lado de aquellos a quien realmente les importaba. Los que me amaron. Quienes se quedaron.
No pude verlo, era tan sencillo. Y yo estaba tan ciego, mi vista fue bloqueada por la tentación de seguir el camino de la rabia sin sentido. Mis compañeros de clase tuvieron que velar por mi y pelear conmigo para que pudiera entender que éste no era yo.
Acepte el amor, reemplazar el dolor con la esperanza que ofrecen mis amigos, mi familia.
Dejamos de culparnos por lo que pasó. Pasó mucho tiempo para que pudiera entender que no fue mi culpa, que no hice nada malo para que no me quisieran. Yo no soy el malo de esta historia, tampoco mis hermanos.
Mi última pregunta es.
¿Realmente crees que me importa lo que piensas?
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