Capitulo 8: Cumple de Audrey
Alex me pasó una toalla y me sequé lo mejor que pude. Mirando el horizonte vi el hermoso atardecer, con combinaciones de rojo, naranja y amarillo. Si fuera como cualquier otra chica, sabia que debía volver temprano a casa porque la oscuridad traía cosas malas, pero para alguien que trabajaba hasta tarde y estaba acostumbrada a manejarse sola, no me molestaba.
-¿Cuando vas a admitir que te gané?- preguntó secándose el pelo. Su remera también se había mojado y se veía su cuerpo en forma a la perfección. Me sonrojé y desvié la mirada.¿Qué estaba pasando conmigo?
- ¿De que hablas? Estuviste a punto de llorar como niña. Soy invencible.
-Tus gritos no decían eso. Parecía que torturaban a un mamut.
-Atrévete a pelear conmigo huesitos y verás lo que es sufrir.
-Me sorprende que no tengas pelos en el pecho ni barba. ¿Tan bien te afeitas?
Estaba dispuesta a replicar cuando me interrumpieron:
-Alexander, ¿Qué crees que estas haciendo jugando a chapotear? - preguntó una voz fría desde las escaleras. Voltee y vi que era un hombre de traje de unos cuarenta y tantos años, con barba y cabello negro. Supuse que era su padre ya que las similitudes eran increíbles. Tenía una expresión feroz en su rostro.
-Lo siento señor.
-Te dije que no socialices con los empleados- ouch, eso dolió. Instantáneamente miré hacia abajo y analicé mi ropa de segunda calidad y crucé mis brazos delante de mi como si eso pudiera protegerme de la mirada de aquel hombre.
-Pero padre, ella es...
-Quiero que vayas ya a arreglarte. Vendrán los Merle a cenar.-Sin esperar respuesta, giró y se fue.
Alex se quedó mirando en dirección a donde se fue su padre enfrascado en sus pensamientos.
Carraspee para llamar su atención.
-Mejor me marcho- le informé mientras dejé la manguera en el suelo cerrada. El hombre ni siquiera se había dignado a mirarme a los ojos prácticamente como si yo no existiera, un completo maleducado. Me hubiera gustado agarrar el balde de agua y golpearlo hasta que se dignara a saludarme pero era parte de la realidad, donde una vez mas me mostraba lo distinto que eran nuestros mundos. Alex sin mirarme respondió:
-Esta bien.
Llegué a casa y me bañé. El cumpleaños de Audrey, la hermana de Caro no tardaría en empezar y debía estar lista para la hora fijada con mi amiga, ya que ésta me iba a pasar a buscar en auto. Le había dicho que mi auto estaba en reparación porque había chocado con un poste. Me dolía mentirle, pero era mejor que la verdad.
Me puse un Jean gris desgastado, una camisa color rosa pastel y unas plataformas negras. Tomé mi bolso negro con flecos y me dirigí hacia la puerta.
-¿A dónde vas? - preguntó papá desde el sillón.
- A un cumpleaños.
-¿Sola?
-No, mi amiga me va a pasar a buscar. No te preocupes.
-Esta bien, mándame un mensaje cada tanto.
-Si pa, adiós.
No podía distraerme o llegaría tarde. Caminé por las calles tenuemente iluminadas e intenté no mirar nada más que el piso. Aun no me había pasado, pero era un lugar peligroso de noche. Las cuadras se me hicieron eternas pero llegué al límite con el otro barrio, donde se encuentra la parada de colectivo donde concurro siempre para ir al colegio.
Caro aún no había llegado, así que observé las casas y elegí la mejor opción, aquella que no esté iluminada porque seguramente sus verdaderos dueños no estaban. Era una casa preciosa, de dos plantas con unas escaleras que daban a la entrada. Me senté allí a esperar.
Mi amiga llegó y tocó bocina, me puse de pie y le dediqué una sonrisa mientras me dirigía hacia el asiento del acompañante.
- Hola Leni- me dijo Caro apenas me senté- te agradezco que me acompañes.
-Gracias por invitarme- respondí cortésmente. No quería admitirlo pero me hacia feliz que me haya tenido en cuenta para ir al cumpleaños, no abundan invitaciones en mi vida.
-Mi familia ya quiere conocerte
-Lamento no llevarle ningún regalo a Audrey. No tuve tiempo de comprar.
Otra mentira más.
-Está bien, tendrá tanto que no se dará cuenta.
-¿Cuántos años cumple?
-13.
-Un bebé todavía.
- No se lo vayas a decir- comentó riendo.
No demoramos mucho en llegar a una casa enorme, decorada de una manera muy fina. Entramos a la acogedora casa y Caro me guió a través del recibidor hasta la cocina y saludé a su familia a medida que avanzábamos por la casa, no tardaron en caerme bien, ya que eran amables y simpáticos.
-Siéntete como en casa Maddalena- me dijo su madre Eleonor.
-Puede llamarme Lena señora, le agradezco. Tiene una casa muy hermosa.
-Yo misma la he decorado. Si fuera por mi marido, viviríamos en una pocilga.
Me limité a sonreír amargamente.
La fiesta era estupenda para la edad de Audrey, con adornos colocados a la perfección, dándole luminosidad y un aspecto de baile digno de Reyes. Se realizó en el patio bajo la luz de las estrellas, con numerosos invitados. Mis ojos fueron directamente a la mesa con gran cantidad de comida de todo tipo. Me sentí como una muerta de hambre pero aun así, sin importarme lo que digas fui y comí. Mejor dicho, devoré todo lo que mi visión captaba. Todo era sumamente delicioso.
-¿QUE TE HA HECHO LAVAR SU AUTO?
-Shhh. No se debe enterar nadie.- murmuré tragando la comida e intentando que nadie oyera, nunca se sabe quien puede estar escuchando.
- Eso es de locos Lena, tienes que parar.
-¡Es que no puedo! Es tan frustrante.
-¿Quieres que te ayude? Puedo sujetarlo mientras tu lo golpeas.
Reí ante tal ofrecimiento. No me vendría mal una aliada.
-No Caro, si no fuese necesario sabes que no lo haría.
-A veces no te entiendo. Págale el equipo y listo.
-Es más difícil de lo que crees- intenté que mi voz sonara natural y no con un dejo de tristeza.
-Ven, vamos a bailar- tomó mi mano y nos dirigimos a la pista de baile donde bailamos sin parar por el resto de la noche.
Caro me dejó en mi supuesta casa y yo me dirigí a mi vivienda original.
No había avanzado mucho cuando me sentí observada. Estaba expuesta caminando sola por las calles oscuras a altas horas de la noche. Miré de reojo en todas las direcciones pero no vi a nadie.
Apreté el bolso y continué avanzando a la espera de que la persona que me miraba, se aburra de mí y me deje seguir mi camino. Sentía como mi pulso se aceleraba y mis pelos se erizaban ante los pensamientos de secuestro y asesinatos como se observan en la televisión.
Llegué a casa sana y salva en un tiempo récord, asustada y con temor porque aún sentía a esa persona observándome.
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